Faro de Vigo
En un aula de Educación Primaria del CPI Terras de Maside, los niños y niñas dan los buenos días besándose los dedos de la mano y deslizando su palma por detrás de la otra. En la pizarra, debajo de la tiza que escribe el día del año, unas fotografías expresan también las palabras en lengua de signos, al igual que en los pupitres, donde al lado del nombre de cada alumno una pequeña imagen muestra su signo dactilológico. Lo mismo pasa con el abecedario en la puerta, los murales de los pasillos, los libros de texto... todo está planteado para que una persona sorda pueda sentirse lo más integrada posible. Y no es un proyecto o un juego lo que lo promueve: es el esfuerzo colectivo de un centro (y la "suerte" de contar con los recusos necesarios) por no dejar a nadie aislado, y que ha conseguido que una pequeña pase de no tener interés por comunicarse a recorrer los pasillos para tener conversación.
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