David Toscana: «Un ciego no ve la realidad, pero la imagina»
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David Toscana: «Un ciego no ve la realidad, pero la imagina»

El lector en español tiene una nueva oportunidad de acercarse a la gran, a la inmensa literatura de David Toscana. Su reciente premio Alfaguara de Novela por 'El ejército ciego' nos trae una narración donde la historia no está reñida con la leyenda, donde la imaginación hace que se intensifique la realidad. El resultado es un poderoso, perturbador e hipnótico relato donde la ceguera sirve para iluminar y donde el poder del lenguaje crea una nueva dimensión de lo real. El argumento nos sitúa en el año 1014, en el que, tras la derrota del ejército búlgaro en la batalla de Klyuch, el emperador de Bizancio Basilio II ordena arrancar los ojos a los quince mil soldados del ejército enemigo y devolverlos a Bulgaria para que sean emblema de ese humillante fracaso. «He estado quince años preparando el camino de esta novela. Muchas veces me he sentido derrotado, ciego, como los protagonistas de mi libro. Tenía que decidir cómo contarlo, el tono que era adecuado... Es que ni siquiera los propios búlgaros lo han hecho. Fue en el año 2023 cuando lo conseguí, cuando se me revelaron las primeras páginas. Su escritura llegó hasta 2025. Me aparté del realismo histórico, decidí hacer una tragedia, pero con elementos lúdicos, con humor, sin caer en lo fantástico, donde la imaginación, incluso la locura me llevaran a escribir en realidad un cuento de hadas», dice el escritor. David Toscana ganó la Bienal Vargas Llosa a la mejor novela en 2023 por 'El peso de vivir en la tierra', una obra que no solo recibió los elogios de nuestro premio Nobel, sino que lo situó como uno de los grandes narradores actuales. «Pero 'El ejército ciego' necesitaba otro tipo de escritura. El material del que partía no era en principio tan apasionante. Tampoco podía trazar un plan preestablecido, era mejor dejarme llevar, reducir prácticamente todo a la fuerza simbólica de los personajes, desde el hecho de sacarles los ojos a cómo fueron recibidos y cómo vivieron después con su ceguera. No podía acercarme al realismo porque un ciego no ve la realidad, la imagina. Esto tiene que ver con la esencia de la literatura, que ve las cosas desde la imaginación. Como decía Carlos Fuentes la novela debe decir lo que no puede decirse de otro modo». David Toscana vive en un apartamento en el centro de Madrid con su pareja, la pintora polaca Sarah Kuzmicz, cuya obra ahora expuesta en el Centro Sepharad Israel trata de contestar a una pregunta: ¿qué revela un rostro? Esos rostros también están colgados en su casa y nos observan y nosotros a ellos mientras charlamos. «Mi novela no habla de rostros o de hombres monstruosos, sino de rostros o de hombres derrotados. Ahora bien, nunca se reducen a esa derrota. Hay un antes y un después para cada uno de ellos, cada uno carga con un valor simbólico. Eso se aprecia muy bien en la escena en la que le intentan poner unos ojos nuevos a un personaje y lo convierten en un icono». —El ejército ciego tiene el aliento de las leyendas medievales, hay momentos en que su impacto es muy fuerte en el lector, pero es una novela que destila inteligencia, tanto en su estilo como en la misma estructura centrada en la historia de los distintos personajes, que la hacen tener un cierto tono coral. —Sí, eso está buscado. Para mí uno de los referentes es 'La mil y una noches', y tiene también algo de los cuentos infantiles. Respecto al impacto en el lector, es cierto, recuerdo, por ejemplo, cuando el pescador se dedica a mondar los ojos extraídos, o cuando el padre regresa a casa y da a cada una de sus hijas uno de sus ojos y profetiza el destino de ambas: una será monja y la otra prostituta. No es, sin embargo, una tragedia oscura. Hasta cierto punto viene a contradecir eso que le dicen a un personaje: « Más te valdría haber muerto que estar ciego», frase inspirada en Edipo. Son seres que aceptan su situación y vuelven a la vida. Me dije en un momento determinado que no debía tratarlo como un evento atroz. Son víctimas, sí, pero con cierta fuerza para levantarse del suelo. Y es en ese punto donde empieza lo lúdico. Le digo a David Toscana que su casa está en un barrio muy Vargas Llosa. Él lo confirma y recuerda cuando el escritor peruano vivía en la calle Flora. Pero enseguida me traza el mapa de las calles y casas de los escritores hispanoamericanos que viven cerca: Gonzalo Celorio, último premio Cervantes, Gioconda Belli, Sergio Ramírez… «Mi posición en la novela hispanoamericana es estar siempre aparte. Soy mexicano, pero no escribo novelas sobre el narcotráfico, ni intento plasmar la realidad sociológica de la violencia. Si alguien quiere entender la realidad mexicana a través de mis libros, no lo conseguirá. Por eso, como no saben dónde situarme, no me sitúan en ningún sitio», dice. En algunas ocasiones, David Toscana ha reflexionado sobre el papel del novelista en la sociedad actual y recuerda que, así como en el siglo XIX y principios del XX se perseguía a los novelistas, hoy a quien verdaderamente se persigue es a lo periodistas, lo que indica que la novela ha perdido su poder de influencia. Recuerda lo que manifestó el novelista mejicano Élmer Mendoza cuando le preguntaron si no sentía miedo por su vida al tratar el tema del narcotráfico: «Los narcos no leen». Y sin embargo la literatura de Toscana tiene lectores muy fieles. «Yo creo un mundo propio que nunca antes había sido contado. Uno de los mayores elogios que he recibido es que busco lectores participativos. Espero que ahora sean muy numerosos porque me parece que 'El ejército ciego' puede arrojar alguna luz en todo este mundo que vivimos. En ella tiene un papel la agresividad, la violencia incluso, pero también el valor y la virtud», promete. Y, en efecto, David Tocana nos ofrece todas estas vidas ciegas que crean una historia tan seductora como poderosa, una vuelta a la gran literatura y a una manera de narrar desde la diferencia.

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