ABC
Sabedores de mi admiración por él, en Marca me encargaron un artículo glosando la figura de Muhammad Ali , que acababa de morir. Me entretuve en buscar datos, le di vueltas al panegírico, corregí mil veces antes de apretar el botón y ¡voilá!, publiqué. Cuál no sería mi sorpresa cuando, al ver los comentarios de las redes sociales, me di cuenta de que sólo había insultos. Lamenté íntimamente que alguien hubiera creído de un modo inocente que la panda de borregos que puebla las redes sociales sería capaz de olvidar durante un segundo que yo era del Real Madrid. Y me arrepentí por haber aceptado el encargo y también me sentí erróneamente culpable porque otros hubieran ensuciado a mi costa la imagen de uno de los mejores deportistas de la historia. El pasado viernes ABC me atribuyó por error en X un artículo cuya autoría correspondía en realidad a Nicolás Álvarez Tólcheff , que es un señor del Atleti. Y en él, como no podía ser de otro modo, este caballero defendía al club de sus amores. Pero, como sucediera con Ali, los Australopithecus anamensis salieron de caza, no preguntaron, no leyeron, ni siquiera hicieron clic en el artículo, sólo se dedicaron a insultar. De haber pinchado en la foto de unos aficionados colchoneros celebrando la clasificación de su equipo para los cuartos de final de la Champions se habrían dado cuenta de que yo soy bastante más guapo que Tólcheff pero qué va, ¿para qué leer pudiendo insultar? Lo primero que haré cuando cuelgue los hábitos será cambiar de número de teléfono y después eliminaré mi rastro de las redes. Ya estoy como el agente Tom Brandis , el de Task, esperando a que Amazon me traiga unos prismáticos para ver si consigo atrapar con la vista al azulejo de las montañas. Y no puedo por menos que alabar el buen gusto y la valentía de la revista 'Pronto' al decidirse a huir del estercolero digital para refugiarse de nuevo en el eterno papel, esa bendita pulpa de celulosa confeccionada esencialmente para ser leída. Leer, ¡qué tiempos aquellos!
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