De la clase al espacio: un grupo de estudiantes de Asturias crea un satélite del tamaño de una lata
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De la clase al espacio: un grupo de estudiantes de Asturias crea un satélite del tamaño de una lata

En 'Herrera en COPE', Carlos Herrera ha dado paso, como cada día, a María José Navarro para contar la 'Historia del Día', que en esta ocasión nos transporta a una nueva era de proyectos educativos. Lejos han quedado los trabajos manuales tradicionales, como las bolsas de pan de ganchillo, que han sido reemplazados por ideas y objetivos que motivan a los alumnos de formas completamente innovadoras. El próximo 22 de abril, siete estudiantes de la asignatura de Tecnología del Instituto de Corvera de Asturias tienen una cita con el espacio. Este grupo de jóvenes lanzará un pequeño satélite desde el aeródromo de La Morgal, en un evento que marca un hito en la educación secundaria de la región. El profesor detrás de esta ambiciosa iniciativa es Ángel Cañibano, quien explica que el proyecto se enmarca en el desafío Cansat, promovido por la Agencia Espacial Europea (ESA). El nombre es una abreviatura de 'Can' (lata) y 'SAT' (satélite). A través de su división de divulgación educativa, ESERO, la agencia organiza un concurso a nivel regional y autonómico donde "grupos de tecnología de los diferentes institutos realizan una simulación de lo que sería una misión real espacial". El lanzamiento no es ninguna broma. Será ejecutado por una empresa especializada bajo estrictos protocolos de seguridad, lo que requerirá incluso el cierre del espacio aéreo en la zona durante varios minutos. El satélite debe tener el tamaño de una lata y en su interior alberga "una serie de electrónicas, de sensores, alimentaciones eléctricas, etcétera", además de un paracaídas para su recuperación. Una vez en el aire, la lata espacial tendrá como misión principal medir la presión, la temperatura y la altura. Además, registrará los niveles de CO2 y de humedad con el objetivo de detectar la posible presencia de agua, convirtiendo este proyecto académico en un experimento científico en toda regla. Aunque el proyecto les obliga a sacrificar parte de su tiempo libre y presenta complicaciones, los alumnos están encantados. Según uno de ellos, aunque al principio parece sencillo, "cuando entramos más adentro en ello, se nos complica. Pero, bueno, es una experiencia que vale para la vida, y para un futuro nos sirve para la carrera que vamos a estudiar". Este sentimiento es compartido por el resto del equipo, que lo ve como "algo más novedoso, es algo que nunca habíamos hecho antes, es muy práctico". La experiencia, afirman, "nos está ayudando mucho a conocer más cosas de informática, de diseño, etcétera". De esta forma, el proyecto no solo imparte conocimientos, sino que también está destapando vocaciones entre los que podrían ser los futuros ingenieros de España.

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