La Opinión de Málaga
En la era de la hiperconectividad y el consumo visual desenfrenado, la figura de la Virgen María se enfrenta a un desafío paradójico: nunca ha sido tan visible y, a la vez, nunca ha corrido tanto riesgo de ser despojada de su misterio. Hemos caído en la trampa de querer "humanizarla" tanto que hemos terminado por mundanizarla, olvidando que su hermosura no se rige por la simetría de un rostro de catálogo, sino por la transparencia de una función divina.
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