ABC
El templo estaba cerrado mientras montaban el altar del quinario, que comenzaba en pocos días. Pero el destino había tejido sus hilos para que, al acceder con su progenitor a la casa hermandad, el pasillo que conecta ésta con la iglesia estuviera expedito, con sus puertas abiertas y una enigmática paz flotando en el ambiente que empujaba a acercarse, aunque no hubiera nadie y no estuviera permitido. Lo hicieron ambos, en la clandestinidad, hasta llegar a la capilla del sagrario, donde de manera imponente Jesús Nazareno les recibió al lado mismo de la forja de entrada sobre un leve pedestal en el que esperaba el traslado del día siguiente al altar mayor. Cercano, humano y a la vez majestuoso y... Ver Más
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