Diario CÓRDOBA
Moriles reposa al sur de la Campiña durante todo el año para despertar a corazón abierto cada Miércoles de Ceniza. Enredaderas de túnicas en los armarios, murallas de cirios en rincones olvidados o cajones que guardan enseres como cofres del tesoro se abren después de varios meses. También las almas, que cambian por completo llegado el olor a jazmín. Una mota de incienso y velo de flor se adentran en cada suspiro y poseen a los morilenses de tal forma que les es imposible desprenderse, despojarse de lo que viene. Y viven, esos cuarenta días, sumidos en un profundo sueño.
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