Diario CÓRDOBA
Cuando asoma la cruz de guía de la hermandad de la Borriquita, queda atrás un año entero de preparativos discretos. Cientos de horas restadas al descanso y a la familia para que Aguilar de la Frontera vuelva a reconocerse en sus cofradías: desde ese instante, la cruz orienta el recorrido común y marca, por las calles del pueblo, una catequesis viva hecha de culto externo y servicio. Pero el itinerario iniciado en Cuaresma no concluye en la cruz, sino que desemboca en la alegría de la Resurrección.
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