CORDÓPOLIS
Cientos de personas veneran a Nuestra Señora de los Dolores en un día apacible y con más actos, como el besamanos a María Santísima de la Paz y Esperanza Siempre es igual, pero también distinto. En esta ocasión, por ejemplo, la mañana resultó apacible. Soleado es el Viernes de Dolores, que en Córdoba significa, principalmente, acudir a las plantas de Nuestra Señora de los Dolores. Por supuesto, tal y como marca la tradición, la iglesia hospital de San Jacinto fue el centro neurálgico de la devoción en una jornada que anticipa la Semana Santa. La hermandad servita celebró a las 11:00 su Fiesta de Regla con una misa que presidió el obispo de Córdoba, Jesús Fernández. En las horas previas fueron centenares las personas que acudieron ante la imagen de Juan Prieto. De esta forma, se observaron largas colas en la plaza de Capuchinos. El tránsito de fieles hasta el templo perdurará a lo largo de la jornada. Pero en ese punto, donde se erige el Cristo de los Desagravios y Misericordia, o de los Faroles popularmente, también hubo otro acto cultual. De unos años a esta parte en la vecina iglesia conventual del Santo Ángel otra cofradía expone al fervor de la gente a su titular. Es María Santísima de la Paz y Esperanza, que permanecía en besamanos desde las 9:00. Y así continuará hasta las 21:00.
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