Un buceador mira a unas crías en el lago Tanganica y los peces cambian de actitud: atacan con más agresividad
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Un buceador mira a unas crías en el lago Tanganica y los peces cambian de actitud: atacan con más agresividad

Capacidad básica - El equipo explica que el animal no solo detecta ojos, también relaciona la dirección de la vista con un objetivo concreto y ajusta su respuesta en función de eso Moby Dick parecía una leyenda exagerada pero la ciencia lo ha grabado: el cachalote usa su cráneo como ariete en pleno ataque Las reacciones más intensas aparecen cuando una cría corre peligro real. Los animales salvajes responden a esa situación con conductas que buscan apartar al intruso, y esa defensa de las crías suele expresarse con agresividad física o amenazas claras . En muchos mamíferos, como las leonas, la reacción incluye ataques si alguien se acerca a la camada. En aves como las gaviotas, los adultos lanzan picados repetidos sobre quien invade el área del nido, y así fuerzan la retirada. Un equipo científico analiza cómo actúa un pez ante humanos Esa forma de protección aparece también bajo el agua, donde un estudio recogido por Royal Society Open Science examinó a un pez del lago Tanganica para comprobar si ajusta su agresividad según la atención de un humano. El equipo formado por Shun Satoh, Ryo Hidaka y Ryoichi Inoue observó que el cíclido emperador reacciona de manera distinta según hacia dónde mira un buceador, ya que aumenta los ataques cuando la mirada se dirige a los huevos o alevines . Ese trabajo muestra que el animal no solo detecta la presencia del intruso, sino que discrimina qué parte de su entorno interesa a ese intruso. El resultado apunta a una forma básica de atribución de la atención. Para comprobarlo, los investigadores diseñaron una prueba que se repetía en cuatro situaciones distintas mientras grababan todo con cámaras submarinas. El buceador se colocaba a unos 30 centímetros del nido durante 60 segundos y cambiaba solo la orientación de su cuerpo o de su mirada, de modo que el estímulo variaba lo mínimo posible. El entorno del lago explica la intensidad de la defensa En una condición miraba directamente a los huevos o alevines, mientras en otra mantenía el cuerpo en esa dirección pero giraba la cabeza para mirar fuera del nido. También probaban una postura en la que el buceador daba la espalda y dejaba las aletas orientadas hacia la puesta, y una cuarta opción en la que fijaba la vista en los padres. Cada variación permitía observar si el pez respondía a la mirada o solo a la presencia física. Esa diferencia resulta relevante porque introduce una duda sobre cómo procesa la información el animal. Satoh y sus colegas explicaron que “los peces pueden exhibir algo más que una sensibilidad básica a la mirada”. También añadieron que “pueden referenciar y responder a la dirección de la mirada de otros, una forma rudimentaria de atribución de la atención”. Esa capacidad implica que el pez no reacciona solo a los ojos que ven, sino que evalúa qué objeto está siendo observado y actúa en consecuencia. El margen para el aprendizaje por repetición parece reducido en este caso , ya que estos peces se reproducen pocas veces y no suelen encontrarse con buceadores durante la cría. Los resultados apuntan a una lectura básica de la mirada ajena Los datos recogidos durante el experimento muestran un patrón claro en la forma en que estos peces responden. Los ataques aumentaron cuando el buceador miraba directamente a las crías , mientras que disminuían cuando desviaba la mirada o daba la espalda al nido. La intensidad de la respuesta resultó similar cuando la mirada se dirigía a los padres, lo que indica que ambos focos se interpretan como amenaza. También se observó que los peces permanecían más tiempo cerca del intruso cuando este orientaba las aletas hacia la puesta , una conducta que encaja con una vigilancia más estrecha. Los machos protagonizaron más ataques que las hembras, algo que coincide con su papel en la defensa del territorio durante la cría. La presencia humana altera el comportamiento durante la cría El escenario en el que ocurre todo esto ayuda a entender la intensidad de la respuesta. El cíclido emperador vive en el lago Tanganica, uno de los sistemas de agua dulce más antiguos, y puede alcanzar unos 80 centímetros de longitud. Los científicos prueban varias posturas para medir la reacción Los adultos cuidan de los huevos y de los alevines durante largos periodos, lo que convierte esa fase en una inversión importante. Los nidos se sitúan en el sustrato o en pequeñas cavidades de arena, y ambos progenitores se mantienen cerca para vigilar . En ese contexto, cualquier señal que apunte a una posible amenaza activa una respuesta inmediata. Las consecuencias de este comportamiento no se quedan en la biología del pez, ya que afectan también a la relación con las personas. Los autores advierten de que “debemos reconocer también el posible estrés inducido por la mirada del buceador”. Además, señalan que “incluso cuando la mirada de un buceador no se dirige explícitamente al pez, aún puede modificar su comportamiento y provocar respuestas de estrés”. Ese cambio puede traducirse en más agresiones o en huida , lo que altera el tiempo que los animales dedican a cuidar la puesta. El auge del buceo como actividad recreativa, por lo tanto, obliga a tener en cuenta estos efectos en la gestión de espacios naturales.

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