Levantar pesas lento o rápido: por qué contar los segundos te ayuda a ganar fuerza y seguridad

Levantar pesas lento o rápido: por qué contar los segundos te ayuda a ganar fuerza y seguridad

Controlar el tempo, el ritmo con el que se levantan y se sueltan los pesos en el ejercicio de fuerza, tiene una gran influencia en los resultados Una entrenadora explica las marcas que dicen si estás en forma a los 50: “Tienes que ser capaz de hacer 15 sentadillas” El precio de los gimnasios comerciales se ha reducido en los últimos años hasta convertirse en una opción para buena parte de los bolsillos, pero la rebaja tiene una contrapartida: cada vez hay menos atención personal. Quienes llegan al gimnasio se enfrentan muchas veces sin experiencia y sin guía a las máquinas y los pesos. Por eso no es de extrañar ver a gente que levanta unas mancuernas a toda velocidad, como si estuviera agitando unas maracas, o mueve una máquina frenéticamente como si intentase ganar una carrera. Quizá piensen que más rápido es más efectivo, pero por desgracia se equivocan. Lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando levantamos un peso no es algo inmediato. Es un proceso químico y mecánico que lleva tiempo, como cocinar un buen estofado. Nuestras fibras musculares aprenden a responder al estímulo que recibimos. Si el estímulo es breve y explosivo, se adaptarán de una manera. Si es prolongado y controlado, lo harán de otra. El secreto para guiar esta adaptación hacia nuestro objetivo no está solo en el peso que elegimos, sino el tiempo total que nos enfrentamos con el peso. El tempo, las pesas y las máquinas Muchas personas no están familiarizadas con un concepto fundamental de ejercicio de fuerza: el tempo. No se trata del ritmo de la música, sino el ritmo al que se hacen las repeticiones. Es fácil de entender: agarra una mancuerna con un peso que puedas levantar 10 veces a un ritmo rápido, antes de la fatiga completa. Ahora intenta levantar el mismo peso, pero a un ritmo tres veces más lento. Seguramente no llegues a la décima repetición. Al revés también se cumple: si utiliza el doble de peso, no tendrás más remedio que levantarlo más lentamente. En otras palabras, hay una relación lógica entre la fuerza que podemos ejercer y el tiempo que podemos mantener ese esfuerzo, y de eso se trata. El tempo es el protocolo que dicta cuántos segundos debe durar la fase concéntrica (cuando el músculo se acorta y vence la resistencia, como al empujar la barra en un press), las pausas (si las hay) en la posición de máxima contracción o estiramiento, y la fase excéntrica (cuando el músculo se alarga de manera controlada, como al bajar la barra hacia el pecho). Los entrenadores suelen usar una notación de cuatro dígitos, por ejemplo, 3-1-2-0. Esto significa, tomando como ejemplo un press de banca: Tres segundos para bajar el peso hasta el pecho (fase excéntrica). Un segundo de pausa con la barra en la posición más baja Dos segundos para levantar el peso (fase concéntrica) Cero segundos de pausa con los brazos estirados, se vuelve a bajar la barra inmediatamente Quienes realizan sus ejercicios a toda velocidad suelen sacrificar, casi siempre de forma inconsciente, la fase excéntrica. Dejan caer el peso en lugar de controlarlo. En ese gesto, pierden la mitad del estímulo, que es lo que en realidad fortalece y hace crecer el músculo. Distintos estudios han comprobado que el énfasis en la fase excéntrica, controlada y lenta, es particularmente efectivo para estimular la hipertrofia muscular, es decir, ganar y mantener la masa muscular que tanto necesitamos. Pero ¿por qué lento es mejor? Por algo llamado tiempo bajo tensión. Controlar el descenso del peso es la parte más importante del tempo El tiempo bajo tensión El Tiempo Bajo Tensión (TUT, por sus siglas en inglés) es la suma total de segundos que un músculo está bajo carga mecánica durante una serie. No es lo mismo hacer 10 repeticiones en 15 segundos que hacerlas en 40. Aunque el número de repeticiones sea el mismo, la segunda nos fatiga más porque los músculos están contraídos durante más tiempo. Un TUT más largo mantiene las fibras musculares bajo estrés metabólico por más tiempo. Es esa sensación de “quemazón” en el músculo, y es un factor clave para desencadenar los procesos de que llevan al aumento de fuerza y tamaño de los músculos. Una forma sencilla de aumentar el tiempo bajo tensión es bajar el peso lentamente, en lugar de dejarlo caer. De esta forma, el músculo se tiene que contraer para ofrecer resistencia al peso que desciende. No solo eso, sino que el músculo puede resistir un peso mucho mayor en la bajada del que puede levantar en la subida. Es una técnica de las dominadas negativas, que se emplea para conseguir hacer la primera dominada : cuando conseguimos progresar hasta descender de la barra en 20 segundos, eso indica que tenemos fuerza suficiente para levantarnos. Dependiendo de los objetivos, a la hora de levantar el peso entran otros factores que hacen que pueda ser conveniente hacerlo más rápido. Un levantamiento explosivo activa las fibras de contracción rápida, y producen una adaptación neuromuscular mayor, es decir, la señal que llega al músculo para contraerse se hace más potente, y se puede ejercer más fuerza en menos tiempo. Los estudios indican que esta es una combinación ideal : levantar rápido y bajar lento. Justo lo contrario de lo que hacen quienes dejan caer los pesos en el gimnasio. Cómo elegir el tempo adecuado según los objetivos Estas son algunas combinaciones de tempo para los ejercicios según los objetivos. Un buen consejo es contar los segundos en la cabeza de la forma “ciento uno, ciento dos”, etc. De este modo evitamos correr sin darnos cuenta: Para aumentar el volumen del músculo (hipertrofia): aquí es donde se busca esa sensación de ardor, y los tiempos son más largos. Los tempos de 3-1-1-0, o 2-0-2-0, son clásicos que funcionan en el rango de 8-12 repeticiones. De este modo se mantiene el músculo bajo tensión entre 30 y 50 segundos por serie, que es el rango efectivo . Para ganar fuerza máxima: el objetivo es mover cargas muy pesadas reclutando el máximo de fibras musculares. Esto significa acortar la subida y alargar la pausa para poder recuperarse. El esquema 2-3-1-0 es muy común. La bajada es controlada pero no extremadamente lenta para evitar una fatiga excesiva y no perder explosividad. Recuperar lesiones y aumentar resistencia: Aquí los tempos suelen ser muy controlados y el TUT muy alto, con series de 15-20 repeticiones y un tempo 2-0-2-0, lo que puede obligar a trabajar con pesos más bajos, pero que al final produce la quemazón característica de la acumulación de metabolitos. Controlar nuestros movimientos no solo sirve para rentabilizar más el tiempo que pasamos haciendo ejercicio, y conseguir mejores resultados. También nos hace más conscientes del movimiento y nos ayuda a evitar lesiones. Es cuestión de tempo.

Diana Wynne Jones, la mujer que inspiró a Miyazaki y cuya literatura mágica hay que reivindicar y redescubrir

Diana Wynne Jones, la mujer que inspiró a Miyazaki y cuya literatura mágica hay que reivindicar y redescubrir

Nocturna recupera ‘Los mundos de Chrestomanci’ (1977-2006), una de las obras fundamentales de la autora de ‘El castillo ambulante’ José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto” Existen cientos de mundos distintos, tantos como caminos que puede tomar la Historia . Cuando se produce un gran acontecimiento que puede tener consecuencias diferentes en función de sus resultados, como una guerra o una catástrofe natural, el mundo conocido se escinde para hacer posibles ambas realidades. Así coexisten diversas civilizaciones, por separado, y evolucionan cada uno a su manera, sin tener noticia de las otras. Lo más desconcertante es que cada ser humano tiene una réplica en estas otras dimensiones, con personalidades y vidas diferentes, pero con el mismo aspecto físico y otras similitudes. Cuando alguien está insatisfecho en su mundo, puede caer en la tentación de intercambiarse por uno de esos dobles…, aun a riesgo de alterar el orden cósmico y de arrancar al otro de su hábitat natural para ponerlo en un aprieto. Porque, dato revelador, en algunos de esos mundos la magia existe, es tan natural como puede serlo, en nuestro presente, el uso de electrodomésticos o de transportes de alta velocidad. Pero, en otros mundos, la magia está prohibida o no existe. No es un mal planteamiento, ¿verdad? Todo eso y más es posible en Los mundos de Chrestomanci , una de las mejores obras de Diana Wynne Jones (Londres, 1934-Bristol, 2011), la gran escritora de fantasía para niños y jóvenes que renovó el género con un tratamiento imaginativo de la magia. Esta serie de libros, independientes entre sí, pero interconectados por compartir el marco de un universo con múltiples planos, consta de seis novelas y un libro de relatos, publicados entre 1977 y 2006. Cada novela se desarrolla en una dimensión distinta; el nexo entre ellas es Chrestomanci, un mago con muchas vidas que tiene la habilidad de viajar entre mundos para velar por su buen funcionamiento. Chrestomanci no es el nombre de un personaje, sino algo así como un puesto de trabajo que, a diferencia de los títulos nobiliarios, no se hereda, ya que depende de la capacidad para desempeñarlo, unas cualidades que solo unos pocos elegidos poseen: “Somos todos funcionarios del Estado”, explica. “El trabajo de Chrestomanci es asegurarse de que este mundo no esté gobernado completamente por los brujos. La gente normal también tiene derechos. Y hay que evitar que los brujos salgan a otros mundos y lo líen todo allí”. No hace falta decir que, por supuesto, habrá hechiceros malvados que harán de las suyas… La editorial Nocturna ha emprendido la recuperación de esta serie, que para muchos es la obra maestra de la autora. Su intención es agruparla en tres volúmenes, ordenados no por fecha de publicación, sino siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos (a excepción del primero, que sí fue el que abrió la puerta a este universo). Hasta la fecha se han publicado dos, Los mundos de Chrestomanci , que comprende Una vida mágica (1977) y Las vidas de Christopher Chant (1988), y su continuación, con Los magos de Caprona (1980) y Semana bruja (1982), todos con traducción de Elena Abós. El tercer y último volumen está previsto para los próximos meses. Niños huérfanos y una escuela de magia La primera parte, Una vida mágica , sigue las andanzas de Eric Chant, apodado Gato, un niño que, tras perder a sus padres en un accidente, vive con su hermana mayor en casa de una vecina que se ofreció a acogerlos. La hermana, Gwendolen, es una bruja con un gran potencial. Un modesto hechicero local le da clases de magia, hasta que irrumpe en su vida Chrestomanci, un caballero misterioso que se lleva a los hermanos a su castillo, donde Gwendolen tendrá la posibilidad de continuar aprendiendo junto a los mejores. Eso, al menos, es la teoría. En la práctica, los hermanos llegan a un lugar donde apenas son cuatro alumnos (ellos y los dos hijos de Chrestomanci) y tienen prohibido usar la magia. Tampoco les espera una existencia tan cómoda como esperaban, los otros muchachos les resultan irritantes y las empleadas domésticas, antipáticas. Gato lo lleva mejor, pero Gwendolen no está dispuesta a agachar la cabeza. La joven se rebela, y por el camino arrastra a su hermano. Mientras uno de ellos termina en un mundo paralelo, el otro deberá lidiar con una conspiración de brujos en el suyo. Los mundos de Chrestomanci , junto con El ciclo de Terramar (1968-2001), de Ursula K. Le Guin , se considera una obra fundacional de las escuelas de magia, que anticipa a Harry Potter . No se trata de una saga planificada de antemano, sino que cada volumen surgió cuando la autora tuvo necesidad de continuar explorando ese universo, desde la mirada de otros personajes, en otros contextos, de época y de sociedad. Si el primer tomo bebe de los cuentos de hadas góticos (el castillo, la chica encerrada en contra de su voluntad, el encantamiento, el viaje iniciático), Los magos de Caprona , por ejemplo, se ambienta en Italia y su trama gira en torno a dos familias enfrentadas por el negocio de la magia, una historia con guiños a Shakespeare . Cada libro tiene entidad propia; son como pequeñas variaciones de nuestro mundo, que juegan con el grado de magia en cada una de ellas. El hecho de que la autora continuara escribiendo novelas en este universo a lo largo de casi treinta años da una idea de hasta qué punto se sentía dentro de aquella realidad alternativa. Y cada historia tiene su sello, a saber: niños que se comportan como niños (torpes, traviesos, bulliciosos), adultos que no siempre miran por su bien (tacaños, despreocupados, malévolos), aventuras sin moralina, un estilo fresco y ligero, y mucho sentido del humor. Ah, y con una concepción de la magia personal, sorprendente y divertida. Una gran autora por (re)descubrir Con más de cuarenta libros a sus espaldas, casi todos para el público infantil y juvenil, Diana Wynne Jones terminó su carrera con numerosos premios y el reconocimiento de haber ejercido un papel fundamental en la transición de la fantasía épica clásica, en la estela de J. R. R. Tolkien , a la fantasía urbana contemporánea, con J. K. Rowling como referente. La autora apostó por explorar nuevos caminos sirviéndose de la imaginación y de las posibilidades infinitas de la magia, e incluso ridiculizó a los imitadores de las historias de espadas y dragones en La guía completa de Fantasilandia (1997; Nocturna, 2009), una “antiguía” de tópicos que todo aspirante a escritor del género debería evitar. La escritora Diana Wynne Jones en Bristol en noviembre de 2006 Pero ¿quién es Diana Wynne Jones? A pesar de su indudable influencia en el panorama anglosajón, en España sigue siendo una gran desconocida. Es posible que a muchos les suene por ser la autora de El castillo ambulante (1986), la novela que inspiró la película homónima de Hayao Miyazaki estrenada en 2004, y que de hecho es el comienzo de una trilogía de libros independientes que continúa en El castillo en el aire (1990) y La casa de los mil pasillos (2008), todos ellos recuperados por Nocturna en 2018. Esta editorial también ha publicado Cristal embrujado (2010), la última novela que publicó en vida. Más allá del título que popularizó Studio Ghibli, en España sus libros se han publicado poco, dispersos en varias editoriales y con poca fortuna en la promoción. Los mundos de Chrestomanci fueron una apuesta de la editorial SM en 2002, pero, sea por una cubierta poco llamativa o por una campaña poco eficiente, no funcionaron. Nocturna ha tenido el acierto de presentarla con cubiertas atractivas, acordes con la tendencia actual con este tipo de libros, y detalles interiores como las ilustraciones de las guardas o el encabezado de cada capítulo, además del cuidado habitual en sus ediciones en la supervisión del texto, la tipografía e interlineado cómodos, buen gramaje y encuadernación resistente. Todavía queda mucho de ella por traducir, pero este lanzamiento puede ser un principio. Sus libros, como todo clásico que se precie, han envejecido bien y siguen conectando con el público (no solo infantil: admite muchas capas de lectura) porque en lo esencial no caducan –el aprendizaje, los sentimientos de amistad, miedo o ternura, la atmósfera de alegría desenfadada– y porque la personalidad de la autora es genuina; no hay nadie como ella. Escritores de la talla de Terry Pratchett , Philip Pullman , Neil Gaiman , J. K. Rowling , Megan Whalen Turner o Katherine Rundell le deben mucho. Vocación de cuentacuentos Diana Wynne Jones tuvo una infancia poco convencional. Hija de educadores, su padre era tacaño a la hora de comprarle libros, por lo que en su infancia no pudo leer tanto ni tan variado como hubiera querido. A falta de libros propios, se empapó de la biblioteca familiar, con sagas nórdicas, historia grecorromana y materia artúrica. También estaba Jane Austen , a la que leyó a escondidas porque se la habían prohibido hasta que fuera mayor. Enseguida se aficionó a inventar sus propias historias, se las contaba a sí misma o a sus hermanas. Su familia no la alentaba a escribir –era una niña desgarbada, torpe, que no destacaba por nada–, pero ella lo tuvo claro desde muy joven. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando ella apenas tenía cinco años, la familia se vio obligada a llevar una existencia itinerante, hasta que en 1943 se estableció en una localidad rural de Essex. Allí, Diana y sus hermanas crecieron en las antípodas de la crianza actual, con un trato por parte de los padres que hoy hasta se consideraría negligente, con las niñas a su aire, apañándoselas para salir adelante. En sus novelas abundan los protagonistas huérfanos o aquellos que, aun teniendo padres, se sienten poco queridos; la espina de la autora está ahí, aunque siempre resta gravedad al asunto, los personajes son espabilados y aprenden a arreglárselas con sus propios medios. Esta nueva apuesta salda una deuda importante con la autora y con los entusiastas del género, que por fin pueden disfrutar de esta gran saga de viajes mágicos Esta nueva apuesta por Los mundos de Chrestomanci salda una deuda importante con la autora y con los entusiastas del género, que por fin pueden disfrutar de esta gran saga de viajes mágicos. Su concepción de la fantasía se aleja de las tendencias actuales: frente al dramatismo, la violencia, la hipersexualización y el dark romance contemporáneos, los mundos de Diana Wynne Jones constituyen un feliz retorno a la matriz, sus historias tienen más magia que épica, más ingenio que emociones fuertes, más comicidad que tensión erótica. Sobre todo, posee una imaginación desbordante que le permite jugar con ese lenguaje simbólico de la maravilla que tan bien comprenden los niños. En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 , además de un cameo de la reina Isabel II con James Bond, se escuchó a J. K. Rowling, autora de Harry Potter , leyendo un fragmento de Peter Pan , el clásico de J. M. Barrie, mientras un gigantesco Lord Voldemort invadía el estadio en compañía de otros villanos de la literatura infantil y juvenil. Era el homenaje de una sociedad orgullosa de su tradición literaria, y no es para menos, con Lewis Carroll , Roald Dahl o Enid Blyton entre sus filas. En esa nómina está también Diana Wynne Jones, y ahora puede ocupar al fin el lugar que se merece entre los lectores españoles. Perderse en sus páginas es volver a creer en la magia. Cuando crezcas y te conviertas en escritor y escribas libros, pensarás que te los estás inventando, pero en realidad todos existen, en alguna parte.

La inspección sanitaria multa al CEU de València con 16.000 euros por embalsamar irregularmente más de 650 cadáveres

La inspección sanitaria multa al CEU de València con 16.000 euros por embalsamar irregularmente más de 650 cadáveres

Los inspectores confirmaron la denuncia de un extrabajador que denunció a la universidad porque los cuerpos fueron embalsamados por una persona sin la titulación adecuada La Generalitat Valenciana investiga al CEU tras una denuncia por el embalsamamiento “ilegal” de más de 650 cadáveres La inspección sanitaria de la Generalitat ha multado con 16.000 euros a la Universidad Cardenal Herrera CEU por haber permitido durante años que los embalsamamientos de más de 650 cadáveres con fines de investigación en su facultad fueran realizadas por una persona sin la titulación adecuada, según ha confirmado la Conselleria de Sanidad. Los inspectores confirman así la denuncia de un extrabajador —despedido previamente— que puso en conocimiento esta práctica, que él mismo realizaba y que era totalmente irregular. La rápida actuación del departamento que dirige Marciano Gómez contrasta con la del Colegio de Médicos de Valencia, que no ha considerado plantear esta práctica de la universidad privada como intrusismo laboral. Fuentes de la universidad valenciana han confirmado a elDiario.es que sus servicios jurídicos están estudiando la posibilidad de presentar alegaciones. La Conselleria de Sanidad ha explicado que el pasado 16 de diciembre de 2025 se presentó, por registro ante la inspección sanitaria, una denuncia por parte de un extrabajador de la Universidad Cardenal Herrera CEU en relación con la realización de prácticas irregulares de conservación de cadáveres con fines docentes en dicha universidad. Técnicos de la Sección de Ordenación e Inspección Sanitaria realizaron una visita de inspección a las instalaciones del CEU Cardenal Herrera el 17 de diciembre de 2025, levantando las correspondientes actas. Los inspectores estuvieron en todo momento acompañados por personal directivo del centro universitario. «Se confirmó por parte de los representantes de la Universidad presentes en la visita de inspección que la persona encargada de realizar las técnicas de conservación de los cadáveres era la persona denunciante, que no dispone de la titulación de médico, tal como exige la normativa», manifestaron desde Sanidad. Por ello, se procedió a iniciar el correspondiente expediente sancionador, «estableciendo una multa de 16.000 euros». En la misma inspección, los técnicos de la Conselleria confirmaron que las instalaciones y la dotación de la sala autorizada para el uso de cadáveres con fines docentes o científicos «mantienen los requisitos por los que se emitió informe favorable para su autorización el 12 de junio de 2012, conforme a la normativa vigente». Además, añadieron, «dispone de un registro de prácticas de conservación de cadáveres, así como de toda la documentación que debe acompañar al finado». Las mismas fuentes de la Conselleria de Sanidad señalaron que el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó el 4 de julio de 2025 la Guía de Consenso sobre Sanidad Mortuoria, «en la que se contempla que otros profesionales, además de los médicos, puedan realizar prácticas de tanatopraxia». «Por su parte, el personal que efectúe la tanatopraxia o deba decidir sobre la necesidad de someter al cadáver a refrigeración o congelación deberá ser graduado o licenciado en Medicina; o contar con la cualificación profesional de Tanatopraxia ajustada al Real Decreto 140/2011, de 4 de febrero, por el que se complementa el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales mediante el establecimiento de cuatro cualificaciones profesionales de la familia profesional Sanidad; o disponer del certificado de profesionalidad especificado en el Real Decreto 1535/2011, de 31 de octubre, por el que se establece un certificado de profesionalidad de la familia profesional Sanidad incluido en el Repertorio Nacional de Certificados de Profesionalidad». En ese sentido, la Conselleria de Sanidad está trabajando en la modificación de la normativa de la Comunitat Valenciana para adecuarla a dicha guía. El técnico de laboratorio y denunciante de la irregularidad en el embalsamamiento de cadáveres fue despedido el pasado mes de julio. El trabajador vincula su despido —que ha recurrido— con su declaración como testigo ante el Juzgado de Instrucción número 1 de València tres meses antes, en el marco de un procedimiento sobre la donación del cuerpo de un fallecido usuario de una residencia.

La inspección sanitaria multa al CEU de València con 16.000 euros por embalsamar irregularmente más de 650 cadáveres

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Los inspectores confirmaron la denuncia de un extrabajador que denunció a la universidad porque los cuerpos fueron embalsamados por una persona sin la titulación adecuada La Generalitat Valenciana investiga al CEU tras una denuncia por el embalsamamiento “ilegal” de más de 650 cadáveres La inspección sanitaria de la Generalitat ha multado con 16.000 euros a la Universidad Cardenal Herrera CEU por haber permitido durante años que los embalsamamientos de más de 650 cadáveres con fines de investigación en su facultad fueran realizadas por una persona sin la titulación adecuada, según ha confirmado la Conselleria de Sanidad. Los inspectores confirman así la denuncia de un extrabajador —despedido previamente— que puso en conocimiento esta práctica, que él mismo realizaba y que era totalmente irregular. La rápida actuación del departamento que dirige Marciano Gómez contrasta con la del Colegio de Médicos de Valencia, que no ha considerado plantear esta práctica de la universidad privada como intrusismo laboral. Fuentes de la universidad valenciana han confirmado a elDiario.es que sus servicios jurídicos están estudiando la posibilidad de presentar alegaciones. La Conselleria de Sanidad ha explicado que el pasado 16 de diciembre de 2025 se presentó, por registro ante la inspección sanitaria, una denuncia por parte de un extrabajador de la Universidad Cardenal Herrera CEU en relación con la realización de prácticas irregulares de conservación de cadáveres con fines docentes en dicha universidad. Técnicos de la Sección de Ordenación e Inspección Sanitaria realizaron una visita de inspección a las instalaciones del CEU Cardenal Herrera el 17 de diciembre de 2025, levantando las correspondientes actas. Los inspectores estuvieron en todo momento acompañados por personal directivo del centro universitario. «Se confirmó por parte de los representantes de la Universidad presentes en la visita de inspección que la persona encargada de realizar las técnicas de conservación de los cadáveres era la persona denunciante, que no dispone de la titulación de médico, tal como exige la normativa», manifestaron desde Sanidad. Por ello, se procedió a iniciar el correspondiente expediente sancionador, «estableciendo una multa de 16.000 euros». En la misma inspección, los técnicos de la Conselleria confirmaron que las instalaciones y la dotación de la sala autorizada para el uso de cadáveres con fines docentes o científicos «mantienen los requisitos por los que se emitió informe favorable para su autorización el 12 de junio de 2012, conforme a la normativa vigente». Además, añadieron, «dispone de un registro de prácticas de conservación de cadáveres, así como de toda la documentación que debe acompañar al finado». Las mismas fuentes de la Conselleria de Sanidad señalaron que el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó el 4 de julio de 2025 la Guía de Consenso sobre Sanidad Mortuoria, «en la que se contempla que otros profesionales, además de los médicos, puedan realizar prácticas de tanatopraxia». «Por su parte, el personal que efectúe la tanatopraxia o deba decidir sobre la necesidad de someter al cadáver a refrigeración o congelación deberá ser graduado o licenciado en Medicina; o contar con la cualificación profesional de Tanatopraxia ajustada al Real Decreto 140/2011, de 4 de febrero, por el que se complementa el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales mediante el establecimiento de cuatro cualificaciones profesionales de la familia profesional Sanidad; o disponer del certificado de profesionalidad especificado en el Real Decreto 1535/2011, de 31 de octubre, por el que se establece un certificado de profesionalidad de la familia profesional Sanidad incluido en el Repertorio Nacional de Certificados de Profesionalidad». En ese sentido, la Conselleria de Sanidad está trabajando en la modificación de la normativa de la Comunitat Valenciana para adecuarla a dicha guía. El técnico de laboratorio y denunciante de la irregularidad en el embalsamamiento de cadáveres fue despedido el pasado mes de julio. El trabajador vincula su despido —que ha recurrido— con su declaración como testigo ante el Juzgado de Instrucción número 1 de València tres meses antes, en el marco de un procedimiento sobre la donación del cuerpo de un fallecido usuario de una residencia.

Diana Wynne Jones, la mujer que inspiró a Miyazaki y cuya literatura mágica hay que reivindicar y redescubrir

Diana Wynne Jones, la mujer que inspiró a Miyazaki y cuya literatura mágica hay que reivindicar y redescubrir

Nocturna recupera ‘Los mundos de Chrestomanci’ (1977-2006), una de las obras fundamentales de la autora de ‘El castillo ambulante’ José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto” Existen cientos de mundos distintos, tantos como caminos que puede tomar la Historia . Cuando se produce un gran acontecimiento que puede tener consecuencias diferentes en función de sus resultados, como una guerra o una catástrofe natural, el mundo conocido se escinde para hacer posibles ambas realidades. Así coexisten diversas civilizaciones, por separado, y evolucionan cada uno a su manera, sin tener noticia de las otras. Lo más desconcertante es que cada ser humano tiene una réplica en estas otras dimensiones, con personalidades y vidas diferentes, pero con el mismo aspecto físico y otras similitudes. Cuando alguien está insatisfecho en su mundo, puede caer en la tentación de intercambiarse por uno de esos dobles…, aun a riesgo de alterar el orden cósmico y de arrancar al otro de su hábitat natural para ponerlo en un aprieto. Porque, dato revelador, en algunos de esos mundos la magia existe, es tan natural como puede serlo, en nuestro presente, el uso de electrodomésticos o de transportes de alta velocidad. Pero, en otros mundos, la magia está prohibida o no existe. No es un mal planteamiento, ¿verdad? Todo eso y más es posible en Los mundos de Chrestomanci , una de las mejores obras de Diana Wynne Jones (Londres, 1934-Bristol, 2011), la gran escritora de fantasía para niños y jóvenes que renovó el género con un tratamiento imaginativo de la magia. Esta serie de libros, independientes entre sí, pero interconectados por compartir el marco de un universo con múltiples planos, consta de seis novelas y un libro de relatos, publicados entre 1977 y 2006. Cada novela se desarrolla en una dimensión distinta; el nexo entre ellas es Chrestomanci, un mago con muchas vidas que tiene la habilidad de viajar entre mundos para velar por su buen funcionamiento. Chrestomanci no es el nombre de un personaje, sino algo así como un puesto de trabajo que, a diferencia de los títulos nobiliarios, no se hereda, ya que depende de la capacidad para desempeñarlo, unas cualidades que solo unos pocos elegidos poseen: “Somos todos funcionarios del Estado”, explica. “El trabajo de Chrestomanci es asegurarse de que este mundo no esté gobernado completamente por los brujos. La gente normal también tiene derechos. Y hay que evitar que los brujos salgan a otros mundos y lo líen todo allí”. No hace falta decir que, por supuesto, habrá hechiceros malvados que harán de las suyas… La editorial Nocturna ha emprendido la recuperación de esta serie, que para muchos es la obra maestra de la autora. Su intención es agruparla en tres volúmenes, ordenados no por fecha de publicación, sino siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos (a excepción del primero, que sí fue el que abrió la puerta a este universo). Hasta la fecha se han publicado dos, Los mundos de Chrestomanci , que comprende Una vida mágica (1977) y Las vidas de Christopher Chant (1988), y su continuación, con Los magos de Caprona (1980) y Semana bruja (1982), todos con traducción de Elena Abós. El tercer y último volumen está previsto para los próximos meses. Niños huérfanos y una escuela de magia La primera parte, Una vida mágica , sigue las andanzas de Eric Chant, apodado Gato, un niño que, tras perder a sus padres en un accidente, vive con su hermana mayor en casa de una vecina que se ofreció a acogerlos. La hermana, Gwendolen, es una bruja con un gran potencial. Un modesto hechicero local le da clases de magia, hasta que irrumpe en su vida Chrestomanci, un caballero misterioso que se lleva a los hermanos a su castillo, donde Gwendolen tendrá la posibilidad de continuar aprendiendo junto a los mejores. Eso, al menos, es la teoría. En la práctica, los hermanos llegan a un lugar donde apenas son cuatro alumnos (ellos y los dos hijos de Chrestomanci) y tienen prohibido usar la magia. Tampoco les espera una existencia tan cómoda como esperaban, los otros muchachos les resultan irritantes y las empleadas domésticas, antipáticas. Gato lo lleva mejor, pero Gwendolen no está dispuesta a agachar la cabeza. La joven se rebela, y por el camino arrastra a su hermano. Mientras uno de ellos termina en un mundo paralelo, el otro deberá lidiar con una conspiración de brujos en el suyo. Los mundos de Chrestomanci , junto con El ciclo de Terramar (1968-2001), de Ursula K. Le Guin , se considera una obra fundacional de las escuelas de magia, que anticipa a Harry Potter . No se trata de una saga planificada de antemano, sino que cada volumen surgió cuando la autora tuvo necesidad de continuar explorando ese universo, desde la mirada de otros personajes, en otros contextos, de época y de sociedad. Si el primer tomo bebe de los cuentos de hadas góticos (el castillo, la chica encerrada en contra de su voluntad, el encantamiento, el viaje iniciático), Los magos de Caprona , por ejemplo, se ambienta en Italia y su trama gira en torno a dos familias enfrentadas por el negocio de la magia, una historia con guiños a Shakespeare . Cada libro tiene entidad propia; son como pequeñas variaciones de nuestro mundo, que juegan con el grado de magia en cada una de ellas. El hecho de que la autora continuara escribiendo novelas en este universo a lo largo de casi treinta años da una idea de hasta qué punto se sentía dentro de aquella realidad alternativa. Y cada historia tiene su sello, a saber: niños que se comportan como niños (torpes, traviesos, bulliciosos), adultos que no siempre miran por su bien (tacaños, despreocupados, malévolos), aventuras sin moralina, un estilo fresco y ligero, y mucho sentido del humor. Ah, y con una concepción de la magia personal, sorprendente y divertida. Una gran autora por (re)descubrir Con más de cuarenta libros a sus espaldas, casi todos para el público infantil y juvenil, Diana Wynne Jones terminó su carrera con numerosos premios y el reconocimiento de haber ejercido un papel fundamental en la transición de la fantasía épica clásica, en la estela de J. R. R. Tolkien , a la fantasía urbana contemporánea, con J. K. Rowling como referente. La autora apostó por explorar nuevos caminos sirviéndose de la imaginación y de las posibilidades infinitas de la magia, e incluso ridiculizó a los imitadores de las historias de espadas y dragones en La guía completa de Fantasilandia (1997; Nocturna, 2009), una “antiguía” de tópicos que todo aspirante a escritor del género debería evitar. La escritora Diana Wynne Jones en Bristol en noviembre de 2006 Pero ¿quién es Diana Wynne Jones? A pesar de su indudable influencia en el panorama anglosajón, en España sigue siendo una gran desconocida. Es posible que a muchos les suene por ser la autora de El castillo ambulante (1986), la novela que inspiró la película homónima de Hayao Miyazaki estrenada en 2004, y que de hecho es el comienzo de una trilogía de libros independientes que continúa en El castillo en el aire (1990) y La casa de los mil pasillos (2008), todos ellos recuperados por Nocturna en 2018. Esta editorial también ha publicado Cristal embrujado (2010), la última novela que publicó en vida. Más allá del título que popularizó Studio Ghibli, en España sus libros se han publicado poco, dispersos en varias editoriales y con poca fortuna en la promoción. Los mundos de Chrestomanci fueron una apuesta de la editorial SM en 2002, pero, sea por una cubierta poco llamativa o por una campaña poco eficiente, no funcionaron. Nocturna ha tenido el acierto de presentarla con cubiertas atractivas, acordes con la tendencia actual con este tipo de libros, y detalles interiores como las ilustraciones de las guardas o el encabezado de cada capítulo, además del cuidado habitual en sus ediciones en la supervisión del texto, la tipografía e interlineado cómodos, buen gramaje y encuadernación resistente. Todavía queda mucho de ella por traducir, pero este lanzamiento puede ser un principio. Sus libros, como todo clásico que se precie, han envejecido bien y siguen conectando con el público (no solo infantil: admite muchas capas de lectura) porque en lo esencial no caducan –el aprendizaje, los sentimientos de amistad, miedo o ternura, la atmósfera de alegría desenfadada– y porque la personalidad de la autora es genuina; no hay nadie como ella. Escritores de la talla de Terry Pratchett , Philip Pullman , Neil Gaiman , J. K. Rowling , Megan Whalen Turner o Katherine Rundell le deben mucho. Vocación de cuentacuentos Diana Wynne Jones tuvo una infancia poco convencional. Hija de educadores, su padre era tacaño a la hora de comprarle libros, por lo que en su infancia no pudo leer tanto ni tan variado como hubiera querido. A falta de libros propios, se empapó de la biblioteca familiar, con sagas nórdicas, historia grecorromana y materia artúrica. También estaba Jane Austen , a la que leyó a escondidas porque se la habían prohibido hasta que fuera mayor. Enseguida se aficionó a inventar sus propias historias, se las contaba a sí misma o a sus hermanas. Su familia no la alentaba a escribir –era una niña desgarbada, torpe, que no destacaba por nada–, pero ella lo tuvo claro desde muy joven. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando ella apenas tenía cinco años, la familia se vio obligada a llevar una existencia itinerante, hasta que en 1943 se estableció en una localidad rural de Essex. Allí, Diana y sus hermanas crecieron en las antípodas de la crianza actual, con un trato por parte de los padres que hoy hasta se consideraría negligente, con las niñas a su aire, apañándoselas para salir adelante. En sus novelas abundan los protagonistas huérfanos o aquellos que, aun teniendo padres, se sienten poco queridos; la espina de la autora está ahí, aunque siempre resta gravedad al asunto, los personajes son espabilados y aprenden a arreglárselas con sus propios medios. Esta nueva apuesta salda una deuda importante con la autora y con los entusiastas del género, que por fin pueden disfrutar de esta gran saga de viajes mágicos Esta nueva apuesta por Los mundos de Chrestomanci salda una deuda importante con la autora y con los entusiastas del género, que por fin pueden disfrutar de esta gran saga de viajes mágicos. Su concepción de la fantasía se aleja de las tendencias actuales: frente al dramatismo, la violencia, la hipersexualización y el dark romance contemporáneos, los mundos de Diana Wynne Jones constituyen un feliz retorno a la matriz, sus historias tienen más magia que épica, más ingenio que emociones fuertes, más comicidad que tensión erótica. Sobre todo, posee una imaginación desbordante que le permite jugar con ese lenguaje simbólico de la maravilla que tan bien comprenden los niños. En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 , además de un cameo de la reina Isabel II con James Bond, se escuchó a J. K. Rowling, autora de Harry Potter , leyendo un fragmento de Peter Pan , el clásico de J. M. Barrie, mientras un gigantesco Lord Voldemort invadía el estadio en compañía de otros villanos de la literatura infantil y juvenil. Era el homenaje de una sociedad orgullosa de su tradición literaria, y no es para menos, con Lewis Carroll , Roald Dahl o Enid Blyton entre sus filas. En esa nómina está también Diana Wynne Jones, y ahora puede ocupar al fin el lugar que se merece entre los lectores españoles. Perderse en sus páginas es volver a creer en la magia. Cuando crezcas y te conviertas en escritor y escribas libros, pensarás que te los estás inventando, pero en realidad todos existen, en alguna parte.

Gaudí, el genio que no dejó escuela: "Hemos necesitado llegar a la era de los ordenadores para mejorar sus edificios"

Gaudí, el genio que no dejó escuela: "Hemos necesitado llegar a la era de los ordenadores para mejorar sus edificios"

Dos expertos reflexionan sobre el atrevimiento estético y estructural del genial arquitecto catalán cuando se cumple un siglo de su muerte El próximo 10 de junio hará un siglo que Antoni Gaudí (Riudoms o Reus 1852 – Barcelona 1926) moría en el Hospital de la Santa Creu, después de ser atropellado tres días antes por un tranvía en el cruce de la Gran Vía con las calles Girona y Bailén. Desaparecía así un arquitecto genial y único, cuyos edificios siguen maravillando a los amantes de la arquitectura no solo por su singular belleza sino también por lo innovador de las estructuras que desarrolló. Arcos catenarios, paraboloides hiperbólicos, elipsoides y otras estructuras que hasta la llegada de Gaudí se consideraban poco estéticas, cuando no imposibles de emplear en la construcción de edificios, con él adquirieron forma, volumen, relieve y, sobre todo, presencia explicita en las fincas del llamado “modernismo catalán” del cambio del siglo XIX al XX. La Pedrera, la casa Batlló, la Colonia Güell –en especial la cripta–, el parque Güell , la Sagrada Familia y tantos otros edificios por toda España resumen a la perfección la capacidad del artista para innovar y fascinar, un atractivo que se ha mantenido sostenidamente durante el último siglo. Sin embargo, las creaciones de Gaudí apenas tuvieron continuidad estilística en otros arquitectos salvo en muy contadas ocasiones, como es el caso de sus discípulos Josep Maria Jujol, César Martinell y el valenciano Rafael Guastavino, que si bien no trabajó con el maestro, si se mostró muy influido por él y llevó algunas de sus formas, como la “vuelta”, a su exitosa aventura empresarial en Estados Unidos. elDiario.es ha conversado con dos destacados expertos en la figura y la obra de Gaudí sobre las razones por las que el estilo gaudiniano quedó en vía muerta al poco de morir el arquitecto. Son Santiago Huerta, profesor emérito de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y autor del trabajo El cálculo de estructuras en la obra de Gaudí , y Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí y Comisario del Año Gaudí. El padre del diseño moderno de estructuras “Realmente él fue el padre del diseño moderno de estructuras, el primero que le dio a la estructura la forma que mecánicamente le correspondía”, sentencia Huerta. “Gaudí usó por primera vez la estática gráfica no solamente para verificar las estructuras, que es lo que se venía haciendo, sino para proyectar formas nuevas arquitectónicas como los arcos catenarios, los hiperboloides, los paraboloides hiperbólicos y otras figuras que él incorpora de forma novedosa”. La estática gráfica es un método de cálculo geométrico para analizar fuerzas y el equilibrio en estructuras planas, como celosías o arcos, mediante diagramas vectoriales. La innovación de Gaudí, destaca Huerta, fue el empleo de maquetas polifuniculares, basadas en modelos colgantes con cadenas, cordajes y pesos para determinar la forma invertida de los llamados arcos catenarios y parabólicos. Maqueta funicular en la cripta de la colonia Güell. “Lo que hizo Gaudí fue transpolar las formas que determinaba la tracción de un determinado peso en un sistema de cadenas, o cuerdas, a la compresión, esto es dándoles la vuelta y suponiendo que la forma generada en la tracción era la que mejor aguantaba la compresión”, desvela Huerta. Una muestra de maqueta funicular, empleada por Gaudí a escala, puede contemplarse en la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona. Estas figuras resultantes, muchas veces con formas inusuales hasta entonces, han sido a la postre las que han dado fama mundial a la arquitectura de Gaudí. “Una muestra clara son los pórticos del Parque Güell con las columnas inclinadas, también en la Colonia Güell se aprecian y por supuesto en la Sagrada Familia” desvela Huerta, “todo este universo de figuras viene del de adaptar la forma a la trayectoria de las fuerzas”. Revolucionario estético Santana, no obstante, matiza que el conocimiento de las maquetas funiculares y las formas catenarias no fue una invención de Gaudí: “Era un conocimiento que tenían todos los arquitectos y, de hecho, en el Instituto Geometría, cuando Gaudí era alumno, se enseñaba la catenaria como curva adecuada para arcos de grandes cargas”. Lo que ocurría, según el director de la Cátedra Gaudí, es que “por su plástica arquitectónica” eran curvas que “no tenían una buena acogida como obra vista”. Porche de la cripta de la iglesia de la Colonia Güell. “Entonces lo que hace Gaudí es decir que esta plástica es la funcional y, por tanto, es bonita por sí sola”, asevera Santana, lo cual supuso “un planteamiento revolucionario y de gran atrevimiento estético”. Tanto Huerta como Santana explican que previamente ya se ejecutaban estas estructuras, pero se escondían “porque se consideraba que enseñar esto era feo”. “Lo que hace Gaudí es optimizar la forma y reivindicarla, pero además, después la pasa a una dimensión más como superficie funicular tridimensional”, apostilla Santana. “Fue un personaje con una enorme creatividad y muy innovador”, destaca Huerta de Gaudí, “pero no publicó apenas nada de sus investigaciones, sabemos de ellas por sus obras y sus discípulos; además, toda la información y planos que se atesoraban de la Sagrada Familia se destruyeron durante la guerra civil”. “Era como Brunelleschi –autor de la cúpula de Santa María de la Flor en la catedral de Florencia– que tampoco publicó nada, un arquitecto que inventó la perspectiva y muchas máquinas que luego copiaron otros, entre ellos Leonardo da Vinci”, apunta Huerta. Primero el empirismo y después el cálculo Existe una cierta leyenda del Gaudí empirista que evitaba el cálculo matemático de sus estructuras porque este resultaba muy complejo y porque además no era un gran diestro en la materia. “Hay que tener en cuenta que los materiales con los que trabajaba Gaudí eran el ladrillo y la piedra, que a diferencia del hormigón o el acero, deben resistir la compresión en lugar de la torsión”, señala Huerta. “Lo que hacía Gaudí en su taller era experimentar con la forma geométrica que se adapta exactamente, o muy aproximadamente a esta compresión, y también experimentaba con la fotografía, y luego ya lo sometía al cálculo él o sus discípulos”, añade. Respecto a la pericia en el cálculo, Santana apunta que Gaudí tenía un dominio notable de las matemáticas a pesar de que en este campo no era de los más destacados de su generación. Antoni Gaudí en 1878. De hecho, el comisario del Año Gaudí desvela que la complejidad de los cálculos que demandaban las nuevas estructuras desarrolladas provocó que “poco a poco la vía Gaudí quedase muerta” en favor de ·“geometrías menos complejas en cuanto al cálculo”, algo que favoreció también el auge del acero y el hormigón. “Sin embargo, ahora que los ordenadores permiten ejecutar cálculos complejos con mayor facilidad hay una tendencia a retomar los desarrollos de Gaudí casi un siglo después, entre otras cosas porque suponen un ahorro de material y procesos mucho más ecológicos”, subraya. “Ha tenido que llegar la era de los ordenadores para que se pueda empezar a innovar sobre lo que concibió”, concluye Santana Gaudí, genio sin escuela Respecto al motivo por el que Gaudí no dejó una escuela estilística tras de sí, Huerta, con un amplio bagaje académico en la materia, opina que la llegada de nuevos materiales, para los cuales la compresión ya no suponía un problema, hizo que se perdiera el interés por las propuestas de Gaudí. Dice que “se ha convertido en una figura de difícil clasificación dentro de la historia de la arquitectura”, aunque reconoce que “la arquitectura más vanguardista está retomando muchos de sus hallazgos”. “La aseveracion de que las innovaciones de Gaudí dejaron de ser necesarias con la llegada de nuevos materiales, es algo muy relativo y un poco mito”, replica Santana que, como Huerta, insiste en que “desde hace algunos años se vuelve de nuevo la mirada a sus estructuras y muchas de las que él creó, como es el caso del paraboloide hiperbólico, se están recuperando por sus grandes ventajas en cuanto a sostenibilidad y ahorro de materiales”. Paraboloide hiperbóico como techo del Oceanogràfic de València, una innovación en su momento de Gaudí. En opinión del catalán, “lo que pasó es que sus discípulos no supieron seguir su senda, en el sentido de llevar sus innovaciones más allá”. Cree que a lo sumo, como en el caso de Jujol y Martinell, o de Guastavino con la llamada “vuelta catalana”, se dedicaron a explotar los hallazgos del maestro, pero sin crear nada nuevo a partir de ellos. “Martinell te hará a vueltas a veces cilíndricas, bóvedas esféricas y planes de carga porticados con funiculares o parábolas, depende del caso, pero Gaudí lo que hizo es llevar estas formas a las tres dimensiones y eso es lo que el resto no supo continuar”, sentencia Santana. Gaudí, el gótico y la Sagrada Familia “Gaudí criticaba el gótico por su uso de pilares verticales que implicaban un desequilibro de fuerzas en los laterales, que habría que compensar con sobreestructuras a veces complejas como son los contrafuertes, arbotantes, etc.”, comenta Huerta. “Decía del gótico que era un estilo preindustrial y lo critica en sus conversaciones con los discípulos, criticaba especialmente los pináculos, de los que dice que son como si un jorobado anduviese poniendo banderitas en los edificios”, ilustra. Vista de la Sagrada Familia desde una azotea de Barcelona. Huerta pone el ejemplo del bastón para explicar cómo concebía los pilares Gaudí: “Para que un bastón pueda sujetar el peso de un cuerpo tiene que estar inclinado”, explica. “Así que él busca en la inclinación del pilar la mayor resistencia a la compresión, hasta llegar a concebir los arcos catenarios”, remacha. De todas formas, reflexiona que esta aversión al gótico no deja de ser curiosa “porque la Sagrada Familia tiene un aire gótico innegable”. Santana, que coincide con Huerta en la vocación gótica de la catedral diseñada por Gaudí, explica que no es que el arquitecto renegara del gótico estrictamente, pero sí pensaba que era un “estilo superado”, sobre todo en la construcción de edificios religiosos y que, por tanto, debía actualizarse y optimizarse. En este sentido señala, refrendando las palabras de su colega madrileño, que “la Sagrada Familia es el gran ejemplo de su propuesta para poner al día el gótico”.

Urdangarin se defiende en sus memorias: "El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí"

Urdangarin se defiende en sus memorias: "El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí"

El exduque de Palma cuestiona la condena de cinco años y diez meses que le fue impuesta en el caso Nóos: "Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin", reflexiona en 'Todo lo vivido', su autobiografía recién publicada De Marivent a los contratos millonarios sin concurso: qué pasó con el dinero público que consiguió Urdangarin “Quiero decirlo con total claridad: no fue una sentencia justa”. Con esta frase, Iñaki Urdangarin articula la defensa central de Todo lo vivido , el libro en el que reconstruye –y reivindica– su trayectoria empresarial al frente del Instituto Nóos y cuestiona abiertamente las pesquisas que lo llevaron a prisión bajo una pena de cinco años y 10 meses. En sus memorias, recién publicadas por Alfaguara, el exduque de Palma arremete con dureza contra aquellos que le investigaron: “El juez [ José Castro ], el fiscal [Pedro Horrach] y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo”. Pese a admitir que “puede que hubiera fallos”, sostiene que ninguno de ellos justificaba la condena que le fue impuesta, marcada, en su opinión, por un contexto judicial y mediático “profundamente ideologizado”: “El objetivo era la caza mayor de una institución a la que yo representaba”. Diez años después de que el caso Nóos le sentara en el banquillo de los acusados, y pese al cúmulo de pruebas que los tribunales dieron por concluyentes, el exyerno del rey Juan Carlos se muestra convencido de que “no merecía entrar en la cárcel” y de que la Justicia que él conoció “estaba contaminada”. “Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona”, incide en uno de los pasajes. La Audiencia Provincial de Balears primero, y el Tribunal Supremo después, no dijeron lo mismo: las sentencias dictaminaron que incurrió en delitos de prevaricación continuada y malversación, tráfico de influencias, fraude a la Administración y dos contra la Hacienda Pública por su implicación directa en el desvío de dinero público y por cómo utilizó su posición y sus vínculos para facilitar ese trasvase de fondos. Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona En este contexto, tampoco escatima reproches hacia la Casa Real, al considerar que la institución actuó “con miedo y precipitación” cuando le pidió que se apartara del Instituto Nóos para contener el desgaste reputacional. “No querían estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano”, escribe, antes de recordar el momento en que le transmitieron la orden: “'Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron”, afirma. Urdangarin lamenta especialmente, más allá de la estrategia institucional, la falta de respaldo humano. “No supieron actuar como familia”, asegura al describir una decisión que, a su juicio, lo convirtió en el eslabón más débil de una crisis que la Corona quiso atajar sacrificándolo públicamente. Urdangarin, en abril de 2005, durante el València Summit, una de las cumbres investigadas en el marco del caso Nóos No querían [en Casa Real] estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano. Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron Seducido por la “dinámica del éxito” Pero antes de entrar de lleno en el relato del caso que le condujo al banquillo, Urdangarin rememora sus comienzos en el ámbito empresarial tras retirarse del balonmano, allá por el año 2000. Un terreno en el que, reconoce, no se sentía tan seguro como en la pista, pero por cuyos engranajes se dejó de inmediato seducir, envuelto por “la dinámica del éxito”: “De alguna manera, fui cediendo, dejándome llevar, aceptando dinámicas que, si hubiera sido más consciente, nunca debería haber aceptado”. Tras desplazarse a Londres en su “afán por entender bien los entresijos empresariales” de la consultoría, el exbalonmanista regresó con la idea de profundizar en el mundo del patrocinio deportivo. Fue en la escuela de negocios Esade, en Barcelona, donde conoció a Diego Torres , considerado a la postre pieza central del entramado Nóos. Diego Torres, junto a su mujer, Ana María Tejeiro, antes de declarar como investigados en el marco del caso Nóos Con él se embarcaría en una singladura que acabaría situándolos en el epicentro de uno de los mayores escándalos judiciales de la historia de España y el que por primera vez sentaría en el banquillo a un miembro de la Familia Real, la infanta Cristina , quien acabaría penalmente absuelta, pero condenada -pese a que la sentencia rehúye utilizar de manera explícita esta expresión- como partícipe a título lucrativo de los delitos de malversación de caudales públicos y fraude a la administración cometidos por su exmarido. La idea de Urdangarin y Torres pasaba por crear una consultoría que ofreciera asesoramiento a las empresas y “tratara directamente con los altos ejecutivos (el lugar desde el que se toman las grandes decisiones estratégicas)”, señala el exduque en sus memorias. Una consultoría, incide, que “cambiase la mirada tradicional del mundo del patrocinio”. Así que, consciente de sus limitaciones en el ecosistema empresarial, abordó al que se convertiría en su socio y le dijo: “Diego, yo he llegado a este mundo con 32 años. Tú llevas muchos más aquí, conoces las dinámicas, los entresijos. Yo necesito entender lo que hay debajo. Necesito tocar la base, saber cómo funcionan los procesos. No quiero ser solo fachada. Quiero ser útil de verdad”. “Yo sí sabía lo que hacía falta para construir un Dream Team desde cero. Pero en la empresa… no tenía esa seguridad”, confiesa. La infanta Cristina, al fondo, en el banquillo de los acusados. Delante de ella, Ana María Tejeiro, esposa de Diego Torres “Tu valor está en abrir puertas que otros ni imaginarían” La respuesta de Torres, según el libro, encendió la espita que activó la transición de Urdangarin desde el deporte de élite a la esfera de los negocios: “Tú eres un experto en deporte, conoces ese terreno. Y ese know how nos puede ser útil en muchas ocasiones. Y, además, tienes algo que no se aprende: acceso. Tu valor está ahí. En abrir puertas que otros no podrían ni imaginar. En conectar con las personas adecuadas. Eso es útil. En eso eres bueno. Cada uno tiene que dedicarse a lo que de verdad le corresponde”. Con estos mimbres, en 2003 fundaron Nóos Consultoría Estratégica. El viento soplaba a favor: cerraron contratos, consolidaron una cartera de clientes que renovaba año tras año y el negocio creció con rapidez. “Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando en que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda”, confiesa Urdangarin. Una “grieta”, como alude a aquella euforia profesional teñida de incertidumbre, “por la que se colaría una tormenta” que -asegura- no supo “ver venir”. El expresidente balear Jaume Matas (izquierda), junto al exdirector del Instituto Nóos Diego Torres y el entonces consejero delegado de Sol Meliá, Sebastián Escarrer momentos antes de presidir la entrega del II Sport and Tourism Global Awars en Palma Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda Pese al terremoto judicial que vendría después, el exduque defiende con ahínco el trabajo que llevaron a cabo en la consultoría frente a las acusaciones -y los hechos probados en sentencia- que apuntaban a que los proyectos que desarrollarían con el tiempo no habían sido justificados y ni tan siquiera ejecutados: “Era serio, profesional, riguroso. No era humo, como algunos llegaron a decir. Me rodeé de gente muy preparada, con un nivel académico altísimo, con experiencia, con talento. El equipo que armamos era sólido. Y nuestro enfoque aportaba un valor real a las empresas con las que trabajábamos”. Para Urdangarin, el “verdadero problema” es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él “unas necesidades y aspiraciones” que hoy, “con la distancia”, asegura que le cuesta reconocer como suyas: “Pero lo fueron. Y tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos”. Fue en esa época cuando la infanta Cristina y él, ya con tres hijos, decidieron cambiarse de casa. Para Urdangarin, el 'verdadero problema' es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él 'unas necesidades y aspiraciones' que hoy, 'con la distancia', asegura que le cuesta reconocer como suyas: 'Tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos' La mansión de Pedralbes: “El Iñaki de hoy jamás la compraría” El piso en el que vivían se les había quedado pequeño. “Incluso el rey, en broma, nos decía: 'Ahí no cabéis, chico'. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como 'el Palacete de Pedralbes', con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande”, recuerda, asegurando a continuación: “El Iñaki de hoy jamás la compraría. Pero, en según qué circunstancias, es fácil perder la perspectiva”. Cámaras y periodistas apostados frente al 'palacete' de Pedralbes el 3 de abril de 2013: la infanta Cristina acababa de ser imputada en el caso Nóos Entre las páginas de sus memorias, sin embargo, no menciona en ningún momento la donación de 1,2 millones de euros que el rey emérito le hizo a su hija para adquirir la mansión, unos hechos por los que, a juicio del juez Castro, Juan Carlos I tendría que haber declarado “más como imputado que como testigo” . Tampoco cita los 698.824 euros que -tal como recogió en un informe la Agencia Tributaria- gastó el matrimonio en rehabilitar la vivienda, adquirir mobiliario de lujo y pagar restaurantes y viajes al extranjero a través de Aizoon, la sociedad participada al 50% por él y por su entonces esposa. Si bien los investigadores apuntaron inicialmente a que Aizoon les valió de 'tapadera' para blanquear los fondos recibidos por el entramado Nóos, los tribunales descartaron finalmente ese extremo, aunque sí consideraron acreditado que la entidad había sido utilizada para deducirse gastos estrictamente personales . “Teníamos buenos ingresos. Las tasaciones eran disparatadas. Los tipos de interés, bajos. Todo el mundo nos animaba a hacerlo [...]. Más tarde entendí que era un nivel de ambición que había normalizado sin darme cuenta”, prosigue Urdangarin, quien confiesa que en aquel entonces “estaba atrapado, más bien deslumbrado, por un estilo de vida que nunca” había sido el suyo. Incluso el rey, en broma, nos decía: 'Ahí no cabéis, chico'. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como 'el Palacete de Pedralbes', con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande. El Iñaki de hoy jamás la compraría Llegan los contratos con la administración En medio de aquella vorágine, recuerda, “jamás” se le ocurrió que su siguiente paso “fuera entrar en política”: “No me atraía, no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia”. No me atraía [entrar en política], no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia En 2004, apenas un año después de echar a andar Nóos Consultoría Estratégica, València acababa de lograr ser sede de la Copa América de Vela de 2007 -cuya preparación y celebración dejarían un agujero de 454 millones de euros que acabarían asumiendo el Tesoro Público y el ICO -. La propuesta, recuerda Urdangarin, había sido impulsada por Rita Barberá y Francisco Camps, “convencidos de que ese gran evento internacional se traduciría en una proyección inédita para València y su comunidad”. “Pero lo cierto es que, más allá del titular y del entusiasmo político, no tenían un plan claro de cómo optimizar realmente aquella oportunidad”, señala, incidiendo en que la ciudad se convertiría en un “escaparate desaprovechado si no sabían cómo encontrar un retorno positivo para la Comunidad Valenciana”. Asegura que tuvo las primeras noticias de aquello durante una cena familiar en la Zarzuela, donde el rey emérito –siempre según la versión de Urdangarin– se dirigió directamente a él para preguntarle: “Iñaki, ¿tú crees que podrías ayudarlos con esto? Quizá podrías aconsejarlos sobre qué hacer”. “Lo pensé un momento y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor”, recuerda el autor de Lo vivido . Consciente, además, de que la vela “era una pasión personal para el rey”, lo comentó con Torres. Fue en ese momento cuando surgió el germen del Instituto Nóos como “un instituto de investigación aplicada, un contenedor de ideas”. Para la Justicia, la entidad que canalizaría las ingentes cantidades de dinero público que recibirían de las administraciones públicas para desviarlos a empresas pantalla como Aizoon y otras mercantiles creadas o utilizadas por ambos exsocios para fragmentar contratos y dificultar la trazabilidad de los fondos. El expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps, junto la exalcaldesa de València Rita Barberá, en septiembre de 2013, durante el debate de política general en Les Corts tras la decisión del TSJCV de devolver la instrucción del caso Nóos a Palma Lo pensé un momento [la propuesta del rey emérito de "ayudar" al PP con la Copa América de Vela de 2007] y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor Y así –“sin buscarlo, casi sin quererlo”– fue como, recuerda el rostro más visible del entramado, dio “el primer paso hacia un terreno que ya no era privado, ni solo empresarial o deportivo, sino profundamente institucional y político; y ese camino no tendría vuelta atrás”. Urdangarin recalca todo el trabajo que hubo detrás: “Hasta entonces, habíamos trabajado con empresas privadas, donde el trato era claro, directo: presentabas una propuesta, la negociabas y te la aprobaban o no. Punto. Pero entrar en el ámbito institucional, en las administraciones públicas, era otro mundo. El equipo entero comenzó a trabajar bajo una presión desconocida. La gestión se convirtió en un laberinto. Ahora había que saber en qué fundación o asociación se tramitaba esto o aquello, qué órgano lo aprobaba, qué plazos, qué requisitos, qué mesa lo evaluaba”, recuerda, rebatiendo la “narrativa demagógica” que, en su opinión, arraigaría en los medios años después y que era “muy fácil de viralizar”: “Un millón de euros por tres días”, “Consultorías vacías de contenido”, etc. Los 3,5 millones de euros del València Summit Sobre los Valencia Summit, los congresos que entre 2004 y 2006 organizó el Instituto Nóos para maximizar el impacto de la Copa América de Vela y que acarrearon el pago de unos 3,5 millones de euros públicos, asevera que cada uno de ellos “representaba un año entero de trabajo intenso”: “Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí”. En su sentencia, sin embargo, el tribunal censuró el modo en que se había llevado a cabo la adjudicación de los proyectos -sin concurso y mediante un diseño administrativo que favoreció directamente a la entidad encabezada por Urdangarin y Torres-. No obstante, pese a reconocer que a día de hoy aquellas contrataciones estarían al margen de la ley, la Sala aseveraba que en el momento en que fueron suscritos “la administración se conducía de otro modo”. Con ello, las pesquisas en torno a los València Summit -que arrojaron, entre otras facturas, la que el exduque endosó a la Generalitat para alojar a la princesa Sayn-Wittgenstein , amiga de Juan Carlos I- quedaban finalmente en agua de borrajas y los acusados de la trama valenciana, absueltos de todo cargo . Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí Urdangarin, en abril de 2005, saludando a Rita Barberá durante una de las jornadas del València Summit “Organizar un evento de este calibre no es cuestión de alquilar una sala y repartir acreditaciones”, se muestra convencido pese a todo Urdangarin, quien defiende que “un trabajo así no podía pasar desapercibido”, lo que motivó que otras comunidades autónomas –“incluso ciudades internacionales”, asegura– expresaran su “interés en replicar la experiencia”. Una de ellas fue Balears, donde los investigadores elevaron a más de 20 millones de euros los fondos que el Govern, presidido entonces por Jaume Matas (PP), comprometió a favor del entramado Nóos. Entre otros convenios, el Ejecutivo rubricó los vinculados con la realización de dos congresos similares a los de València, los Illes Balears Forum , por cuya organización Urdangarin y Torres percibieron unos 2,3 millones de euros. Según relata el exmarido de la infanta Cristina, el objetivo de los eventos era desestacionalizar el turismo a través del deporte. Urdangarin asegura que fueron tanto Matas -recién salido de uno de los Ministerios de José María Aznar- como su entonces amigo José Luis 'Pepote' Ballester, director de Deportes del Ejecutivo balear y medallista olímpico de vela, quienes le trasladaron su intención de celebrar en las islas un evento similar a los Valencia Summit, en una de cuyas ponencias había participado el exregatista. “'Pepote' se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: 'Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears'”, relata el exduque. Unas manifestaciones que contradicen lo dictaminado por los tribunales, que indican que fue Urdangarin quien aprovechó su amistad con Ballester para “mover la voluntad” tanto de éste como de Matas para obtener uno de los contratos investigados, “orillando toda concurrencia y los condicionantes” que pudieran derivarse de una tramitación ajustada a la legalidad. José Luis 'Pepote' Ballester se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: 'Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears' Descarga en el Govern la iniciativa de contratar a Nóos Haciendo recaer en todo momento en los dirigentes autonómicos el interés por celebrar los foros, el exbalonmanista asegura que, a través de la recomendación efectuada por 'Pepote', “desde el entorno de Jaume Matas, que acababa de asumir la presidencia del Govern de les Illes Balears, se nos pidió estudiar la posibilidad de hacer algo similar en Palma”. Señala, en este contexto, que lo primero que les explicaron fue que el València Summit “estaba diseñado como un ciclo cerrado de tres años, vinculado estratégicamente a la llegada de la America’s Cup, y que su sede exclusiva era València”. “No podíamos repetir ese mismo formato en otro territorio. Pero sí podíamos hacer algo igualmente potente y específico, pensado desde cero para responder a las necesidades concretas de las Balears”, abunda. Jaume Matas e Iñaki Urdangarin En esta línea, recuerda que desde la entidad estudiaron “este desafío” y, “fruto de una reflexión profunda por parte de los miembros del Instituto Nóos”, surgió el objetivo de su siguiente estudio: “¿Cómo desestacionalizar el turismo a través del deporte?”, una cuestión a la que alude en el libro como el “mayor reto estructural del archipiélago”. “Palma se postuló como sede del mismo y así fue como nació el Illes Balears Forum”. Según el exyerno del rey, el diseño estaba inspirado “en la cumbre de Davos, organizada por el World Economic Forum con sede en Ginebra, el prestigioso congreso que estudia la economía y el entorno geopolítico mundial”. El resultado, subraya, fue “otro evento de altísima calidad, con invitados de talla internacional, al igual que en València”, eludiendo, sin embargo, mencionar las conclusiones que la Justicia alcanzó acerca de las irregularidades que rodearon los convenios para la celebración de los congresos y a la influencia que ejerció el exduque para su consecución. La sentencia alude, en este sentido, a “la voluntariosa y disciplinada actitud de acatamiento a todas las propuestas [de Urdangarin y Torres] por parte del presidente Matas y su desarrollo, aceptando precios, imponiendo decisiones y sin reparar en obstáculos burocráticos o rémoras de reglas administrativas”, un comportamiento que, según el tribunal que los juzgó, “pone bien a las claras de manifiesto que se produjo ese sutil, pero patente y efectivo, sometimiento ante la posición del proponente [en alusión a Urdangarin], actitud que buscó y provocó deliberadamente amparado en su notoria condición, combinada y reforzada por su amistad con José Luis Ballester”. 'Pepote' Ballester, en febrero de 2012, tras declarar como investigado ante el juez José Castro en el marco del caso Nóos La “necesidad” de una “victoria judicial ejemplar” Urdangarin cuestiona abiertamente la labor del exjuez Castro y del exfiscal Horrach en su pretensión de desentrañar los pormenores de los contratos rubricados con las administraciones públicas. Un procedimiento judicial, el del caso Nóos, que el exduque insiste en desvincular de la macrocausa matriz de la que derivó, el caso Palma Arena, en el que el juez Castro concentró sus investigaciones en torno a los megalómanos proyectos, las adjudicaciones irregulares y los contratos a dedo que auspició el expresidente balear durante su segunda legislatura (2003-2007). Fruto de sus desmanes, el exdirigente del PP acabaría acumulando una larga cadena de condenas firmes que, en total, terminarían sumando más de ocho años de cárcel y medio siglo de inhabilitación . “El juez, el fiscal y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo, y su visión crítica hacia la institución de la Corona marcó todo el proceso desde el primer momento. No me asusta decirlo. Es mi opinión y lo creo firmemente, me baso en los hechos y en la forma en que todo se desarrolló”, afirma tajante Urdangarin, quien señala que “cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas”, vieron en la vinculación a su figura “una oportunidad”. “Un caso con posibilidades de escalar a los titulares, a los debates públicos. A los libros de historia judicial de este país”, prosigue, para añadir acto seguido: “Como comprendería mucho más tarde, era imposible que yo no terminara en prisión. El foco mediático era tan feroz, la presión política tan evidente, la necesidad de una 'victoria judicial ejemplar' tan urgente, que estaba claro que no iban a soltar ese hueso. Porque la justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de ser justicia”. Aferrándose a esta idea, remarca que “nadie parecía interesado en entender qué había detrás: años de trabajo, informes rigurosos, impacto real en las ciudades, posicionamiento internacional”. “Pero un titular es un titular, y cuando mi nombre aparecía junto al de políticos como Jaume Matas o Francisco Camps -que por aquel entonces también estaban siendo señalados por la justicia por causas completamente ajenas a la nuestra-, el ruido mediático aumentaba de forma exponencial”, enfatiza, perseverando en la tesis de que el caso Nóos fue amplificado por un contexto político y mediático que, a su juicio, contaminó la percepción pública y condicionó el desarrollo del proceso judicial. Cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas, vieron en la vinculación a mi figura una oportunidad. La justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de serlo El juez José Castro, saliendo de los Juzgados tras tomar declaración del secretario de las infantas Elena y Cristina, Carlos García Revenga Fue en medio de aquel meollo cuando, recuerda, llegó la llamada de la Casa Real. José Manuel Romero, abogado del rey, le comentó “con firmeza” que “había inquietud”: “Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación”. “Me pidieron que diera un paso al lado. Que dejara el Instituto Nóos. Quitarme del medio fue, para ellos, la solución más eficaz: si me apartaban, si me desvinculaban de los focos, si dejaba de aparecer en titulares, todo se calmaría. Todo estaría bajo control. Decidieron aplicar un cordón sanitario. Pero no funcionó. Porque, en el fondo, yo no era el objetivo. Yo era el eslabón más débil. La pieza más fácil de atacar. Porque lo que algunos buscaban era mucho más. No querían caza menor. Querían caza mayor, como decía Mario, mi abogado”, relata. Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación El exduque recrimina que, incluso años más tarde, cuando ya se encontraba fuera del Instituto Nóos y completamente apartado de la Casa Real, además de haber sido juzgado y condenado, las críticas no se detuvieron. “Al contrario, subieron de nivel”, señala, aclarando: “No creo que ser rey o príncipe sea algo fácil. Ni mucho menos. En aquellos momentos, fueron muchas las personas que presionaron a la Corona desde distintos frentes y por diversos motivos, la mayoría interesados. Y, en medio de ese fuego cruzado de tantas opiniones y criterios, tomar una decisión correcta y justa, en una situación en la que está implicada una persona cercana, y que contente a todos, entiendo que es prácticamente imposible”. El exrector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez (i) regala en diciembre de 2005 una camiseta del equipo de balonmano de la Universidad asturiana -con el dorsal que portó siempre a Urdangarin- al exduque antes de ofrecer la conferencia titulada 'Patrocinio y Mecenazgo: una visión estratégica' Recuerda, con todo, que tras dejar “obligado” el Instito Nóos en marzo de 2006, la Casa Real tampoco le escuchó: “Yo estaba orgullosísimo de lo que habíamos construido. El Instituto Nóos era algo más que un proyecto profesional, había puesto el corazón en aquello [...]. Pero era como clamar en el desierto. No se trataba solo de un caso judicial, se trataba de política, de alta política, me dijeron. Y me lo arrebataron todo. De un plumazo.  En paralelo, la relación con Torres acabó rota. Su salida de Nóos había sido ”precipitada, inesperada, impuesta desde fuera“. ”Tomamos distancia y dejamos de hablarnos“, recuerda. Fue así como, escribe, les ”sorprendió“ a ambos el estallido del caso Nóos. “No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo” Su paso por prisión -de la que salió “con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar”- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido . En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: “Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo”. En este sentido, reconoce que, durante los primeros días, no era capaz de sostener la entereza que se esperaba de él, y así se lo transmitió, en su primer día de privación de libertad, al jefe de escolta que había recomendado su ingreso allí: “Yo aquí no voy a aguantar. No voy a poder. Estoy solo, completamente solo”. Se sentía, afirma, “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”, atrapado en “un desierto de cemento. Una tumba grande y solitaria”. Su paso por prisión -de la que salió 'con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar'- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido. En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: 'Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo' Con el tiempo, sin embargo, fue encontrando asideros. La lectura se convirtió en refugio y reconstrucción interior: desde El hombre en busca de sentido , de Viktor Frankl, que le enseñó que “siempre queda la libertad de elegir la actitud”, hasta Biografía del silencio , de Pablo d’Ors, o El poder del ahora , de Eckhart Tolle. “Libros que no solo leí, sino que subrayé, resumí y releí una y otra vez”, recuerda. Al término de sus memorias, y transcurridos casi dos años desde que diese por cumplida la totalidad de la condena y quedase en libertad definitiva, Urdangarin apuntala su versión de los hechos: “No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo”. De nuevo, regresa a la sentencia: fue, a su juicio, “un castigo injusto, desmedido. Un doble castigo”. Tras entrar en prisión, recuerda que aquellos años supusieron una etapa de ruptura interior: “Cuando estás allí dentro, tienes la sensación de que has desaparecido del mundo”. Habla de la “privación de libertad” y de la “soledad más absoluta”, de un silencio “que pesaba toneladas”, de sentirse “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”. Y reflexiona, condensando en apenas unas palabras la tesis de su inocencia: “Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin”. Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin El libro, con todo, no termina en la celda, sino en el parqué del Palau Blaugrana. El exbalonmanista evoca el debate que se produjo en su día sobre si debía retirarse su camiseta del Barça y cómo aquello le golpeó “fuerte”. Había formado parte del Dream Team de Valero Rivera, aquel que transformó el balonmano a nivel internacional y con el que había ganado “más de cincuenta títulos”. Finalmente, tanto Josep Maria Bartomeu como Joan Laporta defendieron que la elástica y su dorsal 7 debían permanecer donde estaban en reconocimiento a su legado. “Que esa camiseta permaneciera allí arriba al salir de la cárcel significó mucho para mí”. Era la prueba, concluye, de que “una persona no se reduce a un solo capítulo de su historia”.

Gaudí, el genio que no dejó escuela: "Hemos necesitado llegar a la era de los ordenadores para mejorar sus edificios"

Gaudí, el genio que no dejó escuela: "Hemos necesitado llegar a la era de los ordenadores para mejorar sus edificios"

Dos expertos reflexionan sobre el atrevimiento estético y estructural del genial arquitecto catalán cuando se cumple un siglo de su muerte El próximo 10 de junio hará un siglo que Antoni Gaudí (Riudoms o Reus 1852 – Barcelona 1926) moría en el Hospital de la Santa Creu, después de ser atropellado tres días antes por un tranvía en el cruce de la Gran Vía con las calles Girona y Bailén. Desaparecía así un arquitecto genial y único, cuyos edificios siguen maravillando a los amantes de la arquitectura no solo por su singular belleza sino también por lo innovador de las estructuras que desarrolló. Arcos catenarios, paraboloides hiperbólicos, elipsoides y otras estructuras que hasta la llegada de Gaudí se consideraban poco estéticas, cuando no imposibles de emplear en la construcción de edificios, con él adquirieron forma, volumen, relieve y, sobre todo, presencia explicita en las fincas del llamado “modernismo catalán” del cambio del siglo XIX al XX. La Pedrera, la casa Batlló, la Colonia Güell –en especial la cripta–, el parque Güell , la Sagrada Familia y tantos otros edificios por toda España resumen a la perfección la capacidad del artista para innovar y fascinar, un atractivo que se ha mantenido sostenidamente durante el último siglo. Sin embargo, las creaciones de Gaudí apenas tuvieron continuidad estilística en otros arquitectos salvo en muy contadas ocasiones, como es el caso de sus discípulos Josep Maria Jujol, César Martinell y el valenciano Rafael Guastavino, que si bien no trabajó con el maestro, si se mostró muy influido por él y llevó algunas de sus formas, como la “vuelta”, a su exitosa aventura empresarial en Estados Unidos. elDiario.es ha conversado con dos destacados expertos en la figura y la obra de Gaudí sobre las razones por las que el estilo gaudiniano quedó en vía muerta al poco de morir el arquitecto. Son Santiago Huerta, profesor emérito de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y autor del trabajo El cálculo de estructuras en la obra de Gaudí , y Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí y Comisario del Año Gaudí. El padre del diseño moderno de estructuras “Realmente él fue el padre del diseño moderno de estructuras, el primero que le dio a la estructura la forma que mecánicamente le correspondía”, sentencia Huerta. “Gaudí usó por primera vez la estática gráfica no solamente para verificar las estructuras, que es lo que se venía haciendo, sino para proyectar formas nuevas arquitectónicas como los arcos catenarios, los hiperboloides, los paraboloides hiperbólicos y otras figuras que él incorpora de forma novedosa”. La estática gráfica es un método de cálculo geométrico para analizar fuerzas y el equilibrio en estructuras planas, como celosías o arcos, mediante diagramas vectoriales. La innovación de Gaudí, destaca Huerta, fue el empleo de maquetas polifuniculares, basadas en modelos colgantes con cadenas, cordajes y pesos para determinar la forma invertida de los llamados arcos catenarios y parabólicos. Maqueta funicular en la cripta de la colonia Güell. “Lo que hizo Gaudí fue transpolar las formas que determinaba la tracción de un determinado peso en un sistema de cadenas, o cuerdas, a la compresión, esto es dándoles la vuelta y suponiendo que la forma generada en la tracción era la que mejor aguantaba la compresión”, desvela Huerta. Una muestra de maqueta funicular, empleada por Gaudí a escala, puede contemplarse en la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló, cerca de Barcelona. Estas figuras resultantes, muchas veces con formas inusuales hasta entonces, han sido a la postre las que han dado fama mundial a la arquitectura de Gaudí. “Una muestra clara son los pórticos del Parque Güell con las columnas inclinadas, también en la Colonia Güell se aprecian y por supuesto en la Sagrada Familia” desvela Huerta, “todo este universo de figuras viene del de adaptar la forma a la trayectoria de las fuerzas”. Revolucionario estético Santana, no obstante, matiza que el conocimiento de las maquetas funiculares y las formas catenarias no fue una invención de Gaudí: “Era un conocimiento que tenían todos los arquitectos y, de hecho, en el Instituto Geometría, cuando Gaudí era alumno, se enseñaba la catenaria como curva adecuada para arcos de grandes cargas”. Lo que ocurría, según el director de la Cátedra Gaudí, es que “por su plástica arquitectónica” eran curvas que “no tenían una buena acogida como obra vista”. Porche de la cripta de la iglesia de la Colonia Güell. “Entonces lo que hace Gaudí es decir que esta plástica es la funcional y, por tanto, es bonita por sí sola”, asevera Santana, lo cual supuso “un planteamiento revolucionario y de gran atrevimiento estético”. Tanto Huerta como Santana explican que previamente ya se ejecutaban estas estructuras, pero se escondían “porque se consideraba que enseñar esto era feo”. “Lo que hace Gaudí es optimizar la forma y reivindicarla, pero además, después la pasa a una dimensión más como superficie funicular tridimensional”, apostilla Santana. “Fue un personaje con una enorme creatividad y muy innovador”, destaca Huerta de Gaudí, “pero no publicó apenas nada de sus investigaciones, sabemos de ellas por sus obras y sus discípulos; además, toda la información y planos que se atesoraban de la Sagrada Familia se destruyeron durante la guerra civil”. “Era como Brunelleschi –autor de la cúpula de Santa María de la Flor en la catedral de Florencia– que tampoco publicó nada, un arquitecto que inventó la perspectiva y muchas máquinas que luego copiaron otros, entre ellos Leonardo da Vinci”, apunta Huerta. Primero el empirismo y después el cálculo Existe una cierta leyenda del Gaudí empirista que evitaba el cálculo matemático de sus estructuras porque este resultaba muy complejo y porque además no era un gran diestro en la materia. “Hay que tener en cuenta que los materiales con los que trabajaba Gaudí eran el ladrillo y la piedra, que a diferencia del hormigón o el acero, deben resistir la compresión en lugar de la torsión”, señala Huerta. “Lo que hacía Gaudí en su taller era experimentar con la forma geométrica que se adapta exactamente, o muy aproximadamente a esta compresión, y también experimentaba con la fotografía, y luego ya lo sometía al cálculo él o sus discípulos”, añade. Respecto a la pericia en el cálculo, Santana apunta que Gaudí tenía un dominio notable de las matemáticas a pesar de que en este campo no era de los más destacados de su generación. Antoni Gaudí en 1878. De hecho, el comisario del Año Gaudí desvela que la complejidad de los cálculos que demandaban las nuevas estructuras desarrolladas provocó que “poco a poco la vía Gaudí quedase muerta” en favor de ·“geometrías menos complejas en cuanto al cálculo”, algo que favoreció también el auge del acero y el hormigón. “Sin embargo, ahora que los ordenadores permiten ejecutar cálculos complejos con mayor facilidad hay una tendencia a retomar los desarrollos de Gaudí casi un siglo después, entre otras cosas porque suponen un ahorro de material y procesos mucho más ecológicos”, subraya. “Ha tenido que llegar la era de los ordenadores para que se pueda empezar a innovar sobre lo que concibió”, concluye Santana Gaudí, genio sin escuela Respecto al motivo por el que Gaudí no dejó una escuela estilística tras de sí, Huerta, con un amplio bagaje académico en la materia, opina que la llegada de nuevos materiales, para los cuales la compresión ya no suponía un problema, hizo que se perdiera el interés por las propuestas de Gaudí. Dice que “se ha convertido en una figura de difícil clasificación dentro de la historia de la arquitectura”, aunque reconoce que “la arquitectura más vanguardista está retomando muchos de sus hallazgos”. “La aseveracion de que las innovaciones de Gaudí dejaron de ser necesarias con la llegada de nuevos materiales, es algo muy relativo y un poco mito”, replica Santana que, como Huerta, insiste en que “desde hace algunos años se vuelve de nuevo la mirada a sus estructuras y muchas de las que él creó, como es el caso del paraboloide hiperbólico, se están recuperando por sus grandes ventajas en cuanto a sostenibilidad y ahorro de materiales”. Paraboloide hiperbóico como techo del Oceanogràfic de València, una innovación en su momento de Gaudí. En opinión del catalán, “lo que pasó es que sus discípulos no supieron seguir su senda, en el sentido de llevar sus innovaciones más allá”. Cree que a lo sumo, como en el caso de Jujol y Martinell, o de Guastavino con la llamada “vuelta catalana”, se dedicaron a explotar los hallazgos del maestro, pero sin crear nada nuevo a partir de ellos. “Martinell te hará a vueltas a veces cilíndricas, bóvedas esféricas y planes de carga porticados con funiculares o parábolas, depende del caso, pero Gaudí lo que hizo es llevar estas formas a las tres dimensiones y eso es lo que el resto no supo continuar”, sentencia Santana. Gaudí, el gótico y la Sagrada Familia “Gaudí criticaba el gótico por su uso de pilares verticales que implicaban un desequilibro de fuerzas en los laterales, que habría que compensar con sobreestructuras a veces complejas como son los contrafuertes, arbotantes, etc.”, comenta Huerta. “Decía del gótico que era un estilo preindustrial y lo critica en sus conversaciones con los discípulos, criticaba especialmente los pináculos, de los que dice que son como si un jorobado anduviese poniendo banderitas en los edificios”, ilustra. Vista de la Sagrada Familia desde una azotea de Barcelona. Huerta pone el ejemplo del bastón para explicar cómo concebía los pilares Gaudí: “Para que un bastón pueda sujetar el peso de un cuerpo tiene que estar inclinado”, explica. “Así que él busca en la inclinación del pilar la mayor resistencia a la compresión, hasta llegar a concebir los arcos catenarios”, remacha. De todas formas, reflexiona que esta aversión al gótico no deja de ser curiosa “porque la Sagrada Familia tiene un aire gótico innegable”. Santana, que coincide con Huerta en la vocación gótica de la catedral diseñada por Gaudí, explica que no es que el arquitecto renegara del gótico estrictamente, pero sí pensaba que era un “estilo superado”, sobre todo en la construcción de edificios religiosos y que, por tanto, debía actualizarse y optimizarse. En este sentido señala, refrendando las palabras de su colega madrileño, que “la Sagrada Familia es el gran ejemplo de su propuesta para poner al día el gótico”.

Urdangarin se defiende en sus memorias: "El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí"

Urdangarin se defiende en sus memorias: "El juez, el fiscal y la prensa formaron una liga antimonárquica contra mí"

El exduque de Palma cuestiona la condena de cinco años y diez meses que le fue impuesta en el caso Nóos: "Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin", reflexiona en 'Todo lo vivido', su autobiografía recién publicada De Marivent a los contratos millonarios sin concurso: qué pasó con el dinero público que consiguió Urdangarin “Quiero decirlo con total claridad: no fue una sentencia justa”. Con esta frase, Iñaki Urdangarin articula la defensa central de Todo lo vivido , el libro en el que reconstruye –y reivindica– su trayectoria empresarial al frente del Instituto Nóos y cuestiona abiertamente las pesquisas que lo llevaron a prisión bajo una pena de cinco años y 10 meses. En sus memorias, recién publicadas por Alfaguara, el exduque de Palma arremete con dureza contra aquellos que le investigaron: “El juez [ José Castro ], el fiscal [Pedro Horrach] y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo”. Pese a admitir que “puede que hubiera fallos”, sostiene que ninguno de ellos justificaba la condena que le fue impuesta, marcada, en su opinión, por un contexto judicial y mediático “profundamente ideologizado”: “El objetivo era la caza mayor de una institución a la que yo representaba”. Diez años después de que el caso Nóos le sentara en el banquillo de los acusados, y pese al cúmulo de pruebas que los tribunales dieron por concluyentes, el exyerno del rey Juan Carlos se muestra convencido de que “no merecía entrar en la cárcel” y de que la Justicia que él conoció “estaba contaminada”. “Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona”, incide en uno de los pasajes. La Audiencia Provincial de Balears primero, y el Tribunal Supremo después, no dijeron lo mismo: las sentencias dictaminaron que incurrió en delitos de prevaricación continuada y malversación, tráfico de influencias, fraude a la Administración y dos contra la Hacienda Pública por su implicación directa en el desvío de dinero público y por cómo utilizó su posición y sus vínculos para facilitar ese trasvase de fondos. Se dice que la Justicia es ciega. Que es igual para todos. No lo fue para mí. Y lo digo sin miedo, con total convicción, porque lo viví en primera persona En este contexto, tampoco escatima reproches hacia la Casa Real, al considerar que la institución actuó “con miedo y precipitación” cuando le pidió que se apartara del Instituto Nóos para contener el desgaste reputacional. “No querían estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano”, escribe, antes de recordar el momento en que le transmitieron la orden: “'Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron”, afirma. Urdangarin lamenta especialmente, más allá de la estrategia institucional, la falta de respaldo humano. “No supieron actuar como familia”, asegura al describir una decisión que, a su juicio, lo convirtió en el eslabón más débil de una crisis que la Corona quiso atajar sacrificándolo públicamente. Urdangarin, en abril de 2005, durante el València Summit, una de las cumbres investigadas en el marco del caso Nóos No querían [en Casa Real] estar en medio de ningún fuego cruzado, ni político ni mediático. Estaban bajo presión. Y mi versión no importaba. La consigna fue clara: hay que cortar por lo sano. Me dijeron: ‘Ponte a un lado’. Y eso me mató. Me mataron Seducido por la “dinámica del éxito” Pero antes de entrar de lleno en el relato del caso que le condujo al banquillo, Urdangarin rememora sus comienzos en el ámbito empresarial tras retirarse del balonmano, allá por el año 2000. Un terreno en el que, reconoce, no se sentía tan seguro como en la pista, pero por cuyos engranajes se dejó de inmediato seducir, envuelto por “la dinámica del éxito”: “De alguna manera, fui cediendo, dejándome llevar, aceptando dinámicas que, si hubiera sido más consciente, nunca debería haber aceptado”. Tras desplazarse a Londres en su “afán por entender bien los entresijos empresariales” de la consultoría, el exbalonmanista regresó con la idea de profundizar en el mundo del patrocinio deportivo. Fue en la escuela de negocios Esade, en Barcelona, donde conoció a Diego Torres , considerado a la postre pieza central del entramado Nóos. Diego Torres, junto a su mujer, Ana María Tejeiro, antes de declarar como investigados en el marco del caso Nóos Con él se embarcaría en una singladura que acabaría situándolos en el epicentro de uno de los mayores escándalos judiciales de la historia de España y el que por primera vez sentaría en el banquillo a un miembro de la Familia Real, la infanta Cristina , quien acabaría penalmente absuelta, pero condenada -pese a que la sentencia rehúye utilizar de manera explícita esta expresión- como partícipe a título lucrativo de los delitos de malversación de caudales públicos y fraude a la administración cometidos por su exmarido. La idea de Urdangarin y Torres pasaba por crear una consultoría que ofreciera asesoramiento a las empresas y “tratara directamente con los altos ejecutivos (el lugar desde el que se toman las grandes decisiones estratégicas)”, señala el exduque en sus memorias. Una consultoría, incide, que “cambiase la mirada tradicional del mundo del patrocinio”. Así que, consciente de sus limitaciones en el ecosistema empresarial, abordó al que se convertiría en su socio y le dijo: “Diego, yo he llegado a este mundo con 32 años. Tú llevas muchos más aquí, conoces las dinámicas, los entresijos. Yo necesito entender lo que hay debajo. Necesito tocar la base, saber cómo funcionan los procesos. No quiero ser solo fachada. Quiero ser útil de verdad”. “Yo sí sabía lo que hacía falta para construir un Dream Team desde cero. Pero en la empresa… no tenía esa seguridad”, confiesa. La infanta Cristina, al fondo, en el banquillo de los acusados. Delante de ella, Ana María Tejeiro, esposa de Diego Torres “Tu valor está en abrir puertas que otros ni imaginarían” La respuesta de Torres, según el libro, encendió la espita que activó la transición de Urdangarin desde el deporte de élite a la esfera de los negocios: “Tú eres un experto en deporte, conoces ese terreno. Y ese know how nos puede ser útil en muchas ocasiones. Y, además, tienes algo que no se aprende: acceso. Tu valor está ahí. En abrir puertas que otros no podrían ni imaginar. En conectar con las personas adecuadas. Eso es útil. En eso eres bueno. Cada uno tiene que dedicarse a lo que de verdad le corresponde”. Con estos mimbres, en 2003 fundaron Nóos Consultoría Estratégica. El viento soplaba a favor: cerraron contratos, consolidaron una cartera de clientes que renovaba año tras año y el negocio creció con rapidez. “Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando en que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda”, confiesa Urdangarin. Una “grieta”, como alude a aquella euforia profesional teñida de incertidumbre, “por la que se colaría una tormenta” que -asegura- no supo “ver venir”. El expresidente balear Jaume Matas (izquierda), junto al exdirector del Instituto Nóos Diego Torres y el entonces consejero delegado de Sol Meliá, Sebastián Escarrer momentos antes de presidir la entrega del II Sport and Tourism Global Awars en Palma Me dejé llevar un poco por la dinámica del éxito, confiando que estábamos haciendo las cosas bien. Me daba seguridad comprobar que las empresas quedaban satisfechas con el servicio, ¡todas renovaban! Si solo hubiesen entrado como clientes por ser yo quien era, no habría sido posible fidelizarlos. Pero continuaban con nosotros y eso debía ser porque las cosas se hacían correctamente. A eso me agarraba en mis momentos de duda Pese al terremoto judicial que vendría después, el exduque defiende con ahínco el trabajo que llevaron a cabo en la consultoría frente a las acusaciones -y los hechos probados en sentencia- que apuntaban a que los proyectos que desarrollarían con el tiempo no habían sido justificados y ni tan siquiera ejecutados: “Era serio, profesional, riguroso. No era humo, como algunos llegaron a decir. Me rodeé de gente muy preparada, con un nivel académico altísimo, con experiencia, con talento. El equipo que armamos era sólido. Y nuestro enfoque aportaba un valor real a las empresas con las que trabajábamos”. Para Urdangarin, el “verdadero problema” es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él “unas necesidades y aspiraciones” que hoy, “con la distancia”, asegura que le cuesta reconocer como suyas: “Pero lo fueron. Y tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos”. Fue en esa época cuando la infanta Cristina y él, ya con tres hijos, decidieron cambiarse de casa. Para Urdangarin, el 'verdadero problema' es que aquella bonanza económica comenzó a generar en él 'unas necesidades y aspiraciones' que hoy, 'con la distancia', asegura que le cuesta reconocer como suyas: 'Tengo que reconocerlo con honestidad, nadie me las impuso, porque si de algo sirve todo este viaje es para aceptar los errores y aprender de ellos' La mansión de Pedralbes: “El Iñaki de hoy jamás la compraría” El piso en el que vivían se les había quedado pequeño. “Incluso el rey, en broma, nos decía: 'Ahí no cabéis, chico'. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como 'el Palacete de Pedralbes', con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande”, recuerda, asegurando a continuación: “El Iñaki de hoy jamás la compraría. Pero, en según qué circunstancias, es fácil perder la perspectiva”. Cámaras y periodistas apostados frente al 'palacete' de Pedralbes el 3 de abril de 2013: la infanta Cristina acababa de ser imputada en el caso Nóos Entre las páginas de sus memorias, sin embargo, no menciona en ningún momento la donación de 1,2 millones de euros que el rey emérito le hizo a su hija para adquirir la mansión, unos hechos por los que, a juicio del juez Castro, Juan Carlos I tendría que haber declarado “más como imputado que como testigo” . Tampoco cita los 698.824 euros que -tal como recogió en un informe la Agencia Tributaria- gastó el matrimonio en rehabilitar la vivienda, adquirir mobiliario de lujo y pagar restaurantes y viajes al extranjero a través de Aizoon, la sociedad participada al 50% por él y por su entonces esposa. Si bien los investigadores apuntaron inicialmente a que Aizoon les valió de 'tapadera' para blanquear los fondos recibidos por el entramado Nóos, los tribunales descartaron finalmente ese extremo, aunque sí consideraron acreditado que la entidad había sido utilizada para deducirse gastos estrictamente personales . “Teníamos buenos ingresos. Las tasaciones eran disparatadas. Los tipos de interés, bajos. Todo el mundo nos animaba a hacerlo [...]. Más tarde entendí que era un nivel de ambición que había normalizado sin darme cuenta”, prosigue Urdangarin, quien confiesa que en aquel entonces “estaba atrapado, más bien deslumbrado, por un estilo de vida que nunca” había sido el suyo. Incluso el rey, en broma, nos decía: 'Ahí no cabéis, chico'. Así que compramos una casa nueva. Una casa grande. Una casa que la prensa bautizó como 'el Palacete de Pedralbes', con toda la connotación negativa que esa palabra podía tener para nuestra imagen, aunque no era un palacete, por supuesto, sino una casa adosada. Eso sí, grande. Demasiado grande. El Iñaki de hoy jamás la compraría Llegan los contratos con la administración En medio de aquella vorágine, recuerda, “jamás” se le ocurrió que su siguiente paso “fuera entrar en política”: “No me atraía, no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia”. No me atraía [entrar en política], no lo necesitaba, no lo buscaba. Ni siquiera lo contemplé como una opción, hasta que alguien me lo pidió como un favor personal. Y ahí comenzó otra historia En 2004, apenas un año después de echar a andar Nóos Consultoría Estratégica, València acababa de lograr ser sede de la Copa América de Vela de 2007 -cuya preparación y celebración dejarían un agujero de 454 millones de euros que acabarían asumiendo el Tesoro Público y el ICO -. La propuesta, recuerda Urdangarin, había sido impulsada por Rita Barberá y Francisco Camps, “convencidos de que ese gran evento internacional se traduciría en una proyección inédita para València y su comunidad”. “Pero lo cierto es que, más allá del titular y del entusiasmo político, no tenían un plan claro de cómo optimizar realmente aquella oportunidad”, señala, incidiendo en que la ciudad se convertiría en un “escaparate desaprovechado si no sabían cómo encontrar un retorno positivo para la Comunidad Valenciana”. Asegura que tuvo las primeras noticias de aquello durante una cena familiar en la Zarzuela, donde el rey emérito –siempre según la versión de Urdangarin– se dirigió directamente a él para preguntarle: “Iñaki, ¿tú crees que podrías ayudarlos con esto? Quizá podrías aconsejarlos sobre qué hacer”. “Lo pensé un momento y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor”, recuerda el autor de Lo vivido . Consciente, además, de que la vela “era una pasión personal para el rey”, lo comentó con Torres. Fue en ese momento cuando surgió el germen del Instituto Nóos como “un instituto de investigación aplicada, un contenedor de ideas”. Para la Justicia, la entidad que canalizaría las ingentes cantidades de dinero público que recibirían de las administraciones públicas para desviarlos a empresas pantalla como Aizoon y otras mercantiles creadas o utilizadas por ambos exsocios para fragmentar contratos y dificultar la trazabilidad de los fondos. El expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps, junto la exalcaldesa de València Rita Barberá, en septiembre de 2013, durante el debate de política general en Les Corts tras la decisión del TSJCV de devolver la instrucción del caso Nóos a Palma Lo pensé un momento [la propuesta del rey emérito de "ayudar" al PP con la Copa América de Vela de 2007] y le dije que sí, que quizá podríamos ayudar… Al fin y al cabo, era lo que estábamos haciendo con las empresas: estudiar sus necesidades, diseñar planes de patrocinio ajustados a su imagen, generar valor Y así –“sin buscarlo, casi sin quererlo”– fue como, recuerda el rostro más visible del entramado, dio “el primer paso hacia un terreno que ya no era privado, ni solo empresarial o deportivo, sino profundamente institucional y político; y ese camino no tendría vuelta atrás”. Urdangarin recalca todo el trabajo que hubo detrás: “Hasta entonces, habíamos trabajado con empresas privadas, donde el trato era claro, directo: presentabas una propuesta, la negociabas y te la aprobaban o no. Punto. Pero entrar en el ámbito institucional, en las administraciones públicas, era otro mundo. El equipo entero comenzó a trabajar bajo una presión desconocida. La gestión se convirtió en un laberinto. Ahora había que saber en qué fundación o asociación se tramitaba esto o aquello, qué órgano lo aprobaba, qué plazos, qué requisitos, qué mesa lo evaluaba”, recuerda, rebatiendo la “narrativa demagógica” que, en su opinión, arraigaría en los medios años después y que era “muy fácil de viralizar”: “Un millón de euros por tres días”, “Consultorías vacías de contenido”, etc. Los 3,5 millones de euros del València Summit Sobre los Valencia Summit, los congresos que entre 2004 y 2006 organizó el Instituto Nóos para maximizar el impacto de la Copa América de Vela y que acarrearon el pago de unos 3,5 millones de euros públicos, asevera que cada uno de ellos “representaba un año entero de trabajo intenso”: “Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí”. En su sentencia, sin embargo, el tribunal censuró el modo en que se había llevado a cabo la adjudicación de los proyectos -sin concurso y mediante un diseño administrativo que favoreció directamente a la entidad encabezada por Urdangarin y Torres-. No obstante, pese a reconocer que a día de hoy aquellas contrataciones estarían al margen de la ley, la Sala aseveraba que en el momento en que fueron suscritos “la administración se conducía de otro modo”. Con ello, las pesquisas en torno a los València Summit -que arrojaron, entre otras facturas, la que el exduque endosó a la Generalitat para alojar a la princesa Sayn-Wittgenstein , amiga de Juan Carlos I- quedaban finalmente en agua de borrajas y los acusados de la trama valenciana, absueltos de todo cargo . Se sembraron ideas, se generó conocimiento y se plantearon estrategias a largo plazo para que Valencia pudiera mantener y multiplicar el impacto de la Copa de América más allá del evento en sí Urdangarin, en abril de 2005, saludando a Rita Barberá durante una de las jornadas del València Summit “Organizar un evento de este calibre no es cuestión de alquilar una sala y repartir acreditaciones”, se muestra convencido pese a todo Urdangarin, quien defiende que “un trabajo así no podía pasar desapercibido”, lo que motivó que otras comunidades autónomas –“incluso ciudades internacionales”, asegura– expresaran su “interés en replicar la experiencia”. Una de ellas fue Balears, donde los investigadores elevaron a más de 20 millones de euros los fondos que el Govern, presidido entonces por Jaume Matas (PP), comprometió a favor del entramado Nóos. Entre otros convenios, el Ejecutivo rubricó los vinculados con la realización de dos congresos similares a los de València, los Illes Balears Forum , por cuya organización Urdangarin y Torres percibieron unos 2,3 millones de euros. Según relata el exmarido de la infanta Cristina, el objetivo de los eventos era desestacionalizar el turismo a través del deporte. Urdangarin asegura que fueron tanto Matas -recién salido de uno de los Ministerios de José María Aznar- como su entonces amigo José Luis 'Pepote' Ballester, director de Deportes del Ejecutivo balear y medallista olímpico de vela, quienes le trasladaron su intención de celebrar en las islas un evento similar a los Valencia Summit, en una de cuyas ponencias había participado el exregatista. “'Pepote' se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: 'Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears'”, relata el exduque. Unas manifestaciones que contradicen lo dictaminado por los tribunales, que indican que fue Urdangarin quien aprovechó su amistad con Ballester para “mover la voluntad” tanto de éste como de Matas para obtener uno de los contratos investigados, “orillando toda concurrencia y los condicionantes” que pudieran derivarse de una tramitación ajustada a la legalidad. José Luis 'Pepote' Ballester se me acercó entusiasmado tras su intervención como ponente en una de las cumbres: 'Ostras, Iñaki, esto me ha gustado mucho. Yo quiero algo parecido en Balears' Descarga en el Govern la iniciativa de contratar a Nóos Haciendo recaer en todo momento en los dirigentes autonómicos el interés por celebrar los foros, el exbalonmanista asegura que, a través de la recomendación efectuada por 'Pepote', “desde el entorno de Jaume Matas, que acababa de asumir la presidencia del Govern de les Illes Balears, se nos pidió estudiar la posibilidad de hacer algo similar en Palma”. Señala, en este contexto, que lo primero que les explicaron fue que el València Summit “estaba diseñado como un ciclo cerrado de tres años, vinculado estratégicamente a la llegada de la America’s Cup, y que su sede exclusiva era València”. “No podíamos repetir ese mismo formato en otro territorio. Pero sí podíamos hacer algo igualmente potente y específico, pensado desde cero para responder a las necesidades concretas de las Balears”, abunda. Jaume Matas e Iñaki Urdangarin En esta línea, recuerda que desde la entidad estudiaron “este desafío” y, “fruto de una reflexión profunda por parte de los miembros del Instituto Nóos”, surgió el objetivo de su siguiente estudio: “¿Cómo desestacionalizar el turismo a través del deporte?”, una cuestión a la que alude en el libro como el “mayor reto estructural del archipiélago”. “Palma se postuló como sede del mismo y así fue como nació el Illes Balears Forum”. Según el exyerno del rey, el diseño estaba inspirado “en la cumbre de Davos, organizada por el World Economic Forum con sede en Ginebra, el prestigioso congreso que estudia la economía y el entorno geopolítico mundial”. El resultado, subraya, fue “otro evento de altísima calidad, con invitados de talla internacional, al igual que en València”, eludiendo, sin embargo, mencionar las conclusiones que la Justicia alcanzó acerca de las irregularidades que rodearon los convenios para la celebración de los congresos y a la influencia que ejerció el exduque para su consecución. La sentencia alude, en este sentido, a “la voluntariosa y disciplinada actitud de acatamiento a todas las propuestas [de Urdangarin y Torres] por parte del presidente Matas y su desarrollo, aceptando precios, imponiendo decisiones y sin reparar en obstáculos burocráticos o rémoras de reglas administrativas”, un comportamiento que, según el tribunal que los juzgó, “pone bien a las claras de manifiesto que se produjo ese sutil, pero patente y efectivo, sometimiento ante la posición del proponente [en alusión a Urdangarin], actitud que buscó y provocó deliberadamente amparado en su notoria condición, combinada y reforzada por su amistad con José Luis Ballester”. 'Pepote' Ballester, en febrero de 2012, tras declarar como investigado ante el juez José Castro en el marco del caso Nóos La “necesidad” de una “victoria judicial ejemplar” Urdangarin cuestiona abiertamente la labor del exjuez Castro y del exfiscal Horrach en su pretensión de desentrañar los pormenores de los contratos rubricados con las administraciones públicas. Un procedimiento judicial, el del caso Nóos, que el exduque insiste en desvincular de la macrocausa matriz de la que derivó, el caso Palma Arena, en el que el juez Castro concentró sus investigaciones en torno a los megalómanos proyectos, las adjudicaciones irregulares y los contratos a dedo que auspició el expresidente balear durante su segunda legislatura (2003-2007). Fruto de sus desmanes, el exdirigente del PP acabaría acumulando una larga cadena de condenas firmes que, en total, terminarían sumando más de ocho años de cárcel y medio siglo de inhabilitación . “El juez, el fiscal y algunos medios formaron una liga antimonárquica cuyo principal objetivo era yo, y su visión crítica hacia la institución de la Corona marcó todo el proceso desde el primer momento. No me asusta decirlo. Es mi opinión y lo creo firmemente, me baso en los hechos y en la forma en que todo se desarrolló”, afirma tajante Urdangarin, quien señala que “cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas”, vieron en la vinculación a su figura “una oportunidad”. “Un caso con posibilidades de escalar a los titulares, a los debates públicos. A los libros de historia judicial de este país”, prosigue, para añadir acto seguido: “Como comprendería mucho más tarde, era imposible que yo no terminara en prisión. El foco mediático era tan feroz, la presión política tan evidente, la necesidad de una 'victoria judicial ejemplar' tan urgente, que estaba claro que no iban a soltar ese hueso. Porque la justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de ser justicia”. Aferrándose a esta idea, remarca que “nadie parecía interesado en entender qué había detrás: años de trabajo, informes rigurosos, impacto real en las ciudades, posicionamiento internacional”. “Pero un titular es un titular, y cuando mi nombre aparecía junto al de políticos como Jaume Matas o Francisco Camps -que por aquel entonces también estaban siendo señalados por la justicia por causas completamente ajenas a la nuestra-, el ruido mediático aumentaba de forma exponencial”, enfatiza, perseverando en la tesis de que el caso Nóos fue amplificado por un contexto político y mediático que, a su juicio, contaminó la percepción pública y condicionó el desarrollo del proceso judicial. Cuando se cruzaron casi por casualidad con el Instituto Nóos durante la investigación a Jaume Matas, vieron en la vinculación a mi figura una oportunidad. La justicia, cuando se convierte en un engranaje de intereses políticos y mediáticos, deja de serlo El juez José Castro, saliendo de los Juzgados tras tomar declaración del secretario de las infantas Elena y Cristina, Carlos García Revenga Fue en medio de aquel meollo cuando, recuerda, llegó la llamada de la Casa Real. José Manuel Romero, abogado del rey, le comentó “con firmeza” que “había inquietud”: “Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación”. “Me pidieron que diera un paso al lado. Que dejara el Instituto Nóos. Quitarme del medio fue, para ellos, la solución más eficaz: si me apartaban, si me desvinculaban de los focos, si dejaba de aparecer en titulares, todo se calmaría. Todo estaría bajo control. Decidieron aplicar un cordón sanitario. Pero no funcionó. Porque, en el fondo, yo no era el objetivo. Yo era el eslabón más débil. La pieza más fácil de atacar. Porque lo que algunos buscaban era mucho más. No querían caza menor. Querían caza mayor, como decía Mario, mi abogado”, relata. Yo intenté explicarles que todo era legal, que los contratos eran correctos, que los proyectos valían exactamente lo que se gastó. Insistí en que podía demostrar las cosas, aclarar las dudas ante quien hiciera falta. Pero no hubo voluntad de escuchar para entender. Para la Casa Real, el desgaste reputacional era (y es) su mayor preocupación El exduque recrimina que, incluso años más tarde, cuando ya se encontraba fuera del Instituto Nóos y completamente apartado de la Casa Real, además de haber sido juzgado y condenado, las críticas no se detuvieron. “Al contrario, subieron de nivel”, señala, aclarando: “No creo que ser rey o príncipe sea algo fácil. Ni mucho menos. En aquellos momentos, fueron muchas las personas que presionaron a la Corona desde distintos frentes y por diversos motivos, la mayoría interesados. Y, en medio de ese fuego cruzado de tantas opiniones y criterios, tomar una decisión correcta y justa, en una situación en la que está implicada una persona cercana, y que contente a todos, entiendo que es prácticamente imposible”. El exrector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez (i) regala en diciembre de 2005 una camiseta del equipo de balonmano de la Universidad asturiana -con el dorsal que portó siempre a Urdangarin- al exduque antes de ofrecer la conferencia titulada 'Patrocinio y Mecenazgo: una visión estratégica' Recuerda, con todo, que tras dejar “obligado” el Instito Nóos en marzo de 2006, la Casa Real tampoco le escuchó: “Yo estaba orgullosísimo de lo que habíamos construido. El Instituto Nóos era algo más que un proyecto profesional, había puesto el corazón en aquello [...]. Pero era como clamar en el desierto. No se trataba solo de un caso judicial, se trataba de política, de alta política, me dijeron. Y me lo arrebataron todo. De un plumazo.  En paralelo, la relación con Torres acabó rota. Su salida de Nóos había sido ”precipitada, inesperada, impuesta desde fuera“. ”Tomamos distancia y dejamos de hablarnos“, recuerda. Fue así como, escribe, les ”sorprendió“ a ambos el estallido del caso Nóos. “No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo” Su paso por prisión -de la que salió “con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar”- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido . En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: “Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo”. En este sentido, reconoce que, durante los primeros días, no era capaz de sostener la entereza que se esperaba de él, y así se lo transmitió, en su primer día de privación de libertad, al jefe de escolta que había recomendado su ingreso allí: “Yo aquí no voy a aguantar. No voy a poder. Estoy solo, completamente solo”. Se sentía, afirma, “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”, atrapado en “un desierto de cemento. Una tumba grande y solitaria”. Su paso por prisión -de la que salió 'con un estigma con el que no es fácil convivir ni avanzar'- ocupa uno de los tramos más introspectivos de Lo vivido. En él dibuja el impacto inicial del encierro como una experiencia de desarraigo absoluto: 'Miraba cada rincón, cada pared, cada sombra del módulo vacío, y solo podía pensar: aquí. Aquí es donde voy a estar. Solo' Con el tiempo, sin embargo, fue encontrando asideros. La lectura se convirtió en refugio y reconstrucción interior: desde El hombre en busca de sentido , de Viktor Frankl, que le enseñó que “siempre queda la libertad de elegir la actitud”, hasta Biografía del silencio , de Pablo d’Ors, o El poder del ahora , de Eckhart Tolle. “Libros que no solo leí, sino que subrayé, resumí y releí una y otra vez”, recuerda. Al término de sus memorias, y transcurridos casi dos años desde que diese por cumplida la totalidad de la condena y quedase en libertad definitiva, Urdangarin apuntala su versión de los hechos: “No hubo voluntad de delinquir. Nunca la hubo”. De nuevo, regresa a la sentencia: fue, a su juicio, “un castigo injusto, desmedido. Un doble castigo”. Tras entrar en prisión, recuerda que aquellos años supusieron una etapa de ruptura interior: “Cuando estás allí dentro, tienes la sensación de que has desaparecido del mundo”. Habla de la “privación de libertad” y de la “soledad más absoluta”, de un silencio “que pesaba toneladas”, de sentirse “suspendido en un limbo, fuera del mundo, fuera de la vida”. Y reflexiona, condensando en apenas unas palabras la tesis de su inocencia: “Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin”. Si yo me hubiese llamado Pérez o Gutiérrez o López, no habría pisado la cárcel. Pero me llamo Iñaki Urdangarin El libro, con todo, no termina en la celda, sino en el parqué del Palau Blaugrana. El exbalonmanista evoca el debate que se produjo en su día sobre si debía retirarse su camiseta del Barça y cómo aquello le golpeó “fuerte”. Había formado parte del Dream Team de Valero Rivera, aquel que transformó el balonmano a nivel internacional y con el que había ganado “más de cincuenta títulos”. Finalmente, tanto Josep Maria Bartomeu como Joan Laporta defendieron que la elástica y su dorsal 7 debían permanecer donde estaban en reconocimiento a su legado. “Que esa camiseta permaneciera allí arriba al salir de la cárcel significó mucho para mí”. Era la prueba, concluye, de que “una persona no se reduce a un solo capítulo de su historia”.

El discurso del miedo sí que es multirreincidente

El discurso del miedo sí que es multirreincidente

Siendo uno de los países más seguros de Europa, tenemos uno de los Códigos Penales más duros, y estamos entre los países con más población encarcelada. A cada alarma social respondemos endureciendo el Código Penal y aumentando los años de cárcel Pensaba escribir sobre la ley de multirreincidencia aprobada en el Congreso, pero no lo voy a hacer. Y no lo voy a hacer por miedo. Tengo miedo a que no se entiendan mis dudas, siendo un debate donde no parecen caber matices. Tengo miedo a que me acusen de estar del lado de los delincuentes y de no importarme sus pobres víctimas. Miedo a que me llamen “buenista” por no creer en el punitivismo. Miedo a que, quienes defienden esta ley, me deseen los peores males: “ojalá te pase a ti, que te roben por la calle o en tu comercio, y veas cómo el chorizo entra en comisaría por una puerta y sale por la otra”. No sé si la ley de multirreincidencia dará miedo a los pequeños delincuentes contra los que va destinada. A mí sí me da miedo. No porque me la vayan a aplicar a mí, que soy incapaz de robar un lápiz en Galerías Preciados. Lo que me da miedo es lo que resuena detrás de la ley: el discurso del miedo, precisamente del miedo, que avanza gracias a debates como la multirreincidencia. Me da miedo ver a los diputados de Junts festejando la ley en la puerta del Congreso como un gran logro, cuando su interés no es la tranquilidad de los vecinos sino la disputa política con la ultraderecha de Aliança Catalana. Me da miedo ver a Cuca Gamarra, del PP , vinculando la multirreincidencia y la regularización de inmigrantes, también para competir con la ultraderecha: “ ¿A cuántos multirreincidentes se les va a dar la residencia con la regularización? Si tienen antecedentes, de premio la residencia. Están convirtiendo la regularización en un coladero de delincuentes. ” Me da miedo ver al PSOE comprando el discurso de las derechas y ultraderechas, con todos los matices socialdemócratas que quieran ponerle; y además hacerlo por cálculo parlamentario, para ganarse el favor de Junts en próximas votaciones. Me da miedo ver cómo el discurso del miedo gana cada vez más terreno en una de las sociedades más seguras de Europa . Me da miedo ver a tantos ciudadanos comprando la mercancía que les venden partidos, televisiones y redes sociales que insisten en magnificar la delincuencia, siendo como somos uno de los países con menor criminalidad de Europa. Repito: uno de los países con menor criminalidad de Europa. Me da miedo que, siendo uno de los países más seguros, tengamos al mismo tiempo uno de los Códigos Penales más duros de Europa, y estemos entre los países con más población encarcelada . A cada alarma social respondemos endureciendo el Código Penal y aumentando los años de cárcel. El mismo miedo que me da ver cómo partidos, televisiones y redes sociales extienden desde hace años el miedo histérico a la okupación, pese a su baja incidencia. A ellos se suman los vendedores de “seguridad”, que nos machacan con su publicidad de terror. Me da miedo que, siendo un país tan seguro, seamos el primer país de Europa y cuarto del mundo en número de alarmas de hogar instaladas. Insisto: primer país de Europa y cuarto del mundo. Y en números totales, no relativos. Esa combinación de un país objetivamente seguro, con una sociedad asustada, un Código Penal duro, cárceles cada vez más pobladas, ultraderecha al alza e instaladores de alarmas recorriendo los barrios, sí que da miedo. Para multirreincidencia, la de los portavoces del miedo, ya sean políticos, periodistas o comerciales.

He usado una ouija para hablar con ‘el espíritu de la Transición’

He usado una ouija para hablar con ‘el espíritu de la Transición’

En los años 70 estuvo bien que los franquistas entrasen en el juego democrático. Está bien que en el siglo XXI lo hayan hecho también los abertzales. Si al PP y a Vox les importase España serían fieles al espíritu de la Transición con el que se llenan la boca, y aceptarían a EH Bildu como un partido político más Sería maravilloso poder usar una ouija para invocar al espíritu de la Transición española. Estoy seguro de que su respuesta a la pregunta de si es democrático y conveniente pactar con EH Bildu, el vaso sobre nuestro tablero se iría primero a la ‘s’ y luego a la ‘i’: “Sí”. Ya sé que no es una opinión demasiado popular entre gente de orden, como Felipe González. “Ni de broma pactaría con Bildu”, dijo el otro día. Las palabras de González son llamativas, y preocupantes, viniendo de alguien que vivió aquello. La derecha y el 'extremo centro postsocialista' –o sea, la derecha– se llenan constantemente la boca con ‘la grandeza del espíritu de la Transición’ que permitió que España dejara atrás la dictadura. Ponen de ejemplo la generosidad del entonces presidente Adolfo Suárez legalizando el Partido Comunista (un trágala tan inconcebible entonces para algunos estamentos del poder como lo es ahora para González, y la derecha en general, pactar con EH Bildu). Han olvidado que fue el espíritu de la Transición: acoger en el redil democrático a quien en el pasado fue no solo rival, sino también enemigo. Los del cordón sanitario a EH Bildu olvidan que en los años 70 se pudo pasar página de la dictadura gracias –entre otras cosas– a que la sociedad española transigió en que la derecha franquista se organizase políticamente para participar en la democracia. Ya sabemos qué fue la dictadura: asesinatos, torturas, detenciones ilegales y represión de todo tipo, religiosa, lingüística, cultural… Pero el país decidió –con grandeza– mirar al futuro y pasar por alto el pasado franquista de decenas de dirigentes, directivos y directores con las manos manchadas de sangre y bien asentados en las estructuras de poder. Esa ‘grandeza del espíritu de la Transición’, tan elogiada, es la que ahora el PP es incapaz de demostrar hacia la coalición EH Bildu. Digamos algo provocativo. Algo como que Manuel Fraga, fundador del PP, fue ‘el Otegi del franquismo’. Veamos: en 1976, Fraga creó Alianza Popular, el partido del que nació el actual PP. Fraga tenía 53 años y venía de ser muchas cosas, entre otras, ministro de Franco durante siete años. Llevaba más de dos décadas al servicio de la dictadura cuando, también en 1976, prohibió las manifestaciones de la izquierda en el Primero de Mayo, dijo aquello de “la calle es mía”. Típica frase de demócrata de toda la vida, ya saben. En la dictadura, y en sus estertores, la policía mataba a manifestantes, había ejecuciones sin garantías judiciales y sucedían misteriosos fallecimientos entre detenidos. Incluso cuando Franco ya había muerto, el franquismo seguía vivo. EH Bildu es una coalición. Lo recalco porque el PP también lo fue. En el principal partido de la derecha española hubo herederos del régimen franquista, pero también se sumaron otras sensibilidades políticas democráticas y antifranquistas: liberales, democristianos, regionalistas.... Entre 1982 y 1987 existió la llamada ‘Coalición Popular’, integrada por Alianza Popular, el Partido Demócrata Popular, el Partido Liberal, Unión Valenciana, Unión del Pueblo Navarro, el Partido Aragonés Regionalista y los Centristas de Galicia. Pasa lo mismo ahora con la coalición independentista EH Bildu. Fue fundada en 2012 por Sortu –el partido directamente heredero de Batasuna, el brazo político de la banda terrorista ETA– pero también por partidos socialdemócratas, ecofeministas y socialistas, como Eusko Alkartasuna, Alternatiba y Aralar. Estos tres últimos partidos siempre rechazaron la violencia de ETA y apostaron por vías exclusivamente políticas y pacíficas. Esto es algo que el PP y Vox intentan borrar con un brochazo gordo, llamándolo a todo “Bildu” y equiparándolo con ETA. Si es injusto decir que el PP es franquista, es injusto decir que EH Bildu es etarra. Fraga, fundador del PP, haciendo el saludo fascista y cantando ante el micrófono el 'Cara al Sol' en 1968 Pero volvamos al ‘Otegi del franquismo’, a Manuel Fraga. Fue presidente de AP y luego del PP entre 1979 y 1990. En todos esos años siempre existió una minoría de extrema derecha en el PP, un grupúsculo que quedó difuminado y apaciguado al recuperar, ahora desde la democracia, espacios de poder que había ocupado durante la dictadura. Fraga consiguió que esa extrema derecha –que en 2013 se escindió formando Vox– pasara por el aro democrático: exactamente lo mismo se puede decir de Otegi respecto a Batasuna y Sortu. Ni Fraga ni Otegi, ambos conversos a la democracia –quizá por interés personal, sin duda por interés colectivo– son santos de la devoción de quienes siempre, y no solo cuando conviene, hemos defendido los derechos humanos. Pueden ser personajes molestos, pero fueron capaces de evolucionar y jugaron un papel clave en la historia. Hecha su labor, ambos deberían haber tenido la vergüenza, la cortesía y el sentido común de retirarse a un segundo plano. Pero Fraga gozó de una larga vida política en democracia. Lejos de esconderse, fue presidente de Galicia hasta 2006 – cuando fue sucedido por un tal Alberto Núñez Feijóo – y senador hasta septiembre de 2011, pocos meses antes de morir. Si al exministro de una dictadura bañada en sangre y sufrimiento se le permitió esa segunda vida política, a los demócratas no nos queda más remedio, por mucho que nos moleste, que permitir a Otegi –correa de trasmisión de una banda terrorista bañada en sangre y sufrimiento– el protagonismo que su partido, y sus votantes, decidan darle. Los asesinatos, las torturas y las detenciones ilegales caracterizaron por igual, al franquismo y a ETA. Ninguno de esos crímenes, tampoco los que perpetró el GAL, tienen justificación. Esas atrocidades no merecen ni olvido ni perdón. Pero la sociedad sí merece mirar hacia adelante; sin olvidar el miedo, el dolor y el sufrimiento de las víctimas. ¡Es el espíritu de la Transición, amigos! Suele decirse que ETA fue el último vestigio del franquismo. Por eso, hasta que ETA no dejó de matar –hace ya tres lustros– y decidió luego disolverse –hace ocho años– no comenzó la Transición en Euskadi. Una Transición para la que está siendo necesaria, por parte de los partidos políticos y de la sociedad vasca, la misma generosidad que reinó en el resto de España desde mediados de los años 70. Una generosidad y una grandeza de la que el PP, insisto, es incapaz. Cualquier demócrata prefiere que los herederos políticos de Franco y de ETA estén integrados en partidos legales, que acepten las reglas del juego democrático. ¡Vivan los demócratas conversos de última hora! Siempre es mejor eso que seguir matando, secuestrando y torturando. Si, en cambio, uno prefiere que esos herederos conversos estén en otro sitio –en la cárcel o muertos– entonces simplemente no es un demócrata. “Un escaño de Bildu, Txeroki y ETA manda más que uno del PP”. Esta es una de tantas declaraciones de dirigentes del PP –esta en concreto es de Isabel Díaz Ayuso– sobre los acuerdos políticos entre el Gobierno de Sánchez y la coalición EH Bildu. Es un mantra de la derecha: al pactar con EH Bildu –o recibir su apoyo parlamentario– Sánchez y el PSOE están pactando con los herederos de la banda terrorista. Es llamativo cómo la derecha española (tanto la política como la mediática) ha conseguido que muchos ciudadanos asuman como normal y democrático que el PP pacte con Vox, un partido que no solo no condena la dictadura, sino que la ensalza en cuanto puede. Parece que nadie, entre los muy demócratas dirigentes del PP, se escandaliza cuando su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, llama a Vox “partido hermano” . ¿Qué pasaría si cualquier dirigente de la izquierda española llamase a EH Bildu “partido hermano”? Si el PSOE, Sumar o cualquier otro partido pacta con EH Bildu, o recibe su apoyo parlamentario, se convierten automáticamente –por contagio inmediato e irreversible– en apestados terroristas cómplices de ETA. Para la derecha, Euskadi no tiene derecho a pasar página. Lo cierto es que durante unos años, antes de existir el PP y EH Bildu, tanto el fundador del PP como el de EH Bildu apoyaron, justificaron y exculparon la violencia, franquista uno, etarra el otro. Lo cierto es que ETA y el franquismo fueron derrotados gracias a la lucha de la sociedad y del Estado de derecho. ETA, en particular, gracias también a la lucha de los concejales del PP y del PSOE asesinados vilmente por la banda terrorista. La memoria de esas víctimas nunca dejará de guiar nuestra democracia. Pero si el franquismo, primero, y ETA, después, fueron derrotados, fue también, aunque nos duela reconocerlo, gracias en parte al papel necesario jugado por Manuel Fraga y Arnaldo Otegi. Estuvo bien que los franquistas de origen entrasen en el juego democrático. Está bien que en el siglo XXI lo hayan hecho también los abertzales. Si al PP y a Vox de verdad les importara España, tendrían la altura de miras y la generosidad necesarias para pasar página en Euskadi. Entonces sí serían fieles a ese ‘espíritu de la Transición’ con el que se llenan la boca un día sí y otro también. Con ETA todavía activa, en 1999 el presidente del PP, José María Aznar, definió a la banda terrorista y su entorno como Movimiento Liberación Nacional Vasco. Tras el fin de los atentados, hubo un tiempo en que el PP defendía pactar con EH Bildu, aunque los crímenes de ETA estaban más recientes. “No me tiemblan las piernas para llegar a acuerdos con nadie [...]. Ojalá cundiese el ejemplo”, dijo en 2013 Javier Maroto, tras pactar con Bildu . El PP de Euskadi, que tiene algo más claro el nuevo tiempo que vive el país, todavía pacta de vez en cuando con los abertzales diferentes iniciativas políticas . Es algo que la derecha mediática y Génova silencian por sistema. No interesa que se sepa. Es descorazonador comprobar cómo, respecto a su postura sobre EH Bildu y en tantos otros temas, el PP de Feijóo y Ayuso ha involucionado y ha arrastrado en esa involución a votantes, periodistas y analistas que en el pasado fueron moderados. En realidad, la 'línea roja' del PP respecto a EH Bildu es pura hipocresía. Simplemente, el PP ha preferido usar a EH Bildu para desgastar a Sánchez antes que contribuir a normalizar la vida política en Euskadi. Eso es lo mucho que en Génova les importan el País Vasco y las víctimas. Porque hacen falta grandeza y generosidad para aceptar a EH Bildu como un partido político más. Sí, es un partido democrático que nació con un pecado original; pero es el mismo pecado original con el que nacieron primero el PP y luego Vox.

El discurso del miedo sí que es multirreincidente

El discurso del miedo sí que es multirreincidente

Siendo uno de los países más seguros de Europa, tenemos uno de los Códigos Penales más duros, y estamos entre los países con más población encarcelada. A cada alarma social respondemos endureciendo el Código Penal y aumentando los años de cárcel Pensaba escribir sobre la ley de multirreincidencia aprobada en el Congreso, pero no lo voy a hacer. Y no lo voy a hacer por miedo. Tengo miedo a que no se entiendan mis dudas, siendo un debate donde no parecen caber matices. Tengo miedo a que me acusen de estar del lado de los delincuentes y de no importarme sus pobres víctimas. Miedo a que me llamen “buenista” por no creer en el punitivismo. Miedo a que, quienes defienden esta ley, me deseen los peores males: “ojalá te pase a ti, que te roben por la calle o en tu comercio, y veas cómo el chorizo entra en comisaría por una puerta y sale por la otra”. No sé si la ley de multirreincidencia dará miedo a los pequeños delincuentes contra los que va destinada. A mí sí me da miedo. No porque me la vayan a aplicar a mí, que soy incapaz de robar un lápiz en Galerías Preciados. Lo que me da miedo es lo que resuena detrás de la ley: el discurso del miedo, precisamente del miedo, que avanza gracias a debates como la multirreincidencia. Me da miedo ver a los diputados de Junts festejando la ley en la puerta del Congreso como un gran logro, cuando su interés no es la tranquilidad de los vecinos sino la disputa política con la ultraderecha de Aliança Catalana. Me da miedo ver a Cuca Gamarra, del PP , vinculando la multirreincidencia y la regularización de inmigrantes, también para competir con la ultraderecha: “ ¿A cuántos multirreincidentes se les va a dar la residencia con la regularización? Si tienen antecedentes, de premio la residencia. Están convirtiendo la regularización en un coladero de delincuentes. ” Me da miedo ver al PSOE comprando el discurso de las derechas y ultraderechas, con todos los matices socialdemócratas que quieran ponerle; y además hacerlo por cálculo parlamentario, para ganarse el favor de Junts en próximas votaciones. Me da miedo ver cómo el discurso del miedo gana cada vez más terreno en una de las sociedades más seguras de Europa . Me da miedo ver a tantos ciudadanos comprando la mercancía que les venden partidos, televisiones y redes sociales que insisten en magnificar la delincuencia, siendo como somos uno de los países con menor criminalidad de Europa. Repito: uno de los países con menor criminalidad de Europa. Me da miedo que, siendo uno de los países más seguros, tengamos al mismo tiempo uno de los Códigos Penales más duros de Europa, y estemos entre los países con más población encarcelada . A cada alarma social respondemos endureciendo el Código Penal y aumentando los años de cárcel. El mismo miedo que me da ver cómo partidos, televisiones y redes sociales extienden desde hace años el miedo histérico a la okupación, pese a su baja incidencia. A ellos se suman los vendedores de “seguridad”, que nos machacan con su publicidad de terror. Me da miedo que, siendo un país tan seguro, seamos el primer país de Europa y cuarto del mundo en número de alarmas de hogar instaladas. Insisto: primer país de Europa y cuarto del mundo. Y en números totales, no relativos. Esa combinación de un país objetivamente seguro, con una sociedad asustada, un Código Penal duro, cárceles cada vez más pobladas, ultraderecha al alza e instaladores de alarmas recorriendo los barrios, sí que da miedo. Para multirreincidencia, la de los portavoces del miedo, ya sean políticos, periodistas o comerciales.

De la necesidad, virtud

De la necesidad, virtud

Santiago Abascal vive un momento feliz. Y, visto lo visto, en estos momentos, ningún experto es capaz de decir donde está el techo de Vox. Seguramente es imposible que la ultraderecha gane al PP en las generales, pero puede quedar cerca Si observamos la cantidad de cosas que han ocurrido en los últimos treinta días, no habría más remedio que concluir que en el año largo que aún falta para que se celebren las elecciones generales puede pasar de todo. Estando del todo claro que las elecciones tendrán lugar en 2027, que ningún partido, cada uno por sus motivos, quiere ya que se adelanten, empieza un periodo decisivo en el que en el escenario político necesariamente ocurrirán cosas nuevas y difícilmente previsibles. Nada está dado, aunque algunas posibilidades tienen más base que otras. Algo de lo ocurrido recientemente avala esa imprevisibilidad que domina el panorama. Por ejemplo, el formidable éxito de Vox en las urnas. Hace seis meses, los expertos sabían que ese partido iba a crecer en los próximos comicios, pero ninguno de ellos siquiera se acercaba a las cifras que el partido ultraderechista ha registrado en Extremadura y en Aragón. Y la explicación de ese fenómeno imprevisto hay que buscarla en el PP. El partido de Alberto Núñez Feijóo ha decepcionado a una parte de su electorado y no ha conseguido convencer a una parte del voto nuevo de derechas y ambos colectivos han buscado refugio en Vox. ¿Por qué? La dirección del PP parece creer que ello se debe a que sus mensajes no han sido suficientemente ultraderechistas, por lo cual debe pensar que lo que hay que hacer es radicalizarse en esa dirección. Y en ello están. Desde hace tiempo, además, aunque en las últimas semanas, seguramente a la vista de las encuestas, han intensificado esa marcha. Con algunas iniciativas que han rayado con la ridiculez y con muy pocos resultados, además. Seguramente porque la clave de la huida de votos del PP hacia Vox no está tanto en el contenido de los mensajes -que además pierden fuerza cuando se cambian cada semana- sino en qué imagen tienen los votantes conservadores de los dirigentes del PP y qué capacidad de gestión les atribuyen -particularmente para tumbar a Pedro Sánchez-. Si en esta hipótesis está algo o mucho de la verdad de lo que está ocurriendo, Núñez Feijóo y su núcleo de fieles lo tiene bastante mal. Porque las tendencias que se han observado en Extremadura y Aragón no harán sino consolidarse y tal vez crecer. Por su parte, Santiago Abascal vive un momento feliz. Y, visto lo visto, en estos momentos, ningún experto es capaz de decir donde está el techo de Vox. Seguramente es imposible que la ultraderecha gane al PP en las generales, pero puede quedar cerca. Para intentar batirle en la siguiente ocasión. Que podría producirse no mucho después de la primera, porque el gobierno de coalición, o de suma PP-Vox, que se formaría tras las generales si esas dos fuerzas, juntas, las ganan, no sería precisamente estable. Y la prioridad de Santiago Abascal, y la orientación de su política, es hacer morder el polvo a Feijóo y los suyos y convertirse en la fuerza hegemónica de la derecha española. Esa es la partida que va a jugarse en una parte del espectro político. En el otro, el de la izquierda, tampoco hay certezas contundentes. Que el PSOE va mal, que no tiene motivo alguno de tranquilidad es una obviedad aplastante. Como lo es que los partidos situados a su izquierda lo tienen incluso peor, divididos y obligados a empezar otra vez casi de cero si no quieren caer en la irrelevancia. No es el ascenso de Vox el culpable de esa situación en ninguno de ambos casos. Aparte de algunos errores, del desgaste del uso del poder, del deterioro que ha producido el accidente de Adamuz y del impacto que seguramente ha tenido la obsesiva campaña anti-sanchista del PP, lo que más daño ha venido haciendo al PSOE y a sus perspectivas electorales es el desánimo, unido a un cierto fatalismo por creer inevitable la victoria de la derecha, en el que se ha sumido una parte del electorado socialista, e incluso de su militancia. La personalidad política y la capacidad de resistencia de Pedro Sánchez serían uno de los pocos antídotos con los que cuenta el PSOE para hacer frente a ese estado de ánimo. Porque de la capacidad movilizadora de su organización caben dudas en vista de lo ocurrido en Extremadura y en Aragón. Pero el líder socialista se ha empeñado en proclamar día tras día que aún todo es posible, incluso una nueva victoria electoral, incluso los nuevos presupuestos. Y esa insistencia, esa capacidad de multiplicar su presencia y su voluntad de iniciativa en todos los foros, internos y externos, puede convertirse en una baza para la recuperación, como en otras ocasiones se ha visto. En España y más allá de nuestras fronteras. En el panorama tan incierto que se ha abierto en la política española no cabe excluir ninguna posibilidad. La de que de una u otra manera se restablezcan los puentes entre el gobierno y Junts es una de ellas. La de que los partidos colocados a la izquierda del PSOE salgan de su ensimismamiento y encuentren la fórmula para presentarse juntos a las elecciones sería de consecuencias aún bastante mayores que la anterior. Y en teoría, tal vez demasiado en teoría, esa perspectiva no es un sueño. Porque es falsa, lanzada por medios de la derecha, que en algunos ambientes de la izquierda se está perdiendo, o se ha perdido, el miedo a la ultraderecha, a Vox. No hay ningún indicio de ello, lo más probable es que sea un infundio. Otra cosa es que algunos votantes de izquierda crean que ya no es posible hacer frente a ese peligro. Es tarea de los políticos demostrar lo contrario.

He usado una ouija para hablar con ‘el espíritu de la Transición’

He usado una ouija para hablar con ‘el espíritu de la Transición’

En los años 70 estuvo bien que los franquistas entrasen en el juego democrático. Está bien que en el siglo XXI lo hayan hecho también los abertzales. Si al PP y a Vox les importase España serían fieles al espíritu de la Transición con el que se llenan la boca, y aceptarían a EH Bildu como un partido político más Sería maravilloso poder usar una ouija para invocar al espíritu de la Transición española. Estoy seguro de que su respuesta a la pregunta de si es democrático y conveniente pactar con EH Bildu, el vaso sobre nuestro tablero se iría primero a la ‘s’ y luego a la ‘i’: “Sí”. Ya sé que no es una opinión demasiado popular entre gente de orden, como Felipe González. “Ni de broma pactaría con Bildu”, dijo el otro día. Las palabras de González son llamativas, y preocupantes, viniendo de alguien que vivió aquello. La derecha y el 'extremo centro postsocialista' –o sea, la derecha– se llenan constantemente la boca con ‘la grandeza del espíritu de la Transición’ que permitió que España dejara atrás la dictadura. Ponen de ejemplo la generosidad del entonces presidente Adolfo Suárez legalizando el Partido Comunista (un trágala tan inconcebible entonces para algunos estamentos del poder como lo es ahora para González, y la derecha en general, pactar con EH Bildu). Han olvidado que fue el espíritu de la Transición: acoger en el redil democrático a quien en el pasado fue no solo rival, sino también enemigo. Los del cordón sanitario a EH Bildu olvidan que en los años 70 se pudo pasar página de la dictadura gracias –entre otras cosas– a que la sociedad española transigió en que la derecha franquista se organizase políticamente para participar en la democracia. Ya sabemos qué fue la dictadura: asesinatos, torturas, detenciones ilegales y represión de todo tipo, religiosa, lingüística, cultural… Pero el país decidió –con grandeza– mirar al futuro y pasar por alto el pasado franquista de decenas de dirigentes, directivos y directores con las manos manchadas de sangre y bien asentados en las estructuras de poder. Esa ‘grandeza del espíritu de la Transición’, tan elogiada, es la que ahora el PP es incapaz de demostrar hacia la coalición EH Bildu. Digamos algo provocativo. Algo como que Manuel Fraga, fundador del PP, fue ‘el Otegi del franquismo’. Veamos: en 1976, Fraga creó Alianza Popular, el partido del que nació el actual PP. Fraga tenía 53 años y venía de ser muchas cosas, entre otras, ministro de Franco durante siete años. Llevaba más de dos décadas al servicio de la dictadura cuando, también en 1976, prohibió las manifestaciones de la izquierda en el Primero de Mayo, dijo aquello de “la calle es mía”. Típica frase de demócrata de toda la vida, ya saben. En la dictadura, y en sus estertores, la policía mataba a manifestantes, había ejecuciones sin garantías judiciales y sucedían misteriosos fallecimientos entre detenidos. Incluso cuando Franco ya había muerto, el franquismo seguía vivo. EH Bildu es una coalición. Lo recalco porque el PP también lo fue. En el principal partido de la derecha española hubo herederos del régimen franquista, pero también se sumaron otras sensibilidades políticas democráticas y antifranquistas: liberales, democristianos, regionalistas.... Entre 1982 y 1987 existió la llamada ‘Coalición Popular’, integrada por Alianza Popular, el Partido Demócrata Popular, el Partido Liberal, Unión Valenciana, Unión del Pueblo Navarro, el Partido Aragonés Regionalista y los Centristas de Galicia. Pasa lo mismo ahora con la coalición independentista EH Bildu. Fue fundada en 2012 por Sortu –el partido directamente heredero de Batasuna, el brazo político de la banda terrorista ETA– pero también por partidos socialdemócratas, ecofeministas y socialistas, como Eusko Alkartasuna, Alternatiba y Aralar. Estos tres últimos partidos siempre rechazaron la violencia de ETA y apostaron por vías exclusivamente políticas y pacíficas. Esto es algo que el PP y Vox intentan borrar con un brochazo gordo, llamándolo a todo “Bildu” y equiparándolo con ETA. Si es injusto decir que el PP es franquista, es injusto decir que EH Bildu es etarra. Fraga, fundador del PP, haciendo el saludo fascista y cantando ante el micrófono el 'Cara al Sol' en 1968 Pero volvamos al ‘Otegi del franquismo’, a Manuel Fraga. Fue presidente de AP y luego del PP entre 1979 y 1990. En todos esos años siempre existió una minoría de extrema derecha en el PP, un grupúsculo que quedó difuminado y apaciguado al recuperar, ahora desde la democracia, espacios de poder que había ocupado durante la dictadura. Fraga consiguió que esa extrema derecha –que en 2013 se escindió formando Vox– pasara por el aro democrático: exactamente lo mismo se puede decir de Otegi respecto a Batasuna y Sortu. Ni Fraga ni Otegi, ambos conversos a la democracia –quizá por interés personal, sin duda por interés colectivo– son santos de la devoción de quienes siempre, y no solo cuando conviene, hemos defendido los derechos humanos. Pueden ser personajes molestos, pero fueron capaces de evolucionar y jugaron un papel clave en la historia. Hecha su labor, ambos deberían haber tenido la vergüenza, la cortesía y el sentido común de retirarse a un segundo plano. Pero Fraga gozó de una larga vida política en democracia. Lejos de esconderse, fue presidente de Galicia hasta 2006 – cuando fue sucedido por un tal Alberto Núñez Feijóo – y senador hasta septiembre de 2011, pocos meses antes de morir. Si al exministro de una dictadura bañada en sangre y sufrimiento se le permitió esa segunda vida política, a los demócratas no nos queda más remedio, por mucho que nos moleste, que permitir a Otegi –correa de trasmisión de una banda terrorista bañada en sangre y sufrimiento– el protagonismo que su partido, y sus votantes, decidan darle. Los asesinatos, las torturas y las detenciones ilegales caracterizaron por igual, al franquismo y a ETA. Ninguno de esos crímenes, tampoco los que perpetró el GAL, tienen justificación. Esas atrocidades no merecen ni olvido ni perdón. Pero la sociedad sí merece mirar hacia adelante; sin olvidar el miedo, el dolor y el sufrimiento de las víctimas. ¡Es el espíritu de la Transición, amigos! Suele decirse que ETA fue el último vestigio del franquismo. Por eso, hasta que ETA no dejó de matar –hace ya tres lustros– y decidió luego disolverse –hace ocho años– no comenzó la Transición en Euskadi. Una Transición para la que está siendo necesaria, por parte de los partidos políticos y de la sociedad vasca, la misma generosidad que reinó en el resto de España desde mediados de los años 70. Una generosidad y una grandeza de la que el PP, insisto, es incapaz. Cualquier demócrata prefiere que los herederos políticos de Franco y de ETA estén integrados en partidos legales, que acepten las reglas del juego democrático. ¡Vivan los demócratas conversos de última hora! Siempre es mejor eso que seguir matando, secuestrando y torturando. Si, en cambio, uno prefiere que esos herederos conversos estén en otro sitio –en la cárcel o muertos– entonces simplemente no es un demócrata. “Un escaño de Bildu, Txeroki y ETA manda más que uno del PP”. Esta es una de tantas declaraciones de dirigentes del PP –esta en concreto es de Isabel Díaz Ayuso– sobre los acuerdos políticos entre el Gobierno de Sánchez y la coalición EH Bildu. Es un mantra de la derecha: al pactar con EH Bildu –o recibir su apoyo parlamentario– Sánchez y el PSOE están pactando con los herederos de la banda terrorista. Es llamativo cómo la derecha española (tanto la política como la mediática) ha conseguido que muchos ciudadanos asuman como normal y democrático que el PP pacte con Vox, un partido que no solo no condena la dictadura, sino que la ensalza en cuanto puede. Parece que nadie, entre los muy demócratas dirigentes del PP, se escandaliza cuando su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz, llama a Vox “partido hermano” . ¿Qué pasaría si cualquier dirigente de la izquierda española llamase a EH Bildu “partido hermano”? Si el PSOE, Sumar o cualquier otro partido pacta con EH Bildu, o recibe su apoyo parlamentario, se convierten automáticamente –por contagio inmediato e irreversible– en apestados terroristas cómplices de ETA. Para la derecha, Euskadi no tiene derecho a pasar página. Lo cierto es que durante unos años, antes de existir el PP y EH Bildu, tanto el fundador del PP como el de EH Bildu apoyaron, justificaron y exculparon la violencia, franquista uno, etarra el otro. Lo cierto es que ETA y el franquismo fueron derrotados gracias a la lucha de la sociedad y del Estado de derecho. ETA, en particular, gracias también a la lucha de los concejales del PP y del PSOE asesinados vilmente por la banda terrorista. La memoria de esas víctimas nunca dejará de guiar nuestra democracia. Pero si el franquismo, primero, y ETA, después, fueron derrotados, fue también, aunque nos duela reconocerlo, gracias en parte al papel necesario jugado por Manuel Fraga y Arnaldo Otegi. Estuvo bien que los franquistas de origen entrasen en el juego democrático. Está bien que en el siglo XXI lo hayan hecho también los abertzales. Si al PP y a Vox de verdad les importara España, tendrían la altura de miras y la generosidad necesarias para pasar página en Euskadi. Entonces sí serían fieles a ese ‘espíritu de la Transición’ con el que se llenan la boca un día sí y otro también. Con ETA todavía activa, en 1999 el presidente del PP, José María Aznar, definió a la banda terrorista y su entorno como Movimiento Liberación Nacional Vasco. Tras el fin de los atentados, hubo un tiempo en que el PP defendía pactar con EH Bildu, aunque los crímenes de ETA estaban más recientes. “No me tiemblan las piernas para llegar a acuerdos con nadie [...]. Ojalá cundiese el ejemplo”, dijo en 2013 Javier Maroto, tras pactar con Bildu . El PP de Euskadi, que tiene algo más claro el nuevo tiempo que vive el país, todavía pacta de vez en cuando con los abertzales diferentes iniciativas políticas . Es algo que la derecha mediática y Génova silencian por sistema. No interesa que se sepa. Es descorazonador comprobar cómo, respecto a su postura sobre EH Bildu y en tantos otros temas, el PP de Feijóo y Ayuso ha involucionado y ha arrastrado en esa involución a votantes, periodistas y analistas que en el pasado fueron moderados. En realidad, la 'línea roja' del PP respecto a EH Bildu es pura hipocresía. Simplemente, el PP ha preferido usar a EH Bildu para desgastar a Sánchez antes que contribuir a normalizar la vida política en Euskadi. Eso es lo mucho que en Génova les importan el País Vasco y las víctimas. Porque hacen falta grandeza y generosidad para aceptar a EH Bildu como un partido político más. Sí, es un partido democrático que nació con un pecado original; pero es el mismo pecado original con el que nacieron primero el PP y luego Vox.