Adamuz, Franz Kafka, Italo Calvino y Dios
Cada vez encuentro más infortunio en la manera que tiene el hombre de desarrollar el mundo. A partir de este aviso, como si fuera un disparo contra la opulencia, la forma de interponerme frente al estancamiento institucional de muchas estancias institucionalizadas, o el maniqueísmo de quienes convierten en espectáculo un tema tan sagrado como el arte, relegando la vida a una oposición radical, entre lo bueno y lo malo, propongo un levantamiento silencioso para cortar de cuajo la raíz desairada que muchos bienaventurados disfrutan , me refiero a los que ponen el pie en un escalafón elevado que no abandonarán ni con agua hirviendo. Jamás había oído hablar de Adamuz, y resulta que la palabra proviene de la etimología árabe, ejemplo encantador de cómo a lo largo del tiempo, la historia y la lengua de los pueblos se hermanan y mezcla identidades a modo geográfico, coartada que se le impone al indefenso que se juega la integridad por llevarse un trozo de pan a la boca. Según cuentan los iluminados, un atrevimiento costoso y despreciable, cuando olvidan que muchos familiares directos, abandonaron sus hogares y ahora, por arte de magia, se disipa aquel esfuerzo. Existe una canción de una formación musical, compuesta por Luis Auserón, Enrique Sierra, ambos ex Radio Futura, y Pilar Román, llamada Klub, que se titula 'A por nosotros' y si esto no para, a eso van, a por ellos y a por los que defendemos el derecho a vivir. Hoy asistí al cine, y sin declararme un Kafkiano aterrante, contrastaré mi respeto por la escritura del autor. Es interesante encasillar el resultado final en una etiqueta al uso, aunque resulta imprescindible reconocer que el autor es tan único en su estilo que, promediar un adjetivo significante se hace difícil. Sin embargo, la película no logra ir más allá de estas implicaciones, y junto a Jean-Paul Sartre y mi admirado Albert Camus, consideraré que siendo Franz Kafka un precursor de la literatura universal, muchas secuencias de la película chocan con el rango de la actualidad, la falta de coherencia de algunas secuencias, confunde al espectador y si es un capricho de la productora y el director, falta la esencia de quien relata, sobrando frases, intuyo, verbalizadas en demasía. Paradójicamente, frases que brillan por su ausencia a día de hoy. El visionario Italo Calvino, escribió; «Los buenos libros son siempre campos magnéticos de cuya atracción no se puede huir», y yo me pregunto: ¿Es posible que toda esta avalancha de salvadores y patriotas no sea capaz de ponerse delante de esas páginas e imantarse de su realidad? Posiblemente sí, pero no. Y vuelvo a Adamuz, a su condena y al dichoso funeral, al que no duden tendremos que acostumbrarnos. Tampoco falta la incoherencia en la identidad del sufrimiento, y a la sangría se apunta una cofradía de simpatizantes, asistiendo a la Catedral de La Almudena, entre los que se encuentran, como no, los curiosos. La batalla por imantar al votante y no al lector, no entiende de tristezas, y el respeto, mientras permaneció impoluto el luto oficial, dura lo que dura, después, si te he visto no me acuerdo y si me acuerdo, atente a las consecuencias. Estamos invadidos por la propaganda mediática y así nada próspera. Yo reclamo líderes identificables , para especular ya atravesamos un desierto de penalidades decrépitas durante el régimen, así que rezaré a mi dios ateo para ver si somos capaces de guardar silencio si se manifiesta el dolor. Para qué esperar en la retaguardia, golpear a quien desconoce la verdad de lo sucedido y ensombrece un asunto que nunca se resolverá a base de populismo. Para nada. De mi parte, resulta inspirador compartir estos pensamientos, siempre que el sentimiento acabe en un abrazo hermanado, sin fotografías de por medio. El píxel de la belleza, en la vida y en la muerte, goza de su propia resolución, conque recomiendo no disparar el botón de la cámara hasta tener el plano adecuado del retratado. ¿Pero en qué extraño lugar del planeta andaba Dios el pasado 18 de enero? Veamos. A la intemperie de las vías supuestamente mal cosidas de Adamuz, bajo los arcos celestiales de la Catedral de La Almudena, o a la espera del estreno de la película basada en la vida de Franz Kafka, no, nunca le vi a mi lado sentado en su butaca y por tanto ignoro la oscuridad de nebulosas tan crepusculares. A la hora de la verdad, nadie tiene la culpa de nada, todos ignoran responder a las preguntas, sin preguntarse si sería bueno esclarecer las cosas con mejores respuestas, y es que cuando alguien recuerda desastres similares al de esta magnitud, todos coinciden en lo mismo, primero agudizan el tono, sin medir el derrotero que tomará sus voces, cuando les convendría callar. Mientras tanto, Franz Kafka se retuerce de dolor en su sepultura, le sangran los muertos del accidente ferroviario, el Ministro no dimite, se apoltrona en el cargo, como apoltronados siguen otros sin ser ministros, a la espera de que un día aparezca Italo Calvino y les ofrezca la lectura de un buen libro, sobre todo, para saber que dentro de la literatura, la belleza se jacta del espectro de los vivos y de los muertos. No dudo que para Oscar Puente, socialista de pro, sea un impedimento creer en la resurreción de la carne. Campos magnéticos de cuya atracción no huye ni el aire que tumba a los difuntos. Por lo que, con justicia o sin ella, todos ellos seguirán vivos dentro de nuestro corazón.