Forés inicia y Elder culmina, por todo lo alto, un excelente fin de semana
Viernes y sábado pasados completaron un gran fin de semana en los dos templos de la música del antiguo cauce, que comenzaron con un excelente concierto de la Orquesta de Valencia y un nuevo feliz regreso Eduard Forés al podio del Palau, para acabar el sábado a escaso medio kilómetro en Les Arts, por todo lo alto, con una Infancia de Cristo verdaderamente memorable. Empecemos por el final y digámoslo sin miedo: el pasado sábado se escuchó en Valencia una versión de absoluta referencia de la Trilogie Sacrée La infancia de Cristo de Héctor Berlioz, estrenada en París en 1854 y que confirma, una vez más, que la elección del director británico para ponerse al frente de los cuerpos estables de la institución es una de las grandes decisiones de la última década en Les Arts, una más, de Jesús Iglesias cuyo trabajo discreto, sin ínfulas y a la par de una profesionalidad y nivel técnico-a los resultados nos remitimos- ya lo querrían muchos teatros europeos. Lo digo con convicción por lo que hemos podido leer estos días en algún medio respecto al vencimiento de su renovación en el cargo. Su continuidad debería ser algo, digámoslo así un hecho lógico y «natural». Volviendo a lo acontecido cuando toca no hay que ser comedido: la versión escuchada, de ser grabada, estaría en el podio de las más importantes hasta la fecha pudiendo competir de tú a tú con el desaparecido Sir Colin Davis, absoluto especialista en el compositor, bien es cierto, de una nómina no demasiado amplia de grabaciones. Hay que decir al respecto que llama la atención de que una obra tan accesible y conmovedora y que, además, que no requiere de un gran aparato musico-vocal sea una pieza tan poco programada cuando quizás debería ser una alternativa frecuente a, por ejemplo, el Mesías de Handel. Que se interpretara aquí y ahora fue cosa, eso sí, del maestro londinense, y como se trató de un empeño aprobado por el director artístico, el maestro lo tomó como algo personal para lograr el éxito absoluto, lo que hay que valorar, más si cabe, por el hecho de ser una obra desconocida por buena parte del público. Triunfo que se alcanzó, ya no sólo por la calidad demostrada por todos los intervinientes, calidad se supone a estas alturas de la película, sino por el magistral planteamiento de Elder poniéndonos ante nuestros ojos la genialidad de la obra maestra que es esta singular partitura. ¿Qué no es singular y diferente en Berlioz? Elder tiene una peculiar forma de plantear sus interpretaciones que ya nos empieza a ser familiar: a través de su gesto de una coherencia asombrosa con lo que suena, la economía de medios y aversión por la artificiosidad parece decirnos que él se limita a poner luz a lo escrito. Su acercamiento a la música consiste en depurar hasta extraer la esencia en cada instante, frase, silencio. Elder llega a la médula espinal de cada obra de forma natural dando la impresión de autenticidad. Hablar de cuestiones técnicas parece superfluo en una interpretación en la que lo técnico parece desaparecer. Para el nuevo logro, el director británico se hizo acompañar de un conjunto de cantantes idóneo. Otro logro más de la dirección artística del teatro. El quinteto vocal que se personó en el auditorio del viejo cauce no se le puede pedir más Kate Lindsey , importante figura del momento, absolutamente rutilante de medios como la Virgen María, el tenor inglés Laurence Kilsby , de apenas 27 años, quizás la voz que más sorprendió y maravilló con un timbre fascinante y una colocación rayana en la perfección como introductor y centurión. Sensacional el bajo Matthew Rose de medios poderosos y también a gran altura estuvieron San José del bajo-barítono Gordon Bintner como San José, o el bajo William Thomas encarnando a Herodes. Elder no contempla abordar lecturas superfluas y rutinarias. Es ese tipo de director incisivo, perfeccionista, exigente, bien lo saben los músicos, porque bucea hasta las entrañas de las partituras… y los resultados son indiscutibles en cuanto a la calidad cita tras cita. El Cor de la Generalitat dirigido por el maestro con mucho mimo, la obra lo pide, y contención gestual, firmó una de sus tardes memorables que en este formato echábamos de menos, así como la Orquestra de la Comunitat Valenciana. Si me tengo que quedar con un instante que Elder lo convierte en algo estremecedor, es el inicio del epílogo L'arrivée à Saïs con las cuerdas en sordina en un pasaje de un minimalismo y modernidad sorprendente, y la entrada del narrador en su última intervención que finaliza con un último coro y las palabras finales «Amén». El previo interludio de dos flautas y arpa fue interpretado con la excelencia que les caracteriza por Magdalena Martínez , la francesa Virginie Reibel que suele hacer las veces de flautín o segunda flauta, y la arpista Noelia Cotuna . No podemos acabar sin mencionar la «puesta en escena», ideada propio director, que consistió que los músicos estuvieran departiendo amigablemente en el escenario antes del concierto. Mentiría si afirmara que sé el verdadero propósito de ello, pero me aventuro a pensar que Elder quiso dar una mayor naturalidad al concierto y eliminar, de alguna forma, la habitual formalidad y rigidez del escenario y colocar músicos y público en un mismo plano «emocional». Un día antes, el viernes, ya se había escuchado gran música, excelentemente interpretada en el vecino y más veterano Palau de la Música con la visita de la gran arpista japonesa Naoko Yoshino , y con el regreso del flamante nuevo director titular de la Orquesta de Extremadura y principal director invitado de la prestigiosa English Chamber Orchestra, el valenciano Roberto Forés . La obra más interesante del programa era estreno en España del Concierto para arpa y orquesta del compositor húngaro, recientemente fallecido, Peter Eötvös , que compuso en el año para el célebre arpista francés Xavier de Maistre . La obra se caracteriza por una orquestación transparente, cristalina, que permite al arpa desplegar su particular lenguaje a través de todas las posibilidades de instrumento. Yoshino es una consumada intérprete desplegando un dominio técnico de todas las posibilidades que el instrumento da, verdaderamente deslumbrante en una obra de gran exigencia técnica. La obra, relativamente extensa, sin ser muy exigente para el oyente, sí que pide cierta predisposición para adentrarse en un lenguaje que transita dentro y fuera de la tonalidad. Sin embargo, he podido comprobar que desde hace un tiempo, principalmente desde la llegada del actual director titular Alexander Liebreich, inclinado a programar repertorio contemporáneo, el público más asiduo a los conciertos de abono recibe con amplia mirada la música más contemporánea. De hecho, en este caso los intensos aplausos a la solista, director y músicos provocaron que como propina interpretara la obra Au matin del arpista y compositor de la primera mitad del siglo XX Marcel Tournier. Abrió el concierto una efervescente y luminosa lectura de la Alborada del gracioso con un solo magnífico de Ignacio Soler en el fagot, uno de los mejores fichajes de la orquesta de las últimas temporadas. Lo cerró una intensa lectura de la Quinta sinfonía de Prokofiev en la que orquesta y director mostraron una vez más, sintonía y aprecio mutuo, para cerrar el concierto con un notable éxito.