La tormenta del siglo está a punto de llegar y no se salva nadie: olas de más de 10 metros en estas zonas de España

La tormenta del siglo está a punto de llegar y no se salva nadie: olas de más de 10 metros en estas zonas de España

Olas de más de 10 metros en estas zonas de España, la tormenta del siglo está a punto de llegar y no se salva nadie. Es hora de apostar claramente por un cambio de tendencia que, sin duda alguna, puede acabar siendo una realidad. Estaremos muy pendientes de unos cambios que pueden acabar siendo lo … Continuar leyendo "La tormenta del siglo está a punto de llegar y no se salva nadie: olas de más de 10 metros en estas zonas de España"

Adiós a los taxis de toda la vida en Madrid: nadie da crédito a la novedad que llega en 2026

Adiós a los taxis de toda la vida en Madrid: nadie da crédito a la novedad que llega en 2026

En Madrid siempre ha habido debate cada vez que algo toca el transporte. Pasó con las VTC, al igual que con las tarifas, con los carriles bus y ahora vuelve a ocurrir. Pero esta vez el motivo no es una subida ni una huelga. Es la posibilidad de que en 2026 empiecen a circular coches … Continuar leyendo "Adiós a los taxis de toda la vida en Madrid: nadie da crédito a la novedad que llega en 2026"

El fútbol que no queremos perder por la tecnología mal aplicada

El fútbol que no queremos perder por la tecnología mal aplicada

Los dos partidos de semifinal de Copa del Rey esta semana lo han tenido todo. Buenos equipos, unos en mejor momento que otros, estadios llenos, ambiente eléctrico porque cuando se olfatea en el horizonte una final de la Copa del Rey hay adrenalina, hay emoción, hay ilusión. El derbi vasco mostró a una mejor Real Sociedad ante un Athletic diezmado, condicionado esta temporada por el peor momento de sus jugadores definitivos y sobre todo exhausto por la exigencia de la Liga de Campeones. Una Real Sociedad revitalizada desde la llegada de su entrenador, Pellegrino Matarazzo, que parece haber sacudido a sus jugadores para recordarles que son buenos y que desarrolla un plan de juego claro, intenso y vertical. Un equipo que ha recuperado el tono vital. La semifinal entre el Atlético y el Barcelona nos brindó un vendaval rojiblanco, la mejor primera parte que se le recuerda al Atlético ante un Barcelona que llegaba sin jugadores clave como Raphinha y tampoco su sustituto Rashford, pero sobre todo en un momento emocional no tan vital. Al Barça le había avisado el RCD Mallorca el pasado fin de semana, que le generó situaciones clarísimas de gol mientras los azulgrana sesteaban, porque juegan cada tres días y al final se notan muy superiores, lo que les hace desconectarse en algunos momentos. Sin embargo, ante el Atlético, que además se ha revitalizado con fichajes como Lookman, y que ve en la Copa del Rey su gran oportunidad de salvar la temporada, cuando el Barça se quiso dar cuenta ya llevaba unos cuantos goles en contra, pudo ser peor y a nadie le hubiera extrañado. Lo que hemos visto esta semana son partidos de alta intensidad, de buenas acciones de juego, de ambiente eléctrico. En ambos casos como no podía ser de otra manera hemos tenido pausas por revisión de VAR. Hay alguna buena noticia, que no se pitara penalti en la mano de Laporte, lo accidental y anecdótico que por desgracia se ha estado convirtiendo en decisivo en los últimos años con las manos, esta vez no fue así. Bienvenido sea y que cunda, no nos vayan a decir otra cosa en el siguiente partido. Partidos de fútbol en los que los equipos intentan hacer méritos para ganar, no pueden resolverse por acciones anecdóticas. La guarnición no puede ser más importante que la carne o el pescado. No es tanto conseguir la justicia en el juego, porque el fútbol nunca será justo, obedecerá a merecimientos y acierto, no justicia, sino a que sea juego. Es decir, la imposición de la tecnología para hacer un fútbol más justo se concibió para corregir los errores flagrantes que podrían avergonzar para la posteridad. El problema es que nos han vendido que la búsqueda de la justicia es lo más importante en el fútbol y es mentira, lo más importante es que el juego siga siéndolo, que el fútbol siga siendo el gran deporte popular que emociona. No es tanto acertar o no en cuestiones que son de interpretación y que nunca pondrá a todos de acuerdo, lo que debía corregir la tecnología eran cuestiones medibles, o cuestiones flagrantes que se le escapen al árbitro. El encuentro del Metropolitano estaba siendo apasionante por la capacidad del Atlético para superar al Barcelona, un auténtico destrozo, con transiciones de vértigo bien ejecutadas. Lo que estaba por llegar era la reacción del Barcelona, que se estaba produciendo en la segunda parte. Los azulgrana marcaban un gol aparentemente legal, pero avisaron al colegiado Martínez Munuera de que podía haber un fuera de juego. Vaya por Dios. Ya estamos con la borrica a brincos. A veces parece que hay que buscar incluso lo que nadie ha visto, debe ser que dan un premio por localizar algo. Esa revisión en el gol de Cubarsí tuvo el partido siete minutos parado porque el sistema SAOT (tecnología de fuera de juego semiautomático) no podía revelar la imagen por densidad de jugadores, o algo así, según explicaba el CTA. Se tuvieron que tirar líneas. Un partido parado. Un espectáculo secuestrado y sobre todo algo que invariablemente marca el desarrollo de lo que vendrá después. Es decir, la tecnología que en teoría tiene que ser un apoyo lo que hace es apoderarse del juego y despojarlo de la espontaneidad, la continuidad. Como en tantas otras cosas en las que nos alertan que es por nuestro bien, nos roban las cosas más nuestras, el fútbol era algo de la gente, pero ahora mientras se llenan los estadios de localidades VIP y convierten algo popular en un bien de lujo con entradas disparadas, nos dicen que tenemos que aceptar que forma parte del espectáculo el VAR. Pues mire no, no forma parte del espectáculo, nadie paga para un partido parado y nadie paga para ver una repetición para adelante o para atrás. No le interesa a nadie, sólo el forofo muy forofo que sólo le interese si favorecen a su equipo. Estamos ante una decadencia de nuestra liga porque al fútbol lo tienen viciado y muchos quieren sacar tajada de ese juego viciado en el que se puede conseguir algo con muy poco esfuerzo, baste una buena simulación en el área para sacar el botín del penalti. De esta corrupción se benefician muchos, por eso no se ataja. Y sólo se atajará cuando se deje de intervenir continuamente. Y la consecuencia es que la falta de continuidad y contundencia del juego hace que los equipos se vayan debilitando, como hemos visto en Europa. El mundo del fútbol debiera unirse para extirpar este mal, hay mucho en juego porque nos roban el espectáculo, nos roban la esencia de un juego en el que cualquiera puede reconocerse, incluso con el rival de al lado que lleva otra camiseta, porque la emoción une, porque la excelencia o el error unen a aliados y rivales. Es el juego lo que importa, no la tecnología.

El fútbol que no queremos perder por la tecnología mal aplicada

El fútbol que no queremos perder por la tecnología mal aplicada

Los dos partidos de semifinal de Copa del Rey esta semana lo han tenido todo. Buenos equipos, unos en mejor momento que otros, estadios llenos, ambiente eléctrico porque cuando se olfatea en el horizonte una final de la Copa del Rey hay adrenalina, hay emoción, hay ilusión. El derbi vasco mostró a una mejor Real Sociedad ante un Athletic diezmado, condicionado esta temporada por el peor momento de sus jugadores definitivos y sobre todo exhausto por la exigencia de la Liga de Campeones. Una Real Sociedad revitalizada desde la llegada de su entrenador, Pellegrino Matarazzo, que parece haber sacudido a sus jugadores para recordarles que son buenos y que desarrolla un plan de juego claro, intenso y vertical. Un equipo que ha recuperado el tono vital. La semifinal entre el Atlético y el Barcelona nos brindó un vendaval rojiblanco, la mejor primera parte que se le recuerda al Atlético ante un Barcelona que llegaba sin jugadores clave como Raphinha y tampoco su sustituto Rashford, pero sobre todo en un momento emocional no tan vital. Al Barça le había avisado el RCD Mallorca el pasado fin de semana, que le generó situaciones clarísimas de gol mientras los azulgrana sesteaban, porque juegan cada tres días y al final se notan muy superiores, lo que les hace desconectarse en algunos momentos. Sin embargo, ante el Atlético, que además se ha revitalizado con fichajes como Lookman, y que ve en la Copa del Rey su gran oportunidad de salvar la temporada, cuando el Barça se quiso dar cuenta ya llevaba unos cuantos goles en contra, pudo ser peor y a nadie le hubiera extrañado. Lo que hemos visto esta semana son partidos de alta intensidad, de buenas acciones de juego, de ambiente eléctrico. En ambos casos como no podía ser de otra manera hemos tenido pausas por revisión de VAR. Hay alguna buena noticia, que no se pitara penalti en la mano de Laporte, lo accidental y anecdótico que por desgracia se ha estado convirtiendo en decisivo en los últimos años con las manos, esta vez no fue así. Bienvenido sea y que cunda, no nos vayan a decir otra cosa en el siguiente partido. Partidos de fútbol en los que los equipos intentan hacer méritos para ganar, no pueden resolverse por acciones anecdóticas. La guarnición no puede ser más importante que la carne o el pescado. No es tanto conseguir la justicia en el juego, porque el fútbol nunca será justo, obedecerá a merecimientos y acierto, no justicia, sino a que sea juego. Es decir, la imposición de la tecnología para hacer un fútbol más justo se concibió para corregir los errores flagrantes que podrían avergonzar para la posteridad. El problema es que nos han vendido que la búsqueda de la justicia es lo más importante en el fútbol y es mentira, lo más importante es que el juego siga siéndolo, que el fútbol siga siendo el gran deporte popular que emociona. No es tanto acertar o no en cuestiones que son de interpretación y que nunca pondrá a todos de acuerdo, lo que debía corregir la tecnología eran cuestiones medibles, o cuestiones flagrantes que se le escapen al árbitro. El encuentro del Metropolitano estaba siendo apasionante por la capacidad del Atlético para superar al Barcelona, un auténtico destrozo, con transiciones de vértigo bien ejecutadas. Lo que estaba por llegar era la reacción del Barcelona, que se estaba produciendo en la segunda parte. Los azulgrana marcaban un gol aparentemente legal, pero avisaron al colegiado Martínez Munuera de que podía haber un fuera de juego. Vaya por Dios. Ya estamos con la borrica a brincos. A veces parece que hay que buscar incluso lo que nadie ha visto, debe ser que dan un premio por localizar algo. Esa revisión en el gol de Cubarsí tuvo el partido siete minutos parado porque el sistema SAOT (tecnología de fuera de juego semiautomático) no podía revelar la imagen por densidad de jugadores, o algo así, según explicaba el CTA. Se tuvieron que tirar líneas. Un partido parado. Un espectáculo secuestrado y sobre todo algo que invariablemente marca el desarrollo de lo que vendrá después. Es decir, la tecnología que en teoría tiene que ser un apoyo lo que hace es apoderarse del juego y despojarlo de la espontaneidad, la continuidad. Como en tantas otras cosas en las que nos alertan que es por nuestro bien, nos roban las cosas más nuestras, el fútbol era algo de la gente, pero ahora mientras se llenan los estadios de localidades VIP y convierten algo popular en un bien de lujo con entradas disparadas, nos dicen que tenemos que aceptar que forma parte del espectáculo el VAR. Pues mire no, no forma parte del espectáculo, nadie paga para un partido parado y nadie paga para ver una repetición para adelante o para atrás. No le interesa a nadie, sólo el forofo muy forofo que sólo le interese si favorecen a su equipo. Estamos ante una decadencia de nuestra liga porque al fútbol lo tienen viciado y muchos quieren sacar tajada de ese juego viciado en el que se puede conseguir algo con muy poco esfuerzo, baste una buena simulación en el área para sacar el botín del penalti. De esta corrupción se benefician muchos, por eso no se ataja. Y sólo se atajará cuando se deje de intervenir continuamente. Y la consecuencia es que la falta de continuidad y contundencia del juego hace que los equipos se vayan debilitando, como hemos visto en Europa. El mundo del fútbol debiera unirse para extirpar este mal, hay mucho en juego porque nos roban el espectáculo, nos roban la esencia de un juego en el que cualquiera puede reconocerse, incluso con el rival de al lado que lleva otra camiseta, porque la emoción une, porque la excelencia o el error unen a aliados y rivales. Es el juego lo que importa, no la tecnología.