El santo al que rezar para conseguir novio
En muchas iglesias del mundo, especialmente en Europa y América Latina, hay un santo ante el que se repite una escena curiosa: personas, sobre todo mujeres, que se acercan a rezar para pedir algo muy concreto, encontrar pareja o poder formar una familia. Ese santo es San Antonio de Padua, una de las figuras más populares del catolicismo y, para muchos, el intercesor al que acudir cuando la vida sentimental no avanza como se esperaba. Esta devoción tiene raíces históricas profundas. Para entender por qué San Antonio acabó vinculado al matrimonio y a la búsqueda de pareja hay que retroceder varios siglos, hasta la Europa medieval en la que vivió el santo. Entre quienes se acercan hay historias muy personales. Algunos se acercan a dar las gracias “Hace tres años le recé a San Antonio y llevo tres años feliz con mi novio” En la Europa medieval, especialmente entre los siglos XII y XIII, la dote era un requisito casi imprescindible para que una mujer pudiera casarse. La dote consistía en el conjunto de bienes o dinero que la familia de la novia entregaba al marido en el momento del matrimonio. No era un gesto simbólico, servía para garantizar la estabilidad económica del nuevo hogar y el sustento de la mujer dentro del matrimonio. Sin dote, muchas jóvenes no podían acceder al matrimonio y quedaban expuestas a la pobreza, a la dependencia familiar o a una fuerte marginación social. Casarse no era solo una cuestión sentimental, sino una salida vital que marcaba el futuro y la seguridad de una mujer. Es en este contexto donde surgen las tradiciones más antiguas sobre San Antonio. Los relatos populares cuentan que el fraile franciscano ayudó a varias jóvenes pobres a reunir una dote, permitiéndoles casarse de forma digna y evitar situaciones injustas o de exclusión. En algunos casos se habla de ayudas económicas inesperadas; en otros, de donaciones atribuidas a su intercesión tras la oración. San Antonio aparece como alguien preocupado por la dignidad de las mujeres y su derecho a formar una familia, especialmente cuando la pobreza lo hacía imposible. Con el paso del tiempo, esa imagen se consolidó. Si San Antonio había ayudado a mujeres sin recursos a casarse, la devoción popular empezó a verlo también como intercesor para encontrar pareja, fortalecer noviazgos o pedir un matrimonio estable. Esta devoción sigue viva hoy de forma muy visible en Roma. En la Basílica de Santa María en Aracoeli, situada en la colina del Capitolio, muchas personas dejan cartas dirigidas a San Antonio. Inés tiene 24 años y además de escribirle una carta ella en Roma, sus amigas le han dado sus cartas para que dejárselas a San Antonio. En ellas piden encontrar pareja, superar la soledad, fortalecer una relación o agradecen un matrimonio que ya ha llegado. Son mensajes íntimos que muestran hasta qué punto el santo sigue siendo percibido como cercano a los problemas cotidianos.