Una nutricionista advierte cómo se genera la intolerancia a la lactosa y la fructosa: «Se van quedando con dietas muy pobres»
El sistema digestivo está en continuo desarrollo. En cada etapa de la vida se comporta de una forma diferente , aceptando y disfrutando unos sabores u otros en función de su madurez. Cuando somos recién nacidos, no podemos digerir alimentos sólidos ni almidones complejos, y con los meses esto deja de ser un problema. Del mismo modo, cuando se alcanza una edad avanzada, hay ingredientes que comienzan a sentar mal por primera vez. La lactosa y la fructosa son dos grandes protagonistas en esta evolución de la dieta. Es común que adultos y ancianos retiren de sus comidas la leche, las frutas, el yogur, los fritos . Perciben que les sientan mal alimentos que años atrás eran su fuente de energía principal. La nutricionista Gabriela Pocoví confiesa que este cambio en la respuesta intestinal es natural y esperable, aunque dentro de ciertas situaciones. Es preciso retrasar lo más posible la aparición de estas intolerancias para mantener una salud general más fuerte. La experta cuenta cómo el ritmo de vida actual y el estrés están afectando directamente a nuestra capacidad de digerir la lactosa y hasta la fructosa. «¿A ti también te ha pasado que algo que antes te sentaba bien ahora te genera dudas ?», le plantean en una entrevista reciente. «Hoy en día hay muchísima gente que es intolerante a la lactosa, es una barbaridad o sensible a la lactosa. ¿Por qué? ¿Porque hemos bebido mucha lactosa?», se pregunta la entrevistadora. Su respuesta parte de la aceptación de los cambios de la edad: «Con el envejecimiento es normal que vayamos disminuyendo la cantidad de lactasa, que es la enzima que degrada la lactosa en los intestinos. Es totalmente normal, pero aparte de otro factor y es la inflamación intestinal y la disrupción de la microbiota», añade la experta. Tal y como cuenta, ese desequilibrio lleva a que las células del intestino estén inflamadas. «Se ha visto que un intestino inflamado fabrica menos enzima lactasa y también transporta menos la fructosa, que es también parte de los azúcares que están en la fruta», cuenta con ejemplos. «Entonces son personas que luego hacen intolerancia a la lactosa, intolerancia a la fructosa, entonces me tengo que quitar los lácteos, la fruta, la verdura, no puedo comer nada» . Gabriela Pocoví advierte que la retirada de estos alimentos, aunque por causas justificadas, provoca un empeoramiento de la dieta y de la salud en edades en las que debería cuidarse más aún. «Se van quedando con dietas muy pobres» , declara. «Lo más probable es que si has llegado a un problema digestivo es porque has tenido alta carga de estrés , alta carga tóxica, alimentos que has consumido toda tu vida que te hacían daño o que te afectaban y no lo sabías, en fin , que no llegamos ahí por casualidad tampoco», reconoce. Las causas son múltiples y muchas están relacionadas con la carga psicológica del paciente. En vez de retirar completamente los lácteos, la nutricionista recomienda sustituir la leche y otros productos básicos por su versión fermentada. «Los lácteos fermentados se digieren mucho mejor porque la cantidad de lactosa baja, de hecho si son de cabra o de oveja, mejor para el sistema digestivo porque el tipo de proteína que aportan es mucho más digerible», explica.