El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

'Un verano por metro cuadrado' llega el jueves al Teatro del Barrio de Madrid para recuperar y vincular con el presente una fascinante historia de lucha vecinal desde el humor, la ternura o la sátira política. "Necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir", cuentan sus autoras Gentrificación y amor prohibido se dan la mano en 'Lavapiés', una versión de Romeo y Julieta en tiempos de Airbnb ¿Qué une la historia de un barrio que quiso independizarse de Madrid y del resto del país hace 36 años con las dificultades de hoy día para encontrar un piso decente a un precio no prohibitivo? La obra de teatro Un verano por metro cuadrado , que llega el jueves al Teatro del Barrio de Lavapiés, responde a esta pregunta con un argumento y una puesta en escena tan cómicos como reivindicativos en los que hacen memoria para abordar el presente. El pretexto es Cerro Belmonte, una zona del actual barrio de Valdezarza (en el distrito de Moncloa-Aravaca) que proclamó su autonomía respecto al resto de la ciudad en 1990. Este proyecto que viaja desde el noroeste de Madrid hasta la mismísima Cuba parte de la compañía 7 Minutos de Gloria, formada por artistas multidisciplinares de ámbitos como la escena, la música, la danza o el audiovisual: Manu Cantelli, Lucía Feijóo Robles, Laura Delgado, Nayarit Fuentes, Marta Guijarro Rojas, Cristina Marco, Paula Mira y Marina Margallo. Nayarit y Marta explican cómo empezaron a trabajar en la idea hace tres años, aunque han ido “a fuego” estos últimos meses. El concepto se había implantado en sus cabezas mucho antes: “La noticia nos llega a personas del colectivo en 2015. Estábamos con nuestra anterior obra, 7 minutos de gloria , y nos pareció brutal. Ya teníamos en el tintero hacer algo sobre vivienda por la situación social y por circunstancias personales, al final todas vivimos de alquiler”. Comenzaron entonces el trabajo de bucear en el archivo y la hemeroteca de una historia tan inaudita como premonitoria. El 6 de septiembre de 1990, los vecinos de Cerro Belmonte se enfrentaron a la expropiación por parte del propio Ayuntamiento liderado por Agustín Rodríguez Sahagún (UCD), que pretendía construir unos chalés de alto standing en sus terrenos. A cambio, les entregarían poco más de cinco mil pesetas (30 euros) por metro cuadrado y los reubicarían en pisos de Vallecas y Villaverde, en el otro extremo de Madrid. Los residentes se manifestaron y solicitaron una reunión con el alcalde. Por entonces una figura luego tan controvertida como la de Miguel Blesa , al frente de la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento, defendía que la decisión ya estaba escrita en las directrices del Plan Inmobiliario de la ciudad. Pese a la cerrazón de la corporación municipal, los habitantes de lo que hoy es Valdezarza se negaron a abandonar sus casas bajas. "No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos” “Resistiremos y además nos independizaremos de Madrid. No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos”, espetó en un celebrado discurso la abogada y representante vecinal Esther Castellano. La amenaza no se quedó en proclama vacía, sino que organizaron un referéndum en el que la declaración de Estado independiente durante una semana arrasó con 214 votos a favor y solo dos en contra (aunque algunas papeletas fueron nulas al incluir insultos al regidor). De La Habana al mito en TikTok La movilización fue tal que una comitiva del barrio, aprovechando una coyuntura internacional tensa entre el Gobierno español y el de Cuba, se trasladó a la isla para elevar su caso nada menos que a Fidel Castro después de que Castellano enviara una carta a su administración. “Castro sí escuchó a Cerro Belmonte y, para meter más el dedo en el ojo a las autoridades españolas, regaló 25 viajes de diez días a La Habana, sorteados entre los vecinos en una verbena a ritmo de salsa. La expedición rebelde es recibida por el Comandante como si fuese una visita de estado. Castro les obsequia con un lote de regalos (puros y libros) y les intenta convencer de que se queden, asegurándoles casa y trabajo, pero los belmonteños quieren volver a casa. A la vuelta del viaje, Sahagún continúa negándose a recibirlos, esta vez ya muy molesto por el espectáculo y las risas de dos continentes”, recuerda este artículo de El Salto . La presión vecinal e internacional acabó permitiendo la continuidad de los residentes, al menos por un tiempo. En lo que hoy es Valdezarza solo sobrevive una de aquellas casas bajas. Pero las autoras de Un verano por metro cuadrado no quisieron dejar al espectador con ese regusto amargo al plantear la obra y apuestan por adaptar lo ocurrido gracias al poder de la ficción: “¿Qué significa ganar? Simplemente, damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido”. Marta también quiere indagar en “por qué nos inspira, ya que necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir, saber si en el sistema en el que vivimos se puede ganar del todo ante máquinas tan grandes”. Damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido Nayarit Fuentes — Coordinadora de dramaturgia y textos en 'Un verano por metro cuadrado' Un ejercicio de imaginación que nace también del perfil bajo actual de los implicados en aquellos sucesos: “Cuando creamos la historia quisimos respetar el derecho de los afectados que no querían hablar de ella. En redes sociales como TikTok ha llegado a idealizarse un poco y a usarse para el estractivismo. Además, aunque no queremos destripar el desenlace, está claro que no acabó como en los cuentos de hadas. No es una obra de teatro documental, así que la hemos derivado para abordar una idea de promesa colectiva”. Indican de hecho que el contacto ha sido mayor con la actual asociación vecinal de Valdezarza, “un barrio donde vive mucha gente joven”, que con las víctimas de los hechos originales. Teatro colectivo, satírico y con buen rollo Nayarit define así la propuesta como “una comedia feel good en un mundo de tragedia absoluta”. Una “sátira política” elaborada en colectivo, como los propios acontecimientos que retratan, ya que “ocho cerebros piensan más que uno y pulen mejor una historia”. “Es como un espejo entre creación y lo que ocurrió, también en lo difícil”, opina. “Si un tema es universal, es más difícil que un solo autor tenga la verdad absoluta”, apostilla Marta. Para ello echan mano de la técnica conocida como devising o teatro ideado, un método en el que el guion se origina a partir del trabajo colaborativo, a menudo improvisado, de un conjunto de interpretación. “La composición escénica se origina no solo a partir de un texto, sino de ideas, símbolos o movimientos”, describe Nayarit. Así, el “imaginario surrealista” de esta historia se entremezcla con un código escénico y de personajes muy concreto: noventero, de sitcom , divertido y tierno. Entre esos símbolos reconvertidos en hilo narrativo destaca una de las estrellas de la Comunidad de Madrid. Los vecinos de Cerro Belmonte, a modo de gesto, “secuestraron” este elemento de la bandera autonómica (incluido también en la del barrio) para negociar con el Ejecutivo regional. La idea, explica Nayid, era “revertir un símbolo institucional para el pópulo y hablar con ello de quién tiene la capacidad de toma de decisiones”. Una muestra de rebeldía que ha vertebrado la promoción, con la propia estrella como elemento que nos introduce en el relato. Una campaña que ha demostrado ser todo un éxito, visto que ya no quedan entradas para las cuatro funciones anunciadas los jueves 12 y 26 de febrero y 12 y 26 de marzo. Nayarit y Marta avanzan en conversación con Somos Madrid que ya trabajan en habilitar nuevas fechas. Un hilo con el presente: la expulsión “a cara destapada” convertida en “desahucios invisibles” Proceso creativo al margen, el argumento de Un verano por metro cuadrado pilla muy de cerca a sus creadoras, como señala Marta: “El de Cerro Belmonte era otro contexto, de propietarios, aunque fuera en viviendas autoconstruídas. Pero hay muchos puntos en común con lo que vivimos todas estando de alquiler en Madrid, en barrios como Puerta del Ángel o Carabanchel. Digamos que en los noventa la especulación y la expulsión era a cara destapada. Ahora, otro compañero y yo estamos sufriendo un desahucio invisible, después de subidas del alquiler del 200% que te obligan a marcharte. Es la misma historia pero con otras herramientas”. La comisión judicial comunica a una familia que van a ser desahuciados de su casa en Getafe (Madrid), en una de las fotografías de la exposición que acompaña a la obra. Este hilo conductor no ha pasado desapercibido para una entidad cultural tan volcada en el compromiso social como el Teatro del Barrio, del que partió la iniciativa de acompañar la obra con una exposición en sus instalaciones de imágenes de desahucios retratados por el prestigioso fotoperiodista Olmo Calvo . Marta, también miembro del Sindicato de Inquilinas de Madrid, adelanta asimismo que están trabajando en poner en marcha un taller con dicha organización: “Nos han ayudado además en la documentación con el guion, que ha sido compleja, ya que hemos tenido que estudiar planes urbanísticos de los noventa o estrategias de negociación en bloques que se quieren vender”. La agrupación de arrendatarios se revela así como un movimiento de resistencia que sigue el ejemplo de los vecinos de un barrio que removió cielo y tierra para no ceder su tierra, su identidad y su destino. Apoya el trabajo periodístico de Somos Madrid Esta información ha podido salir a la luz gracias a las personas que apoyan la edición local de Madrid en elDiario.es. Si tú también quieres y puedes hacerlo, hazte socia, hazte socio y contribuye a sostener nuestro trabajo diario y a publicar exclusivas que cambien las cosas. Si ya tienes una suscripción, puedes hacer una aportación extra a la sección local de Madrid para apoyar las informaciones de proximidad, sobre lo que importa en el día a día de los habitantes de esta ciudad: para hacerlo, entra en el apartado de 'tu cuota' en tu perfil privado . Tu ayuda al periodismo local es importante.

Maryse Condé narra la vida de su abuela en ‘Victoire’, la historia de una cocinera criolla que hizo de su habilidad un arte

Maryse Condé narra la vida de su abuela en ‘Victoire’, la historia de una cocinera criolla que hizo de su habilidad un arte

Un año después de la muerte de la escritora antillana, la editorial Impedimenta recuperó una de sus mejores novelas sobre mujeres, diversidad racial y colonialismo El resurgir de ‘Cumbres borrascosas': por qué el clásico de Emily Brontë sigue fascinando a lectores y espectadores “En estas páginas pretendo reivindicar el legado de una mujer que, aparentemente, no dejó ninguno. Establecer el nexo entre su creatividad y la mía. Conectar los sabores, colores y aromas de las carnes o las verduras con los sabores, colores y aromas de las palabras”. Con estas palabras describe Maryse Condé (Pointe-à-Pitre, Guadalupe, 1934-Apt, Vaucluse, 2024) su propósito al escribir Victoire (2006), una novela inspirada en la vida de su abuela. La editorial Impedimenta la publicó en castellano en 2025 con traducción de Martha Asunción Alonso, especialista en su obra y que ya se ocupó de sus libros previos. Maryse Condé logró una relativa notoriedad en los últimos años, gracias a la concesión del conocido como Nobel de Literatura alternativo de 2018 –año en el que el auténtico no se otorgó por el escándalo de abusos sexuales en la Academia Sueca– y a su doble candidatura al Man Booker Prize, en 2015 por toda su trayectoria y en 2023 por la traducción al inglés de El evangelio del nuevo mundo (2021; Impedimenta, 2023). Con todo, su edad avanzada, junto con los problemas de salud (en los últimos años se quedó ciega), no facilitaron la difusión y sigue siendo una desconocida para muchos lectores. Aun así, es digno de señalar el compromiso de Impedimenta para con la recuperación regular de su obra, vasta y versátil aunque no comenzó a publicar hasta los cuarenta. Además de narrativa, escribió libros de memorias, teatro y ensayo, siempre desde una mirada postcolonial y feminista que concilia la cultura autóctona de sus raíces y otras minorías étnicas con el enfoque de la mujer cultivada, cosmopolita y progresista que ella fue. Vivió en varios países, trabajó (e investigó) como profesora universitaria, se alejó de sus orígenes para alzarse en voz de denuncia contra las desigualdades. En cierto modo, ese Nobel alternativo, aunque tal vez le restó opciones de cara al verdadero, encaja a la perfección con su personalidad de escritora “periférica” con el foco puesto en la alteridad en sus múltiples representaciones (mujeres, colonialismo, negritud, clases sociales, folklore). Dos de sus libros más importantes, Yo, Tituba, la bruja negra de Salem (1986; Impedimenta, 2022) y el retelling “caribeño” de Cumbres borrascosas Windward Heights (2008; no traducido al castellano) son un buen ejemplo de ello. Victoire. La madre de mi madre también lo es. El hallazgo Una particularidad de Victoire es que, aun siendo una novela, la autora reflexiona además sobre el proceso de escritura. En las primeras páginas evoca el momento de su infancia en el que descubrió que su abuela, a la que no llegó a conocer, era muy blanca y, otra sorpresa, de extracción muy humilde. Victoire fue una cocinera que crio a su única hija sola, una realidad que choca con la de la pequeña Maryse, que crece en un ambiente culto, forma parte de una generación que ha prosperado. En ese hallazgo ya se le encendió la chispa, la curiosidad por esa mujer misteriosa, y años más tarde al fin encontró el tiempo para contar su historia, para reconstruir un pasado que también es el suyo. Desde el principio admite que su búsqueda tiene limitaciones: dada la falta de fuentes, la novela combina realidad e imaginación, no pretende ser una biografía novelada fiel. No puede asegurar cómo se sentía su abuela, cómo fueron sus relaciones, qué temía o anhelaba: “Se trata de una historia tachada, borrada de la memoria colectiva. Pero yo quiero saber”. La imaginación cumple una doble función: le permite rellenar huecos, completar silencios, trazar caminos e iluminar posibilidades; al mismo tiempo, refleja una verdad que, aunque no sea exacta para Victoire, bien puede ser la de otras mujeres. Impedimenta ha elegido subtitular la novela con el descriptivo La madre de mi madre . El original, en cambio, reza Victoire, les saveurs et les mots [ Victoire, los sabores y las palabras ], mucho más adecuado para el viaje compartido que realizan la protagonista y la escritora en esta exploración de la identidad femenina ligada a la práctica creativa. De todos modos, el título en castellano atina al enfatizar la conexión entre madre e hija, un vínculo que se enlazará a su vez con la autora y que constituye uno de los grandes temas de la obra, sobre todo en la segunda mitad. Mujer, pobre y de minoría étnica Victoire ya nació marcada: hija de una muchacha negra de catorce años que murió en el parto, fue criada por su abuela. Su progenitora no reveló la identidad del padre, pero ese color pálido de su piel señalaba a un hombre blanco. Un amo, y, por lo tanto, un abuso o una relación clandestina; algo que estigmatizó a la joven embarazada, en cualquier caso. A la condición de mujer, pobre y bastarda se le sumó esa “blancura australiana” que la alejaba de los guadalupeños: no era la única nacida fuera del matrimonio, pero, para sus semejantes, cuanto más oscura la piel, mayor era el grado de pertenencia. La niña se convirtió en una extraña en ambos mundos. Cuando creció, comenzó a servir como criada, y no tardó en repetir el patrón materno: embarazo no deseado –y en medio de un triángulo que complica su buena relación con la otra mujer, ambas son víctimas a su manera– y una única hija, la madre de la autora, a la que preparará para que aspire a un futuro mejor. En este sentido, Victoire, que con el tiempo adquiere reputación como cocinera y esto le granjea la simpatía de los amos, mantiene unas relaciones que pueden resultar controvertidas con el fin de costear los estudios de la pequeña. Por mucho que su cocina sea un prodigio, una cocinera sola no puede pagar una carrera. Maryse Condé afila la perspectiva de género en su análisis de la figura masculina y los patrones recurrentes en torno a las relaciones que dejan a las mujeres a la intemperie. Más allá del abuso sexual –la autora fantasea con la posibilidad de que hubiera amor–, hasta con consentimiento y deseo de por medio el hombre puede dejarla tirada sin ninguna consecuencia para él, mientras ella afronta un embarazo sola, sin recursos. Se trataba con cierta normalidad el hecho de que los hombres blancos fueran dejando hijos por la colonia, sin llegar a conocerlos ni interesarse lo más mínimo por ellos. Fotografía facilitada por la editorial Impedimenta de la escritora francesa Maryse Condé Además, entre los hombres existe una separación entre la esfera pública y la privada que en el caso de las mujeres se emborrona: el hombre blanco puede mantener relaciones extramatrimoniales e ir sembrando criaturas sin que su reputación profesional se vea perjudicada; mientras tanto, la mujer queda marcada de por vida en todos los aspectos. Él también tiene la libertad de viajar al continente cuando quiera, lo que no solo expande su mundo de un modo inalcanzable para los pobres, sino que aumenta todavía más su desatención de los hipotéticos hijos. La perspectiva poscolonial también aporta sus matices, como la diferente percepción del racismo (mientras que en la novela el “mestizaje” se condena, en los Estados Unidos los negros sin ascendencia blanca identificable siempre están más abajo en la escala social, por ejemplo) o, un aporte interesante, la fluidez de género en las relaciones íntimas, sin restricciones de clase ni de identidad sexual. No es que esto último se aceptara socialmente, pero la cultura popular lo tenía asumido, la autora lo narra con naturalidad, sin ese tabú con sentimiento de culpa que arrastra la cultura cristiana. Cuando la hija de Victoire crece, se produce el inevitable choque generacional: la joven, educada de acuerdo con el sistema occidental, rechaza el rol pasivo que adoptó la madre con respecto a sus patronos. No es que menosprecie sus raíces isleñas; lo que no tolera es que Victoire, y esa generación en general, acatara las órdenes y aceptara los abusos sin rebelarse, o con resistencias tan silenciosas que no se oyen. Victoire incluso les está agradecida porque costearon la educación de su hija. Sin embargo, esa niña ha crecido y forma parte de otro mundo. Están en los albores del siglo XX, todo está cambiando, hay movimientos, organizaciones. Las nuevas generaciones ya no se callan. Empoderamiento entre fogones En la tradición literaria, las artes culinarias suelen estar ligadas a mujeres que gracias a su destreza entre fogones logran emanciparse, rebelarse o liberarse de alguna atadura: Loxandra (1963), de Maria Iordanidu, Linden Hills (1985), de Gloria Naylor, Tomates verdes fritos (1987), de Fannie Flagg, Como agua para chocolate (1989), de Laura Esquivel, Afrodita (1996), de Isabel Allende, Chocolat (1999), de Joanne Harris, El último chef chino (2007), de Nicole Mones, o Mãn (2013), de Kim Thúy, son solo algunos ejemplos. Victoire puede inscribirse en esta categoría. Aunque comienza con las tareas domésticas más ingratas, Victoire, avispada, se fija en el trabajo de las cocineras, del modo en el que tantas mujeres, tantos marginados por la sociedad, han aprendido: a hurtadillas. En cuanto se le presenta la oportunidad, saca a relucir sus habilidades, que sorprenden a todos. Su ingenio reside en el uso de alimentos autóctonos de manera imaginativa, de tal manera que despierta el gusto por la comida criolla en los propietarios. Sin proponérselo, Victoire rinde homenaje a sus ancestros y reivindica su legado con algo tan íntimo, y tan omnipresente, como la alimentación. De forma consciente o no, Maryse Condé tiene otro rasgo en común con la protagonista: la capacidad de sobreponerse a las adversidades, seguir adelante sin quejarse, labrarse el camino por sí mismas A través de su trabajo se hilvana el entramado de relaciones con la familia y el resto del servicio (que no es idílico, en absoluto). Hay blancos y negros, pero solo por fuera: los personajes y sus nexos están llenos de ambigüedades y sombras, como es la naturaleza humana. La autora, como reconoce desde el principio, ve la labor meticulosa y solitaria de su abuela como un arte equivalente al de la escritura; ambas son artistas en su taller que canalizan de forma creativa las inquietudes que les bullen por dentro. Es probable que Victoire no se percibiera a sí misma de este modo, pero esto es una novela, y como símbolo literario es poderoso. Además de la emancipación, su concepción culinaria también refleja el paso del tiempo: dado que mezcla la tradición con sus propias innovaciones, está creando algo nuevo que anticipa una era en la que la identidad (las identidades) gana protagonismo. El individuo busca distinguirse, como los autóctonos buscarán derribar las cadenas del colonialismo y reivindicar su cultura masacrada. Hay varios puntos de inflexión en los que Victoire se reinventa; el último le llega de mano de su hija, y supondrá una ruptura traumática. Preparó a la niña para el nuevo siglo, pero en ese nuevo siglo Victoire ya no encaja. Una “victoria” literaria De forma consciente o no, Maryse Condé tiene otro rasgo en común con la protagonista: la capacidad de sobreponerse a las adversidades, seguir adelante sin quejarse, labrarse el camino por sí mismas, sin victimizarse aunque tendrían motivos para hacerlo. Eso, y un compromiso absoluto con su arte: incluso en sus últimos años, impedida y ciega, dictaba sus historias porque aún tenía mucho que contar, historias inspiradoras como esta, sobre personajes que no tienen voz, sobre lugares y costumbres ninguneados por el Occidente blanco. Sus novelas se leen con deleite, y a la vez resultan instructivas (son dignas de mención las notas aclaratorias de la traductora, fundamentales para contextualizar). La autora demuestra sus dotes para la narración con un estilo ameno, de diálogos vivos y personajes que se robustecen a medida que avanza la peripecia. Se aproxima a la vida colonial y la cultura antillana a través de la vivencia individual de su abuela, que, como ya advirtió, no es fiel a la Victoire real, pero sí representa la realidad de muchas mujeres de su época. Quién sabe cuántos lectores tendría hoy Maryse Condé si hubiera recibido el Premio Nobel verdadero; sea como sea, no hace falta ningún pretexto para disfrutar de la buena literatura, y esta novela lo es. Otra victoria literaria de una gran escritora.

El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

El teatro revive Cerro Belmonte, el barrio de Madrid que se independizó de España y visitó Cuba para frenar la especulación

'Un verano por metro cuadrado' llega el jueves al Teatro del Barrio de Madrid para recuperar y vincular con el presente una fascinante historia de lucha vecinal desde el humor, la ternura o la sátira política. "Necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir", cuentan sus autoras Gentrificación y amor prohibido se dan la mano en 'Lavapiés', una versión de Romeo y Julieta en tiempos de Airbnb ¿Qué une la historia de un barrio que quiso independizarse de Madrid y del resto del país hace 36 años con las dificultades de hoy día para encontrar un piso decente a un precio no prohibitivo? La obra de teatro Un verano por metro cuadrado , que llega el jueves al Teatro del Barrio de Lavapiés, responde a esta pregunta con un argumento y una puesta en escena tan cómicos como reivindicativos en los que hacen memoria para abordar el presente. El pretexto es Cerro Belmonte, una zona del actual barrio de Valdezarza (en el distrito de Moncloa-Aravaca) que proclamó su autonomía respecto al resto de la ciudad en 1990. Este proyecto que viaja desde el noroeste de Madrid hasta la mismísima Cuba parte de la compañía 7 Minutos de Gloria, formada por artistas multidisciplinares de ámbitos como la escena, la música, la danza o el audiovisual: Manu Cantelli, Lucía Feijóo Robles, Laura Delgado, Nayarit Fuentes, Marta Guijarro Rojas, Cristina Marco, Paula Mira y Marina Margallo. Nayarit y Marta explican cómo empezaron a trabajar en la idea hace tres años, aunque han ido “a fuego” estos últimos meses. El concepto se había implantado en sus cabezas mucho antes: “La noticia nos llega a personas del colectivo en 2015. Estábamos con nuestra anterior obra, 7 minutos de gloria , y nos pareció brutal. Ya teníamos en el tintero hacer algo sobre vivienda por la situación social y por circunstancias personales, al final todas vivimos de alquiler”. Comenzaron entonces el trabajo de bucear en el archivo y la hemeroteca de una historia tan inaudita como premonitoria. El 6 de septiembre de 1990, los vecinos de Cerro Belmonte se enfrentaron a la expropiación por parte del propio Ayuntamiento liderado por Agustín Rodríguez Sahagún (UCD), que pretendía construir unos chalés de alto standing en sus terrenos. A cambio, les entregarían poco más de cinco mil pesetas (30 euros) por metro cuadrado y los reubicarían en pisos de Vallecas y Villaverde, en el otro extremo de Madrid. Los residentes se manifestaron y solicitaron una reunión con el alcalde. Por entonces una figura luego tan controvertida como la de Miguel Blesa , al frente de la gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento, defendía que la decisión ya estaba escrita en las directrices del Plan Inmobiliario de la ciudad. Pese a la cerrazón de la corporación municipal, los habitantes de lo que hoy es Valdezarza se negaron a abandonar sus casas bajas. "No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos” “Resistiremos y además nos independizaremos de Madrid. No queremos pertenecer a un Ayuntamiento que quiere explotarnos”, espetó en un celebrado discurso la abogada y representante vecinal Esther Castellano. La amenaza no se quedó en proclama vacía, sino que organizaron un referéndum en el que la declaración de Estado independiente durante una semana arrasó con 214 votos a favor y solo dos en contra (aunque algunas papeletas fueron nulas al incluir insultos al regidor). De La Habana al mito en TikTok La movilización fue tal que una comitiva del barrio, aprovechando una coyuntura internacional tensa entre el Gobierno español y el de Cuba, se trasladó a la isla para elevar su caso nada menos que a Fidel Castro después de que Castellano enviara una carta a su administración. “Castro sí escuchó a Cerro Belmonte y, para meter más el dedo en el ojo a las autoridades españolas, regaló 25 viajes de diez días a La Habana, sorteados entre los vecinos en una verbena a ritmo de salsa. La expedición rebelde es recibida por el Comandante como si fuese una visita de estado. Castro les obsequia con un lote de regalos (puros y libros) y les intenta convencer de que se queden, asegurándoles casa y trabajo, pero los belmonteños quieren volver a casa. A la vuelta del viaje, Sahagún continúa negándose a recibirlos, esta vez ya muy molesto por el espectáculo y las risas de dos continentes”, recuerda este artículo de El Salto . La presión vecinal e internacional acabó permitiendo la continuidad de los residentes, al menos por un tiempo. En lo que hoy es Valdezarza solo sobrevive una de aquellas casas bajas. Pero las autoras de Un verano por metro cuadrado no quisieron dejar al espectador con ese regusto amargo al plantear la obra y apuestan por adaptar lo ocurrido gracias al poder de la ficción: “¿Qué significa ganar? Simplemente, damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido”. Marta también quiere indagar en “por qué nos inspira, ya que necesitamos escuchar cómo la gente pudo responder y resistir, saber si en el sistema en el que vivimos se puede ganar del todo ante máquinas tan grandes”. Damos nuestro broche final sobre lo que nos hubiera gustado que ocurriera, que fuera. Para aprender de los errores y aciertos y hasta para saber por qué fue tan divertido Nayarit Fuentes — Coordinadora de dramaturgia y textos en 'Un verano por metro cuadrado' Un ejercicio de imaginación que nace también del perfil bajo actual de los implicados en aquellos sucesos: “Cuando creamos la historia quisimos respetar el derecho de los afectados que no querían hablar de ella. En redes sociales como TikTok ha llegado a idealizarse un poco y a usarse para el estractivismo. Además, aunque no queremos destripar el desenlace, está claro que no acabó como en los cuentos de hadas. No es una obra de teatro documental, así que la hemos derivado para abordar una idea de promesa colectiva”. Indican de hecho que el contacto ha sido mayor con la actual asociación vecinal de Valdezarza, “un barrio donde vive mucha gente joven”, que con las víctimas de los hechos originales. Teatro colectivo, satírico y con buen rollo Nayarit define así la propuesta como “una comedia feel good en un mundo de tragedia absoluta”. Una “sátira política” elaborada en colectivo, como los propios acontecimientos que retratan, ya que “ocho cerebros piensan más que uno y pulen mejor una historia”. “Es como un espejo entre creación y lo que ocurrió, también en lo difícil”, opina. “Si un tema es universal, es más difícil que un solo autor tenga la verdad absoluta”, apostilla Marta. Para ello echan mano de la técnica conocida como devising o teatro ideado, un método en el que el guion se origina a partir del trabajo colaborativo, a menudo improvisado, de un conjunto de interpretación. “La composición escénica se origina no solo a partir de un texto, sino de ideas, símbolos o movimientos”, describe Nayarit. Así, el “imaginario surrealista” de esta historia se entremezcla con un código escénico y de personajes muy concreto: noventero, de sitcom , divertido y tierno. Entre esos símbolos reconvertidos en hilo narrativo destaca una de las estrellas de la Comunidad de Madrid. Los vecinos de Cerro Belmonte, a modo de gesto, “secuestraron” este elemento de la bandera autonómica (incluido también en la del barrio) para negociar con el Ejecutivo regional. La idea, explica Nayid, era “revertir un símbolo institucional para el pópulo y hablar con ello de quién tiene la capacidad de toma de decisiones”. Una muestra de rebeldía que ha vertebrado la promoción, con la propia estrella como elemento que nos introduce en el relato. Una campaña que ha demostrado ser todo un éxito, visto que ya no quedan entradas para las cuatro funciones anunciadas los jueves 12 y 26 de febrero y 12 y 26 de marzo. Nayarit y Marta avanzan en conversación con Somos Madrid que ya trabajan en habilitar nuevas fechas. Un hilo con el presente: la expulsión “a cara destapada” convertida en “desahucios invisibles” Proceso creativo al margen, el argumento de Un verano por metro cuadrado pilla muy de cerca a sus creadoras, como señala Marta: “El de Cerro Belmonte era otro contexto, de propietarios, aunque fuera en viviendas autoconstruídas. Pero hay muchos puntos en común con lo que vivimos todas estando de alquiler en Madrid, en barrios como Puerta del Ángel o Carabanchel. Digamos que en los noventa la especulación y la expulsión era a cara destapada. Ahora, otro compañero y yo estamos sufriendo un desahucio invisible, después de subidas del alquiler del 200% que te obligan a marcharte. Es la misma historia pero con otras herramientas”. La comisión judicial comunica a una familia que van a ser desahuciados de su casa en Getafe (Madrid), en una de las fotografías de la exposición que acompaña a la obra. Este hilo conductor no ha pasado desapercibido para una entidad cultural tan volcada en el compromiso social como el Teatro del Barrio, del que partió la iniciativa de acompañar la obra con una exposición en sus instalaciones de imágenes de desahucios retratados por el prestigioso fotoperiodista Olmo Calvo . Marta, también miembro del Sindicato de Inquilinas de Madrid, adelanta asimismo que están trabajando en poner en marcha un taller con dicha organización: “Nos han ayudado además en la documentación con el guion, que ha sido compleja, ya que hemos tenido que estudiar planes urbanísticos de los noventa o estrategias de negociación en bloques que se quieren vender”. La agrupación de arrendatarios se revela así como un movimiento de resistencia que sigue el ejemplo de los vecinos de un barrio que removió cielo y tierra para no ceder su tierra, su identidad y su destino. Apoya el trabajo periodístico de Somos Madrid Esta información ha podido salir a la luz gracias a las personas que apoyan la edición local de Madrid en elDiario.es. Si tú también quieres y puedes hacerlo, hazte socia, hazte socio y contribuye a sostener nuestro trabajo diario y a publicar exclusivas que cambien las cosas. Si ya tienes una suscripción, puedes hacer una aportación extra a la sección local de Madrid para apoyar las informaciones de proximidad, sobre lo que importa en el día a día de los habitantes de esta ciudad: para hacerlo, entra en el apartado de 'tu cuota' en tu perfil privado . Tu ayuda al periodismo local es importante.

Chris Hemsworth intenta alejarse de Thor: “Ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”

Chris Hemsworth intenta alejarse de Thor: “Ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”

El actor se reencuentra con otro habitual de Marvel, Mark Ruffalo, al frente de un intenso thriller policíaco que se refleja en una época pre-superhéroes de Hollywood Entrevista - Alice Rohrwacher, cineasta: “Hacer una película con dinero público es un orgullo y una responsabilidad” El Universo de Marvel ya había alcanzado algo así como un clímax a mediados de la década pasada. De modo que a Chris Hemsworth —uno de sus cimientos ineludibles al haber empezado a interpretar a Thor en 2011— no le quedaba otra que convertirse en una estrella de Hollywood en tiempo récord. Sin apenas tiempo de probar otro tipo de papeles, aunque tomando un par de decisiones muy llamativas alrededor del taquillazo histórico que fue Los Vengadores . En 2013, interpretó al piloto James Hunt en Rush , la estupenda película de Ron Howard dedicada a la Fórmula 1. Y, dos años después, se encontró a las órdenes de otro cineasta de prestigio. Este, sin embargo, tenía un trato mucho más difícil que Howard. “No quiero criticar a Michael Mann”, dice Hemsworth en un encuentro con varios periodistas justo antes de criticar a Michael Mann. “Pero su atención al detalle es enfermiza y agotadora. Es muy meticuloso, y para mí fue una experiencia desafiante”. Mann fichó a Hemsworth como protagonista de Blackhat : un thriller informático donde el intérprete de Thor daba vida a un improbable hacker . “Me sentía incómodo e inseguro, y cuestionaba todo lo que hacía. Dudo que de ahí saliera mi mejor interpretación”. Mann, que siempre ha tenido fama de perfeccionista, no se topó con críticas demasiado buenas en Blackhat . Y Hemsworth no tiene por qué lamentar que su experiencia con él no fuera del todo buena, porque desde entonces ha afrontado otros papeles igual de desafiantes con resultados más satisfactorios. El descacharrante alivio cómico de Cazafantasmas (2016). El villano esquizofrénico de Furiosa: De la saga Mad Max (2024). Hemsworth no tendría por qué acordarse de Mann, si no fuera porque el legado de este cineasta es bien palpable en Ruta de escape, s u última película como protagonista donde interpreta a un ladrón de férrea profesionalidad y arraigados principios. Él es Davis, y su gran perseguidor es el detective Lou Lubesnick, que encarna Mark Ruffalo tras haber acompañado a Hemsworth dentro del Universo de Marvel como Hulk —en Thor: Ragnarok incluso fueron coprotagonistas— para integrar una dupla que, desde lados distintos de la ley, acaba forjando una relación de respeto mutuo. Exactamente igual que Robert De Niro y Al Pacino en Heat , la película más famosa de Mann y un espejo en el que Ruta de escape se refleja inevitablemente. Su trama se ambienta asimismo en Los Ángeles. El ladrón deconstruido “No puedes hacer una película policíaca en Los Ángeles sin lidiar con la sombra de Heat ”, admite Bart Layton. Es el director de Ruta de escape . Su filmografía hasta ahora es escueta, pero ha mostrado un interés reiterado por abordar la delincuencia de EEUU desde el desconcierto y una ligera distancia. Porque él es inglés, de Londres, y llamó bastante la atención en 2018 con American Animals . Este filme protagonizado por Evan Peters y Barry Keoghan (también presente en Ruta de escape ) mezclaba ficción con documental para adentrarse en un sorprendente caso real: dos jóvenes que en 2004 habían intentado robar la biblioteca de su universidad. El interés de Layton por matizar psicológicamente a estos personajes halla continuidad en Ruta de escape , adaptación de un relato de Don Winslow. También con los policías y ladrones traumatizados de Heat , claro, aunque en este sentido Layton prefiere distanciarse. “Queríamos algo más cálido. Por supuesto que adoro Heat , pero yo buscaba personajes que se parecieran más a nosotros. Vulnerables, con defectos, con las mismas ansiedades que muchos tenemos. Esa era la idea aunque también queríamos que tuviera una cierta cualidad clásica”. Ahora la gente tiene su cine en casa, Netflix está en todas partes y existe el instinto de que, si vas al cine, ha de ser un evento. Aunque no sé exactamente qué es un evento Bart Layton — Cineasta En una escena de Ruta de escape Davis es comparado con los personajes que interpretó Steve McQueen en la década de los 60, entre Bullitt y, naturalmente, el ladrón de guante blanco de El caso de Thomas Crown . No obstante Hemsworth insiste en subrayar la vulnerabilidad de su personaje frente a McQueen o Robert De Niro, particularmente gracias a su colaboración con Layton. “Mi trato con Bart ha sido muy distinto de cuando trabajé con Mann. Él también tiene precisión y atención al detalle, pero, además, es colaborativo. Y adoro cómo te guía, cómo tiene los brazos abiertos a nuevas ideas. Seguramente esta haya sido mi mejor experiencia en un rodaje”, asegura. La personalidad de Davis se tejió alrededor del guion —coescrito por Layton y Peter Straughan, responsable de la adaptación de Cónclave — y de amplias conversaciones entre actor y director. “Fue muy constructivo hablar con Bart sobre su visión del personaje, sobre lo humano que era este tipo y lo mucho que dudaba de sí mismo”, explica Hemsworth. “Todas esas emociones humanas que normalmente no vemos dentro del sistema operativo del supuesto criminal, héroe o antihéroe, llámalo como quieras. Pensé que la vulnerabilidad podía conectar con el público”. Para el australiano fue “terapéutico” ponerse en la piel de David, cuyo último y más difícil golpe centra el argumento de Ruta de escape . “Al interpretarlo empecé a explotar esas emociones dentro de mí. Me metí en la piel de otra persona y vi el mundo a través de una lente diferente que también me permitía mirar hacia atrás, hacia mí mismo”. El mismo Hemsworth admite que ha sido un gran cambio tras los personajes que viene interpretando en otras películas de acción, desde Thor hasta el protagonista de Tyler Rake . “Puedes intentar que parezcan humanos, pero cuantos más tipos malos derrotan y más misiones cumplen, menos cercanos parecen”. “Cuando han recibido 4.000 disparos, y sabes que recibirán 4.000 más, y sabes que aun así estarán de vuelta en la siguiente película… El escapismo es divertido también, claro. Pero Davis no solo es un tipo duro, y lo que he encontrado en él ha sido tan desafiante como para desnudar mi propia personalidad”. Hemsworth sugiere que había llegado a creerse esa fachada viril antes de Ruta de escape: “He interpretado a un dios durante gran parte de mi carrera, y eso se queda contigo. Pero Bart estuvo muy encima de mí todo el tiempo por si le llegaba a recordar a Thor y a Tyler Rake. Y me sentí muy vulnerable porque ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”. Un thriller a la vieja usanza Nada de esto significa que Hemsworth se haya cansado de Thor. “He hecho algo distinto con este personaje cada dos películas más o menos. Entre Taika Waititi, los Russo, Vengadores: Endgame … No lamento que mi camino haya sido así, pero ante todo quiero hacer películas que me desafíen, que sean complejas y diferentes”, cuenta el actor meses antes de que vaya a interpretar nuevamente al Dios del Trueno en Vengadores: Doomsday , próximo gran crossover de la franquicia. Ruta de escape , en ese sentido, es un intento sorprendentemente sólido de alejarse de algunas inercias productivas en las que ha ido cayendo Hollywood durante los últimos años. Comandada por actores de primera fila como Hemsworth, Ruffalo y Keoghan —a quienes hay que añadir a Halle Berry y Monica Barbaro, nominada al Oscar el año pasado por Un completo desconocido —, Ruta de escape es una producción de presupuesto medio que confía sobre todo en un guion punzante, cruzado por varias subtramas y personajes secundarios alrededor del ladrón protagonista. Layton es consciente de que es una rara avis , y lamenta el estado en el que se encuentra la industria. Monica Barbaro y Chris Hemsworth en 'Ruta de escape' “La covid aceleró algo que quizá iba a ocurrir de todas formas”, opina sobre la disminución de público en las salas tradicionales. “Ahora la gente tiene su cine en casa, Netflix está en todas partes y existe el instinto de que, si vas al cine, ha de ser un evento. Aunque no sé exactamente qué es un evento”, añade. “Supongo que Marvel y Star Wars . Pero antes teníamos experiencias diferentes, con películas de cualquier presupuesto. Y no había problemas si en los primeros 10 minutos no sucedía nada impactante”. Tanto Layton como Hemsworth tienen presentes unas declaraciones recientes de Matt Damon, asegurando que Netflix exige que todas sus películas empiecen con una gran escena de acción y contextualicen la trama a cada tanto, por si el espectador está mirando el móvil y se pierde. “Durante los 10 minutos iniciales de Ruta de escape no sabes qué está ocurriendo”, comenta Layton sobre la ambiciosa primera secuencia de su película. “Y ese es el sentimiento que buscamos. No sabes adónde vas, pero sabes que estás en buenas manos”. Hemsworth sostiene, por su parte, que “el evento debería limitarse a levantarse del sofá, reunir a la familia, ir al cine y pillar palomitas”. “Ese es todo el evento que necesitamos, pero nos han malacostumbrado a una gratificación instantánea y se ha acortado nuestra capacidad de atención, con tantos medios compitiendo entre sí y con algoritmos que obligan a hacer las películas de cierta manera”. Hemsworth y Layton coinciden en que otro aliciente de Ruta de escape —otro motivo para acudir al cine a verla— es su complejidad dramática. “Nuestro objetivo era que la historia fuera desafiante. Davis puede ser una persona corrupta en tanto a criminal, pero él tiene un código y muchos sistemas, en cambio, son corruptos. La policía, por ejemplo. Uno de los tipos con los que hablé para documentarme había dejado la policía de Los Ángeles por la presión de las cifras de arrestos. Sentía que su trabajo se estaba alejando de la comunidad para ser simplemente algo corporativo”. Es justo lo que le sucede al personaje de Ruffalo. Y lo que le hace empatizar con el de Hemsworth. El actor cree que el punto fuerte de Ruta de escape está en su ambigüedad y en el retrato de “los grises en las áreas de la ley”. “Que los tipos buenos no sean los que llevan la placa necesariamente, y que los tipos malos no sean tan malos como parece. Es lo que me gusta de la película, que representa a seres humanos reales. Se trata de eliminar prejuicios y de admitir que todos hacemos lo que podemos cada día, o al menos lo intentamos desde nuestra perspectiva. Sea cual sea”.

Textiles, luz y percepción: así pueden ayudarte a que tu casa sea un lugar más agradable

Textiles, luz y percepción: así pueden ayudarte a que tu casa sea un lugar más agradable

La temperatura de la luz puede contribuir a modificar el ánimo; la textura de una alfombra, a construir recogimiento o activación Por qué están desapareciendo las puertas de los baños El espacio no es neutral. Cuando entramos en una habitación, el cuerpo responde antes que la conciencia: la temperatura de la luz puede contribuir a modificar el ánimo, la textura de una alfombra, a construir recogimiento o activación. Los textiles y la luz ayudan a construir hogares que respondan al estado emocional, a la hora del día, a cómo necesitamos habitar en cada momento. Diseñadores como Werner Aisslinger, Patricia Urquiola o el estudio danés Aggebo & Henriksen trabajan desde esta comprensión, que también puede ser aplicada en cierta medida a nuestros espacios. Aisslinger recurre a fibras técnicas y estructuras modulares. Urquiola diseña la alfombra Trame, donde color y textura construyen profundidad visual. Aggebo & Henriksen exploran tejidos translúcidos que transforman la relación entre interior y exterior en algo gradual. Maurice Merleau-Ponty lo formuló en Fenomenología de la percepción: el cuerpo no ocupa el espacio, lo habita sensorialmente. Cada textura, cada temperatura cromática, cada grado de transparencia construye experiencia antes que imagen. Textiles que ayudan a cambiar el espacio En espacios abiertos, la alfombra delimita sin cerrar. Una pieza generosa bajo el sofá y la mesa construye territorio. Por ejemplo, el pelo largo en tonos tierra invita al descanso, las fibras planas y geométricas mantienen el espacio activo. El material modula la experiencia: la lana virgen aporta calidez táctil y acústica, el algodón o el yute mantienen la frescura. Las cortinas median entre interior y exterior. Los tejidos translúcidos filtran luz sin bloquearla, modulan la temperatura acústica absorbiendo reverberación y, según la fibra, pueden regular la humedad. Lilly Reich comprendió esta capacidad arquitectónica del textil en su colaboración con Mies van der Rohe. En el Pabellón de Barcelona de 1929 y la Casa Tugendhat, en ambos proyectos, las cortinas de terciopelo no decoraban sino que construían particiones espaciales móviles. Reich empleó telas suspendidas para desdibujar límites arquitectónicos, transformando el textil en elemento estructurante del espacio. En espacios abiertos, la alfombra delimita sin cerrar. Una pieza generosa bajo el sofá y la mesa construye territorio La superposición construye capas de función. Una cortina translúcida como primera barrera filtra la luz diurna. Una opaca proporciona oscuridad total. El color modifica la luz que penetra: los tonos cálidos tiñen el espacio de calidez, los fríos mantienen neutralidad. Los textiles móviles como las mantas, cojines o colchas, introducen variación sin permanencia. Una manta de lana o de un tejido grueso sobre el sofá regula la temperatura física y emocional. Su retirada en verano mantiene el espacio fresco. El color construye calidez o frescura perceptiva aunque no modifique grados reales. La luz como moduladora La luz no solo ilumina: contribuye a modular la actividad cerebral. La temperatura de color, medida en grados Kelvin, y la intensidad luminosa pueden operar sobre el sistema nervioso desencadenando respuestas fisiológicas específicas. Una luminaria cenital con alta intensidad genera un entorno funcional que facilita procesos de atención y concentración. Una lámpara con baja intensidad lumínica transforma el espacio en refugio nocturno, preparando al organismo para el descanso. Estos factores pueden contribuir a modificar ritmos circadianos y estados de ánimo. El color construye calidez o frescura perceptiva aunque no modifique grados reales La luz de tarea, focalizada mediante flexos o lámparas direccionales, responde a necesidades específicas de cada actividad: lectura, trabajo con ordenador, preparación de alimentos. Los espacios domésticos contemporáneos requieren estratificación lumínica en tres niveles operativos. La luz general, cenital o indirecta, establece la base lumínica sin crear zonas de contraste extremo. La luz de tarea, focalizada mediante flexos o lámparas direccionales, responde a necesidades específicas de cada actividad: lectura, trabajo con ordenador, preparación de alimentos. La luz ambiental construye atmósfera sin cumplir una función práctica directa, operando sobre la dimensión emocional y perceptiva del espacio. La regulación independiente de estos circuitos permite reconfigurar el espacio según las necesidades del momento. Los sistemas de bombillas regulables modifican la intensidad y temperatura cromática sin instalaciones complejas. Por la mañana, luz fría de alta intensidad activa. A mediodía, luz neutra para sostener la concentración. Al atardecer, la luz cálida de baja intensidad facilita la transición hacia el reposo. En proyectos recientes, esta lectura conjunta de luz y color se radicaliza en interiores como Espacio Singular , de Rosana Galián del estudio de Arquitectura Ambigua estudio, donde los 70 metros cuadrados de un apartamento en Benidorm se convierten en un único paisaje cromático y lumínico para cocinar, trabajar y recibir. Allí, un fondo continuo de blancura neutra convive con frentes azul eléctrico y fresa ácida, azulejos aerografiados pieza a pieza y vidrios coloreados que tamizan la luz como una vidriera; la misma planta soporta escenas muy distintas según cómo inciden los LED lineales, los focos sobre carril o la luz naranja filtrada en el baño–spa, que cambia por completo la temperatura emocional del espacio. Al atardecer, la luz cálida de baja intensidad facilita la transición hacia el reposo Cuatro aplicaciones prácticas para probar en casa La transformación de un espacio a través de textiles y luz no requiere una inversión significativa, sino comprensión de sus principios operativos. Un salón estándar puede reconfigurarse con cuatro intervenciones básicas. Primera: colocar una alfombra bajo el área de estar, dimensionada para que el sofá y las butacas reposen sobre ella con al menos las patas delanteras. El material depende del clima: lana para ganar calidez acústica y térmica, algodón o yute si buscas frescura. Segunda: instalar bombillas regulables en intensidad y temperatura cromática, organizando tres circuitos independientes correspondientes a luz general, tarea y ambiente. Tercera: incorporar textiles móviles que puedan retirarse o añadirse según la estación y el estado anímico, como por ejemplo una manta gruesa, cojines de distintas texturas o una colcha ligera para verano. Cuarta: instalar cortinas de doble capa en las ventanas principales, combinando tejido translúcido y opaco en la misma barra o en rieles paralelos. Estas cuatro intervenciones operan sobre las tres dimensiones perceptivas que determinan cómo habitamos el espacio. La alfombra organiza espacialmente y absorbe acústicamente, reduciendo reverberación. La iluminación regulable modifica temperatura cromática y construye escenarios lumínicos distintos para distintas actividades dentro del mismo día. Los textiles móviles introducen variación térmica y visual sin alterar la estructura física. Las cortinas modulan la relación con el exterior, construyendo gradaciones de apertura y clausura. La propuesta no consiste en seguir tendencias, sino en reconocer que los espacios domésticos contemporáneos, cada vez más pequeños y precarizados, requieren flexibilidad operativa. A menudo, el mismo salón funciona como oficina durante la mañana, comedor al mediodía y sala de estar al atardecer. Esta multiplicidad de usos no puede resolverse mediante arquitectura fija sin multiplicar los metros cuadrados, recurso cada vez más escaso en entornos urbanos. En espacios híbridos, buscar esa flexibilidad puede ir más allá del mobiliario, buscando apoyo en las superficies textiles y en la luz para recomponer la escena según lo que ocurre.

Chris Hemsworth intenta alejarse de Thor: “Ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”

Chris Hemsworth intenta alejarse de Thor: “Ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”

El actor se reencuentra con otro habitual de Marvel, Mark Ruffalo, al frente de un intenso thriller policíaco que se refleja en una época pre-superhéroes de Hollywood Entrevista - Alice Rohrwacher, cineasta: “Hacer una película con dinero público es un orgullo y una responsabilidad” El Universo de Marvel ya había alcanzado algo así como un clímax a mediados de la década pasada. De modo que a Chris Hemsworth —uno de sus cimientos ineludibles al haber empezado a interpretar a Thor en 2011— no le quedaba otra que convertirse en una estrella de Hollywood en tiempo récord. Sin apenas tiempo de probar otro tipo de papeles, aunque tomando un par de decisiones muy llamativas alrededor del taquillazo histórico que fue Los Vengadores . En 2013, interpretó al piloto James Hunt en Rush , la estupenda película de Ron Howard dedicada a la Fórmula 1. Y, dos años después, se encontró a las órdenes de otro cineasta de prestigio. Este, sin embargo, tenía un trato mucho más difícil que Howard. “No quiero criticar a Michael Mann”, dice Hemsworth en un encuentro con varios periodistas justo antes de criticar a Michael Mann. “Pero su atención al detalle es enfermiza y agotadora. Es muy meticuloso, y para mí fue una experiencia desafiante”. Mann fichó a Hemsworth como protagonista de Blackhat : un thriller informático donde el intérprete de Thor daba vida a un improbable hacker . “Me sentía incómodo e inseguro, y cuestionaba todo lo que hacía. Dudo que de ahí saliera mi mejor interpretación”. Mann, que siempre ha tenido fama de perfeccionista, no se topó con críticas demasiado buenas en Blackhat . Y Hemsworth no tiene por qué lamentar que su experiencia con él no fuera del todo buena, porque desde entonces ha afrontado otros papeles igual de desafiantes con resultados más satisfactorios. El descacharrante alivio cómico de Cazafantasmas (2016). El villano esquizofrénico de Furiosa: De la saga Mad Max (2024). Hemsworth no tendría por qué acordarse de Mann, si no fuera porque el legado de este cineasta es bien palpable en Ruta de escape, s u última película como protagonista donde interpreta a un ladrón de férrea profesionalidad y arraigados principios. Él es Davis, y su gran perseguidor es el detective Lou Lubesnick, que encarna Mark Ruffalo tras haber acompañado a Hemsworth dentro del Universo de Marvel como Hulk —en Thor: Ragnarok incluso fueron coprotagonistas— para integrar una dupla que, desde lados distintos de la ley, acaba forjando una relación de respeto mutuo. Exactamente igual que Robert De Niro y Al Pacino en Heat , la película más famosa de Mann y un espejo en el que Ruta de escape se refleja inevitablemente. Su trama se ambienta asimismo en Los Ángeles. El ladrón deconstruido “No puedes hacer una película policíaca en Los Ángeles sin lidiar con la sombra de Heat ”, admite Bart Layton. Es el director de Ruta de escape . Su filmografía hasta ahora es escueta, pero ha mostrado un interés reiterado por abordar la delincuencia de EEUU desde el desconcierto y una ligera distancia. Porque él es inglés, de Londres, y llamó bastante la atención en 2018 con American Animals . Este filme protagonizado por Evan Peters y Barry Keoghan (también presente en Ruta de escape ) mezclaba ficción con documental para adentrarse en un sorprendente caso real: dos jóvenes que en 2004 habían intentado robar la biblioteca de su universidad. El interés de Layton por matizar psicológicamente a estos personajes halla continuidad en Ruta de escape , adaptación de un relato de Don Winslow. También con los policías y ladrones traumatizados de Heat , claro, aunque en este sentido Layton prefiere distanciarse. “Queríamos algo más cálido. Por supuesto que adoro Heat , pero yo buscaba personajes que se parecieran más a nosotros. Vulnerables, con defectos, con las mismas ansiedades que muchos tenemos. Esa era la idea aunque también queríamos que tuviera una cierta cualidad clásica”. Ahora la gente tiene su cine en casa, Netflix está en todas partes y existe el instinto de que, si vas al cine, ha de ser un evento. Aunque no sé exactamente qué es un evento Bart Layton — Cineasta En una escena de Ruta de escape Davis es comparado con los personajes que interpretó Steve McQueen en la década de los 60, entre Bullitt y, naturalmente, el ladrón de guante blanco de El caso de Thomas Crown . No obstante Hemsworth insiste en subrayar la vulnerabilidad de su personaje frente a McQueen o Robert De Niro, particularmente gracias a su colaboración con Layton. “Mi trato con Bart ha sido muy distinto de cuando trabajé con Mann. Él también tiene precisión y atención al detalle, pero, además, es colaborativo. Y adoro cómo te guía, cómo tiene los brazos abiertos a nuevas ideas. Seguramente esta haya sido mi mejor experiencia en un rodaje”, asegura. La personalidad de Davis se tejió alrededor del guion —coescrito por Layton y Peter Straughan, responsable de la adaptación de Cónclave — y de amplias conversaciones entre actor y director. “Fue muy constructivo hablar con Bart sobre su visión del personaje, sobre lo humano que era este tipo y lo mucho que dudaba de sí mismo”, explica Hemsworth. “Todas esas emociones humanas que normalmente no vemos dentro del sistema operativo del supuesto criminal, héroe o antihéroe, llámalo como quieras. Pensé que la vulnerabilidad podía conectar con el público”. Para el australiano fue “terapéutico” ponerse en la piel de David, cuyo último y más difícil golpe centra el argumento de Ruta de escape . “Al interpretarlo empecé a explotar esas emociones dentro de mí. Me metí en la piel de otra persona y vi el mundo a través de una lente diferente que también me permitía mirar hacia atrás, hacia mí mismo”. El mismo Hemsworth admite que ha sido un gran cambio tras los personajes que viene interpretando en otras películas de acción, desde Thor hasta el protagonista de Tyler Rake . “Puedes intentar que parezcan humanos, pero cuantos más tipos malos derrotan y más misiones cumplen, menos cercanos parecen”. “Cuando han recibido 4.000 disparos, y sabes que recibirán 4.000 más, y sabes que aun así estarán de vuelta en la siguiente película… El escapismo es divertido también, claro. Pero Davis no solo es un tipo duro, y lo que he encontrado en él ha sido tan desafiante como para desnudar mi propia personalidad”. Hemsworth sugiere que había llegado a creerse esa fachada viril antes de Ruta de escape: “He interpretado a un dios durante gran parte de mi carrera, y eso se queda contigo. Pero Bart estuvo muy encima de mí todo el tiempo por si le llegaba a recordar a Thor y a Tyler Rake. Y me sentí muy vulnerable porque ya no podía esconderme bajo esa imagen de masculinidad”. Un thriller a la vieja usanza Nada de esto significa que Hemsworth se haya cansado de Thor. “He hecho algo distinto con este personaje cada dos películas más o menos. Entre Taika Waititi, los Russo, Vengadores: Endgame … No lamento que mi camino haya sido así, pero ante todo quiero hacer películas que me desafíen, que sean complejas y diferentes”, cuenta el actor meses antes de que vaya a interpretar nuevamente al Dios del Trueno en Vengadores: Doomsday , próximo gran crossover de la franquicia. Ruta de escape , en ese sentido, es un intento sorprendentemente sólido de alejarse de algunas inercias productivas en las que ha ido cayendo Hollywood durante los últimos años. Comandada por actores de primera fila como Hemsworth, Ruffalo y Keoghan —a quienes hay que añadir a Halle Berry y Monica Barbaro, nominada al Oscar el año pasado por Un completo desconocido —, Ruta de escape es una producción de presupuesto medio que confía sobre todo en un guion punzante, cruzado por varias subtramas y personajes secundarios alrededor del ladrón protagonista. Layton es consciente de que es una rara avis , y lamenta el estado en el que se encuentra la industria. Monica Barbaro y Chris Hemsworth en 'Ruta de escape' “La covid aceleró algo que quizá iba a ocurrir de todas formas”, opina sobre la disminución de público en las salas tradicionales. “Ahora la gente tiene su cine en casa, Netflix está en todas partes y existe el instinto de que, si vas al cine, ha de ser un evento. Aunque no sé exactamente qué es un evento”, añade. “Supongo que Marvel y Star Wars . Pero antes teníamos experiencias diferentes, con películas de cualquier presupuesto. Y no había problemas si en los primeros 10 minutos no sucedía nada impactante”. Tanto Layton como Hemsworth tienen presentes unas declaraciones recientes de Matt Damon, asegurando que Netflix exige que todas sus películas empiecen con una gran escena de acción y contextualicen la trama a cada tanto, por si el espectador está mirando el móvil y se pierde. “Durante los 10 minutos iniciales de Ruta de escape no sabes qué está ocurriendo”, comenta Layton sobre la ambiciosa primera secuencia de su película. “Y ese es el sentimiento que buscamos. No sabes adónde vas, pero sabes que estás en buenas manos”. Hemsworth sostiene, por su parte, que “el evento debería limitarse a levantarse del sofá, reunir a la familia, ir al cine y pillar palomitas”. “Ese es todo el evento que necesitamos, pero nos han malacostumbrado a una gratificación instantánea y se ha acortado nuestra capacidad de atención, con tantos medios compitiendo entre sí y con algoritmos que obligan a hacer las películas de cierta manera”. Hemsworth y Layton coinciden en que otro aliciente de Ruta de escape —otro motivo para acudir al cine a verla— es su complejidad dramática. “Nuestro objetivo era que la historia fuera desafiante. Davis puede ser una persona corrupta en tanto a criminal, pero él tiene un código y muchos sistemas, en cambio, son corruptos. La policía, por ejemplo. Uno de los tipos con los que hablé para documentarme había dejado la policía de Los Ángeles por la presión de las cifras de arrestos. Sentía que su trabajo se estaba alejando de la comunidad para ser simplemente algo corporativo”. Es justo lo que le sucede al personaje de Ruffalo. Y lo que le hace empatizar con el de Hemsworth. El actor cree que el punto fuerte de Ruta de escape está en su ambigüedad y en el retrato de “los grises en las áreas de la ley”. “Que los tipos buenos no sean los que llevan la placa necesariamente, y que los tipos malos no sean tan malos como parece. Es lo que me gusta de la película, que representa a seres humanos reales. Se trata de eliminar prejuicios y de admitir que todos hacemos lo que podemos cada día, o al menos lo intentamos desde nuestra perspectiva. Sea cual sea”.

Textiles, luz y percepción: así pueden ayudarte a que tu casa sea un lugar más agradable

Textiles, luz y percepción: así pueden ayudarte a que tu casa sea un lugar más agradable

La temperatura de la luz puede contribuir a modificar el ánimo; la textura de una alfombra, a construir recogimiento o activación Por qué están desapareciendo las puertas de los baños El espacio no es neutral. Cuando entramos en una habitación, el cuerpo responde antes que la conciencia: la temperatura de la luz puede contribuir a modificar el ánimo, la textura de una alfombra, a construir recogimiento o activación. Los textiles y la luz ayudan a construir hogares que respondan al estado emocional, a la hora del día, a cómo necesitamos habitar en cada momento. Diseñadores como Werner Aisslinger, Patricia Urquiola o el estudio danés Aggebo & Henriksen trabajan desde esta comprensión, que también puede ser aplicada en cierta medida a nuestros espacios. Aisslinger recurre a fibras técnicas y estructuras modulares. Urquiola diseña la alfombra Trame, donde color y textura construyen profundidad visual. Aggebo & Henriksen exploran tejidos translúcidos que transforman la relación entre interior y exterior en algo gradual. Maurice Merleau-Ponty lo formuló en Fenomenología de la percepción: el cuerpo no ocupa el espacio, lo habita sensorialmente. Cada textura, cada temperatura cromática, cada grado de transparencia construye experiencia antes que imagen. Textiles que ayudan a cambiar el espacio En espacios abiertos, la alfombra delimita sin cerrar. Una pieza generosa bajo el sofá y la mesa construye territorio. Por ejemplo, el pelo largo en tonos tierra invita al descanso, las fibras planas y geométricas mantienen el espacio activo. El material modula la experiencia: la lana virgen aporta calidez táctil y acústica, el algodón o el yute mantienen la frescura. Las cortinas median entre interior y exterior. Los tejidos translúcidos filtran luz sin bloquearla, modulan la temperatura acústica absorbiendo reverberación y, según la fibra, pueden regular la humedad. Lilly Reich comprendió esta capacidad arquitectónica del textil en su colaboración con Mies van der Rohe. En el Pabellón de Barcelona de 1929 y la Casa Tugendhat, en ambos proyectos, las cortinas de terciopelo no decoraban sino que construían particiones espaciales móviles. Reich empleó telas suspendidas para desdibujar límites arquitectónicos, transformando el textil en elemento estructurante del espacio. En espacios abiertos, la alfombra delimita sin cerrar. Una pieza generosa bajo el sofá y la mesa construye territorio La superposición construye capas de función. Una cortina translúcida como primera barrera filtra la luz diurna. Una opaca proporciona oscuridad total. El color modifica la luz que penetra: los tonos cálidos tiñen el espacio de calidez, los fríos mantienen neutralidad. Los textiles móviles como las mantas, cojines o colchas, introducen variación sin permanencia. Una manta de lana o de un tejido grueso sobre el sofá regula la temperatura física y emocional. Su retirada en verano mantiene el espacio fresco. El color construye calidez o frescura perceptiva aunque no modifique grados reales. La luz como moduladora La luz no solo ilumina: contribuye a modular la actividad cerebral. La temperatura de color, medida en grados Kelvin, y la intensidad luminosa pueden operar sobre el sistema nervioso desencadenando respuestas fisiológicas específicas. Una luminaria cenital con alta intensidad genera un entorno funcional que facilita procesos de atención y concentración. Una lámpara con baja intensidad lumínica transforma el espacio en refugio nocturno, preparando al organismo para el descanso. Estos factores pueden contribuir a modificar ritmos circadianos y estados de ánimo. El color construye calidez o frescura perceptiva aunque no modifique grados reales La luz de tarea, focalizada mediante flexos o lámparas direccionales, responde a necesidades específicas de cada actividad: lectura, trabajo con ordenador, preparación de alimentos. Los espacios domésticos contemporáneos requieren estratificación lumínica en tres niveles operativos. La luz general, cenital o indirecta, establece la base lumínica sin crear zonas de contraste extremo. La luz de tarea, focalizada mediante flexos o lámparas direccionales, responde a necesidades específicas de cada actividad: lectura, trabajo con ordenador, preparación de alimentos. La luz ambiental construye atmósfera sin cumplir una función práctica directa, operando sobre la dimensión emocional y perceptiva del espacio. La regulación independiente de estos circuitos permite reconfigurar el espacio según las necesidades del momento. Los sistemas de bombillas regulables modifican la intensidad y temperatura cromática sin instalaciones complejas. Por la mañana, luz fría de alta intensidad activa. A mediodía, luz neutra para sostener la concentración. Al atardecer, la luz cálida de baja intensidad facilita la transición hacia el reposo. En proyectos recientes, esta lectura conjunta de luz y color se radicaliza en interiores como Espacio Singular , de Rosana Galián del estudio de Arquitectura Ambigua estudio, donde los 70 metros cuadrados de un apartamento en Benidorm se convierten en un único paisaje cromático y lumínico para cocinar, trabajar y recibir. Allí, un fondo continuo de blancura neutra convive con frentes azul eléctrico y fresa ácida, azulejos aerografiados pieza a pieza y vidrios coloreados que tamizan la luz como una vidriera; la misma planta soporta escenas muy distintas según cómo inciden los LED lineales, los focos sobre carril o la luz naranja filtrada en el baño–spa, que cambia por completo la temperatura emocional del espacio. Al atardecer, la luz cálida de baja intensidad facilita la transición hacia el reposo Cuatro aplicaciones prácticas para probar en casa La transformación de un espacio a través de textiles y luz no requiere una inversión significativa, sino comprensión de sus principios operativos. Un salón estándar puede reconfigurarse con cuatro intervenciones básicas. Primera: colocar una alfombra bajo el área de estar, dimensionada para que el sofá y las butacas reposen sobre ella con al menos las patas delanteras. El material depende del clima: lana para ganar calidez acústica y térmica, algodón o yute si buscas frescura. Segunda: instalar bombillas regulables en intensidad y temperatura cromática, organizando tres circuitos independientes correspondientes a luz general, tarea y ambiente. Tercera: incorporar textiles móviles que puedan retirarse o añadirse según la estación y el estado anímico, como por ejemplo una manta gruesa, cojines de distintas texturas o una colcha ligera para verano. Cuarta: instalar cortinas de doble capa en las ventanas principales, combinando tejido translúcido y opaco en la misma barra o en rieles paralelos. Estas cuatro intervenciones operan sobre las tres dimensiones perceptivas que determinan cómo habitamos el espacio. La alfombra organiza espacialmente y absorbe acústicamente, reduciendo reverberación. La iluminación regulable modifica temperatura cromática y construye escenarios lumínicos distintos para distintas actividades dentro del mismo día. Los textiles móviles introducen variación térmica y visual sin alterar la estructura física. Las cortinas modulan la relación con el exterior, construyendo gradaciones de apertura y clausura. La propuesta no consiste en seguir tendencias, sino en reconocer que los espacios domésticos contemporáneos, cada vez más pequeños y precarizados, requieren flexibilidad operativa. A menudo, el mismo salón funciona como oficina durante la mañana, comedor al mediodía y sala de estar al atardecer. Esta multiplicidad de usos no puede resolverse mediante arquitectura fija sin multiplicar los metros cuadrados, recurso cada vez más escaso en entornos urbanos. En espacios híbridos, buscar esa flexibilidad puede ir más allá del mobiliario, buscando apoyo en las superficies textiles y en la luz para recomponer la escena según lo que ocurre.

Carta abierta al CEO de Telegram

Carta abierta al CEO de Telegram

¿Qué concepto de libertad maneja usted exactamente? Porque últimamente da la sensación de que la libertad se ha convertido en el concepto más invocado y, al mismo tiempo, más degradado de nuestro vocabulario público. Bajo su bandera se especula con la vivienda, se justifica la elusión fiscal, se mercantilizan los cuerpos y se contamina el planeta Señor Pavel Durov, agradezco su mensaje alertando sobre los riesgos para la libertad que entrañan las medidas regulatorias anunciadas por el Gobierno español para restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales y plataformas digitales. Sin embargo, tras leerlo detenidamente, no he podido evitar cierta confusión: ¿qué concepto de libertad maneja usted exactamente? Porque últimamente da la sensación de que la libertad se ha convertido en el concepto más invocado y, al mismo tiempo, más degradado de nuestro vocabulario público. Bajo su bandera se especula con la vivienda, se justifica la elusión fiscal, se mercantilizan los cuerpos y se contamina el planeta. Y también en su nombre, conviene decirlo con claridad, se ha construido un ecosistema digital que genera dependencia y adicción desde edades cada vez más tempranas. Frente a esta noción estrecha y egoísta de la libertad, entendida como mera ausencia de límites a hacer lo que a uno le da la gana sin pensar en las consecuencias, hay una tradición política que va del mundo griego al republicanismo moderno que la ha entendido de forma muy distinta: como una praxis colectiva, una responsabilidad compartida y una construcción deliberada de condiciones materiales e institucionales que la hagan efectiva para todos. Yo entiendo que para alguien que se encuentra entre las mayores fortunas del planeta y que posee la capacidad, mediante un solo clic, de hacer llegar su mensaje a más de mil millones de personas, esta concepción exigente y compartida de la libertad resulte incómoda, pues implicaría renunciar a sus privilegios y situar el bien común por encima de su interés privado. Y, sin embargo, desde ese mismo deber cívico es desde donde muchos ciudadanos sentimos la obligación de rebelarnos ante el desamparo en el que quedan nuestros hijos frente a empresas cuyo modelo de negocio se alimenta de su atención y de su dependencia. Su apuesta por reducir la libertad a la mera ausencia de interferencia estatal pertenece a un mundo del pasado frente a los retos que tenemos hoy ante nosotros. Como ya han alertado muy convincentemente autores como Shoshana Zuboff y Jaron Lanier, los sistemas predictivos y los algoritmos dirigidos por el lucro -como los que emplean las redes sociales más populares condicionan con una eficacia extraordinaria lo que millones de niños, niñas y adolescentes hacen, consumen o incluso llegan a pensar. ¿Qué autonomía y criterio pueden desarrollar en ese contexto? ¿Es realmente posible hablar de libertad? El problema no es tanto preservar a toda costa la privacidad, sino que remite a una cuestión más profunda: cómo construir las condiciones materiales, institucionales y culturales que hagan posible una capacidad real de decisión autónoma. Habla usted de un gobierno democrático como el español como si se tratara de una especie de Leviatán cuyo fin último fuera controlar a sus ciudadanos. Lejos de la imagen de un Estado todopoderoso e intervencionista, la práctica cotidiana del gobierno en España -y en muchas otras democracias- revela más bien una gran contención. Si algo puede reprocharse hoy al poder público en las democracias liberales es su tendencia a actuar con excesiva cautela, casi siempre a la defensiva, condicionado tanto por el temor a equivocarse como por fuerzas estructurales - económicas y privadas- que constriñen enormemente su capacidad de iniciativa. Las posibles derivas autoritarias que usted atribuye a una mayor regulación de las redes sociales -el silenciamiento de disidencias políticas o la restricción del debate abierto-, no son un riesgo hipotético, sino una realidad ya visible en países como Estados Unidos o Hungría, donde precisamente las redes sociales han desempeñado un papel central en el ascenso de fuerzas políticas que simplifican hasta el absurdo la conversación pública, promueven el odio y generan una dinámica amigo-enemigo que erosiona las condiciones mínimas de la convivencia democrática. Son estas redes, más que la acción reguladora del Estado, las que están contribuyendo a debilitar la confianza en la democracia y sus perspectivas de futuro. Conviene recordar, además, una advertencia clásica del pensamiento liberal democrático. En 'La sociedad abierta y sus enemigos' (1945), Karl Popper formuló la conocida paradoja de la tolerancia: una sociedad que se muestra ilimitadamente tolerante frente a prácticas y dinámicas intolerantes acaba por socavar las condiciones mismas que hacen posible la tolerancia. No se trata, por tanto, de legitimar la censura ni de restringir el pluralismo, sino de asumir que la democracia necesita reglas que protejan su propio funcionamiento. Aplicado al entorno digital, esto implica reconocer que dejar sin regulación infraestructuras comunicativas que amplifican sistemáticamente el odio, la desinformación o la polarización extrema no es una defensa de la libertad, sino una renuncia a preservarla. Compréndalo señor Durov, muchos ciudadanos preferimos que el espacio donde nuestros niños y jóvenes se comunican, se informan y socializan esté regulado por gobiernos elegidos democráticamente y sometidos a control público, y no por un reducido número de empresas privadas movidas exclusivamente por el afán de lucro, como han demostrado reiteradamente estos últimos años. Esa preferencia no es autoritarismo ni censura, sino una defensa elemental de la democracia y de la libertad entendida como bien común.

"Algo" contra el vacío: Rufián pone a la izquierda ante su espejo

"Algo" contra el vacío: Rufián pone a la izquierda ante su espejo

Lo que pide Rufián no se mide en siglas, sino en coraje, y en la capacidad de abandonar el balcón de la pureza y volver a bajar al barro del debate político real A veces, el lenguaje del hartazgo dice más que un mitin entero. Cuando Gabriel Rufián pide “inventar algo” frente al ascenso de la extrema derecha, no está siquiera proponiendo un nuevo programa político, sino verbalizando el cansancio acumulado por varias generaciones de personas progresistas que sienten que la izquierda se ha convertido en un rompecabezas sin imagen final. En ese “algo” se condensa el eco de una intuición: que, si nada cambia, nos vamos -como él mismo advierte- “al carajo”. Ya nos hemos ido, de hecho, y quizá la única opción a la que podamos aspirar es a encontrar el camino de regreso del maldito carajo. La puesta en escena es conocida: una convocatoria ambigua, un discurso que apela a los pueblos antes que a las siglas, un reconocimiento de que el miedo al fascismo se extiende mientras la izquierda sigue obsesionada con sus lindes identitarias. Pero lo que realmente hace temblar no es la convocatoria de Rufián ni su juego con la retórica del desborde; lo que asusta es el reconocimiento implícito de que la izquierda confederada o de coalición, esa galaxia de proyectos que nació para romper el bipartidismo y democratizar la representación del Estado, se ha convertido en un mosaico que ya no encaja. Sumar, Podemos, IU, los Comuns, EH Bildu, ERC, BNG, Más Madrid son nombres de un mismo espectro –repito: espectro– que hoy parecen más distantes entre sí que de sus adversarios. Cada uno defiende su narrativa: el “realismo” de Sumar, la “coherencia” de IU, la “obediencia” nacional de Bildu o el “protagonismo” republicano de Esquerra. Y mientras cada uno define los márgenes de su soberanía interna, la extrema derecha avanza con paso decidido, sin complejos, sin matices, sin apologías de la pluralidad. Avanza porque sabe lo que quiere: poder. La pregunta de Rufián —¿de qué sirve tener cuatro diputados más si el ministro del Interior será Abascal?— no es retórica. Es esencial, existencial. Se refiere a un proyecto político que, en lugar de preguntarse cómo aunar fuerzas, se consolida en su fragmentación. La izquierda, confederada o de coalición, parece haber olvidado que el poder institucional no se defiende con falsa o paralizante pureza, sino con una estrategia cuyos pilares son las ideas, pero cuyos avances no se fortalecen de verdad con discursos en redes, sino con alianzas estables, incluso incómodas. En el trasfondo de las declaraciones de Rufián -siempre certeras, necesarias, bienvenidas- queda algo mucho más profundo: la crisis de sentido. Desde el ciclo del 15M han pasado más de diez años, y aquella energía transformadora que prometía un país nuevo se ha convertido en una melancolía de siglas y escisiones. Sumar, que aspiraba a ser el punto de reencuentro, se transformó en una estructura difusa, tan coral que suena desafinada. La vieja izquierda, por su parte, se refugia en su memoria industrial, como si la nostalgia fuera un programa político. Y los partidos soberanistas, que habían brindado una mirada federal y plurinacional, se repliegan sobre sus propias causas, temerosos de diluir su identidad. Gabriel Rufián -político que ha logrado un respeto casi unánime sin perder un ápide de fuerza, frescura y veracidad- ha entendido algo que muchos dirigentes aún no asumen: que la batalla cultural frente al autoritarismo no se gana solo con gestión, ni con pactos de despacho. Se gana en la calle, en la emoción, en la capacidad de construir relación, de ofrecer horizonte. Mientras las ultraderechas convierten la política en espectáculo, la izquierda responde con procedimentalismo, con debates interminables sobre competencias y estructuras internas. Pero las urnas no entienden de reglamentos. La propuesta de Rufián de un frente plurinacional no es aún una hoja de ruta, pero ya es un reto. Una forma de gritar al ecosistema progresista que este barco hace aguas y que nadie parece dispuesto a achicar. Porque si algo une a todos los actores del espacio de la izquierda, conferederado o coaligado, es el miedo a perder su trocito de autoridad. Lo de siempre. Cada partido defiende su parcela como un territorio sagrado, sin comprender que esa actitud, más que garantizar su supervivencia, acelera su irrelevancia. Acabarán por saberlo. La reacción inmediata a la estimulante (ya no nos atreveríamos a calificarla de ilusionante) provocación de Rufián ha sido fría, casi indiferente. ERC le ha recordado que su firma no es negociable. Bildu anuncia que no participará en ningún proyecto fuera de Euskal Herria. El BNG reafirma su autonomía gallega. Sumar insiste en su fórmula de coaliciones “serias y discretas”. Todos tienen razón en algo, pero todos se equivocan en lo esencial: que el fascismo no respeta fronteras ni estatutos, solo debilidades. Mientras tanto, fuera del Congreso de los Diputados, la gente está agotada. Los sueldos son insuficientes, los alquileres se disparan, los servicios públicos se resienten. La precariedad ha dejado de ser una excepción para convertirse en el suelo vital de millones de personas. En ese caldo de frustración, la extrema derecha siembra su discurso de falso orden y de resentimiento, y al parecer lo hace con eficacia. Frente a eso, la izquierda ofrece principios y una moral inalienables, pero le falta un motor: el “algo” que pide Rufián. El “algo” que pide Rufián no se mide en siglas, sino en coraje, y en la capacidad de abandonar el balcón de la pureza y volver a bajar al barro del debate político real, en volver a nombrar el país desde la calle, desde los cuerpos que la habitan, desde las heridas abiertas. Puede que su apuesta acabe solo en una intuición dispersa (una certeza, más bien, tratándose de un político tan lúcido como Rufán). Pero al menos señala el agujero. “Más cabeza y menos pureza”, ha escrito. Tal vez habría que añadir: más piel y menos cálculo. Porque la izquierda, cuando olvida el temblor que la funda, se vuelve contable. Y los contables pueden gestionar presupuestos, pero no levantar la esperanza. Si el porvenir se decide entre el cinismo y la lucidez, la pregunta es quién será capaz de inventar ese “algo” antes de que el vacío lo ocupe todo. Gabriel Rufián siempre ha demostrado ser capaz, muy capaz. Siempre ha tenido ese “algo” que unos y otras frente al espejo.

Bienvenida la última (por ahora) regularización extraordinaria de inmigrantes

Bienvenida la última (por ahora) regularización extraordinaria de inmigrantes

Están calando muy significativamente los mensajes negativos, detectándose que la población contraria a la inmigración está creciendo significativamente, al extremo que en ciertos territorios alcanza mayorías muy fuertes La verdadera “crisis migratoria” es laboral La normativa en materia de inmigración contempla un sistema general de regularización permanente, por tanto, de vigencia indefinida, que proporciona unos resultados muy positivos de integración natural de los flujos migratorios. No obstante, periódicamente se van formando bolsas de inmigración irregular, que no pueden ser atendidas con los sistemas ordinarios, que muestran su insuficiencia. El resultado es que se va incrementando considerablemente el número de extranjeros asentados en la práctica en el territorio, en gran medida integrados en nuestra sociedad desde las perspectivas más variadas, excepto por el hecho de encontrarse sin papeles. Frente a ello, periódicamente se ponen en marcha procedimientos extraordinarios de regularización , en el sentido de que se trata de regularizaciones puntuales, con unos requisitos diferentes más amplios de los habituales. Al primero de los sistemas, el permanente, algunos erróneamente lo identifican como un régimen de regularización “individualizada”, como si el de carácter extraordinario no lo fuese, cuando no es cierto. Los sistemas de regularización extraordinarios también están sometidos al cumplimiento de requisitos concretos, cuya concurrencia se contrasta después también de manera individualizada, caso por caso. En el fondo, el mensaje que se quiere mandar es que los procedimientos de regularización extraordinaria son un “coladero”, a los que se acogen automáticamente de manera indiscriminada todos cuantos lo solicitan, lo que no es cierto, ni respecto de la automaticidad ni en cuanto a la arbitrariedad en su concesión. Puede discutirse si los requisitos exigidos para esta regularización extraordinaria son demasiado amplios o no, pero es difícil que se ponga en duda su necesidad, tanto por razones de justicia con quienes trabajando se ganan la vida con su esfuerzo, se integran en la sociedad , sin que funcionen debidamente los canales ordinarios de regularización, como por motivos prácticos de funcionamiento del mercado de trabajo y de financiación de las políticas públicas. El mismo presidente de Foment del Treball, la patronal catalana, la ha apoyado, afirmando que “las empresas necesitamos la inmigración como el aire para respirar”. Las falsedades son muy burdas, como que la regularización incrementa el censo electoral. Cansa tener que negar también que actúe como efecto llamada. Para qué hablar de la ridiculez de la amenaza de un posible gran reemplazo Lo más preocupante de todo es que se ataca la regularización de inmigrantes, cuando no se ha hecho nunca. Algo que formaba parte del consenso institucional, se intenta derribar con falsedades, que acaban cansando, pareciendo que resulta inútil desmentirlos; por tanto, parece estéril el esfuerzo de argumentar frente a quienes les da igual cualquier tipo de razonamiento, pues son impermeables a cualquier debate, ya que parten de eslóganes inmutables. Para empezar, regularización extraordinaria no quiere decir excepcional, pues le han precedido 6 a lo largo del período democrático: tres con Felipe González, dos con Aznar y una con Rodríguez Zapatero. Más aún, lo más previsible es que esta regularización no será la última, sino que vendrá sucedida por otras, mientras la evolución de nuestro mercado de trabajo lo sea con tendencia al crecimiento continuado. La presente regularización se va a producir por medio de la aprobación de un Real Decreto de reforma del Reglamento de extranjería, tal como se ha hecho en otras ocasiones, precedido de una votación de aval parlamentario, con una legitimación política indiscutible, sin que se pueda poner en duda su respeto a la legalidad vigente, ni por el procedimiento elegido ni por el contenido del Real Decreto que lo establece. Incluso si se comparan los requisitos exigidos para las regularizaciones precedentes, son bastante similares a la que se pone en marcha ahora. Las falsedades son muy burdas, como que la regularización incrementa el censo electoral. Cansa tener que decir que es falso, el permiso de residencia no otorga el derecho al voto, aparte de que ataca el derecho a que quien prolonga regularmente su residencia en el país, con plena integración, pueda tener derecho en el futuro a nacionalizarse y, con ello, a ejercer su derecho al voto como cualquier otro; sin que esté garantizado que el voto se va a decantar a favor de quien acordó regularizarlo, existiendo pruebas en otros ámbitos que contradicen esas seguridades respecto de las previsibles conductas en la dirección del voto. Cansa tener que negar que un proceso de regularización actúe como efecto llamada de nuevos flujos migratorios, cuando está demostrado que es la evolución del mercado de trabajo, las mayores o menores oportunidades de empleo, las que deciden el incremento de la inmigración o su retorno. Cansa tener que dar datos que contradicen la afirmación de que la inmigración aumenta la criminalidad y la inseguridad pública. Cansa tener que demostrar que el deterioro grave de ciertos servicios públicos (sanidad, educación, servicios sociales) no encuentra su causa principal en la inmigración y, mucho menos, en los procesos de regularización extraordinaria. Para qué hablar de la ridiculez de la amenaza de un posible gran reemplazo; procesos de afluencia de población extranjera los hemos tenido y muchos a lo largo de la historia y, si de algo tenemos que arrepentirnos, es de las políticas de expulsiones masivas. No cabe la menor duda de que la medida va a contracorriente de las tendencias que se observan a nivel internacional, incluso en la Unión Europea, pero también puede presentarse como un mensaje hacia fuera en el sentido de que otra respuesta es posible y que nos está dando muy buenos resultados. Se mire por donde se mire, este proceso de regularización hace justicia y traerá todo tipo de beneficios, mientras que en Estados Unidos ya se empiezan a sentir los efectos negativos sobre la economía de las deportaciones masivas. No deberíamos otra cosa que manifestar nuestro respeto y reconocimiento a todos los inmigrantes que viven y trabajan de acuerdo con lo que vinieron buscando, incluido el reconocimiento a sus hijos ya nacidos en nuestro país. Lo que no puede hacerse es recibir un importante flujo de inmigración sin efectuar las necesarias inversiones en los servicios públicos, ya de por sí saturados. Ello obliga a incrementar la financiación en la sanidad, la educación, los medios de transporte, sin olvidar el problema no menor de la vivienda Lo preocupante, sin que podamos cerrar los ojos frente a esta realidad, es que están calando muy significativamente los mensajes negativos, detectándose que la población contraria a la inmigración está creciendo significativamente, al extremo que en ciertos territorios alcanza mayorías muy fuertes. Frente a ello, hay que reaccionar y no basta con las medidas de regularización. Debe tenerse muy presente que no puede actuarse es como si los flujos migratorios saliesen gratis total. En un modelo constitucional como el que nos hemos dado, todos los residentes, sean nacionales o sean extranjeros, tienen derechos; y los derechos ejercidos en la práctica suponen un coste económico que debemos atender; por lo demás un coste muy inferior a lo que ellos aportan. Lo que no puede hacerse es recibir un importante flujo de inmigración sin efectuar las necesarias inversiones en los servicios públicos, ya de por sí saturados. Ello obliga a incrementar la financiación en la sanidad, la educación, los medios de transporte, sin olvidar el problema no menor de la vivienda. Hay que ser muy conscientes de que, si no se realizan este tipo de inversiones públicas, el perjuicio será general y, con el mismo, reforzamos a quienes aprovechan a río revuelto para alimentar el racismo y el odio al extranjero. Tampoco puede desconocerse que los procesos de inmigración en masa, como los que hemos vivido, provocan cambios sociales cualitativos. Experimentamos proceso complicados desde la uniformidad a la diversidad en los más diversos aspectos, comenzando por los culturales. La diversidad nos enriquece sin la menor duda, pero también es cierto que nos mete en dificultades. Eso sí, desde luego cerrar la puerta a las regularizaciones lo único que provoca es todo lo contrario, el incremento de esas dificultades. En todo caso, no basta con decir que aceptamos a todas las formas de pensar, porque unas son respetables y otras no. No basta con exigir, hay que convencer; no basta, por ejemplo, con decir que rechazamos los matrimonios forzados, sino que hay que proteger a las víctimas; no basta con repudiar la discriminación de la mujer en ciertos ámbitos, sino que hay que hacer los esfuerzos necesarios para cambiar las “tradiciones”, porque muchas hay que proscribirlas, empezando por algunas de las consideradas como “nuestras”, que no lo son tales. Incluso no basta con proscribirlas, sino que hay que fomentar el cambio de valores.

Carta abierta al CEO de Telegram

Carta abierta al CEO de Telegram

¿Qué concepto de libertad maneja usted exactamente? Porque últimamente da la sensación de que la libertad se ha convertido en el concepto más invocado y, al mismo tiempo, más degradado de nuestro vocabulario público. Bajo su bandera se especula con la vivienda, se justifica la elusión fiscal, se mercantilizan los cuerpos y se contamina el planeta Señor Pavel Durov, agradezco su mensaje alertando sobre los riesgos para la libertad que entrañan las medidas regulatorias anunciadas por el Gobierno español para restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales y plataformas digitales. Sin embargo, tras leerlo detenidamente, no he podido evitar cierta confusión: ¿qué concepto de libertad maneja usted exactamente? Porque últimamente da la sensación de que la libertad se ha convertido en el concepto más invocado y, al mismo tiempo, más degradado de nuestro vocabulario público. Bajo su bandera se especula con la vivienda, se justifica la elusión fiscal, se mercantilizan los cuerpos y se contamina el planeta. Y también en su nombre, conviene decirlo con claridad, se ha construido un ecosistema digital que genera dependencia y adicción desde edades cada vez más tempranas. Frente a esta noción estrecha y egoísta de la libertad, entendida como mera ausencia de límites a hacer lo que a uno le da la gana sin pensar en las consecuencias, hay una tradición política que va del mundo griego al republicanismo moderno que la ha entendido de forma muy distinta: como una praxis colectiva, una responsabilidad compartida y una construcción deliberada de condiciones materiales e institucionales que la hagan efectiva para todos. Yo entiendo que para alguien que se encuentra entre las mayores fortunas del planeta y que posee la capacidad, mediante un solo clic, de hacer llegar su mensaje a más de mil millones de personas, esta concepción exigente y compartida de la libertad resulte incómoda, pues implicaría renunciar a sus privilegios y situar el bien común por encima de su interés privado. Y, sin embargo, desde ese mismo deber cívico es desde donde muchos ciudadanos sentimos la obligación de rebelarnos ante el desamparo en el que quedan nuestros hijos frente a empresas cuyo modelo de negocio se alimenta de su atención y de su dependencia. Su apuesta por reducir la libertad a la mera ausencia de interferencia estatal pertenece a un mundo del pasado frente a los retos que tenemos hoy ante nosotros. Como ya han alertado muy convincentemente autores como Shoshana Zuboff y Jaron Lanier, los sistemas predictivos y los algoritmos dirigidos por el lucro -como los que emplean las redes sociales más populares condicionan con una eficacia extraordinaria lo que millones de niños, niñas y adolescentes hacen, consumen o incluso llegan a pensar. ¿Qué autonomía y criterio pueden desarrollar en ese contexto? ¿Es realmente posible hablar de libertad? El problema no es tanto preservar a toda costa la privacidad, sino que remite a una cuestión más profunda: cómo construir las condiciones materiales, institucionales y culturales que hagan posible una capacidad real de decisión autónoma. Habla usted de un gobierno democrático como el español como si se tratara de una especie de Leviatán cuyo fin último fuera controlar a sus ciudadanos. Lejos de la imagen de un Estado todopoderoso e intervencionista, la práctica cotidiana del gobierno en España -y en muchas otras democracias- revela más bien una gran contención. Si algo puede reprocharse hoy al poder público en las democracias liberales es su tendencia a actuar con excesiva cautela, casi siempre a la defensiva, condicionado tanto por el temor a equivocarse como por fuerzas estructurales - económicas y privadas- que constriñen enormemente su capacidad de iniciativa. Las posibles derivas autoritarias que usted atribuye a una mayor regulación de las redes sociales -el silenciamiento de disidencias políticas o la restricción del debate abierto-, no son un riesgo hipotético, sino una realidad ya visible en países como Estados Unidos o Hungría, donde precisamente las redes sociales han desempeñado un papel central en el ascenso de fuerzas políticas que simplifican hasta el absurdo la conversación pública, promueven el odio y generan una dinámica amigo-enemigo que erosiona las condiciones mínimas de la convivencia democrática. Son estas redes, más que la acción reguladora del Estado, las que están contribuyendo a debilitar la confianza en la democracia y sus perspectivas de futuro. Conviene recordar, además, una advertencia clásica del pensamiento liberal democrático. En 'La sociedad abierta y sus enemigos' (1945), Karl Popper formuló la conocida paradoja de la tolerancia: una sociedad que se muestra ilimitadamente tolerante frente a prácticas y dinámicas intolerantes acaba por socavar las condiciones mismas que hacen posible la tolerancia. No se trata, por tanto, de legitimar la censura ni de restringir el pluralismo, sino de asumir que la democracia necesita reglas que protejan su propio funcionamiento. Aplicado al entorno digital, esto implica reconocer que dejar sin regulación infraestructuras comunicativas que amplifican sistemáticamente el odio, la desinformación o la polarización extrema no es una defensa de la libertad, sino una renuncia a preservarla. Compréndalo señor Durov, muchos ciudadanos preferimos que el espacio donde nuestros niños y jóvenes se comunican, se informan y socializan esté regulado por gobiernos elegidos democráticamente y sometidos a control público, y no por un reducido número de empresas privadas movidas exclusivamente por el afán de lucro, como han demostrado reiteradamente estos últimos años. Esa preferencia no es autoritarismo ni censura, sino una defensa elemental de la democracia y de la libertad entendida como bien común.

"Algo" contra el vacío: Rufián pone a la izquierda ante su espejo

"Algo" contra el vacío: Rufián pone a la izquierda ante su espejo

Lo que pide Rufián no se mide en siglas, sino en coraje, y en la capacidad de abandonar el balcón de la pureza y volver a bajar al barro del debate político real A veces, el lenguaje del hartazgo dice más que un mitin entero. Cuando Gabriel Rufián pide “inventar algo” frente al ascenso de la extrema derecha, no está siquiera proponiendo un nuevo programa político, sino verbalizando el cansancio acumulado por varias generaciones de personas progresistas que sienten que la izquierda se ha convertido en un rompecabezas sin imagen final. En ese “algo” se condensa el eco de una intuición: que, si nada cambia, nos vamos -como él mismo advierte- “al carajo”. Ya nos hemos ido, de hecho, y quizá la única opción a la que podamos aspirar es a encontrar el camino de regreso del maldito carajo. La puesta en escena es conocida: una convocatoria ambigua, un discurso que apela a los pueblos antes que a las siglas, un reconocimiento de que el miedo al fascismo se extiende mientras la izquierda sigue obsesionada con sus lindes identitarias. Pero lo que realmente hace temblar no es la convocatoria de Rufián ni su juego con la retórica del desborde; lo que asusta es el reconocimiento implícito de que la izquierda confederada o de coalición, esa galaxia de proyectos que nació para romper el bipartidismo y democratizar la representación del Estado, se ha convertido en un mosaico que ya no encaja. Sumar, Podemos, IU, los Comuns, EH Bildu, ERC, BNG, Más Madrid son nombres de un mismo espectro –repito: espectro– que hoy parecen más distantes entre sí que de sus adversarios. Cada uno defiende su narrativa: el “realismo” de Sumar, la “coherencia” de IU, la “obediencia” nacional de Bildu o el “protagonismo” republicano de Esquerra. Y mientras cada uno define los márgenes de su soberanía interna, la extrema derecha avanza con paso decidido, sin complejos, sin matices, sin apologías de la pluralidad. Avanza porque sabe lo que quiere: poder. La pregunta de Rufián —¿de qué sirve tener cuatro diputados más si el ministro del Interior será Abascal?— no es retórica. Es esencial, existencial. Se refiere a un proyecto político que, en lugar de preguntarse cómo aunar fuerzas, se consolida en su fragmentación. La izquierda, confederada o de coalición, parece haber olvidado que el poder institucional no se defiende con falsa o paralizante pureza, sino con una estrategia cuyos pilares son las ideas, pero cuyos avances no se fortalecen de verdad con discursos en redes, sino con alianzas estables, incluso incómodas. En el trasfondo de las declaraciones de Rufián -siempre certeras, necesarias, bienvenidas- queda algo mucho más profundo: la crisis de sentido. Desde el ciclo del 15M han pasado más de diez años, y aquella energía transformadora que prometía un país nuevo se ha convertido en una melancolía de siglas y escisiones. Sumar, que aspiraba a ser el punto de reencuentro, se transformó en una estructura difusa, tan coral que suena desafinada. La vieja izquierda, por su parte, se refugia en su memoria industrial, como si la nostalgia fuera un programa político. Y los partidos soberanistas, que habían brindado una mirada federal y plurinacional, se repliegan sobre sus propias causas, temerosos de diluir su identidad. Gabriel Rufián -político que ha logrado un respeto casi unánime sin perder un ápide de fuerza, frescura y veracidad- ha entendido algo que muchos dirigentes aún no asumen: que la batalla cultural frente al autoritarismo no se gana solo con gestión, ni con pactos de despacho. Se gana en la calle, en la emoción, en la capacidad de construir relación, de ofrecer horizonte. Mientras las ultraderechas convierten la política en espectáculo, la izquierda responde con procedimentalismo, con debates interminables sobre competencias y estructuras internas. Pero las urnas no entienden de reglamentos. La propuesta de Rufián de un frente plurinacional no es aún una hoja de ruta, pero ya es un reto. Una forma de gritar al ecosistema progresista que este barco hace aguas y que nadie parece dispuesto a achicar. Porque si algo une a todos los actores del espacio de la izquierda, conferederado o coaligado, es el miedo a perder su trocito de autoridad. Lo de siempre. Cada partido defiende su parcela como un territorio sagrado, sin comprender que esa actitud, más que garantizar su supervivencia, acelera su irrelevancia. Acabarán por saberlo. La reacción inmediata a la estimulante (ya no nos atreveríamos a calificarla de ilusionante) provocación de Rufián ha sido fría, casi indiferente. ERC le ha recordado que su firma no es negociable. Bildu anuncia que no participará en ningún proyecto fuera de Euskal Herria. El BNG reafirma su autonomía gallega. Sumar insiste en su fórmula de coaliciones “serias y discretas”. Todos tienen razón en algo, pero todos se equivocan en lo esencial: que el fascismo no respeta fronteras ni estatutos, solo debilidades. Mientras tanto, fuera del Congreso de los Diputados, la gente está agotada. Los sueldos son insuficientes, los alquileres se disparan, los servicios públicos se resienten. La precariedad ha dejado de ser una excepción para convertirse en el suelo vital de millones de personas. En ese caldo de frustración, la extrema derecha siembra su discurso de falso orden y de resentimiento, y al parecer lo hace con eficacia. Frente a eso, la izquierda ofrece principios y una moral inalienables, pero le falta un motor: el “algo” que pide Rufián. El “algo” que pide Rufián no se mide en siglas, sino en coraje, y en la capacidad de abandonar el balcón de la pureza y volver a bajar al barro del debate político real, en volver a nombrar el país desde la calle, desde los cuerpos que la habitan, desde las heridas abiertas. Puede que su apuesta acabe solo en una intuición dispersa (una certeza, más bien, tratándose de un político tan lúcido como Rufán). Pero al menos señala el agujero. “Más cabeza y menos pureza”, ha escrito. Tal vez habría que añadir: más piel y menos cálculo. Porque la izquierda, cuando olvida el temblor que la funda, se vuelve contable. Y los contables pueden gestionar presupuestos, pero no levantar la esperanza. Si el porvenir se decide entre el cinismo y la lucidez, la pregunta es quién será capaz de inventar ese “algo” antes de que el vacío lo ocupe todo. Gabriel Rufián siempre ha demostrado ser capaz, muy capaz. Siempre ha tenido ese “algo” que unos y otras frente al espejo.

Bienvenida la última (por ahora) regularización extraordinaria de inmigrantes

Bienvenida la última (por ahora) regularización extraordinaria de inmigrantes

Están calando muy significativamente los mensajes negativos, detectándose que la población contraria a la inmigración está creciendo significativamente, al extremo que en ciertos territorios alcanza mayorías muy fuertes La verdadera “crisis migratoria” es laboral La normativa en materia de inmigración contempla un sistema general de regularización permanente, por tanto, de vigencia indefinida, que proporciona unos resultados muy positivos de integración natural de los flujos migratorios. No obstante, periódicamente se van formando bolsas de inmigración irregular, que no pueden ser atendidas con los sistemas ordinarios, que muestran su insuficiencia. El resultado es que se va incrementando considerablemente el número de extranjeros asentados en la práctica en el territorio, en gran medida integrados en nuestra sociedad desde las perspectivas más variadas, excepto por el hecho de encontrarse sin papeles. Frente a ello, periódicamente se ponen en marcha procedimientos extraordinarios de regularización , en el sentido de que se trata de regularizaciones puntuales, con unos requisitos diferentes más amplios de los habituales. Al primero de los sistemas, el permanente, algunos erróneamente lo identifican como un régimen de regularización “individualizada”, como si el de carácter extraordinario no lo fuese, cuando no es cierto. Los sistemas de regularización extraordinarios también están sometidos al cumplimiento de requisitos concretos, cuya concurrencia se contrasta después también de manera individualizada, caso por caso. En el fondo, el mensaje que se quiere mandar es que los procedimientos de regularización extraordinaria son un “coladero”, a los que se acogen automáticamente de manera indiscriminada todos cuantos lo solicitan, lo que no es cierto, ni respecto de la automaticidad ni en cuanto a la arbitrariedad en su concesión. Puede discutirse si los requisitos exigidos para esta regularización extraordinaria son demasiado amplios o no, pero es difícil que se ponga en duda su necesidad, tanto por razones de justicia con quienes trabajando se ganan la vida con su esfuerzo, se integran en la sociedad , sin que funcionen debidamente los canales ordinarios de regularización, como por motivos prácticos de funcionamiento del mercado de trabajo y de financiación de las políticas públicas. El mismo presidente de Foment del Treball, la patronal catalana, la ha apoyado, afirmando que “las empresas necesitamos la inmigración como el aire para respirar”. Las falsedades son muy burdas, como que la regularización incrementa el censo electoral. Cansa tener que negar también que actúe como efecto llamada. Para qué hablar de la ridiculez de la amenaza de un posible gran reemplazo Lo más preocupante de todo es que se ataca la regularización de inmigrantes, cuando no se ha hecho nunca. Algo que formaba parte del consenso institucional, se intenta derribar con falsedades, que acaban cansando, pareciendo que resulta inútil desmentirlos; por tanto, parece estéril el esfuerzo de argumentar frente a quienes les da igual cualquier tipo de razonamiento, pues son impermeables a cualquier debate, ya que parten de eslóganes inmutables. Para empezar, regularización extraordinaria no quiere decir excepcional, pues le han precedido 6 a lo largo del período democrático: tres con Felipe González, dos con Aznar y una con Rodríguez Zapatero. Más aún, lo más previsible es que esta regularización no será la última, sino que vendrá sucedida por otras, mientras la evolución de nuestro mercado de trabajo lo sea con tendencia al crecimiento continuado. La presente regularización se va a producir por medio de la aprobación de un Real Decreto de reforma del Reglamento de extranjería, tal como se ha hecho en otras ocasiones, precedido de una votación de aval parlamentario, con una legitimación política indiscutible, sin que se pueda poner en duda su respeto a la legalidad vigente, ni por el procedimiento elegido ni por el contenido del Real Decreto que lo establece. Incluso si se comparan los requisitos exigidos para las regularizaciones precedentes, son bastante similares a la que se pone en marcha ahora. Las falsedades son muy burdas, como que la regularización incrementa el censo electoral. Cansa tener que decir que es falso, el permiso de residencia no otorga el derecho al voto, aparte de que ataca el derecho a que quien prolonga regularmente su residencia en el país, con plena integración, pueda tener derecho en el futuro a nacionalizarse y, con ello, a ejercer su derecho al voto como cualquier otro; sin que esté garantizado que el voto se va a decantar a favor de quien acordó regularizarlo, existiendo pruebas en otros ámbitos que contradicen esas seguridades respecto de las previsibles conductas en la dirección del voto. Cansa tener que negar que un proceso de regularización actúe como efecto llamada de nuevos flujos migratorios, cuando está demostrado que es la evolución del mercado de trabajo, las mayores o menores oportunidades de empleo, las que deciden el incremento de la inmigración o su retorno. Cansa tener que dar datos que contradicen la afirmación de que la inmigración aumenta la criminalidad y la inseguridad pública. Cansa tener que demostrar que el deterioro grave de ciertos servicios públicos (sanidad, educación, servicios sociales) no encuentra su causa principal en la inmigración y, mucho menos, en los procesos de regularización extraordinaria. Para qué hablar de la ridiculez de la amenaza de un posible gran reemplazo; procesos de afluencia de población extranjera los hemos tenido y muchos a lo largo de la historia y, si de algo tenemos que arrepentirnos, es de las políticas de expulsiones masivas. No cabe la menor duda de que la medida va a contracorriente de las tendencias que se observan a nivel internacional, incluso en la Unión Europea, pero también puede presentarse como un mensaje hacia fuera en el sentido de que otra respuesta es posible y que nos está dando muy buenos resultados. Se mire por donde se mire, este proceso de regularización hace justicia y traerá todo tipo de beneficios, mientras que en Estados Unidos ya se empiezan a sentir los efectos negativos sobre la economía de las deportaciones masivas. No deberíamos otra cosa que manifestar nuestro respeto y reconocimiento a todos los inmigrantes que viven y trabajan de acuerdo con lo que vinieron buscando, incluido el reconocimiento a sus hijos ya nacidos en nuestro país. Lo que no puede hacerse es recibir un importante flujo de inmigración sin efectuar las necesarias inversiones en los servicios públicos, ya de por sí saturados. Ello obliga a incrementar la financiación en la sanidad, la educación, los medios de transporte, sin olvidar el problema no menor de la vivienda Lo preocupante, sin que podamos cerrar los ojos frente a esta realidad, es que están calando muy significativamente los mensajes negativos, detectándose que la población contraria a la inmigración está creciendo significativamente, al extremo que en ciertos territorios alcanza mayorías muy fuertes. Frente a ello, hay que reaccionar y no basta con las medidas de regularización. Debe tenerse muy presente que no puede actuarse es como si los flujos migratorios saliesen gratis total. En un modelo constitucional como el que nos hemos dado, todos los residentes, sean nacionales o sean extranjeros, tienen derechos; y los derechos ejercidos en la práctica suponen un coste económico que debemos atender; por lo demás un coste muy inferior a lo que ellos aportan. Lo que no puede hacerse es recibir un importante flujo de inmigración sin efectuar las necesarias inversiones en los servicios públicos, ya de por sí saturados. Ello obliga a incrementar la financiación en la sanidad, la educación, los medios de transporte, sin olvidar el problema no menor de la vivienda. Hay que ser muy conscientes de que, si no se realizan este tipo de inversiones públicas, el perjuicio será general y, con el mismo, reforzamos a quienes aprovechan a río revuelto para alimentar el racismo y el odio al extranjero. Tampoco puede desconocerse que los procesos de inmigración en masa, como los que hemos vivido, provocan cambios sociales cualitativos. Experimentamos proceso complicados desde la uniformidad a la diversidad en los más diversos aspectos, comenzando por los culturales. La diversidad nos enriquece sin la menor duda, pero también es cierto que nos mete en dificultades. Eso sí, desde luego cerrar la puerta a las regularizaciones lo único que provoca es todo lo contrario, el incremento de esas dificultades. En todo caso, no basta con decir que aceptamos a todas las formas de pensar, porque unas son respetables y otras no. No basta con exigir, hay que convencer; no basta, por ejemplo, con decir que rechazamos los matrimonios forzados, sino que hay que proteger a las víctimas; no basta con repudiar la discriminación de la mujer en ciertos ámbitos, sino que hay que hacer los esfuerzos necesarios para cambiar las “tradiciones”, porque muchas hay que proscribirlas, empezando por algunas de las consideradas como “nuestras”, que no lo son tales. Incluso no basta con proscribirlas, sino que hay que fomentar el cambio de valores.

La tormenta perfecta del fascismo en España

La tormenta perfecta del fascismo en España

Impunidad del fascismo. Lluvia ingente de dinero para promocionar la ultraderecha. Desinformación. Algoritmos. Medios de manipulación. Ataque continuado, judicial incluido, contra Sánchez y su entorno. No votar derechos, sino dardos envenados La tendencia es mundial -en distintos grados- pero hay causas concretas que explican el momento actual del auge de la ultraderecha en España. En todas partes hay algo más que insatisfacción con las respuestas de la política: hay… mucho dinero oculto invertido en el triunfo de los fascismos. Se viene avisando desde hace tiempo y desde posiciones muy fundamentadas y, al no pararlo, va a más. Crece Vox en las elecciones autonómicas. Acaba de ocurrir en Aragón, como hace poco en Extremadura. El Partido Popular, el tronco del que nació el partido ultra, ha promocionado su ascenso con sus actitudes erráticas, no cabe duda. Pero no olvidemos las raíces: el fascismo franquista permaneció en nuestra sociedad absolutamente impune. Y eso se paga. Vivir décadas en una dictadura afecta al carácter y a sus reacciones de diversas formas. Opuestas incluso. Una es el acatamiento servil, y ejemplo entre muchos, el de aquellas madres que decían a su hija maltratada por el marido: “aguanta, hija mía, aguanta”. Apoyada por la abuela, si era el caso, y desde luego por el sacerdote confesor. En otras personas vivir en una dictadura produce una rebeldía irreductible. Aragón presumió de ella siempre, porque desde mucho antes venía. Siglos. Los nobles aragoneses exigían al rey en su juramento como tal unos requisitos lapidarios: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. Eran los nobles, no la plebe, pero por algo se empieza. Y, de hecho, las Cortes aragonesas fueron de alguna manera un precedente del federalismo. Probablemente por obligación, dados los potentes territorios que aglutinaba, desde el Condado de Barcelona, a los reinos de Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña y Nápoles y el propio reino de Aragón. El Justicia de Aragón fue otro precedente: el primer Defensor del pueblo u Ombudsman, que se sepa, y lo fue desde el año 1.115. Siempre presumió Aragón de su coraje. Desde echar a los franceses en Zaragoza a apellidar, mucho antes incluso, a uno de sus reyes, Alfonso I el Batallador. Ya ven lo que hacen ahora los cachorros ultras en los mítines en plena Plaza del Pilar, enmarcada por una Basílica, una Catedral (La Seo), el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento. Aragón alojó incluso, en Fraga, una cédula libertaria extrema durante la guerra civil que hasta abogaba por instituir el amor libre; ahora votan Vox porque el pueblo acoge a emigrantes que les trabajan el campo y les recogen la fruta. Y no olviden la osadía de Benasque, en Huesca, que salía en procesión religiosa durante todo el franquismo cantando algo muy parecido al Himno de Riego, muy parecido. Somos peculiares los nacidos en Aragón. El sentimiento regionalista ha sido muy potente siempre, pero se fue debilitando para caer sustituido por una especie de baturrismo costumbrista, que es otra cosa. Parece que el espíritu aragonés vuelve a emerger vibrante en la actual Chunta Aragonesista. A la vez es intenso en Aragón el anticatalanismo “por agravios comparativos”. Javier Lambán lo practicaba y seguro que ha restado votos al PSOE de Pilar Alegría. Los aragoneses se partieron el pecho hace décadas por defender el agua del Ebro, que no se trasvasara a Catalunya y, de hecho, se paró el proyecto. Ahora Azcón está embarcado en 28 proyectos de Centros de Datos , “pan para hoy, hambre para mañana”. Los más grandes: Azora (300 megavatios), el de ACS en La Puebla de Alfindén (300 mg) o el Rhodes, de Blackstone ( 650 mg). Si todos salen adelante, consumirían cinco veces la energía de Aragón. ¿Qué quedará para los ciudadanos? Los más gruesos nubarrones de la tormenta perfecta del fascismo en España se alojan en ese manto que dejó absolutamente impune al franquismo y lo ha cubierto al punto de no enseñarlo en los colegios. Al parecer, muchos jóvenes simpatizantes de Vox, del PP incluso, ignoran lo que fue aquello. Lo que son sus herederos y eso es peor si cabe. España registró una evolución extraordinaria desde la Transición, eso sin duda. A pesar de todos los pesares. Algunos la traían de antes, de toda una vida y por sus propios medios. El caso es que se fue saliendo de aquel pozo unos por propia voluntad, otros arrastrados por la inercia de cambio, de logro democrático. El voto condicionado es otro factor decisivo. Gran vendaval que agita la tormenta perfecta. En conjunto hay quienes no saben, al parecer, que votan contra sus intereses. Contra las pensiones, contra la sanidad pública, los derechos de las mujeres... El economista y escritor, José Luis Sampedro, decía que la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica que debe asistir a todo verdadero ciudadano movido por el interés común, que los votos están muy condicionados. Y sabemos que en los últimos años se ha usado hasta la manipulación de los algoritmos en redes sociales para alterar elecciones. Al final se ha caído de bruces en la sociedad del espectáculo, la que ha pasado -casi sin prescindir de ningún ingrediente adocenador- de la televisión basura a la jungla de las redes y a las plataformas demasiado pobladas de estúpidos que logran vivir del cuento cautivando adeptos. A medios que han dejado de ser informativos para realizar una especie de terrorismo informativo. El bulo, la mentira, la calumnia. El PP y sus medios han logrado convertir a Pedro Sánchez en un enemigo público. Y multitud de sus becerros cuentan historias aberrantes sobre él de corrupciones sin fin, prostitución, organizaciones mafiosas. Sin pruebas. Los procesos de claro lawfare se han prodigado en ayuda de esa destrucción de la persona que gobierna este país. Y ya hay hasta quien acude al autoproclamado sheriff malote del universo, Elon Musk para que castigue a Sánchez . Se apunta hasta Feijóo que sigue podrido de rabia y envidia a pesar de los “éxitos” electorales que proclama.   O Felipe González, quien una vez más comparece cuando el PSOE está en momentos bajos, para atizar a Sánchez y ver si por fin consigue tumbarle. Sánchez ha cometido fallos en el difícil equilibrio de sus apoyos parlamentarios, pero creo que nadie con un sentido estricto de la justicia puede sentirse cómodo con la lapidación y despiece que se hace de él y su familia. Porque, de querer buscar algún atenuante a semejante cacería, no está en la suciedad de intenciones de quienes la practican. Anotemos, además, como factor crucial de esa tormenta perfecta la inacción de los gobiernos, de este también, para combatir los peligros que se ciernen sobre la democracia. Sin duda los de derechas ni lo han intentado. Y vista la evolución de Felipe González queda bastante probado que se limitó a darle un maquillaje -muy efectivo- a este país. Fue Zapatero y su gobierno los que impulsaron medidas avanzadas, el odiado quizás por eso. Los de Sánchez han sido más timoratos. Acosado sin tregua y sin piedad Podemos, y luego el propio presidente y su familia. Gabriel Rufian decía tras los resultados electorales de Aragón: “Lo que viene no se para con siglas, se para con pueblos”. Y con los gobiernos democráticos, añado. Porque venir, viene, y es tarea ingente pero no imposible para detenerlo. No se trata solo de acabar con el fascismo en las redes sociales, hay que abordarlo también en los estamentos esenciales de un Estado democrático flaquean. Y todos sabemos cuáles son y los lastres que están dejando. Cuánto queda por investigar seriamente de lo que vemos estupefactos los ciudadanos. Cuesta creer que no se actúe con rigor ni contra los bulos, las graves calumnias, las amenazas. Hay que resolverlo en bien de la sociedad, por la democracia. Y urge. Es inaplazable. La rueda ha vuelto a girar como siempre. Hoy las portadas normalizaban el fiasco en el que se ha metido el PP con este nuevo resultado electoral. Con verbos floridos: Feijóo tiende la mano a Vox , reta a Vox o tiende la alfombra a Vox . La ultraderecha española sigue ascendiendo en las encuestas. En el Teruel que ha situado a Vox como segundo partido más votado, le contaban a El Mundo, que ese aluvión de votos recibido es “por el porte de Abascal” y “su defensa del toro y la caza”. Una lluvia ingente de dinero para promocionar la ultraderecha que facilita lucros selectivos. El ataque continuado, judicial incluido, contra el PSOE por gobernar. El odio como política y el insulto como reclamo. La desinformación creciente. No votar derechos, sino dardos envenenados, en muchos casos. Algo hay que hacer. Ya.