Un vendaval se lleva al Barça por delante

Un vendaval se lleva al Barça por delante

Un torbellino pasó por el Metropolitano entre las 21.00 y las 21.45 de ayer jueves. Tal fue la fuerza del viento que a los blaugrana les costó literalmente mantenerse en pie sobre el campo, fueron de resbalón en resbalón. Ya en la primera jugada del partido Giuliano Simeone atacó el tobillo de Balde. Toda una declaración de intenciones. El Atleti superó al Barça en agresividad, en intensidad y supo cómo atacarle los espacios a la espalda. Simeone maneja un equipo en el que conviven guerreros con finos estilistas y cuando cada uno hace bien su trabajo te atropellan. Los rojiblancos lo hicieron todo bien y el Barça todo mal. Entró tibio, torpe con el balón, tarde a la presión, concediendo los espacios habituales a la espalda de la defensa y poco eficaz ante puerta en las pocas ocasiones que tuvo en la primera mitad. Se vio superado como pocas veces el equipo de Flick. Y después todo lo que pudo salir mal, salió mal. A Joan García, siempre muy seguro con el balón en los pies, le pasa la pelota por debajo y regala el primero. Cuando puedes empatar a Fermín se le va el remate al larguero. Julián, que últimamente no le hacía gol al arcoíris, te enchufa el cuarto justo antes del descanso. Giuliano se libra de la roja directa justo al inicio de la segunda parte, no hubo revisión. Cubarsí marca en el minuto seis de la reanudación y tras siete minutos de mirar y remirar la jugada te lo acaban anulando por un milimétrico fuera de juego con trazado manual que te lo tendrás que creer. Y para rematar expulsión merecida de Eric cuando tratabas de hacer por lo menos uno, esta vez sí hubo revisión. El Atleti fue mejor, el Barça jugó mal, tampoco tuvo suerte y el campo estaba fatal. El asterisco es que faltan Pedri y Raphinha. En el Barça se dice que importa el qué pero también el cómo. Y hay formas y formas de perder. Se puede perder como en Milán o como en el Metropolitano. Si hacemos una lectura en clave Champions es para preocuparse porque la derrota del Metropolitano recuerda a la de Stamford Bridge. Otro equipo intenso, físico, pero con jugadores de calidad arriba que te pasa por encima. No sólo te gana, te pasa por encima. Vuelve aquella sensación de que al Barça no le va a dar cuando vuelva a cruzarse con un equipo de ese nivel en Europa, y los hay varios.

Cucho y Chimy vuelven a entrenarse con el grupo

Cucho y Chimy vuelven a entrenarse con el grupo

Buenas noticias en el penúltimo entrenamiento del Real Betis antes del duelo de la 24ª jornada de LaLiga ante el Real Mallorca en Son Moix. Y es que Manuel Pellegrini ha contado con dos altas en la sesión. Cucho Hernández y Chimy Ávila han vuelto a ejercitarse junto al resto de sus compañeros en el arranque de la sesión celebrada en uno de los campos de la ciudad deportiva Luis del Sol. Ambos futbolistas acumularon el miércoles y el jueves, junto a Bellerín, sendos entrenamientos sobre el césped y haciendo ejercicios con balón, pero al margen del equipo y este viernes han regresado a la dinámica del grupo, al menos de forma parcial. El resto de compañeros les ha dado la 'bienvenida' con el habitual pasillito de collejas con el que han celebrado la recuperación de ambos futbolistas. Aún así, está por ver si los dos o al menos el Chimy Ávila, formará parte de la convocatoria para el duelo del domingo a las 21 horas en Palma. Cabe la posibilidad de que el argentino sí integre la relación de expedicionarios, pero que con el Cucho Hernández se tenga un poco más de cautela, que la próxima semana acumule más entrenamientos con el grupo y ya sí esté totalmente recuperado para el Betis - Rayo del sábado 21 de febrero a las 16.15 horas. Por el contrario, Antony , que ayer volvió a ejercitarse con el resto de compañeros, hoy ha iniciado la sesión en el gimnasio , dentro del plan de trabajo individualizado que el brasileño está teniendo por la pubalgia que sufre desde hace ya varias semanas. Mañana sábado se entrenará por última vez el Betis en la ciudad deportiva Luis del Sol y por la tarde viajará hasta las Islas Baleares para jugar el domingo por la noche ante el Mallorca de Arrasate.

Los autónomos pagan hasta 14 puntos más de impuestos a Hacienda que las grandes empresas

Los autónomos pagan hasta 14 puntos más de impuestos a Hacienda que las grandes empresas

Los autónomos pagan hasta 14 puntos porcentuales más de impuestos a Hacienda que las grandes empresas si se tiene en cuenta el tipo medio efectivo, según ha desvelado este viernes la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA). En concreto, la organización ha denunciado la brecha fiscal y considera que «consolida una desigualdad en el … Continuar leyendo "Los autónomos pagan hasta 14 puntos más de impuestos a Hacienda que las grandes empresas"

Los límites de velocidad en la red ferroviaria de Rodalies seguirán hasta el mes de abril

Los límites de velocidad en la red ferroviaria de Rodalies seguirán hasta el mes de abril

La totalidad de las 200 limitaciones de velocidad de la red ferroviaria de Rodalies, las Cercanías catalanas, se levantaran en abril. Así, al menos, lo prevé el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, quien ha avanzado este viernes que la mitad de las limitaciones se podrán eliminar ya en febrero. La consejera Sílvia Paneque, por su parte, ha informado de que, desde el accidente de Gelida (Barcelona), se están invirtiendo 100 millones de euros por la «emergencia». Santano, que está instalado en Barcelona desde el 3 de febrero por exigencia del Govern catalán y que seguirá en la capital catalana una semana más, ha concretado que desde el accidente mortal de Gelida -falleció el maquinista en prácticas de un convoy- se han detectado 91 puntos de obra urgentes en los que trabajar. De estos, 20 ya han sido resueltos y, por lo tanto, quedan 71 por resolver. «Ahora mismo, hay 200 limitaciones temporales de velocidad. Aproximadamente el 50% vienen de obras que ya estaban en marcha y el resto son derivadas de las obras de emergencia, que vamos a eliminar entre este momento y el mes de abril», ha dicho Santano, en una rueda de prensa, acompañado de la consejera Paneque y desde la estación de Sants (Barcelona). [En ampliación]

La furia cíclica del Guadalquivir: las históricas y olvidadas inundaciones de Córdoba que empequeñecen a la actual

La furia cíclica del Guadalquivir: las históricas y olvidadas inundaciones de Córdoba que empequeñecen a la actual

La reciente crecida del río Guadalquivir a su paso por Córdoba ha traído a la memoria colectiva la vulnerabilidad de la ciudad ante la fuerza del agua. Sin embargo, este fenómeno no es nuevo. El profesor y escritor José Carlos Aranda, autor de 'Las leyendas de Córdoba', ha investigado las crónicas del pasado para revelar que las riadas actuales son solo un eco de eventos mucho más catastróficos que se repiten de forma cíclica. Según Aranda, la alternancia entre sequías extremas y lluvias persistentes es un patrón histórico. Su investigación, apoyada en obras como 'Historia Crítica de las Rías de Sevilla' de Francisco Borja Paloma, documenta inundaciones desde 1554, destacando la conocida como la 'Gran Riada', que alcanzó los 10.000 metros cúbicos por segundo a su paso por Sevilla. "Es una cuestión cíclica", afirma el experto, subrayando que la historia del río, llamado Betis en la antigüedad, está marcada por estos episodios de furia. Uno de los hallazgos más sorprendentes de Aranda proviene de un libro poco conocido, 'Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba', que narra la primera riada documentada en la ciudad en 1480. Este evento, ocurrido durante el obispado de Fray Alonso de Burgos, fue precedido por "una sequía pertinaz de tres años", tras la cual se desataron lluvias incesantes. La crónica es estremecedora al describir las consecuencias. El relato detalla que estuvo lloviendo desde el 19 de diciembre al 27 de febrero, un periodo que sumergió la ciudad hasta extremos hoy inimaginables. La situación fue tan brutal que, según los escritos, "los barcos navegaban por la calle de la Feria y había cadáveres flotando en el arroyo de San Lorenzo". En medio de la tragedia, también surgieron actos heroicos, como el de un hijo que salvó a su padre de morir ahogado, un supuesto milagro narrado por el prior del convento de los Mártires. Otro episodio devastador tuvo lugar el 11 de diciembre de 1876. Una crónica de la época describe cómo los arroyos de Rabanales, Pedroches y Las Piedras se desbordaron, cubriendo los terraplenes del ferrocarril y provocando un descarrilamiento en el puente de hierro. Milagrosamente, y a pesar de la magnitud del desastre, solo se registró una víctima mortal, un niño. El nivel del agua en 1876 subió de forma implacable. La cronología de la subida detalla que a las seis de la mañana ya quedaban expuestas solo dos hiladas del murallón. A las cinco de la tarde, el agua lo sobrepasaba y cubría los bancos de la Ribera. A medianoche, calles como Leinares, Candelaria y Baños estaban anegadas, y en San Lorenzo el agua alcanzó un metro de altura, cegando casi todos los ojos del Puente Romano y anegando por completo el Campo de la Verdad y la Huerta de la Fuente Santa. La principal obra de defensa de la ciudad, el Murallón de la Ribera, fue una empresa titánica que dio lugar a un dicho popular entre los cordobeses: "Esto dura más que la obra del Murallón". No es para menos, ya que su construcción comenzó en 1802 y no finalizó hasta 1912, más de un siglo después. A pesar de su existencia, no siempre fue suficiente para contener la fuerza del río. Prueba de ello fue la riada de 1917, posterior a la finalización del murallón, que igualmente inundó el barrio de la Fuente Santa. De hecho, en el santuario de este barrio todavía existen azulejos que marcan el extraordinario nivel que alcanzó el agua en aquella ocasión, un testimonio mudo de que ni siquiera las mayores obras de ingeniería podían domar por completo al Guadalquivir. En la antigüedad, la relación de Córdoba con su río era muy diferente. José Carlos Aranda explica que el Guadalquivir era navegable en tramos ahora impracticables gracias a dos factores clave: los barcos, tipo paniches, tenían un calado muy bajo y, fundamentalmente, el lecho del río "estaba muchísimo más limpio". La construcción del Puente Romano marcó el límite de la navegación aguas arriba. El mantenimiento del calado se debía, en gran medida, a una actividad ahora perdida. "El tener el río y la base del río como cantera para extraer arena y canto rodado, yo creo que era una de las claves para mantener la profundidad necesaria", señala Aranda. La extracción de canto rodado para los suelos de los patios era un trabajo artesanal que, indirectamente, ayudaba a dragar el lecho fluvial. Hoy en día, el debate se centra en factores como la deforestación, la erosión agrícola y la ocupación de zonas inundables. Aunque Aranda reconoce que "edificar en sitios inundables" en las grandes ciudades como Córdoba conlleva una "problemática" evidente, considera que la orografía de las sierras y los afluentes principales que aportan un enorme caudal no ha sufrido una manipulación tan drástica, conservando una fisonomía muy similar a la de la época romana.

La furia cíclica del Guadalquivir: las históricas y olvidadas inundaciones de Córdoba que empequeñecen a la actual

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La reciente crecida del río Guadalquivir a su paso por Córdoba ha traído a la memoria colectiva la vulnerabilidad de la ciudad ante la fuerza del agua. Sin embargo, este fenómeno no es nuevo. El profesor y escritor José Carlos Aranda, autor de 'Las leyendas de Córdoba', ha investigado las crónicas del pasado para revelar que las riadas actuales son solo un eco de eventos mucho más catastróficos que se repiten de forma cíclica. Según Aranda, la alternancia entre sequías extremas y lluvias persistentes es un patrón histórico. Su investigación, apoyada en obras como 'Historia Crítica de las Rías de Sevilla' de Francisco Borja Paloma, documenta inundaciones desde 1554, destacando la conocida como la 'Gran Riada', que alcanzó los 10.000 metros cúbicos por segundo a su paso por Sevilla. "Es una cuestión cíclica", afirma el experto, subrayando que la historia del río, llamado Betis en la antigüedad, está marcada por estos episodios de furia. Uno de los hallazgos más sorprendentes de Aranda proviene de un libro poco conocido, 'Casos raros ocurridos en la ciudad de Córdoba', que narra la primera riada documentada en la ciudad en 1480. Este evento, ocurrido durante el obispado de Fray Alonso de Burgos, fue precedido por "una sequía pertinaz de tres años", tras la cual se desataron lluvias incesantes. La crónica es estremecedora al describir las consecuencias. El relato detalla que estuvo lloviendo desde el 19 de diciembre al 27 de febrero, un periodo que sumergió la ciudad hasta extremos hoy inimaginables. La situación fue tan brutal que, según los escritos, "los barcos navegaban por la calle de la Feria y había cadáveres flotando en el arroyo de San Lorenzo". En medio de la tragedia, también surgieron actos heroicos, como el de un hijo que salvó a su padre de morir ahogado, un supuesto milagro narrado por el prior del convento de los Mártires. Otro episodio devastador tuvo lugar el 11 de diciembre de 1876. Una crónica de la época describe cómo los arroyos de Rabanales, Pedroches y Las Piedras se desbordaron, cubriendo los terraplenes del ferrocarril y provocando un descarrilamiento en el puente de hierro. Milagrosamente, y a pesar de la magnitud del desastre, solo se registró una víctima mortal, un niño. El nivel del agua en 1876 subió de forma implacable. La cronología de la subida detalla que a las seis de la mañana ya quedaban expuestas solo dos hiladas del murallón. A las cinco de la tarde, el agua lo sobrepasaba y cubría los bancos de la Ribera. A medianoche, calles como Leinares, Candelaria y Baños estaban anegadas, y en San Lorenzo el agua alcanzó un metro de altura, cegando casi todos los ojos del Puente Romano y anegando por completo el Campo de la Verdad y la Huerta de la Fuente Santa. La principal obra de defensa de la ciudad, el Murallón de la Ribera, fue una empresa titánica que dio lugar a un dicho popular entre los cordobeses: "Esto dura más que la obra del Murallón". No es para menos, ya que su construcción comenzó en 1802 y no finalizó hasta 1912, más de un siglo después. A pesar de su existencia, no siempre fue suficiente para contener la fuerza del río. Prueba de ello fue la riada de 1917, posterior a la finalización del murallón, que igualmente inundó el barrio de la Fuente Santa. De hecho, en el santuario de este barrio todavía existen azulejos que marcan el extraordinario nivel que alcanzó el agua en aquella ocasión, un testimonio mudo de que ni siquiera las mayores obras de ingeniería podían domar por completo al Guadalquivir. En la antigüedad, la relación de Córdoba con su río era muy diferente. José Carlos Aranda explica que el Guadalquivir era navegable en tramos ahora impracticables gracias a dos factores clave: los barcos, tipo paniches, tenían un calado muy bajo y, fundamentalmente, el lecho del río "estaba muchísimo más limpio". La construcción del Puente Romano marcó el límite de la navegación aguas arriba. El mantenimiento del calado se debía, en gran medida, a una actividad ahora perdida. "El tener el río y la base del río como cantera para extraer arena y canto rodado, yo creo que era una de las claves para mantener la profundidad necesaria", señala Aranda. La extracción de canto rodado para los suelos de los patios era un trabajo artesanal que, indirectamente, ayudaba a dragar el lecho fluvial. Hoy en día, el debate se centra en factores como la deforestación, la erosión agrícola y la ocupación de zonas inundables. Aunque Aranda reconoce que "edificar en sitios inundables" en las grandes ciudades como Córdoba conlleva una "problemática" evidente, considera que la orografía de las sierras y los afluentes principales que aportan un enorme caudal no ha sufrido una manipulación tan drástica, conservando una fisonomía muy similar a la de la época romana.