La NBA como vehículo de la infinita nostalgia ‘boomer’

La NBA como vehículo de la infinita nostalgia ‘boomer’

Imagino que todo habrá salido bien en la presentación de 'Los mejores años del All Star (1980-2003)', que hice este viernes en el Ateneo de Cáceres ante amigos, conocidos y desconocidos. Me acompañó José María Panadero, exjugador y ahora agente de alto copete de gente como Santi Aldama o Sergio de Larrea. He dejado escrito esto antes porque seguramente es la forma más directa de hablar del libro y, claro, no es cuestión de ponerse a hacer la ‘autoreseña’ cuando está uno liado con las cañas posteriores.

A favor de San Valentín

A favor de San Valentín

El odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacerle frente Ayer hice mi visita rutinaria a la floristería del barrio. Siempre tiene flores preciosas y extrañas entre las que descubro nuevas especies, pero ayer lucía especialmente exuberante. Había varias clases de rosas inglesas (mis favoritas), rosas de pitiminí, amapolas rojas, iris y todo un estallido de color que haría las delicias de cualquier amante de las cosas bellas. ¿Y esto? Pregunté. Es por San Valentín, me contestó Ana, la florista. Yo, nada dada a celebrar esta fiesta porque ya todos sabemos que es una horterada y un invento de El Corte Inglés y blablablá, había olvidado por completo su cercanía en el calendario. Por supuesto, le pedí a Ana que me hiciera un ramito para mí. “Ponme todas las San Valentín vibes, por favor”. Lo tengo al lado mientras escribo estas líneas y no puedo dejar de mirarlo. Mi escritorio huele a rosas. Mis padres llevan 46 años casados, y desde que tengo uso de razón, siempre, siempre, siempre, el 14 de febrero mi padre le regala a mi madre un ramo de rosas. Y a mí me parece precioso, qué quieren que les diga. En estos tiempos en los que el cinismo y el malotismo se consideran cool, en los que la frustración encuentra refugio en tener alguien a quien odiar y a quien culpar de todo, en los que los discursos de odio son reproducidos con una facilidad terrorífica, detenerse a comprar flores para recordar el amor puede parecer un gesto ingenuo, pero ¿y si precisamente necesitamos recuperar un poco de esa ingenuidad? Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas Me refiero a esa que nos da la capacidad de creer, la que no anticipa que todo saldrá mal o será una decepción, la que por el contrario, nos regala el entusiasmo. ¿Conocen una sensación mejor que el entusiasmo? Les seré sincera, yo a veces lo echo de menos. Extraño esa electricidad vibrante que te impulsa a tirarte de cabeza hacia lo desconocido sin hacer miles de cálculos previos, a confiar en las personas o en las ideas o en las promesas, esa que es el motor, el creer que sí. Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas. Si, como yo, han revisado unas cuantas veces la apoteósica actuación de Bad Bunny en la Super Bowl, recordarán el rótulo con el que cerró el show y que pudo verse en todo el estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Puede parecer un mensaje tontorrón pero en el contexto social y político que vivimos, a mí me parece tremendamente potente. Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro Con Trump y sus sangrientas políticas migratorias, con líderes europeos que emulan el trumpismo sin pudor y convierten el señalamiento del otro en estrategia electoral, este mensaje es una llamada de atención. Porque sí, el odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacer frente a este clima. Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro. A mí denme floristerías repletas de rosas, corazones con purpurina y alguna dosis de cursilería. Un poco de espacio para el entusiasmo.

A favor de San Valentín

A favor de San Valentín

El odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacerle frente Ayer hice mi visita rutinaria a la floristería del barrio. Siempre tiene flores preciosas y extrañas entre las que descubro nuevas especies, pero ayer lucía especialmente exuberante. Había varias clases de rosas inglesas (mis favoritas), rosas de pitiminí, amapolas rojas, iris y todo un estallido de color que haría las delicias de cualquier amante de las cosas bellas. ¿Y esto? Pregunté. Es por San Valentín, me contestó Ana, la florista. Yo, nada dada a celebrar esta fiesta porque ya todos sabemos que es una horterada y un invento de El Corte Inglés y blablablá, había olvidado por completo su cercanía en el calendario. Por supuesto, le pedí a Ana que me hiciera un ramito para mí. “Ponme todas las San Valentín vibes, por favor”. Lo tengo al lado mientras escribo estas líneas y no puedo dejar de mirarlo. Mi escritorio huele a rosas. Mis padres llevan 46 años casados, y desde que tengo uso de razón, siempre, siempre, siempre, el 14 de febrero mi padre le regala a mi madre un ramo de rosas. Y a mí me parece precioso, qué quieren que les diga. En estos tiempos en los que el cinismo y el malotismo se consideran cool, en los que la frustración encuentra refugio en tener alguien a quien odiar y a quien culpar de todo, en los que los discursos de odio son reproducidos con una facilidad terrorífica, detenerse a comprar flores para recordar el amor puede parecer un gesto ingenuo, pero ¿y si precisamente necesitamos recuperar un poco de esa ingenuidad? Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas Me refiero a esa que nos da la capacidad de creer, la que no anticipa que todo saldrá mal o será una decepción, la que por el contrario, nos regala el entusiasmo. ¿Conocen una sensación mejor que el entusiasmo? Les seré sincera, yo a veces lo echo de menos. Extraño esa electricidad vibrante que te impulsa a tirarte de cabeza hacia lo desconocido sin hacer miles de cálculos previos, a confiar en las personas o en las ideas o en las promesas, esa que es el motor, el creer que sí. Nos hemos vuelto expertos en anticipar la decepción, la hemos sentido tantas veces que creemos que no hacernos ilusiones hará que después duela menos. Pero no es verdad, siempre acaba doliendo igual. Y esa anestesia nos ha robado algo enormemente valioso, las ganas. Si, como yo, han revisado unas cuantas veces la apoteósica actuación de Bad Bunny en la Super Bowl, recordarán el rótulo con el que cerró el show y que pudo verse en todo el estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Puede parecer un mensaje tontorrón pero en el contexto social y político que vivimos, a mí me parece tremendamente potente. Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro Con Trump y sus sangrientas políticas migratorias, con líderes europeos que emulan el trumpismo sin pudor y convierten el señalamiento del otro en estrategia electoral, este mensaje es una llamada de atención. Porque sí, el odio cohesiona y moviliza pero sobre todo destruye. Y reivindicar la ternura, el amor, la comunidad, el cuidado, es disputar el relato, es una forma de resistir y de hacer frente a este clima. Puede que todo esto les suene a ñoñería pero yo me confieso, soy de las que lloran en las bodas o cuando miro bailar a una pareja de enamorados. Me emociona la gente que se quiere y la ilusión. Quizá necesitemos exhibir un poco más el amor, sin miedo y sin vergüenza, que lo sonrojante sea lo otro. A mí denme floristerías repletas de rosas, corazones con purpurina y alguna dosis de cursilería. Un poco de espacio para el entusiasmo.

José Peña, el único boxeador ciego en España: "Con este deporte me siento libre y queremos dar opción para competir"

José Peña, el único boxeador ciego en España: "Con este deporte me siento libre y queremos dar opción para competir"

Tras perder la visión con 27 años, el propósito del deportista es implantar un método guiado por la voz para que las personas ciegas puedan subirse en igualdad de condiciones al ring Obligada a trabajar pese a su ceguera legal: una sentencia revoca la incapacidad permanente de una mujer de Sevilla Un saco de boxeo azul, unos guantes y unas indicaciones precisas: “A tus doce; a tus tres; a tus seis”. El estruendo rebota contra las paredes del gimnasio al ritmo de los golpes que se asestan con fuerza y precisión. A las órdenes de su entrenador, resoplando, está José Peña (Isla Cristina, 1974), que suda la camiseta y se ajusta una cinta elástica alrededor de la cintura para milimetrar la distancia entre su cuerpo y el saco, como si fuera su próximo rival. Es ciego, sabe cuáles son sus limitaciones y, aun así, ha buscado cómo esquivarlas, así que el próximo paso será popularizar el método que ya exhibe en las convenciones en las que participa: esa es la vía para hacer inclusivo este deporte. En platós de televisión, activo en redes sociales, integrante del espectáculo Imbatibles (la vida ante la adversidad) , Peña jamás hubiera imaginado que este fuera su destino. A los 27 años, su vida estaba encaminada: preparaba las oposiciones a policía nacional, y, de repente, apareció lo que, con los años, le diagnosticaron como una distrofia retiniana hereditaria progresiva. Una enfermedad hereditaria que provoca la pérdida progresiva de la visión. “Tuve diez años de transición, diez años de estar a guantazo limpio, porque no asimilaba que me iba a quedar ciego hasta que llegó la adaptación... Fueron diez años de amar y de llorar una barbaridad, porque tenía una vida creada que se fue en un chispazo”, rememora rodeado de las luces blancas del gimnasio M3 Fitness, en Camas (Sevilla). Una vez asimilado el impacto, el ímpetu de Peña tomó cartas en el asunto. “¡No, quillo, agarra el toro por los cuernos, de qué me valía quedarme en el sofá llorando!”, y levanta los brazos con exasperación, intentando zarandear aquel fantasma del pasado. Con un simple gesto, resume su relación con la ceguera: toma el bastón sin complejo, para protegerse, para caminar con más autonomía, aunque a muchas personas ciegas les suponga más una rémora en vez de un apoyo. “Oye, que no pasa nada, es una adaptación y te da seguridad en un metro de perímetro, que es lo importante”. Así, a medida que iba retomando su rutina diaria, empezó a practicar kárate, judo, participando en competiciones regionales, pero necesitaba algo más, y ahí entró en juego su hijo José. El boxeador José Peña y el técnico del gimnasio José Manuel Odero, durante el entrenamiento. “Me enganché al boxeo” El instituto fue una etapa dura para su hijo, donde sufrió acoso escolar, una de las lacras del sistema educativo. Con el apoyo de su familia y del equipo psicológico, emprendió un camino nuevo: empezó a entrenar a su padre en boxeo. Ahora, con 21 años, es el escudero inseparable de Peña. “Le tenía que demostrar a mi hijo que su padre con esta patología tiene que seguir tirando hacia delante”, añade, “y me enganché al boxeo”. “No hay boxeadores ciegos en el mundo”, aunque compiten algunos como Shara Magomedov, luchador de la MMA con pérdida de visión en un ojo, o el británico Thomas Seres, que solo puede distinguir formas en un metro de distancia. También, hay otros aficionados con discapacidad, como ocurre en el Club Boxeo Sevillano . “Yo necesitaba moverme, porque al jugar en fútbol o judo para ciegos, me parecía muy estático. No me sentía libre y, aquí, te ves cualquier obstáculo y hay que saber esquivarlo, esto lo descubrí con el boxeo”, explica. Primero, probaron con el sonido, el sentido que tiene más desarrollado tras haber perdido la visión. Poner cascabeles en sus muñecas y piernas parecía la solución, pero se corría el riesgo de hacer daño al contrincante. Así que, probaron otra cosa: “En el fútbol para ciegos te guían por la voz, ¿por qué no probamos esto?, me pregunté, y bendita la hora”. Cuando no está su hijo José, se quedan como copiloto José Manuel Odero o Jonás Alonso, técnicos del gimnasio M3. La técnica, utilizando las agujas del reloj, combina el ritmo desenfrenado del combate con la precisión del golpe. El boxeador José Peña entrena con una cinta alrededor de su cintura y del saco para identificar el espacio entre él y su contrincante. El ritual comienza con el vendaje de las manos y ya con las manoplas en alto, Odero le marca la posición a Peña. Lleva las riendas y va guiando con su voz los ganchos del boxeador, que chocan una y otra vez. Este es uno de los ejercicios dentro de una rutina que practica varias veces a la semana y, entre los ejercicios, hace saco, comba, bandas elásticas, todo lo imprescindible para estar en forma. Un itinerario sencillo e intensivo a implantar con facilidad entre los muchos amantes del deporte con ceguera. “Queremos exponérselo a la sociedad y dar una opción para la competición”, adelanta. Ya ha imaginado mil veces cómo subirse a un ring, al igual que lo expuso en el documental Peleamos , del director Noel Gálvez, donde compartió su historia desde la localidad sevillana. Más sensibilización “Es el deporte perfecto para compararlo con la vida real: si te encuentras en una situación adversa que te pega un golpe y caes al suelo, ¿qué hacemos? Igual que cualquier boxeador, hincas la rodilla y el puño en el suelo, te levantas, te remangas y sigues combatiendo”. “ No me gusta la palabra combate , no como algo agresivo o lleno de furia, sino por defenderse, por estar presente, ¿no?”. Con la asociación ONCE intentará que este ánimo llegue a todas aquellas personas que quieran sumarse al boxeo. Más allá del deporte, Peña lidia con diferentes obstáculos. Aparcar sobre las aceras, obstaculizar el paso, prescindir de adaptaciones en el mobiliario urbano, son acciones que dificultan su día a día, ya sea a él como a aquellas personas con diversidad funcional: “A mí me dicen, 'es que dejo el coche ahí un minuto', pero no nos damos cuenta de que en ese minuto puede pasar una persona que necesita ese espacio”. Uno de sus logros más importantes ha sido aprender a leer y escribir en braille, si bien ha tenido que invertir en aplicaciones que emitan directamente los mensajes de móvil, por ejemplo. A veces le puede el enojo, aunque intenta no caer en el hastío, solo que desearía que la sociedad estuviera igualmente sensibilizada. Para desahogarse está su entorno, sus seres queridos, también los profesionales que le ayudan a cuidar de su salud mental y, sobre todo, la comunidad que ha formado a lo largo de estas décadas. “Para mí, los mejores psicólogos son los propios ciegos, luego tienes que adaptarte y la ONCE da para redes sociales, para manejar un perro guía, todo, y conseguir esa rehabilitación”. Hace un lustro, Kale entró a formar parte de la familia desde que con dos meses fue entregado a Peña: “Cuando me preguntan cómo veo, yo digo que a través de cuatro patas, y esa es una de las cosas más bonitas de la vida: que te pongas en las manos del otro, de una persona o un animal que te lleva, te cuida, te trae o te mima”. Confía, como hace cada vez que se pone en las manos de su hijo cuando se enfunda los guantes. El boxeador José Peña en el gimnasio M3 Fitness, de Camas, Sevilla.

José Peña, el único boxeador ciego en España: "Con este deporte me siento libre y queremos dar opción para competir"

José Peña, el único boxeador ciego en España: "Con este deporte me siento libre y queremos dar opción para competir"

Tras perder la visión con 27 años, el propósito del deportista es implantar un método guiado por la voz para que las personas ciegas puedan subirse en igualdad de condiciones al ring Obligada a trabajar pese a su ceguera legal: una sentencia revoca la incapacidad permanente de una mujer de Sevilla Un saco de boxeo azul, unos guantes y unas indicaciones precisas: “A tus doce; a tus tres; a tus seis”. El estruendo rebota contra las paredes del gimnasio al ritmo de los golpes que se asestan con fuerza y precisión. A las órdenes de su entrenador, resoplando, está José Peña (Isla Cristina, 1974), que suda la camiseta y se ajusta una cinta elástica alrededor de la cintura para milimetrar la distancia entre su cuerpo y el saco, como si fuera su próximo rival. Es ciego, sabe cuáles son sus limitaciones y, aun así, ha buscado cómo esquivarlas, así que el próximo paso será popularizar el método que ya exhibe en las convenciones en las que participa: esa es la vía para hacer inclusivo este deporte. En platós de televisión, activo en redes sociales, integrante del espectáculo Imbatibles (la vida ante la adversidad) , Peña jamás hubiera imaginado que este fuera su destino. A los 27 años, su vida estaba encaminada: preparaba las oposiciones a policía nacional, y, de repente, apareció lo que, con los años, le diagnosticaron como una distrofia retiniana hereditaria progresiva. Una enfermedad hereditaria que provoca la pérdida progresiva de la visión. “Tuve diez años de transición, diez años de estar a guantazo limpio, porque no asimilaba que me iba a quedar ciego hasta que llegó la adaptación... Fueron diez años de amar y de llorar una barbaridad, porque tenía una vida creada que se fue en un chispazo”, rememora rodeado de las luces blancas del gimnasio M3 Fitness, en Camas (Sevilla). Una vez asimilado el impacto, el ímpetu de Peña tomó cartas en el asunto. “¡No, quillo, agarra el toro por los cuernos, de qué me valía quedarme en el sofá llorando!”, y levanta los brazos con exasperación, intentando zarandear aquel fantasma del pasado. Con un simple gesto, resume su relación con la ceguera: toma el bastón sin complejo, para protegerse, para caminar con más autonomía, aunque a muchas personas ciegas les suponga más una rémora en vez de un apoyo. “Oye, que no pasa nada, es una adaptación y te da seguridad en un metro de perímetro, que es lo importante”. Así, a medida que iba retomando su rutina diaria, empezó a practicar kárate, judo, participando en competiciones regionales, pero necesitaba algo más, y ahí entró en juego su hijo José. El boxeador José Peña y el técnico del gimnasio José Manuel Odero, durante el entrenamiento. “Me enganché al boxeo” El instituto fue una etapa dura para su hijo, donde sufrió acoso escolar, una de las lacras del sistema educativo. Con el apoyo de su familia y del equipo psicológico, emprendió un camino nuevo: empezó a entrenar a su padre en boxeo. Ahora, con 21 años, es el escudero inseparable de Peña. “Le tenía que demostrar a mi hijo que su padre con esta patología tiene que seguir tirando hacia delante”, añade, “y me enganché al boxeo”. “No hay boxeadores ciegos en el mundo”, aunque compiten algunos como Shara Magomedov, luchador de la MMA con pérdida de visión en un ojo, o el británico Thomas Seres, que solo puede distinguir formas en un metro de distancia. También, hay otros aficionados con discapacidad, como ocurre en el Club Boxeo Sevillano . “Yo necesitaba moverme, porque al jugar en fútbol o judo para ciegos, me parecía muy estático. No me sentía libre y, aquí, te ves cualquier obstáculo y hay que saber esquivarlo, esto lo descubrí con el boxeo”, explica. Primero, probaron con el sonido, el sentido que tiene más desarrollado tras haber perdido la visión. Poner cascabeles en sus muñecas y piernas parecía la solución, pero se corría el riesgo de hacer daño al contrincante. Así que, probaron otra cosa: “En el fútbol para ciegos te guían por la voz, ¿por qué no probamos esto?, me pregunté, y bendita la hora”. Cuando no está su hijo José, se quedan como copiloto José Manuel Odero o Jonás Alonso, técnicos del gimnasio M3. La técnica, utilizando las agujas del reloj, combina el ritmo desenfrenado del combate con la precisión del golpe. El boxeador José Peña entrena con una cinta alrededor de su cintura y del saco para identificar el espacio entre él y su contrincante. El ritual comienza con el vendaje de las manos y ya con las manoplas en alto, Odero le marca la posición a Peña. Lleva las riendas y va guiando con su voz los ganchos del boxeador, que chocan una y otra vez. Este es uno de los ejercicios dentro de una rutina que practica varias veces a la semana y, entre los ejercicios, hace saco, comba, bandas elásticas, todo lo imprescindible para estar en forma. Un itinerario sencillo e intensivo a implantar con facilidad entre los muchos amantes del deporte con ceguera. “Queremos exponérselo a la sociedad y dar una opción para la competición”, adelanta. Ya ha imaginado mil veces cómo subirse a un ring, al igual que lo expuso en el documental Peleamos , del director Noel Gálvez, donde compartió su historia desde la localidad sevillana. Más sensibilización “Es el deporte perfecto para compararlo con la vida real: si te encuentras en una situación adversa que te pega un golpe y caes al suelo, ¿qué hacemos? Igual que cualquier boxeador, hincas la rodilla y el puño en el suelo, te levantas, te remangas y sigues combatiendo”. “ No me gusta la palabra combate , no como algo agresivo o lleno de furia, sino por defenderse, por estar presente, ¿no?”. Con la asociación ONCE intentará que este ánimo llegue a todas aquellas personas que quieran sumarse al boxeo. Más allá del deporte, Peña lidia con diferentes obstáculos. Aparcar sobre las aceras, obstaculizar el paso, prescindir de adaptaciones en el mobiliario urbano, son acciones que dificultan su día a día, ya sea a él como a aquellas personas con diversidad funcional: “A mí me dicen, 'es que dejo el coche ahí un minuto', pero no nos damos cuenta de que en ese minuto puede pasar una persona que necesita ese espacio”. Uno de sus logros más importantes ha sido aprender a leer y escribir en braille, si bien ha tenido que invertir en aplicaciones que emitan directamente los mensajes de móvil, por ejemplo. A veces le puede el enojo, aunque intenta no caer en el hastío, solo que desearía que la sociedad estuviera igualmente sensibilizada. Para desahogarse está su entorno, sus seres queridos, también los profesionales que le ayudan a cuidar de su salud mental y, sobre todo, la comunidad que ha formado a lo largo de estas décadas. “Para mí, los mejores psicólogos son los propios ciegos, luego tienes que adaptarte y la ONCE da para redes sociales, para manejar un perro guía, todo, y conseguir esa rehabilitación”. Hace un lustro, Kale entró a formar parte de la familia desde que con dos meses fue entregado a Peña: “Cuando me preguntan cómo veo, yo digo que a través de cuatro patas, y esa es una de las cosas más bonitas de la vida: que te pongas en las manos del otro, de una persona o un animal que te lleva, te cuida, te trae o te mima”. Confía, como hace cada vez que se pone en las manos de su hijo cuando se enfunda los guantes. El boxeador José Peña en el gimnasio M3 Fitness, de Camas, Sevilla.

El tren de borrascas se ceba con el campo andaluz: "Las pérdidas son incalculables"

El tren de borrascas se ceba con el campo andaluz: "Las pérdidas son incalculables"

Ganaderos y agricultores de toda Andalucía lamentan las lluvias que han anegado los campos de cultivo y han matado a cientos de animales, mientras el Gobierno anuncia ayudas directas y que flexibilizará la PAC Moreno apela al Fondo de Contingencia de casi 4.000 millones del Gobierno para reconstruir Andalucía tras los temporales Las intensas lluvias que han caído en Andalucía desde principios de año, fruto de siete borrascas de gran impacto, han provocado no solo desalojos , desplazados y daños en las infraestructuras viales, en casas o en paseos marítimos, sino que se han cebado especialmente con el sector primario. Agricultores y ganaderos se esfuerzan en achicar aguas y limpiar sus zonas de trabajo para poder cuantificar qué se ha perdido y cuánto tardarán en volver a la normalidad. Pero el análisis preliminar no es nada halagüeño y desde el campo asumen que las pérdidas son “incalculables”, tal y como vienen también denunciando en estos días organizaciones agrarias como UPA, Cooperativas Agroalimentarias, COAG y Asaja. El propio ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, admite que aún no se pueden dar cifras concretas de los daños porque están siendo todavía evaluados. Este mismo viernes, tras reunirse con las organizaciones agrarias Asaja, COAG, UPA y Cooperativas Agroalimentarias, ha confirmado que el Gobierno está abierto a abordar la flexibilización de la PAC, “repasar” los módulos del IRPF de 2026 y el número de peonadas y “trabajar” para que estén garantizados los contingentes de trabajadores de terceros países que son “necesarios” para las tareas del campo. Asimismo, asegura que habrá ayudas directas y créditos y avales. Provincias como Cádiz y Málaga se han visto especialmente dañadas por este tren de borrascas y quienes tienen sus explotaciones agrícolas y ganaderas en ambos puntos son quienes más problemas están acarreando. Pero la intensidad de las lluvias, que apenas han dado tregua, también ha tenido su efecto en el resto de Andalucía, ya que, según datos del Ministerio de Agricultura, solo en el sector agrícola se han visto dañadas más de 14.000 hectáreas de la comunidad autónoma, más de la mitad de las 22.000 que han sufrido el efecto de las borrascas en toda España. Una realidad que hace que el sector primario pida ayuda a las administraciones, pero también levante la voz recordando que hay políticas de prevención que no se han llevado a cabo. Porque lo que en estas semanas han perdido tardarán tiempo en recuperarlo y la nueva realidad a la que parece enfrentarse España ante el cambio climático implica que el futuro tiene que pasar por debates en los que el campo tiene mucho que decir desde hace años. Ese es el caso precisamente de los agricultores del Bajo Guadalete, en la provincia de Cádiz, uno de los puntos más castigados por las precipitaciones y también uno en los que los problemas históricos se acumulan. Así lo explica José Miguel Hernández, que a sus 41 años representa un perfil poco común del sector primario: el de un empresario joven que como tal exige también la modernización del campo. Lloviendo sobre mojado Hernández es propietario, junto con su hermano, de una gran extensión agrícola en esta zona de la provincia de Cádiz. Por eso mismo, sabe que, sin poder haber comprobado al detalle qué daños ha sufrido su explotación, las pérdidas serán “incalculables”. Las parcelas siguen anegadas y los caminos rurales destrozados, lo que impide incluso que los peritos puedan acceder a todas las fincas. En su caso, que planta sobre todo cultivos hortícolas, asume que si deja de llover no podrá empezar a plantar de nuevo hasta finales de mayo, lo que hace que pierda por completo la campaña agrícola de verano, salvo que pueda arrendar un campo que no esté dañado mientras se recupera el suyo. Solo en pérdida de cultivos, calcula unos 220.000 euros. Pero su análisis va más allá del temporal. Sostiene que el campo lleva años advirtiendo de la necesidad de invertir en infraestructuras hidráulicas, limpieza de cauces, mantenimiento de canales y mejora de drenajes. “Esto no es solo la lluvia, es que no se ha invertido lo suficiente en prevención”, defiende. A su juicio, las precipitaciones han evidenciado carencias estructurales que arrastran desde hace décadas y que ahora multiplican los daños. En todo el Bajo Guadalete, explica, hay alrededor de 400 kilómetros de tuberías obsoletas de fibrocemento, mientras se invierte en “cosas que no hacen falta, pero que vienen bien para el turismo”. En cuanto al sistema que hay en su explotación, las pérdidas de las canalizaciones rondarán los 40.000 euros. En una zona históricamente sensible a las crecidas, los agricultores reclaman planes integrales que contemplen tanto la gestión del agua en épocas de sequía como la evacuación en momentos de lluvias extremas. “No se puede hablar solo de ayudas después del desastre. Hay que hablar de inversión antes de que ocurra”, insiste Hernández, que reivindica un modelo de campo más tecnificado y preparado para escenarios climáticos cada vez más imprevisibles. Si en la campiña gaditana el agua ha ahogado cultivos, en el interior de Jaén ha provocado un golpe todavía más doloroso: la muerte de cientos de animales en plena paridera, el periodo de tiempo en el que las madres crían. Antonio Punzano, ganadero trashumante de ovino con más de tres décadas de experiencia, reconoce que nunca había vivido algo igual. “Estamos rondando el 60% de los corderos perdidos”, lamenta. Las pérdidas de animales se cuentan por miles. Los números no dan No se trata solo de que haya llovido mucho, sino de que no ha parado. “Siempre han estado mojados, siempre”. La humedad constante ha debilitado a las crías recién nacidas, que si no maman en las primeras horas mueren, y ha favorecido infecciones entre las que han logrado sobrevivir. “De tantas bajas como este año, nunca jamás lo había visto”, asegura. Lo habitual, explica, es que en explotaciones como la suya se puedan perder entre 30-40 crías en épocas de lluvias de entre 300 y 400 corderos, pero ahora la cifra se ha multiplicado por seis. “Las ayudas deben llegar, pero de forma justa y que no perjudiquen a los que sí estamos afectados porque no es lo mismo los que somos trashumantes que quienes tienen a sus rebaños en ganaderías cercadas y techadas”. De este modo, las pérdidas económicas, solo en su explotación, oscilan entre los 15.000 y los 20.000 euros. Pero el daño es también estructural: muchas de las crías fallecidas eran futuras madres, lo que compromete la reposición del rebaño y retrasa la producción durante meses. “Al menos, los pantanos van a estar llenos para los próximos años”, se consuela. No obstante, como el resto del sector, cree que hacen falta inversiones. Al ser ganadero trashumante y no tener un lugar físico en el que recoger a los corderos, considera que han de construirse zonas específicas para situaciones en las que se produzca un clima tan adverso, que parece que será la tendencia por el cambio climático. Situación complicada e incierta En la provincia de Málaga, la situación tampoco es sencilla. En Antequera, Carmen Roldán, ganadera de ovejas al frente de una explotación familiar, describe un escenario límite que combina el impacto de las lluvias con problemas previos como la lengua azul. “Nunca habíamos vivido una situación tan complicada y tan incierta como la actual”, afirma. Entre el aumento de costes –piensos, gasóleo, electricidad...– y las pérdidas derivadas de la enfermedad, habla de “varios miles de euros” y de una rentabilidad cada vez más estrecha. “Trabajamos más que nunca para ganar menos que nunca”. A ello se suma, denuncia, una burocracia creciente y ayudas que no llegan. “Las ayudas que no llegan a tiempo no solucionan nada”. Desde la Junta de Andalucía, la Consejería de Agricultura asegura que está evaluando la situación dentro de sus competencias y trasladando los datos a Presidencia y Hacienda para realizar el cómputo total de daños y articular las ayudas. Por su parte, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha solicitado también a la Comisión Europea la activación de la Reserva de Crisis Agrícola para apoyar a las zonas afectadas y ha avanzado cifras provisionales que sitúan en torno a 14.000 las hectáreas dañadas en Andalucía. Mientras las administraciones evalúan y preparan planes de respuesta, el campo insiste en que la solución no puede limitarse a compensaciones puntuales. La prevención, la inversión en infraestructuras y la adaptación al nuevo escenario climático son, para agricultores y ganaderos, cuestiones pendientes que esta cadena de borrascas ha dejado al descubierto. Porque más allá de las cifras, lo que se ha puesto en evidencia es la fragilidad de un sector que sostiene buena parte de la economía rural andaluza. Y si no se refuerzan los cimientos, advierten, el próximo temporal volverá a encontrar al campo igual de expuesto.

El tren de borrascas se ceba con el campo andaluz: "Las pérdidas son incalculables"

El tren de borrascas se ceba con el campo andaluz: "Las pérdidas son incalculables"

Ganaderos y agricultores de toda Andalucía lamentan las lluvias que han anegado los campos de cultivo y han matado a cientos de animales, mientras el Gobierno anuncia ayudas directas y que flexibilizará la PAC Moreno apela al Fondo de Contingencia de casi 4.000 millones del Gobierno para reconstruir Andalucía tras los temporales Las intensas lluvias que han caído en Andalucía desde principios de año, fruto de siete borrascas de gran impacto, han provocado no solo desalojos , desplazados y daños en las infraestructuras viales, en casas o en paseos marítimos, sino que se han cebado especialmente con el sector primario. Agricultores y ganaderos se esfuerzan en achicar aguas y limpiar sus zonas de trabajo para poder cuantificar qué se ha perdido y cuánto tardarán en volver a la normalidad. Pero el análisis preliminar no es nada halagüeño y desde el campo asumen que las pérdidas son “incalculables”, tal y como vienen también denunciando en estos días organizaciones agrarias como UPA, Cooperativas Agroalimentarias, COAG y Asaja. El propio ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, admite que aún no se pueden dar cifras concretas de los daños porque están siendo todavía evaluados. Este mismo viernes, tras reunirse con las organizaciones agrarias Asaja, COAG, UPA y Cooperativas Agroalimentarias, ha confirmado que el Gobierno está abierto a abordar la flexibilización de la PAC, “repasar” los módulos del IRPF de 2026 y el número de peonadas y “trabajar” para que estén garantizados los contingentes de trabajadores de terceros países que son “necesarios” para las tareas del campo. Asimismo, asegura que habrá ayudas directas y créditos y avales. Provincias como Cádiz y Málaga se han visto especialmente dañadas por este tren de borrascas y quienes tienen sus explotaciones agrícolas y ganaderas en ambos puntos son quienes más problemas están acarreando. Pero la intensidad de las lluvias, que apenas han dado tregua, también ha tenido su efecto en el resto de Andalucía, ya que, según datos del Ministerio de Agricultura, solo en el sector agrícola se han visto dañadas más de 14.000 hectáreas de la comunidad autónoma, más de la mitad de las 22.000 que han sufrido el efecto de las borrascas en toda España. Una realidad que hace que el sector primario pida ayuda a las administraciones, pero también levante la voz recordando que hay políticas de prevención que no se han llevado a cabo. Porque lo que en estas semanas han perdido tardarán tiempo en recuperarlo y la nueva realidad a la que parece enfrentarse España ante el cambio climático implica que el futuro tiene que pasar por debates en los que el campo tiene mucho que decir desde hace años. Ese es el caso precisamente de los agricultores del Bajo Guadalete, en la provincia de Cádiz, uno de los puntos más castigados por las precipitaciones y también uno en los que los problemas históricos se acumulan. Así lo explica José Miguel Hernández, que a sus 41 años representa un perfil poco común del sector primario: el de un empresario joven que como tal exige también la modernización del campo. Lloviendo sobre mojado Hernández es propietario, junto con su hermano, de una gran extensión agrícola en esta zona de la provincia de Cádiz. Por eso mismo, sabe que, sin poder haber comprobado al detalle qué daños ha sufrido su explotación, las pérdidas serán “incalculables”. Las parcelas siguen anegadas y los caminos rurales destrozados, lo que impide incluso que los peritos puedan acceder a todas las fincas. En su caso, que planta sobre todo cultivos hortícolas, asume que si deja de llover no podrá empezar a plantar de nuevo hasta finales de mayo, lo que hace que pierda por completo la campaña agrícola de verano, salvo que pueda arrendar un campo que no esté dañado mientras se recupera el suyo. Solo en pérdida de cultivos, calcula unos 220.000 euros. Pero su análisis va más allá del temporal. Sostiene que el campo lleva años advirtiendo de la necesidad de invertir en infraestructuras hidráulicas, limpieza de cauces, mantenimiento de canales y mejora de drenajes. “Esto no es solo la lluvia, es que no se ha invertido lo suficiente en prevención”, defiende. A su juicio, las precipitaciones han evidenciado carencias estructurales que arrastran desde hace décadas y que ahora multiplican los daños. En todo el Bajo Guadalete, explica, hay alrededor de 400 kilómetros de tuberías obsoletas de fibrocemento, mientras se invierte en “cosas que no hacen falta, pero que vienen bien para el turismo”. En cuanto al sistema que hay en su explotación, las pérdidas de las canalizaciones rondarán los 40.000 euros. En una zona históricamente sensible a las crecidas, los agricultores reclaman planes integrales que contemplen tanto la gestión del agua en épocas de sequía como la evacuación en momentos de lluvias extremas. “No se puede hablar solo de ayudas después del desastre. Hay que hablar de inversión antes de que ocurra”, insiste Hernández, que reivindica un modelo de campo más tecnificado y preparado para escenarios climáticos cada vez más imprevisibles. Si en la campiña gaditana el agua ha ahogado cultivos, en el interior de Jaén ha provocado un golpe todavía más doloroso: la muerte de cientos de animales en plena paridera, el periodo de tiempo en el que las madres crían. Antonio Punzano, ganadero trashumante de ovino con más de tres décadas de experiencia, reconoce que nunca había vivido algo igual. “Estamos rondando el 60% de los corderos perdidos”, lamenta. Las pérdidas de animales se cuentan por miles. Los números no dan No se trata solo de que haya llovido mucho, sino de que no ha parado. “Siempre han estado mojados, siempre”. La humedad constante ha debilitado a las crías recién nacidas, que si no maman en las primeras horas mueren, y ha favorecido infecciones entre las que han logrado sobrevivir. “De tantas bajas como este año, nunca jamás lo había visto”, asegura. Lo habitual, explica, es que en explotaciones como la suya se puedan perder entre 30-40 crías en épocas de lluvias de entre 300 y 400 corderos, pero ahora la cifra se ha multiplicado por seis. “Las ayudas deben llegar, pero de forma justa y que no perjudiquen a los que sí estamos afectados porque no es lo mismo los que somos trashumantes que quienes tienen a sus rebaños en ganaderías cercadas y techadas”. De este modo, las pérdidas económicas, solo en su explotación, oscilan entre los 15.000 y los 20.000 euros. Pero el daño es también estructural: muchas de las crías fallecidas eran futuras madres, lo que compromete la reposición del rebaño y retrasa la producción durante meses. “Al menos, los pantanos van a estar llenos para los próximos años”, se consuela. No obstante, como el resto del sector, cree que hacen falta inversiones. Al ser ganadero trashumante y no tener un lugar físico en el que recoger a los corderos, considera que han de construirse zonas específicas para situaciones en las que se produzca un clima tan adverso, que parece que será la tendencia por el cambio climático. Situación complicada e incierta En la provincia de Málaga, la situación tampoco es sencilla. En Antequera, Carmen Roldán, ganadera de ovejas al frente de una explotación familiar, describe un escenario límite que combina el impacto de las lluvias con problemas previos como la lengua azul. “Nunca habíamos vivido una situación tan complicada y tan incierta como la actual”, afirma. Entre el aumento de costes –piensos, gasóleo, electricidad...– y las pérdidas derivadas de la enfermedad, habla de “varios miles de euros” y de una rentabilidad cada vez más estrecha. “Trabajamos más que nunca para ganar menos que nunca”. A ello se suma, denuncia, una burocracia creciente y ayudas que no llegan. “Las ayudas que no llegan a tiempo no solucionan nada”. Desde la Junta de Andalucía, la Consejería de Agricultura asegura que está evaluando la situación dentro de sus competencias y trasladando los datos a Presidencia y Hacienda para realizar el cómputo total de daños y articular las ayudas. Por su parte, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha solicitado también a la Comisión Europea la activación de la Reserva de Crisis Agrícola para apoyar a las zonas afectadas y ha avanzado cifras provisionales que sitúan en torno a 14.000 las hectáreas dañadas en Andalucía. Mientras las administraciones evalúan y preparan planes de respuesta, el campo insiste en que la solución no puede limitarse a compensaciones puntuales. La prevención, la inversión en infraestructuras y la adaptación al nuevo escenario climático son, para agricultores y ganaderos, cuestiones pendientes que esta cadena de borrascas ha dejado al descubierto. Porque más allá de las cifras, lo que se ha puesto en evidencia es la fragilidad de un sector que sostiene buena parte de la economía rural andaluza. Y si no se refuerzan los cimientos, advierten, el próximo temporal volverá a encontrar al campo igual de expuesto.

Ritmo y mucho color en las calles del Polígono, en Toledo, para celebrar el carnaval

Ritmo y mucho color en las calles del Polígono, en Toledo, para celebrar el carnaval

Cientos de vecinos del barrio del Polígono de Toledo se han vestido para celebrar el carnaval, y vaya si lo han hecho con más de una docena de comparsas . A pesar del frío y el viento que azotaba las calles, la multitud se ha dado cita para disfrutar de una jornada inolvidable . Y es que, aunque el tiempo no ha sido el mejor, la lluvia ha dado un respiro, lo que ha permitido que todo saliera a la perfección. Ante una multitud de vecinos apostados a ambos lados de la calle Alberche, el desfile de comparsas ha salido desde la explanada del polideportivo, junto al Parque de la Luz, para recorrer la calle Alberche y parte de Río Bullaque, hasta adentrarse en el Paseo de Juan Pablo II, donde actúa esta noche la orquesta Jamaica Show. Entre las comparsas que han realizado el recorrido han estado colegios del barrio como los CEIP Juan de Padilla y Rosa Park o el Centro de Atención a Personas con Discapacidad Intelectual Grave (Cadig), cuyos usuarios y trabajadores, vestidos de esquiadores, hacían un guiño a Toledo como Ciudad Europea del Deporte. Una de las comparsas más aplaudidas ha sido la de la peña 'Buen Camino', con un centenar de miembros, que disfrazados de varias culturas del mundo, han bailado a ritmo de salsa y músicas populares de varios puntos del planeta, mientras que 'Río Tropical', lo hacía con la exitosa 'Golden' que ha triunfado la pasada Navidad en la plaza de Zocodover. Los más pequeños se han divertido como nunca, bailando y cantando al ritmo de la música, mientras que los mayores disfrutaban de la fiesta y el buen ambiente. Desde la comparsa de los 'Atrapa tus sueños', con espectacular vestuario, hasta los 'Minionteca' con disfraces de los minions de mayores y niños, con un show inolvidable. Todos los grupos han recibido el aplauso y la admiración del público. Y no faltaron las notas de humor, con indios vaqueros, personajes del mago de Oz o Harry Potter, entre otros. En definitiva, un carnaval de ilusión y esfuerzo de todos los que se han implicaron en hacerlo posible.