Ara Malikian se incorpora a la programación del Batel

Ara Malikian se incorpora a la programación del Batel

El humor, la música, la ópera y la danza se darán de nuevo cita en el Auditorio El Batel de Cartagena. Entre los nombres que se subirán a las tablas de la ciudad portuaria se encuentran Ara Malikian, el violinista que rompe fronteras; Juan Carlos Ortega, con su humor surrealista; Dancing ABBA, Ópera 2001, que se despide con La Flauta Mágica; Dj Symphonic & Royal Film Concert Orchestra, y el Ballet de Kiev con El Lago de los Cisnes.

Cinco veces más agua por el Albujón: el Mar Menor, ante el riesgo de otra 'sopa verde'

Cinco veces más agua por el Albujón: el Mar Menor, ante el riesgo de otra 'sopa verde'

El Mar Menor respira, pero no sabemos por cuanto tiempo. Tras años marcados por episodios de colapso ecológico, la laguna encadena una larga etapa de aparente estabilidad. Las temperaturas más bajas de los últimos inviernos han actuado como dique natural frente a nuevos desequilibrios. Sin embargo, bajo esa calma superficial persiste una presión constante: la entrada continua de agua dulce cargada de nutrientes desde el Campo de Cartagena. Con la subida inminente de las temperaturas podría estar gestándose el caldo de cultivo perfecto para una nueva 'sopa verde'.

Llamamiento a las vocaciones STEM: faltan ingenieras y técnicas en la Región

Llamamiento a las vocaciones STEM: faltan ingenieras y técnicas en la Región

La presencia de mujeres en titulaciones científicas o técnicas sigue una tendencia ascendente en la Región de Murcia hasta el punto de que en las primeras etapas, en Bachillerato, las chicas ya han igualado a los chicos en clase. Así lo muestran los datos del actual curso 2025-2026 en la comunidad, cuando por primera vez se ha logrado un porcentaje 50%-50% entre los estudiantes matriculados en Bachillerato de Ciencias, según las cifras facilitadas por la Consejería de Educación y Formación Profesional a La Opinión con motivo de la conmemoración este miércoles, 11 de febrero, del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Miedo y fascinación

Miedo y fascinación

Este thriller explora la obsesión, la supervivencia y la delgada línea entre la justicia y la venganza. La inspectora Paloma del Moral tendrá que investigar la aparición de un cadáver congelado que han encontrado en un columpio de un parque de Vallecas. En este making of Marcos Nieto Pallarés explica cómo escribió El triángulo de hielo (HarperCollins).... Leer más La entrada Miedo y fascinación aparece primero en Zenda .

Alfredo Serrano, experto cruceros: "Alicante ya forma parte de los destinos del Mediterráneo y no será un puerto refugio"

Alfredo Serrano, experto cruceros: "Alicante ya forma parte de los destinos del Mediterráneo y no será un puerto refugio"

Dentro del sector turístico, el segmento de cruceros supone una división con un potencial que se materializa en el impacto económico y el crecimiento de las navieras. Con motivo de las octavas jornadas internacionales Alicante Costa Blanca Turismo y Cruceros, la ciudad se ha convertido en foro que ha dejado las expectativas en la parte alta. El puerto alicantino se ha colocado entre los diez destinos principales del país por movimiento de pasajeros que, en 2025, se situó por encima de los 250.000 cruceristas. Uno de los ponentes invitado ha sido Alfredo Serrano, director de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA) en España que reúne a todas las grandes navieras del mundo.

La pared azul

La pared azul

A Tirso Priscilo Hay quien asegura que ayer era blanca, pero también está el que jura por sus antepasados que siempre fue así: azul. Otros incluso dudan de su propia existencia: «Esa pared jamás estuvo allí». ¡Estuvo!, pero era más, más alta… O más baja… En cualquier caso, la pintura parece fresca. Puede ser porque llovió de madrugada, opina uno que pasa. Cosas de brujería, concluyen los autóctonos antes de llamar a los expertos que llegan desde la otra punta del país para arrojar algo de luz sobre el asunto. Ese color no es técnicamente azul, dictaminan, sino azul turquesa, Pantone 3125C, para ser exactos. Las protestas no se hacen esperar: ¿quiénes son aquellos forasteros para rebautizar el color azul de su pared, esa que ayer fue blanca, o no? Pero eso ya no importa. Ante posibles altercados, las autoridades locales acordonan la zona. Es el gesto que enciende a la población. Las cargas policiales se cobran decenas de muertos que saltan a la prensa nacional primero, a la internacional, después. De la noche a la mañana aparecen por todo el mundo nuevas paredes pintadas de azul en señal de solidaridad, generando nuevos debates con forasteros opinando de más. Más altercados, más muertos… Para detener la barbarie, a alguien se le ocurre pintar de rojo la original, esa que fue azul y pudo haber sido blanca. La tercera ola de violencia es imparable. Ningún país rehúye el conflicto. El rabino, incapaz de recordar las complejas plegarias tradicionales, ideó un lugar sagrado en el bosque donde encender un fuego y poder hablar con Dios, quien atendía sus peticiones porque, más que las palabras exactas, valoraba la intención y la sinceridad. El siguiente rabino, discípulo del primero, acudía allí, y Dios, del mismo modo, escuchaba sus plegarías: aunque desconociera el arte del fuego, aún recordaba el lugar y algunas de las palabras utilizadas por su maestro. No así el tercer rabino, aprendiz del segundo, que las había olvidado por completo y desconocía el fuego, pero todavía sabía llegar hasta allí y solo por eso conseguía materializar sus deseos. El último rabino, descendiente de todos ellos, ni siquiera se adentra en el bosque: ignora el fuego, las oraciones y, por supuesto, el lugar. Sin embargo, aún recuerda esta historia, y con ello le basta. Princesa, secuestro, héroe, reto, plan, camino, bosque, cueva, descenso, mazmorra, dragón, lucha, herida, ejecución, victoria, regreso, celebración, compromiso, boda, reinado, niños, monotonía, pelea, divorcio, arrepentimiento, envejecimiento, tumba, recuerdo, leyenda. El explorador inglés Henry Walter Bates recala en aquel trozo del Amazonas en 1850, dispuesto a documentar el supuesto carácter sedentario de la tribu de los Awá. No duda a la hora de meterse en los agujeros más oscuros y subirse a los árboles más altos para observarlos con la mayor discreción posible. Sin embargo, cada mañana, presencia cómo sofocan los fuegos que han lucido toda la noche y desmontan con brío las chozas del campamento para desplazarse apenas unos kilómetros, nunca en la misma dirección y siempre sin dejar de mirar atrás. Jornada tras jornada, sigue sus huellas en un gran recorrido circular a través de la tupida selva hasta que vuelven a acampar en el primer asentamiento, justo donde los encontró. Emocionado ante semejante patrón de comportamiento, toma notas en su cuaderno y lanza la hipótesis de que los Awá son un extraño caso de «sedentarismo nómada circular», regido quizá por alguna constelación de estrellas de igual forma que los guía en su itinerario, ya que hay un indígena, siempre el mismo, que se pasa todas las noches vigilando el cielo. Si está en lo cierto, una vez completado el primer ciclo, el segundo asentamiento debería coincidir con el anterior. No es así: esta vez el desplazamiento es diametralmente opuesto; ni siquiera coincide en distancia recorrida. Después de otra noche en vela enfrascado en complicados cálculos que normalicen unos desplazamientos a todas luces erráticos, se topa con el vigilante de las estrellas, quien ahora lo observa asustado a escasos pasos de distancia. Tras los primeros intercambios de gestos, en los que ambos muestran disposición al diálogo, el explorador consigue hacerse entender para preguntarle de qué huyen cada mañana. El indígena, ojiplático, se le queda mirando. *Ginés S. Cutillas es profesor en la Escuela de Escritores y narrador. Además de novelas, ensayos y libros de relatos, cuenta con una larga trayectoria en el mundo del microrrelato. Su primer libro en el género Un koala en el armario (Cuadernos del Vigía, 2010; Pre-Textos, 2021) fue finalista del Premio Setenil. Le siguieron Vosotros, los muertos (2016) y el primer ensayo en español de cómo escribir un microrrelato Lo breve si bueno, etc. Decálogo práctico del microrrelato (2016). Como antólogo, ha coordinado Los pescadores de perlas (2019). Difunde el género en espacios radiofónicos nacionales y sus microrrelatos han aparecido en antologías de referencia, como Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010), Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012) o en la Antología del microrrelato español (1906-2011) (Cátedra, 2012). Acaba de resultar ganador del Premio Miguel de Unamuno de Ensayo.

‘Cumbres borrascosas’, una adaptación audaz sin ningún tipo de miedo al ridículo

‘Cumbres borrascosas’, una adaptación audaz sin ningún tipo de miedo al ridículo

Una canción clave del pop de los años 70 está interpretada por un fantasma . A pesar de eso llegó a las listas de éxitos, y puso en cuarentena la idea de que en entornos así únicamente pudieran triunfar las obras más fáciles y digeribles. A Kate Bush le había bastado ver una miniserie de BBC de Cumbres borrascosas para, sin mayor contacto con el material original, probar a transformarse en Cathy. Ese era el fantasma, y cantaba como tal . Con un acento extraño —dentro de su dicción británica a Bush le gusta abandonarse a ramalazos irlandeses— y unas ampulosas inflexiones de voz que atribuía a la necesidad de Cathy de hacer lo que hacen los fantasmas. Esto es, asustar . Wuthering Heights , publicada en enero de 1978, narraba el acecho del espectro de Cathy al atormentado Heathcliff, no tanto como un gesto melancólico como una imperiosa necesidad en la que se entremezclaban el deseo, la venganza y (más o menos) el amor. I hated you, I loved you too . Con una armonía complejísima, un piano lánguido y una guitarra distorsionada por la niebla de los páramos, Wuthering Heights no solo pasa por ser una canción prodigiosa, sino también una adaptación algo más fiel de lo que el cine ha acostumbrado a hacer con la novela de Emily Brontë . La voz saltarina de Bush huía de la solemnidad. Protagonizaba una travesura de ultratumba. Esa solemnidad, trocada en impetuoso romance, es por lo demás la que ha tenido mayor fortuna dentro de la travesía audiovisual de Cumbres borrascosas . Apresurándose a emborronar los sentidos originales de la novela de Brontë —cuyas primeras críticas justamente se habían quejado de lo antipáticos que resultaban los personajes— y precipitando una primera explosión unos 40 años antes del hit de Bush que resulta sin duda el mito fundacional preferido por Emerald Fennell . El póster de su versión de Cumbres borrascosas remite al de Lo que el viento se llevó : Margot Robbie y Jacob Elordi emulando a Vivien Leigh y Clark Gable. El flamante tratamiento fotográfico y cromático de su película, asimismo, busca ecos con aquel innovador Technicolor de 1939. No es un capricho porque de aquí sale el gran melodrama de Hollywood , que Fennell invoca con ahínco. Brilla por su ausencia, eso sí, la distancia ante los desencuentros amorosos, la sutil ironía en el tratamiento de un personaje tan fascinante (pero tan equivocado en la vida) como Escarlata O’Hara. Fennell en este sentido ha mirado para otro lado, aunque sin alejarse de 1939. Ese mismo año se estrenó una adaptación de Cumbres borrascosas a cargo de William Wyler que ofrecía la primera traición a Brontë y que curiosamente fue derrotada en los Oscar por Lo que el viento se llevó . Fennell también se ha fijado en ella. Porque sabe qué tipo de adaptación busca. El mayor gesto de honestidad de Fennell para consigo misma (y para con la historia de la literatura) pasa por haber colocado unas comillas en el póster. “Cumbres borrascosas” . Ni Kate Bush ni William Wyler vieron necesario ponérselas, pero Fennell sí. Con ellas está reclamando una patente de corso a la hora de adaptar y traicionar —Fennell asegura haber desarrollado el proyecto según su primer y adolescente entendimiento de la novela , que difícilmente habría convencido a sus profesores de Literatura Universal— al tiempo que sitúa su película dentro de un flujo cultural del que se siente plenamente partícipe, por cuanto ha excitado su imaginación durante años. Guste más o menos el estilo de Fennell, es el que mantiene desde Una joven prometedora . Y está integrado no por el racional empuje de las humanidades sino por las intuiciones desordenadas de un pastiche enorme , grotesco, destilado entre los márgenes del capitalismo tardío. Tiene sentido que la energía de su “Cumbres borrascosas” se halle a medio camino de Titanic y Moulin Rouge , porque justo entre estos dos estandartes se ubica su sensibilidad: entre el neoclasicismo digital de James Cameron —garante de una pasión empeñada en hacerse pasar por sincera en tiempos escépticos— y el barroco posmodernismo de Baz Luhrmann . Que también quiere hacerse pasar por sincero, pero no disimula que sus imágenes son reverberaciones de la MTV . Con tal sobrecarga de bagaje audiovisual, era lógico que la prosa de Brontë fuera a quedar desenfocada. La joven y excitada Fennell leía y, antes que a una historia gótica de fantasmas rencorosos, su cabeza volaba a las portadas de las novelas de Danielle Steel . Imaginaba a Cathy y Heathcliff en videoclips, imaginaba romances cuya toxicidad solo era condición de posibilidad, y aceptaba alegremente toda la anarquía del pastiche sin preocuparse tanto de los significados como de las sensaciones (las vibes ) . Es lo que en última instancia conduce a la sospecha de si el estilo de Fennell no será en realidad el vacío, una emanación residual del caos de imágenes que nos rodea. La sospecha resulta legítima durante los peores pasajes de “Cumbres borrascosas” . Que, por supuesto, es una propuesta muy irregular por cuanto descarta fingir que solo constituye un artefacto para generar “experiencias” . Para enfadar a los defensores de la integridad artística de Brontë, desafiar a quienes hayan tratado de encajar esta misma integridad en las marejadas del presente —el Heathcliff de Elordi no solo elude con arrogancia los condicionantes de raza y clase del libro, sino que es un peluche heteronormativo parecidísimo a su reciente monstruo de Frankenstein —, motivar opiniones polarizantes y, en resumen, que estemos viendo reels de Instagram sobre ella durante días. La película incluso llega acompañada de un disco de Charli XCX . Ante este percal salvaje y sin duda deprimente — ver “Cumbres borrascosas” es muy parecido a ver anuncios de “Cumbres borrascosas” —, lo único productivo es tratar de acotar las intenciones de Fennell, indagar en si hay algo parecido a un temperamento autoral tras su encendido esteticismo. Y lo hay, desde luego, por cuanto este abigarrado depósito de energías plastificadas siempre ha respondido a un malestar interno. La imaginería pop podía ser empleada como venganza feminista en Una joven prometedora , y más tarde podía sofocar la lucha de clases en Saltburn . ¿A qué propósitos sirve en “Cumbres borrascosas” ? Pues tanto a la vigorosa (re)construcción de un imaginario de carpetas —tanto Fennell como Robbie no paran de hablar de Titanic en las entrevistas y seguramente cada vez que miran a Elordi se acuerdan de un DiCaprio con el pelo a tazón —, como a una iracunda actualización de afectos, que finalmente pasa por acordarse (a su manera) del tono malsano de Brontë. Fennell no busca replicar sin más las exhortaciones al amor idealista que lanzaron Luhrmann y Cameron antes que ella. Tampoco puede quedarse en la cursilada hierática de Wyler. Sin duda quiere recabar parte de la fuerza de estos y convertirla en sensualidad arrebatada , pero en algún punto ha de infiltrarse el cinismo. La época lo exige. Así que, en lugar de que “Cumbres borrascosas” hable de rencillas familiares y egoísmos que trascienden el espacio-tiempo, la película plantea que no existe transacción amorosa sin sus enrevesadas dinámicas de poder. Por eso, mientras sobrecarga al espectador con todo tipo de estímulos plásticos y efímeros, el film coquetea con el sadomasoquismo —favoreciendo temerariamente que se lo compare con Cincuenta sombras de Grey y un “porno para mamás” que a fin de cuentas no queda lejos del linaje iconográfico descrito—, y atrapa a los personajes en una jerarquía cambiante donde la crueldad no tiene por qué entorpecer el romance. El guion de Fennell se ampara en esta estrategia para hacer los cambios más sonados de su adaptación —también los menos afortunados, como ejemplifica vergonzosamente la Nelly de Hong Chau — y sembrar de tensiones interesantes todo este proyecto prepúber . Reencontrándose así con ese malestar interno de su cine, tan inevitablemente sarcástico, que revela a “Cumbres borrascosas” como una obra más lúcida de lo que parece. O, por lo menos, lo bastante distintiva y audaz entre sus caprichos como para seguir impulsando hacia adelante la esquizofrénica historia del pop . Pues esta película no es muy distinta, en espíritu, del Wuthering Heights de Kate Bush. Es tan indigesta como ella . Y parece igual de impulsiva e irreflexiva. También, aventuraremos, igual de pegadiza . Así que el pop ha vuelto a triunfar.

Cuéntame un cuento hasta sangrar

Cuéntame un cuento hasta sangrar

Visor. 2025. III Premio Internacional de Poesía Marpoética “Yo soy el monstruo que os habla”, anuncia Gerardo Rodríguez Salas en la voz de Paul Preciado con una afirmación de identidad, o quizá sería más exacto decir de identidades, “somos sí somos” que reivindica a lo largo del poemario “sin etiquetas”, identidades queer que, a menudo, una sociedad normativa ha calificado de monstruosas. La paradoja es que, tras sumergirnos en su tercer poemario, Oxford Circus —ese cruce de caminos—, somos nosotros, lectores, el monstruo que escucha. Tal es su poder de revelación de las diferentes identidades que pueblan sus versos y tal es el poder de convicción de una voz poética que yendo de lo personal a lo colectivo nos atrapa en su universo “Uníos a este rito del amor”. Rodríguez Salas se vale de una metáfora poderosa en torno a la cual estructura todo el poemario: el circo, la máscara, el carnaval, la fiesta. Parapetado tras esta sólida construcción dinamita la percepción de una sociedad normativa que no contempla la disidencia “saber que no/ nos querrán/ aunque vengan a vernos”, para iluminar esas identidades periféricas o disidentes, reclamando el derecho a ocupar su lugar: “sentirnos deseadas/ sin ser vuestros fetiches”. Todos y cada uno de los elementos del poemario han sido concebidos con este fin. Este es el caso de la ilustración de Remedios Varo en la portada. Un prestidigitador que hace malabarismos con estrellas —como el poeta hace malabarismos con palabras— frente a un público uniformado es ya el anuncio de que nos adentramos en el universo performativo donde habitarán sus versos, en el “mundo invertido” que, tomado de uno de sus versos, menciona Sara Torres en la contracubierta. Gerardo Rodríguez Salas no necesita un solo punto ni una sola coma para hacerse entender. No necesita mayúsculas para componer la música de su voz poética. Es capaz de permitirse incluso romper las palabras en mil pedazos para resignificarlas o desestructurar la sintaxis para lograr una nueva construcción, para ofrecer al poema la complejidad que necesita trasmitir, para dejarnos perplejos, como hace en “Somos cuerpos opacos” o “No hay respuesta”. O de solicitar la ayuda de Machado en “Mi infancia son recuerdos” o Idea Vilariño, releída ya por Yolanda Castaño en “No (ser)”, dialogando con ellos para discutir una idea que le atormenta o para pergeñar una realidad alternativa a la que no pudo ser. Cabalga con audacia a lomos de la experimentación pertrechado con un extraordinario dominio de materiales procedentes de la historia de la literatura, una historia de la literatura multicultural, multiétnica y cosmopolita que le proporciona un potente armazón de recursos y referencias teóricas fuertemente vinculados a su condición de Catedrático de Literatura Inglesa de la Universidad de Granada. Así, Oxford Circus emana del abrazo entre el académico de formación clásica y el creador provocador y rupturista. Nos acerca lo que está fuera de la norma, lo que puebla los márgenes, con todos los recursos e instrumentos que la norma le ofrece, generando así una tensión en la que estalla la dicotomía forma/contenido. Gerardo Rodríguez Salas dibuja sus versos, diseñados con pericia de arquitecto y eficacia de cirujano, para sacudir certezas sembrando dudas en nuestra mirada del entorno social, político, afectivo, erótico. Se vale de diferentes registros ensamblados en una estructura perfectamente calculada de todo el poemario para inocular en nosotros, por una parte el desconcierto frente a identidades y universos que han permanecido ocultos y por otra, el orgullo de sabernos parte de ellos, porque él nos adentra, nos hace partícipes, con un discurso tan reivindicativo como generoso, de su esplendorosa fiesta de la diversidad donde dialogan una pluralidad de voces diluyendo el marco normativo que define cada identidad. Encontramos entreverada en la reflexión implacable, en la denuncia explícita y demoledora de una sociedad hipócrita y despiadada que ha perseguido al diferente, la ternura del recuerdo de sus padres perdidos en una ciudad desconocida. Bajo una sencilla anécdota familiar late un grito de solidaridad con otros extranjeros aterrados ante “la misma mirada en otros ojos, muchos ojos/ mucho frío”, con otras personas también perdidas en una ciudad que no los acoge, otros “hijos del frío” donde “suenan las fieras consonantes de un idioma plomizo, tintinean/ cristales afilados/ la lengua madre/ con sus letras de piel/ que ya no abrigan”. Oxford Circus es en sí mismo una puesta en abismo, pues refleja las preocupaciones que el poeta viene manifestando libro tras libro. Sin embargo, es en el poema “Mise en abyme” donde se concentra con mayor crudeza la búsqueda del amor, la satisfacción del deseo, la conciencia brutal de la soledad. En “Teatro de sombras”, la tercera parte del libro, abierta con una cita muy elocuente de Juan Ramón Jiménez : “Si veis un hombre distinto,/ matadlo” estremece el grito que acusa a una sociedad capaz de infringir un dolor insoportable cuando no comprende “viviremos en paz/ ¿algún día?” y que culmina en una crítica abierta a la religión tantas veces adalid de castigar lo diferente. No escatima recursos por muy experimentales que estos sean para hacernos estremecer. Destacaría en este aspecto “Pentecostés/ Corpus Cristi” que aborda los silencios y violencias a las que han de enfrentarse las infancias queer. Tras el dolor que puebla cada poema se alza también una determinación: “no será nunca vuestro este lugar/ arderemos por siempre en nuestras llamas”. La determinación que nace de la aceptación y la renuncia a ser comprendidos, ¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?”. Libro a libro Gerardo Rodríguez Salas, con registros vitales y literarios muy diferentes, está construyendo una voz fuertemente comprometida atravesada por esa constante que recorrerá todos sus libros: el pasado y la escritura como espacio de reparación y reconciliación. En su primer libro, Hijas de un sueño , encontramos ya junto al narrador intimista que nos entrega sus historias como testimonio personal y subjetivo, al narrador comprometido con el ser humano y su momento histórico. En Anacronía ,  su primer libro de poemas, nos conduce a visitar puntos estratégicos de su cartografía vital, desvelando una tragedia que delimita su destino. Su memoria convoca en cada uno de nosotros nuestra propia pérdida. Nos entrega su dolor —y aún más, sus herramientas de reparación— para que lo hagamos nuestro. En su segundo libro de poemas, hilos de la infamia una voz coral de referencias mitológicas se rebelan contra la diosa retando su autoridad, un séquito de mujeres que, como Aracne, se enfrentan al poder. Reconocemos, por tanto, una deriva vitalista y comunitaria que desemboca en su último poemario, O xford Circus , con poemas que señalan, que reivindican, que denuncian sin perder jamás la esperanza. Muchas veces hemos creído que la poesía puede salvarnos. Gerardo Rodríguez Salas va más allá: “Escribir/ urdir la gran mentira/ sobrevivir”. Oxford Circus se cierra dialogando con el primer poema del libro, “Escribir”, y no nos sorprende porque a lo largo del poemario nos ha parecido que de eso se trataba, de revelar la capacidad transformadora de la escritura poética, la posibilidad de relectura que representa, su poder de reparación, de resistencia y su capacidad para revelar universos plurales: “es vuestro el fuego. Arded”. * Teresa Gómez es licenciada en filología hispánica y poeta. Autora de La espalda de la violinista ; (2018) y Plaza de abastos (2022), ambas en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara.

Por qué perdura la corrupción: vigilar y castigar no basta

Por qué perdura la corrupción: vigilar y castigar no basta

Los casos de corrupción se suceden con una regularidad casi previsible. Cambian los nombres, pero no la lógica que los sostiene. A menudo se presentan como simples episodios de avaricia o fallos éticos individuales. Sin embargo, esta explicación es incompleta si no tenemos en cuenta los contextos institucionales que facilitan estas conductas. La corrupción adopta múltiples formas, erosiona la confianza en las instituciones , influye en la desigualdad y obstaculiza el desarrollo social. Durante mucho tiempo, la corrupción se ha explicado como un problema de control ( modelo principal–agente ). Los ciudadanos o el Estado delegan poder en funcionarios o políticos , que pueden aprovecharse de esa posición. La solución, según este enfoque, consiste en controlar y sancionar con mayor dureza. Esta explicación no basta para entender por qué la corrupción persiste y se normaliza, incluso cuando no responde a necesidades económicas. El modelo asume decisiones racionales e ignora cómo influyen los sesgos, las normas sociales y el contexto institucional. Para entender y reducir la corrupción debemos también atender a lo que se ha venido a llamar la arquitectura de las decisiones : cómo se estructuran y diseñan los entornos e instituciones en los que las personas actúan. La economía de la conducta muestra que nuestras decisiones están influidas por la complejidad del entorno , sesgos cognitivos y por limitaciones de atención y memoria. En muchas situaciones no decidimos tras un análisis cuidadoso, sino mediante atajos mentales propios de una racionalidad acotada . El entorno y la forma en que se presentan las opciones influyen de manera decisiva. Desde esta perspectiva, las conductas corruptas no son solo inmorales y están relacionadas con la avaricia, sino que también pueden aparecer cuando los incentivos, las normas sociales y el diseño de los procedimientos las facilitan. Esto no significa que no haya responsabilidad moral o legal , sino que es importante reconocer que existen entornos que hacen que comportarse de forma indebida resulte más fácil, más tentador o incluso esperable. Muchos estudios muestran que tendemos a imitar lo que hacen los demás . Cuando la corrupción parece habitual , aumenta la disposición a aceptarla. Si “todo el mundo lo hace” , nadie quiere ser el tonto honesto que se queda fuera. Así se crea una trampa social que se reproduce y se normaliza. Además, vigilar y castigar no siempre reduce la corrupción y, en algunos contextos, puede incluso incrementarla al transformar la decisión en un cálculo estratégico de riesgos . Cuando las personas saben que existen inspecciones o castigos, pueden dejar de evaluar la conducta en términos morales y pasar a hacerlo en términos de un juego probabilístico: “¿Me descubrirán o no?” . En la corrupción política, las respuestas habituales suelen fallar. Más castigo penal llega tarde, más leyes no resuelven el problema y apelar a la ética individual no basta si el sistema empuja en la dirección contraria. Por eso, las soluciones más prometedoras pasan por reducir la discrecionalidad , aumentar la trazabilidad y rediseñar los procesos de decisión para que la corrupción sea más difícil, más visible y más costosa. Además, es crucial evitar que la corrupción se perciba como algo habitual , ya que, como hemos visto, cuando se ve como frecuente aumenta la probabilidad de que ocurra . Para explicar por qué el contexto importa, el economista y politólogo estadounidense Herbert Simon recurrió a la imagen de una hormiga en la playa . Si miramos solo a la hormiga, no entendemos su comportamiento. Para comprenderlo, debemos observar la playa, los montículos de arena y los obstáculos que debe sortear. Del mismo modo, nuestras decisiones solo se entienden si atendemos al entorno en el que actuamos. Como diría Simon , nuestras decisiones se parecen a unas tijeras, cuyas hojas inseparables son nuestras capacidades y el entorno. Como las reformas legales y los controles no han logrado reducir de forma sostenida la corrupción , resulta clave rediseñar los contextos de decisión. Esto incluye medidas organizativas –como la rotación de personal , la reducción de intermediarios o la limitación de interacciones discrecionales– y el uso de políticas públicas conductuales como nudges : pequeños cambios en los procedimientos que aumentan la transparencia, introducen fricciones al comportamiento corrupto y facilitan denunciar y actuar de forma honesta. Algunos ejemplos ilustran este enfoque: No se trata de sustituir a las leyes, sino de reforzarlas modificando los contextos en los que se toman las decisiones. Si queremos dejar de sorprendernos ante cada nuevo escándalo, quizá convenga mirar menos a las “manzanas podridas” y más al cesto que las contiene: combatir la corrupción exige repensar el diseño de nuestras instituciones y los comportamientos que estas facilitan. ------------------------------ Alejandro Hortal es visiting assistant professor en la Wake Forest University; University of North Carolina – Greensboro. Este artículo se publicó originalmente en The Conversation . Lea el original aquí .

Martín Presa, el presidente que indigna al Rayo Vallecano: de coquetear con la ultraderecha a un césped infame

Martín Presa, el presidente que indigna al Rayo Vallecano: de coquetear con la ultraderecha a un césped infame

El mandatario, que sentó a Abascal en el palco pese a la oposición de la afición, colma la paciencia rayista después de la suspensión del partido ante el Oviedo e insiste en su mensaje de un nuevo estadio fuera de Vallecas, pese a la oposición de la hinchada y hasta de Ayuso, que apoyó inicialmente la idea “El Rayo será Vallecano o no será”: indignación ante el plan para dejar Vallecas sin estadio para su equipo Pago de nóminas a destiempo, salas de prensa sin wifi, estancias sin luz en el vestuario rival, duchas con agua fría en el de la propia plantilla, inmovilismo en la búsqueda de nuevos ingresos... Y ahora, hongos en un campo convertido en vergüenza del fútbol español. La figura del presidente del Rayo Vallecado, Raúl Martín Presa, lleva años cuestionada por una bancada siempre comprometida y reivindicativa. Pero la última mancha en su gestión, que obligó a cancelar el encuentro con el Real Oviedo del pasado sábado por el deteriorado estado del césped debido a la lluvia y la falta de mantenimiento, ha desatado una oleada de contestación entre la hinchada e incluso desde sectores futbolísticos ajenos al entorno rayista. Una sensación de derrumbe institucional mientras el equipo masculino se pasea por Europa en la UEFA Conference League, después de vivir una pasada temporada llena de éxitos deportivos. La delicada situación actual ahonda en un descontento enraizado entre la afición por diversas actitudes promovidas desde la directiva que no encajan con su sentir mayoritariamente obrero y progresista. Cada 8 de marzo, la cuenta del Rayo Vallecano en redes sociales publica el mismo mensaje: “Nuestro recuerdo y emocionado homenaje a las víctimas de la COVID-19 y nuestra solidaridad con sus familiares y amigos, cuando se cumplen años del inicio de las complicaciones de la terrible pandemia en nuestro país”. Desde el club fechan el comienzo de dichas dificultades precisamente el día de la manifestación feminista. “Ese día, además de 12.000 espectadores, al Estadio de Vallecas fueron Ana Camins, Alicia Sánchez, Mari Mar Blanco, Ana Millán, Almudena Negro y otras diputadas del Partido Popular... Sales en todas la fotos”, le recordaba un usuario en X en respuesta al post publicado en 2023. No son los únicos dirigentes políticos que Martín Presa ha invitado al palco desde su llegada al cargo en 2011 (después de comprarlo a la ruinosa Nueva Rumasa). En abril de 2021, le acompañaron en la zona de autoridades del Estadio de Vallecas el líder de Vox, Santiago Abascal y la por entonces responsable del partido en la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio (ahora defenestrada por la dirección de la formación). El Rayo jugaba además contra el Albacete, que contaba en su plantilla con el futbolista ucraniano Roman Zozulya. Dos años antes, este mismo partido había sido cancelado después de que parte de la grada gritara “nazi” al futbolista. Martín Presa justificó la presencia de los líderes ultraderechistas con estas palabras: “Era necesario limpiar la imagen de Vallecas que dieron unos pocos”, en referencia a las protestas por el mitin de Vox celebrado en la zona unas semanas antes. “Llamaron diciendo que querían venir, mostraron interés y me pareció bien porque el Rayo es un equipo abierto a todos y Vallecas es un barrio que acoge a toda la gente”, afirmó. Este tipo de decisiones ahondan en el océano de distancia que separa a Martín Presa de la afición rayista. La Federación de Peñas respondió a aquella estampa con contundencia: “En Vallekas no hay lugar para el fascismo. Ni para los tontos útiles”. Pero no solo es una cuestión política o ideológica. La hinchada alerta continuamente de la falta de inversión, mantenimiento e innovación en las infraestructuras del club, el único del fútbol profesional español que no habilita venta online para adquirir localidades. La cancelación del encuentro ante el Real Oviedo debido al calamitoso estado del césped, incompatible con la práctica del fútbol, acabó desatando la indignación de cientos de seguidores que se concentaron a las puertas del estadio. Entre gritos de “Presa, vete ya” o “Presa no, Rayo sí”, los seguidores rayistas clamaron contra la directiva actual del club en una manifestación espontánea a la que se unieron algunos hinchas del Real Oviedo, ya desplazados hasta Madrid cuando LaLiga anunció la suspensión del duelo por no reunir el campo “las garantías necesarias” para preservar “la integridad física de los jugadores”. Ya el viernes, los jugadores y el cuerpo técnico del primer equipo denunciaron la falta de soluciones por parte de la presidencia club a las distintas deficiencias en instalaciones, como la del césped del Estadio de Vallecas y de la Ciudad Deportiva, así como en el desarrollo profesional del club. Exigieron “unas condiciones dignas de trabajo” mediante un comunicado emitido a través de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), después de varias declaraciones en ruedas de prensa que ya apuntaban en esta línea. La cancelación del partido menoscaba la imagen pública del Rayo, pero el perjuicio puede ir más allá. Pese a que el Oviedo ha mostrado su “solidaridad y empatía” con la plantilla o el cuerpo técnico, ha avanzado que estudiará “acciones reglamentarias” para “salvaguardar el resultado del encuentro y garantizar condiciones competitivas equitativas”. Y añaden: “Esta decisión supone un perjuicio evidente para nuestra entidad, tanto desde el punto de vista deportivo como organizativo y económico, al haberse producido una vez efectuado el desplazamiento, así como para nuestros aficionados y los medio que tenían previsto asistir al encuentro”. El club asturiano estudia solicitar que LaLiga les dé el partido por ganado, además de recurrir a la Justicia ordinaria por los perjuicios económicos causados. Mientras el tiempo corre sin que Martín Presa ofreza explicaciones públicas, crece la incertidumbre (y los trabajos a contrarreloj) de cara al próximo partido en el Estadio de Vallecas, previsto para este domingo ante el Atlético de Madrid. La situación es tan delicada que LaLiga estudia trasladar ese partido al Estadio de Butarque, en Leganés, según informa la Cadena SER. La controversia ha dado el salto a la esfera política. Ignacio Benito, concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid, recalca que “las deficiencias van mucho más allá del estadio”. El pasado martes, a petición de las familias de la cantera rayista, se debatió una pregunta del PSOE en el pleno de Villa de Vallecas sobre la Ciudad Deportiva de la entidad deportiva. Benito recuerda que “sus instalaciones están tan mal que todo un equipo de Primera División, que juega en Europa, se ha tenido que ir a entrenar a otros lugares del distrito no adaptados para este fin”. El edil subraya que la coyuntura es tovía más delicada para adolescentes y menores: “Un niño se rompió un ligamento interno por el mal estado de uno de estos campos”, recuerda. “Exigimos al Ayuntamiento, propietario de estas instalaciones, y al club, que dejen de pasarse la pelota unos a otros y acometan de manera urgente las actuaciones necesarias para que la Ciudad Deportiva del Rayo Vallecano sea un espacio donde poder practicar deporte de manera segura”, concluye. A vueltas con la idea de un Rayo sin Vallecas Mientras, Martín Presa continúa obcecado en su afán por llevar al Rayo fuera de Vallecas. Una propuesta que le ha llevado a elevar el tono contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La dirigente autonómica dio alas a la idea en un inicio, para asombro y enfado de una afición que no entendería su club sin que sea parte de su barrio. “Cada vez es más insostenible que sigan en Vallecas”, dijo en 2024 sobre una mudanza de la que ya estarían “hablando” (el Estadio de Vallecas es de titularidad autonómica). Ayuso acabó recapacitando y ya ha descartado la idea en público, aunque no de manera tajante: “El estadio se reforma y no se mueve, en principio...”, indicó hace unas semanas. Pese a la propiedad autonómica, que permite el disfrute del recinto por el Rayo mediante convenio, el Ejecutivo de la presidenta ha aprovechado para rechazar cualquier responsabilidad en el estado del césped: “Las obligaciones de la Comunidad de Madrid son la habitabilidad y la seguridad. El tema del césped es privado”, ha trasladado el director general de Deportes, Alberto Tomé. Antes, la diputada de Más Madrid Alicia Torija había asegurado que “llueve sobre mojado” en el caso del Rayo y acusado al Gobierno regional de ser “colaborador necesario” de las “lamentables” condiciones del estadio, que ponen “en peligro” a la afición y a los jugadores. Mientras, Martín Presa no parece dispuesto a ceder: “Cerca del puente de Vallecas es imposible hacer un nuevo estadio... tendremos que irnos lejos del puente de Vallecas. No queremos ningún conflicto ni con la presidenta ni con la Comunidad de Madrid, pero queremos también que nos respeten”, declaró al programa Radioestadio Noche el pasado 26 de enero. “El Rayo no se entiende sin Vallecas y Vallecas no se entiende sin el Rayo”, sostenía un abonado en declaraciones a Somos Madrid . Es el sentir mayoritario de la hinchada, desde los Bukaneros más acérrimos hasta el seguidor que acude ocasionalmente al campo. Todo el entorno rayista coinciden en que el estado de conservación del recinto sigue siendo “tremendamente deficiente”, también que la reforma llegó “tarde y mal”, pero inciden en que  “han querido dejar morir el campo”.  La falta de mejoras en el césped o de seguridad en algunas estructuras son algunas de las reclamaciones más repetidas. A socias como Marisol les parece “surrealista” la mera posibilidad de imaginar al Rayo fuera de Vallecas, pero no les sorprendente. “Somos el único club de Primera División que no pone a la venta entradas online. Hay que comprarlas en taquilla, haciendo cola y en unos horarios terribles: lunes y viernes a las 9.00 o a las 14.00”, lamenta. Sin embargo, para Martín Presa las cuentas pendientes son otras. En una entrevista para Onda Madrid, el presidente rayista recalcaba entre las principales carencias del recinto que “no tiene párking para jugadores ni autoridades, ni zonas de hospitality ni zonas VIP”. “Todo eso afecta sensiblemente en la obtención de ingresos, siendo al final el equipo que menos ingresos puede obtener en la Liga”, sostiene. Una figura sombría desde su llegada a la presidencia Martín Presa compró el Rayo por menos de lo que vale un mes de alquiler en Madrid. En mayo de 2011, se hizo con el 98,6% de las acciones del club a cambio de 961 euros. Un importe nominal simbólico con el que asumía una deuda en el entorno de los 40 millones de euros. El dirigente lidió desde el principio con acusaciones que apuntaban a su conexión con la anterior propiedad, la familia Ruiz-Mateos, aunque él apeló siempre a la “nula vinculación” con el clan empresarial. El exabogado de los Ruiz-Mateos, Joaquín Yvancos, explicó en un medio de comunicación rayista que “h abía varios posibles compradores y el valor de la venta, con el equipo en Primera, debía ser entre 50 y 70 millones de euros”. “Nos dijeron que no, que fuéramos al despacho del abogado de Presa, que en unas semanas debía quedar el contrato firmado y que no se pusiera ninguna pega a ninguna de las cláusulas que ellos establecieran. Fuimos allí y, misteriosamente, se consumó la venta por unos cientos de euros, que ni siquiera llegaron a pagar en la notaría. Estaba Javier Ruiz-Mateos [a la postre condenado a siete y años y medio de prisión por estafa en el caso de Nueva Rumasa], se saludaron porque eran muy amigos y luego me dice que se ha vendido el Rayo a esta persona porque es afín al Opus”, expuso Yvancos. Éxitos deportivos en el masculino y caída en desgracia del femenino El abandono institucional choca con la buena marcha deportiva del club, sobre todo durante la temporada 2024-25 (en la actual coquetea con el descenso), cuando el primer equipo masculino logró por primera vez clasificarse para una competición europrea por méritos deportivos. El club ha encadenado una racha de entrenadores que han logrado un gran rendimiento de la plantilla. Antes de Íñigo Pérez, que consiguió ese octavo puesto para competir en la Conference League esta temporada, Andoni Iraola materializó el ascenso y estableció al Rayo en Primera con gran solvencia durante varias temporadas. Con su marcha a la Premier League inglesa y la llegdada de Francisco Rodríguez el equipo titubeó, hasta que Pérez recondució la trayectoria desde 2024. Por contra, el equipo femenino se ha adentrado en un progresivo ostracismo que le coloca en una situación insospechada para una entidad que fue pionera en el fomento del fútbol entre mujeres (quizá la única herencia positiva de la etapa Ruiz-Mateos/Teresa Rivero) y campeona de Copa de la Reina en 2008. Después de varios descensos, milita en la tercera categoría, la Segunda Federación. Las jugadoras han denunciado condiciones laborales indignas, incumplimientos reiterados del convenio colectivo y falta de médicos propios, aunque Martín Presa tensó especialmente la cuerda al contratar en 2022 y mantener hasta el final de temporada a un entretenedor, Carlos Santiso, que lanzó el siguiente comentario:  “Este staff es increíble, pero nos faltan cosas. Nos falta, sigo diciéndolo, hacer… pues… una como los de la Arandina [ condenados por abuso sexual a una menor de 15 años ]. Nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en jaris, y cargárnosla ahí todos juntos”. En Vallecas llueve sobre mojado, tanto en el césped del estadio como en la gestión de Martín Presa. La afición se ha hartado de no poder disfrutar del buen hacer del equipo masculino, de ver cómo se hunde el femenino y de temer por la salud de su cantera. La mala praxis del presidente ha rebosado la paciencia de los corazones rayistas sin que haya vuelta atrás. Apoya el trabajo periodístico de Somos Madrid Esta información ha podido salir a la luz gracias a las personas que apoyan la edición local de Madrid en elDiario.es. Si tú también quieres y puedes hacerlo, hazte socia, hazte socio y contribuye a sostener nuestro trabajo diario y a publicar exclusivas que cambien las cosas. Si ya tienes una suscripción, puedes hacer una aportación extra a la sección local de Madrid para apoyar las informaciones de proximidad, sobre lo que importa en el día a día de los habitantes de esta ciudad: para hacerlo, entra en el apartado de 'tu cuota' en tu perfil privado . 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Martín Presa, el presidente que indigna al Rayo Vallecano: de coquetear con la ultraderecha a un césped infame

Martín Presa, el presidente que indigna al Rayo Vallecano: de coquetear con la ultraderecha a un césped infame

El mandatario, que sentó a Abascal en el palco pese a la oposición de la afición, colma la paciencia rayista después de la suspensión del partido ante el Oviedo e insiste en su mensaje de un nuevo estadio fuera de Vallecas, pese a la oposición de la hinchada y hasta de Ayuso, que apoyó inicialmente la idea “El Rayo será Vallecano o no será”: indignación ante el plan para dejar Vallecas sin estadio para su equipo Pago de nóminas a destiempo, salas de prensa sin wifi, estancias sin luz en el vestuario rival, duchas con agua fría en el de la propia plantilla, inmovilismo en la búsqueda de nuevos ingresos... Y ahora, hongos en un campo convertido en vergüenza del fútbol español. La figura del presidente del Rayo Vallecado, Raúl Martín Presa, lleva años cuestionada por una bancada siempre comprometida y reivindicativa. Pero la última mancha en su gestión, que obligó a cancelar el encuentro con el Real Oviedo del pasado sábado por el deteriorado estado del césped debido a la lluvia y la falta de mantenimiento, ha desatado una oleada de contestación entre la hinchada e incluso desde sectores futbolísticos ajenos al entorno rayista. Una sensación de derrumbe institucional mientras el equipo masculino se pasea por Europa en la UEFA Conference League, después de vivir una pasada temporada llena de éxitos deportivos. La delicada situación actual ahonda en un descontento enraizado entre la afición por diversas actitudes promovidas desde la directiva que no encajan con su sentir mayoritariamente obrero y progresista. Cada 8 de marzo, la cuenta del Rayo Vallecano en redes sociales publica el mismo mensaje: “Nuestro recuerdo y emocionado homenaje a las víctimas de la COVID-19 y nuestra solidaridad con sus familiares y amigos, cuando se cumplen años del inicio de las complicaciones de la terrible pandemia en nuestro país”. Desde el club fechan el comienzo de dichas dificultades precisamente el día de la manifestación feminista. “Ese día, además de 12.000 espectadores, al Estadio de Vallecas fueron Ana Camins, Alicia Sánchez, Mari Mar Blanco, Ana Millán, Almudena Negro y otras diputadas del Partido Popular... Sales en todas la fotos”, le recordaba un usuario en X en respuesta al post publicado en 2023. No son los únicos dirigentes políticos que Martín Presa ha invitado al palco desde su llegada al cargo en 2011 (después de comprarlo a la ruinosa Nueva Rumasa). En abril de 2021, le acompañaron en la zona de autoridades del Estadio de Vallecas el líder de Vox, Santiago Abascal y la por entonces responsable del partido en la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio (ahora defenestrada por la dirección de la formación). El Rayo jugaba además contra el Albacete, que contaba en su plantilla con el futbolista ucraniano Roman Zozulya. Dos años antes, este mismo partido había sido cancelado después de que parte de la grada gritara “nazi” al futbolista. Martín Presa justificó la presencia de los líderes ultraderechistas con estas palabras: “Era necesario limpiar la imagen de Vallecas que dieron unos pocos”, en referencia a las protestas por el mitin de Vox celebrado en la zona unas semanas antes. “Llamaron diciendo que querían venir, mostraron interés y me pareció bien porque el Rayo es un equipo abierto a todos y Vallecas es un barrio que acoge a toda la gente”, afirmó. Este tipo de decisiones ahondan en el océano de distancia que separa a Martín Presa de la afición rayista. La Federación de Peñas respondió a aquella estampa con contundencia: “En Vallekas no hay lugar para el fascismo. Ni para los tontos útiles”. Pero no solo es una cuestión política o ideológica. La hinchada alerta continuamente de la falta de inversión, mantenimiento e innovación en las infraestructuras del club, el único del fútbol profesional español que no habilita venta online para adquirir localidades. La cancelación del encuentro ante el Real Oviedo debido al calamitoso estado del césped, incompatible con la práctica del fútbol, acabó desatando la indignación de cientos de seguidores que se concentaron a las puertas del estadio. Entre gritos de “Presa, vete ya” o “Presa no, Rayo sí”, los seguidores rayistas clamaron contra la directiva actual del club en una manifestación espontánea a la que se unieron algunos hinchas del Real Oviedo, ya desplazados hasta Madrid cuando LaLiga anunció la suspensión del duelo por no reunir el campo “las garantías necesarias” para preservar “la integridad física de los jugadores”. Ya el viernes, los jugadores y el cuerpo técnico del primer equipo denunciaron la falta de soluciones por parte de la presidencia club a las distintas deficiencias en instalaciones, como la del césped del Estadio de Vallecas y de la Ciudad Deportiva, así como en el desarrollo profesional del club. Exigieron “unas condiciones dignas de trabajo” mediante un comunicado emitido a través de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), después de varias declaraciones en ruedas de prensa que ya apuntaban en esta línea. La cancelación del partido menoscaba la imagen pública del Rayo, pero el perjuicio puede ir más allá. Pese a que el Oviedo ha mostrado su “solidaridad y empatía” con la plantilla o el cuerpo técnico, ha avanzado que estudiará “acciones reglamentarias” para “salvaguardar el resultado del encuentro y garantizar condiciones competitivas equitativas”. Y añaden: “Esta decisión supone un perjuicio evidente para nuestra entidad, tanto desde el punto de vista deportivo como organizativo y económico, al haberse producido una vez efectuado el desplazamiento, así como para nuestros aficionados y los medio que tenían previsto asistir al encuentro”. El club asturiano estudia solicitar que LaLiga les dé el partido por ganado, además de recurrir a la Justicia ordinaria por los perjuicios económicos causados. Mientras el tiempo corre sin que Martín Presa ofreza explicaciones públicas, crece la incertidumbre (y los trabajos a contrarreloj) de cara al próximo partido en el Estadio de Vallecas, previsto para este domingo ante el Atlético de Madrid. La situación es tan delicada que LaLiga estudia trasladar ese partido al Estadio de Butarque, en Leganés, según informa la Cadena SER. La controversia ha dado el salto a la esfera política. Ignacio Benito, concejal socialista en el Ayuntamiento de Madrid, recalca que “las deficiencias van mucho más allá del estadio”. El pasado martes, a petición de las familias de la cantera rayista, se debatió una pregunta del PSOE en el pleno de Villa de Vallecas sobre la Ciudad Deportiva de la entidad deportiva. Benito recuerda que “sus instalaciones están tan mal que todo un equipo de Primera División, que juega en Europa, se ha tenido que ir a entrenar a otros lugares del distrito no adaptados para este fin”. El edil subraya que la coyuntura es tovía más delicada para adolescentes y menores: “Un niño se rompió un ligamento interno por el mal estado de uno de estos campos”, recuerda. “Exigimos al Ayuntamiento, propietario de estas instalaciones, y al club, que dejen de pasarse la pelota unos a otros y acometan de manera urgente las actuaciones necesarias para que la Ciudad Deportiva del Rayo Vallecano sea un espacio donde poder practicar deporte de manera segura”, concluye. A vueltas con la idea de un Rayo sin Vallecas Mientras, Martín Presa continúa obcecado en su afán por llevar al Rayo fuera de Vallecas. Una propuesta que le ha llevado a elevar el tono contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La dirigente autonómica dio alas a la idea en un inicio, para asombro y enfado de una afición que no entendería su club sin que sea parte de su barrio. “Cada vez es más insostenible que sigan en Vallecas”, dijo en 2024 sobre una mudanza de la que ya estarían “hablando” (el Estadio de Vallecas es de titularidad autonómica). Ayuso acabó recapacitando y ya ha descartado la idea en público, aunque no de manera tajante: “El estadio se reforma y no se mueve, en principio...”, indicó hace unas semanas. Pese a la propiedad autonómica, que permite el disfrute del recinto por el Rayo mediante convenio, el Ejecutivo de la presidenta ha aprovechado para rechazar cualquier responsabilidad en el estado del césped: “Las obligaciones de la Comunidad de Madrid son la habitabilidad y la seguridad. El tema del césped es privado”, ha trasladado el director general de Deportes, Alberto Tomé. Antes, la diputada de Más Madrid Alicia Torija había asegurado que “llueve sobre mojado” en el caso del Rayo y acusado al Gobierno regional de ser “colaborador necesario” de las “lamentables” condiciones del estadio, que ponen “en peligro” a la afición y a los jugadores. Mientras, Martín Presa no parece dispuesto a ceder: “Cerca del puente de Vallecas es imposible hacer un nuevo estadio... tendremos que irnos lejos del puente de Vallecas. No queremos ningún conflicto ni con la presidenta ni con la Comunidad de Madrid, pero queremos también que nos respeten”, declaró al programa Radioestadio Noche el pasado 26 de enero. “El Rayo no se entiende sin Vallecas y Vallecas no se entiende sin el Rayo”, sostenía un abonado en declaraciones a Somos Madrid . Es el sentir mayoritario de la hinchada, desde los Bukaneros más acérrimos hasta el seguidor que acude ocasionalmente al campo. Todo el entorno rayista coinciden en que el estado de conservación del recinto sigue siendo “tremendamente deficiente”, también que la reforma llegó “tarde y mal”, pero inciden en que  “han querido dejar morir el campo”.  La falta de mejoras en el césped o de seguridad en algunas estructuras son algunas de las reclamaciones más repetidas. A socias como Marisol les parece “surrealista” la mera posibilidad de imaginar al Rayo fuera de Vallecas, pero no les sorprendente. “Somos el único club de Primera División que no pone a la venta entradas online. Hay que comprarlas en taquilla, haciendo cola y en unos horarios terribles: lunes y viernes a las 9.00 o a las 14.00”, lamenta. Sin embargo, para Martín Presa las cuentas pendientes son otras. En una entrevista para Onda Madrid, el presidente rayista recalcaba entre las principales carencias del recinto que “no tiene párking para jugadores ni autoridades, ni zonas de hospitality ni zonas VIP”. “Todo eso afecta sensiblemente en la obtención de ingresos, siendo al final el equipo que menos ingresos puede obtener en la Liga”, sostiene. Una figura sombría desde su llegada a la presidencia Martín Presa compró el Rayo por menos de lo que vale un mes de alquiler en Madrid. En mayo de 2011, se hizo con el 98,6% de las acciones del club a cambio de 961 euros. Un importe nominal simbólico con el que asumía una deuda en el entorno de los 40 millones de euros. El dirigente lidió desde el principio con acusaciones que apuntaban a su conexión con la anterior propiedad, la familia Ruiz-Mateos, aunque él apeló siempre a la “nula vinculación” con el clan empresarial. El exabogado de los Ruiz-Mateos, Joaquín Yvancos, explicó en un medio de comunicación rayista que “h abía varios posibles compradores y el valor de la venta, con el equipo en Primera, debía ser entre 50 y 70 millones de euros”. “Nos dijeron que no, que fuéramos al despacho del abogado de Presa, que en unas semanas debía quedar el contrato firmado y que no se pusiera ninguna pega a ninguna de las cláusulas que ellos establecieran. Fuimos allí y, misteriosamente, se consumó la venta por unos cientos de euros, que ni siquiera llegaron a pagar en la notaría. Estaba Javier Ruiz-Mateos [a la postre condenado a siete y años y medio de prisión por estafa en el caso de Nueva Rumasa], se saludaron porque eran muy amigos y luego me dice que se ha vendido el Rayo a esta persona porque es afín al Opus”, expuso Yvancos. Éxitos deportivos en el masculino y caída en desgracia del femenino El abandono institucional choca con la buena marcha deportiva del club, sobre todo durante la temporada 2024-25 (en la actual coquetea con el descenso), cuando el primer equipo masculino logró por primera vez clasificarse para una competición europrea por méritos deportivos. El club ha encadenado una racha de entrenadores que han logrado un gran rendimiento de la plantilla. Antes de Íñigo Pérez, que consiguió ese octavo puesto para competir en la Conference League esta temporada, Andoni Iraola materializó el ascenso y estableció al Rayo en Primera con gran solvencia durante varias temporadas. Con su marcha a la Premier League inglesa y la llegdada de Francisco Rodríguez el equipo titubeó, hasta que Pérez recondució la trayectoria desde 2024. Por contra, el equipo femenino se ha adentrado en un progresivo ostracismo que le coloca en una situación insospechada para una entidad que fue pionera en el fomento del fútbol entre mujeres (quizá la única herencia positiva de la etapa Ruiz-Mateos/Teresa Rivero) y campeona de Copa de la Reina en 2008. Después de varios descensos, milita en la tercera categoría, la Segunda Federación. Las jugadoras han denunciado condiciones laborales indignas, incumplimientos reiterados del convenio colectivo y falta de médicos propios, aunque Martín Presa tensó especialmente la cuerda al contratar en 2022 y mantener hasta el final de temporada a un entretenedor, Carlos Santiso, que lanzó el siguiente comentario:  “Este staff es increíble, pero nos faltan cosas. Nos falta, sigo diciéndolo, hacer… pues… una como los de la Arandina [ condenados por abuso sexual a una menor de 15 años ]. Nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en jaris, y cargárnosla ahí todos juntos”. En Vallecas llueve sobre mojado, tanto en el césped del estadio como en la gestión de Martín Presa. La afición se ha hartado de no poder disfrutar del buen hacer del equipo masculino, de ver cómo se hunde el femenino y de temer por la salud de su cantera. La mala praxis del presidente ha rebosado la paciencia de los corazones rayistas sin que haya vuelta atrás. Apoya el trabajo periodístico de Somos Madrid Esta información ha podido salir a la luz gracias a las personas que apoyan la edición local de Madrid en elDiario.es. Si tú también quieres y puedes hacerlo, hazte socia, hazte socio y contribuye a sostener nuestro trabajo diario y a publicar exclusivas que cambien las cosas. Si ya tienes una suscripción, puedes hacer una aportación extra a la sección local de Madrid para apoyar las informaciones de proximidad, sobre lo que importa en el día a día de los habitantes de esta ciudad: para hacerlo, entra en el apartado de 'tu cuota' en tu perfil privado . 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La resistencia de 'El librero de Gaza': "La literatura es el lugar máximo de subversión e imaginación"

La resistencia de 'El librero de Gaza': "La literatura es el lugar máximo de subversión e imaginación"

Nabil Al Djabir es un viejo librero de Gaza que cada día abre su librería como un acto de cotidiana resistencia . Con la población ocupada en sobrevivir, alimentarse o ponerse a cubierto, es altamente probable que nadie se detenga tan siquiera a mirarle, pero eso no va a hacer que él ceje en su empeño, rodeado por ruinas humeantes y páginas amarillentas repletas de historias variopintas que son, todas ellas y en esencia, también la suya. Porque los ejemplares que tiene en sus manos no son sólo objetos: son fragmentos de una vida, cicatrices de un pueblo. "No nos damos cuenta de lo privilegiados que somos en las sociedades en las que vivimos. Sin embargo, en Gaza tenemos a este hombre que abre su librería todos los días, que lee, que espera a que vengan otros lectores. Y en esta cotidianidad se esconde este acto de fortaleza , esta forma de resistir", resume a infoLibre Rachid Benzine (Kenitra, Marruecos, 1971), autor de El librero de Gaza ( Editorial Salamandra , 2026), una novela que ya es todo un éxito en Francia y que se está traduciendo a una quincena de idiomas . Y continúa el politólogo, novelista y dramaturgo franco-marroquí: "Claro, uno podría pensar de qué sirve leer cuando le están lloviendo las bombas sobre la cabeza y no sabes si tendrás comida o agua ese día. Pero lo que está diciendo este librero es que no se va a reducir a sus necesidades primarias, a ser simplemente un animal que busca sobrevivir. Este es un acto de cultura , de resistencia . Por eso, a través del acto de leer una librería es la humanización por excelencia, ya que a través de los libros se habla de cosas singulares y se genera una sensibilidad en estos espacios. No nos damos cuenta de la suerte que tenemos de poder acudir a las librerías con toda la seguridad del mundo". Nacido en Gaza en 1948 , hijo de padre cristiano y madre musulmana, el librero encuentra al fin alguien que le quiera escuchar. Se trata de Julien Desmanges, un joven fotógrafo francés que le conoce por casualidad buscando una instantánea que vender a los medios de comunicación occidentales. Pero una imagen por si sola puede no significar nada si ya estamos insensibilizados ante el horror después de haber visto otras muchas, y es así como se enriquece con la historia personal de Nabil, quien encarna y narra la Nakba , el éxodo , las intifadas, la situación de los refugiados , su completa trama familiar, los años de encarcelamiento, la pérdida de la esperanza... y la cultura y el arte como asidero gracias al que no dejar nunca de sentirse un ser humano. Porque estamos ante un hombre que ha escogido la lectura como refugio , resistencia y patria mientras 'ahí fuera' de esas páginas amarillentas el mundo su mundo se cae a pedazos. De lo individual a lo universal en un relato que evoca , remueve , indigna y por encima de todo empatiza . "El librero le dice al periodista que tiene que mirar más allá del libro que tiene entre las manos, atravesarlo, como hace una persona con una foto, para ver la historia que hay detrás", plantea Benzine, para quien su protagonista "es la encarnación de la odisea del pueblo palestino, que ha perdido todo pero resiste desde hace setenta años". "Él en particular vive a través de los libros , como si la literatura hubiera sido su patria ", destaca, compartiendo el detalle en absoluto menor de que la raíz árabe de su apellido, Al Djabir, "significa aquel que repara , que cura ". Establece así un paralelismo el autor, residente en Francia desde niño, en el que el librero se convierte en una especie de farmacéutico que cura lo más puro que todos llevamos dentro para así "resistir a la deshumanización " que provoca la muerte y la destrucción a la que está sometido desde hace tantas décadas el pueblo palestino. Esto es, claro, extrapolable también a otros contextos de violencia , siempre tratando de preguntarnos si las palabras nos pueden de alguna manera salvar de un destino fatal: "Es verdad que la literatura no es capaz de salvarnos de las bombas , que no es capaz de devolvernos a las mujeres o a los niños asesinados, pero sí que permite guardar las palabras, la parte humana , guardar lo que llaman la irreductibilidad , donde a pesar de la opresión y de la violencia hay una cosa que puede resistir dentro del ser humano a la deshumanización. Lo que trata Nabil provocar en el otro a través de la lectura es la resistencia por excelencia , el hecho mismo de poder decir que aún guardamos esa parte de seres humanos". Citando al autor francés del siglo pasado Georges Bernanos, recuerda Benzine que "la esperanza es la superación de la desesperanza ", al mismo tiempo que concede que viendo lo que sucede en Gaza "uno puede sentirse desesperado por la impotencia de no poder actuar". "Pero sí que creo que el arte , la literatura , el teatro , tienen una forma de poder cambiar estas realidades. Y no con una especie de esperanza ingenua con la que digamos que mañana las cosas van a ir mejor, pero sí sintiendo que el arte puede habitar las ruinas y meterse por las grietas para generar de alguna forma esa esperanza". De esto último hay pasajes muy concretos en esta novela, como cuando un grupo de niños interpreta el Hamlet de Shakespeare en un campo de refugiados y se pronuncia la famosa pregunta: ¿Ser o no ser? "Esa frase resuena de una forma completamente diferente en un teatro grande en Madrid a como resuena en Gaza, porque es una cuestión que allí tiene un significado especial, porque realmente nos estamos cuestionando si tenemos derecho a existir ", argumenta el autor, antes de insistir en que, efectivamente, "la literatura nos permite de alguna forma unirnos todos en la condición humana". Y es que, a su juicio, "la cultura es una forma de mediación " sin la que no se entiende al ser humano en sí mismo. "Los autores siempre se ponen a escribir cuando todo se derrumba. y la literatura sí que ayuda a transformar esta pena", señala, antes de añadir: "La cultura nos ayuda a encontrar las palabras y nos ayuda también a abrir otro relato al mundo. Y es Paul Ricoeur quien dice que pasamos del texto a la acción pasando por la imaginación porque así se generan otras formas de sentir y de crear. Por eso, no es casualidad que en los países más autoritarios vayan muy en contra de la literatura, porque es el lugar máximo de subversión y de imaginación".

El último encuentro

El último encuentro

El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura. Salamandra. 2025 Va calando poco a poco con prosa pausada y reflexiva. Atmósfera nostálgica y oscura cubriendo el silencio de dos amigos en un pasado demasiado largo que hace del dolor algo irreparable. El último encuentro transita una honda herida llena de frustración y rencor. La intriga de la novela se apoya en la pregunta: ¿qué ocurrió para que pasasen cuatro décadas sin hablarse? 1941. Por fin el general Henrik está sentado frente a Konrad. La conversación pendiente está a punto de empezar. O eso parece: el general empieza a hablar y ya no parará. Apabulla con un dilatado relato antes de llegar al meollo de la cuestión, donde una mujer se sitúa en el centro de la tempestad. Su recorrido por el pasado mostrará a dos jóvenes de clases diferentes que, sin embargo, convierten su amistad en un pilar sólido. No serán un obstáculo para forjar un nexo aparentemente irrompible. Pero todo tiene un límite. Henrik decidió refugiarse de por vida en su decrépito castillo de Hungría mientras que Konrad desapareció. El general optó por convivir con sus recuerdos, lugares y objetos. Los que dan fe de la opulencia de su morada en el pasado, a los que Márai dedicará detalladas descripciones que suman profundidad al lastre de las pérdidas de su amargada existencia. La presencia de Konrad no va a servir de mucho porque… no tendremos su versión. Desde que esta novela se publicó en 1942, supongo que seremos legión los que nos quedamos boquiabiertos, y cabreados también, por la ausencia de argumentos que puedan rebatir al general. No busquen acción en estas páginas. Es Márai. Deléitense paladeando su prosa, aunque sea un diálogo unilateral y las reiteraciones sobre el mismo clavo sean constantes. Teniendo en cuenta el final, ¿debemos entender que quien calla otorga? ¿Esa es la explicación, o el autor sólo quería que Henrik vomitara su resentimiento y decepción? Independientemente de la interpretación de cada lector, el valor de la novela es sin duda la calidad del relato, el recorrido detallado por la vida de ambos, –según el general, claro–y una Europa decadente. En el sabor agridulce que destila la “venganza” de Henrik, también se respira la soledad que ha minado su día a día hasta llegar a la vejez. Sin embargo, no tendría por qué ser la víctima; existía la posibilidad de saber la verdad. Es egocéntrico, cargado de valores incompatibles con cierta lógica. Sólo desea cargar culpas para alimentar su odio. Aun siendo insoportable su rigidez de pensamiento, es un personaje realmente interesante. El último encuentro pide lectura reposada. Es una novela de “las de antes” y no sólo por la fecha en la que se escribió. La escritura de Márai es densa, profunda y reflexiva. No apta para lectores que buscan ritmo vertiginoso ni nada parecido.