Las lluvias benefician a los viñedos de la DOP Vinos de Cebreros pero obligan a retrasar la poda
Las recientes nieves y lluvias han sido recibidas como una bendición en la DOP Vinos de Cebreros, donde el agua es "siempre bienvenida" para acumular reservas hídricas que ayuden a combatir la sequía. Así lo ha explicado Marta Burgos, directora técnica de la denominación de origen, quien destaca el beneficio de estas precipitaciones para los característicos suelos pobres de granito descompuesto y pizarra de la zona. Sin embargo, la gran cantidad de agua caída tiene un contrapunto: está retrasando la temporada de poda. Según Marta Burgos, los viticultores no pueden salir al campo debido a la intensidad de las lluvias. "Se está echando encima un poco el tiempo de la poda, pero el agua en un principio siempre viene bien", ha señalado la directora técnica en Herrera en COPE Ávila. Este episodio de frío y precipitaciones está permitiendo que el viñedo recupere un ciclo invernal más tradicional, en contraste con los últimos años, que han sido más templados. "Está siendo un invierno como los de antes", ha afirmado Burgos. Este año, a diferencia de otros en los que las viñas casi comenzaban a brotar en febrero, la planta se mantiene en estado de dormancia, lo que se considera un desarrollo normal para la época. El principal riesgo de las precipitaciones se traslada a la primavera. Con la subida de las temperaturas, un exceso de humedad podría favorecer la aparición de enfermedades fúngicas como el oídio y el mildiu. "En primavera son más peligrosas las lluvias, porque también la viña ya ha empezado a brotar", ha advertido Burgos. A pesar de ello, la zona de Cebreros cuenta con una ventaja climática. Marta Burgos ha recordado que el año pasado, con lluvias intensas en marzo y abril, la denominación de origen apenas tuvo focos de hongos gracias a la "continua brisa" que caracteriza al territorio y que dificulta su proliferación. De cara a una cosecha ideal, la primavera perfecta sería, según la experta, una "como las de antes": con lluvias moderadas, noches frías y días de sol, evitando siempre las lluvias torrenciales que puedan provocar correntías en las tierras y dañar las terrazas de piedra donde se asientan muchas de las viñas.