Mick Herron, autor de 'Slow horses': "Se podría decir que Gary Oldman casi me ha robado el personaje de Jackson Lamb"

Mick Herron, autor de 'Slow horses': "Se podría decir que Gary Oldman casi me ha robado el personaje de Jackson Lamb"

El novelista que ha revolucionado la literatura de espías con su serie sobre "la casa de la ciénaga" ha recibido en Barcelona el premio Pepe Carvalho durante el certámen BCNegra que termina este sábado 'Reliquia', el libro de Pol Guasch que ayuda a decir adiós a los seres queridos que se fueron sin despedirse Si se quisiera buscar un símil literario que describiera a Jackson Lamb, el agente del MI5 responsable de la infame 'Casa de la Ciénaga', un edificio gris y cochambroso de Londres donde son destinados los espías castigados por su mal comportamiento, ese sería sin duda el de Ignantius J. Reilly, protagonista de La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Sucio, fumador empedernido, bebedor, malhablado y consumidor compulsivo de productos grasientos y llenos de azúcar, Lamb es el protagonista de una serie de novelas que han hecho célebre a su creador, el escritor inglés Mick Herron (Newcastle, 1963). Herron revolucionó con sus tramas la novela de espías británica merced a la estrambótica personalidad de Lamb, jefe de un grupo de agentes tan eficaces en sus acciones como incapaces de mantener el orden y la disciplina. Pero más allá del éxito literario, la fama en grandes letras le llegó a este flemático urdidor de historias gracias a la serie televisiva Slow horses , una de las triunfadoras de la plataforma Apple TV. Slow horses destaca, además, por su elenco interpretativo, en el que sobresale un antológico Gary Oldman en el papel de Jackson Lamb . Herron, que el pasado jueves recibió en Barcelona el premio Pepe Carvalho en el marco del festival literario BCNegra, también estrenó el pasado otoño nueva serie estelar en Apple TV, Down Cemetery Road , basada en sus primeras novelas y que tiene como intérprete protagonista nada menos que a Emma Thompson. El novelista conversó con elDiario.es antes de la ceremonia. Este otoño ha llegado a Apple TV una nueva serie basada en sus novelas, Down Cemetery Road . ¿Está satisfecho del resultado? Estoy muy feliz, aunque evidentemente en esta serie ha habido un gran esfuerzo adaptativo, porque Zoe, la protagonista, por ejemplo, apenas aparece en la primera novela, pero de cara a adaptarla a la pantalla hemos forzado su presencia para uniformizarla con las novelas siguientes. En general estoy muy contento con la adaptación tanto de esta nueva serie como en el caso de Slow horse s. Y claro, también muy contento con el casting, que en ambos casos es de lujo: Emma Thompson, Kristin Scott Thomas, Gary Oldman y los demás representando mis personajes... Como escritor, ver a tus personajes representados por estos actores es realmente lo más. Empezó a publicar con éxito en 2003, a los 40 años. ¿A qué se dedicaba antes de ser novelista? Pues antes de ser un escritor con éxito, era un escritor sin éxito... [risas]. La verdad es que la única constante a lo largo de mi carrera ha sido la escritura y, aparte de eso, he tenido otros empleos que al final lo que hacían era sostener el que pudiera escribir en mis ratos libres, ya que me proporcionaban alimento y un techo. Tuve dos empleos que básicamente eran prácticamente lo mismo, pues fui subeditor en un periódico de Oxford y luego tuve un trabajo similar en Londres. Cuando el primer empleo, no era un autor publicado. En el caso del segundo, sí, pero aún no era un autor de mucho éxito. Durante 15 años seguí haciendo ese trabajo hasta que realmente pude sostenerme económicamente con mi carrera de escritor. Al final esos trabajos siempre han sido algo relacionado con la lengua pero no eran algo que agotase mi lado creativo, y así siempre llegaba al final de la jornada laboral con energía para poder escribir. ¿Pero nada relacionado con periodismo o tareas de inteligencia y espionaje? No, jamás, aunque quizás mi trabajo en oficinas, con toda su burocracia, sí ha ayudado a concebir cómo funcionan ciertos organismos y eso lo he trasladado de alguna forma a mis historias sobre espías. Pero nunca me he dedicado ni al periodismo ni a la política ni al mundo de los espías. Al final todo es inventado. Lo que probablemente sí tengo son muchas influencias de otros autores. Tanto en la serie de la 'Casa de la Ciénaga', que inspira la serie Slow Horses , como en Down Cementery Road , sus héroes son personas extrañas, incluso extravagantes. En el caso de Slow Horses , las dosis de antiheroismo que acumula Jackson Lamb, su protagonista, que encarna magistralmente Gary Oldman, son parte muy importante del éxito de las historias. Creo que, de algún modo, la disfunción social de mis personajes acaba siendo el tema de las novelas. En el caso de la 'Casa de la Ciénaga' , tenemos este escenario de fondo con todos esos espías fracasados, estas personas que no han tenido éxito y que han sido enviadas al exilio. Y las dirige Lamb, ese tipo cuya misión es hacerles la vida imposible, que se sientan fatal... Pues a mí me parece que es inevitable que el perfil del personaje sea una persona desagradable en todos sus aspectos: que fume, que beba, que sea sucio y glotón. Hay, tal como se revela, una cuestión de auto odio, porque a la vez es un agente brillante, una leyenda del MI5 que, por algún motivo, cayó en desgracia, una historia que le ha llevado a sentirse fatal consigo mismo. Pero debo reconocer que el crear a Jackson Lamb y darle ese perfil de antihéroe no fue una decisión consciente. De hecho, yo no lo percibo como un antihéroe, simplemente lo veo como un personaje cuyo papel es este: su rol es el de hacer sentir mal a todo el mundo. ¿Cuánto tiene Mick Herron de los vicios de Jackson Lamb? El personaje de Lamb es un monstruo que se ha creado a sí mismo, no en base a mi experiencia vital, así que sus hábitos de comida, bebida, etc., no tienen nada que ver conmigo [risas]. Aun así, reconozco que a veces me da hasta miedo lo fácil que me resulta canalizar lo que dice y hace Lamb, pero es algo que me pasa solo cuando estoy escribiendo. Cuando estoy hablando con otras personas no me pasa, no soy así, en general soy una persona feliz. Mick Herron, premio Pepe Carvalho 2026, durante la entrevista en Barcelona con elDiario.es. ¿Qué le parece la encarnación de Jackson Lamb que crea Gary Oldman? ¿Es como usted lo imagina mientras escribe sus novelas? Lo que ha hecho Gary es impresionante, es adueñarse del papel aportando sus propias ideas, sus propias emociones; se podría decir que casi me ha robado el personaje. Me parece que ha pensado muchísimo en Jackson, tan obsesivamente como yo, ya que Lamb es la persona en la que más he pensado en mi vida desde el punto literario. Y me parece que a Gary le ha pasado lo mismo. Se habla de usted como el novelista que ha conseguido retirar de las novelas de espías el glamour que tradicionalmente han tenido, ya fueran las de Ian Fleming, las de John Le Carré o las de Frederick Forsyth... Para mí, esta idea de retirar todo el glamour de las novelas de espías resulta la única forma de enfocar mis historias, de otro modo lo vería como algo falso, porque yo no lo siento así y no me interesa escribirlo así. De todas formas, pienso que los géneros siempre evolucionan de una manera cíclica, pasan a lo largo de las décadas por distintos momentos, y quizá yo empecé a escribir de esta forma en el momento incorrecto en los ciclos, en el tiempo. Me explico: hace unos años releí las novelas de Len Deighton, todas ellas de espías que fueron publicadas en los 60 del siglo pasado. Gary Oldman, en 'Slow Horses' interpretando al agente del MI5 Jack Lamb. Me di cuenta de que realmente había bebido mucho de ellas, pues las había leído en mi adolescencia. Todo lo que yo he intentado hacer en mis novelas, esto de retirar el glamour, la vida de oficina, el humor negro, etc., lo había hecho él cuarenta años antes. Luego vinieron las novelas de Flemming y las películas de James Bond, que están muy bien, son muy divertidas, pero pertenecen a la parte del ciclo del espía glamuroso, que no es la mía. También conviene destacar en sus novelas la crítica, a veces nada velada, a la política y la sociedad británicas. Cuando escribo, en general sobre el Reino Unido, estoy pensando sobre todo en la situación política, por eso doy una perspectiva más oscura que la que puede tener la gente en general en su vida. Reino Unido comenzó a descarrilar tras el Brexit, pero también después de la crisis financiera de 2008, cuando la situación política se puso en caída libre. Por eso la perspectiva que doy de mi país es bastante oscura y desesperanzada, con esa larga sucesión de primeros ministros británicos, a cuál peor. En Reino Unido llevamos mucho tiempo sin experimentar lo que es un buen gobierno. ¿Qué poder tiene Mick Herron sobre los contenidos de las series sobre sus novelas? Respecto de las series televisivas, mi papel ha sido de asesor. No he llegado a escribir nada, pero sí que he atendido las consultas de los guionistas. He pasado mucho tiempo en la sala de guionistas porque, claro, adaptar una novela a televisión siempre resulta muy difícil. Lo he disfrutado mucho, y lo sigo disfrutando, porque es un proceso que continúa y es muy distinto del trabajo de escribir novelas.

Por qué es tan importante que protejas tus oídos del ruido del día a día

Por qué es tan importante que protejas tus oídos del ruido del día a día

A menudo nos olvidamos de la protección de nuestros oídos en los entornos cotidianos ruidosos, como el transporte, la ciudad, los bares o los conciertos Los cinco hábitos que mantienen la salud de tu boca y otros cinco que la estropean Las gafas de sol son algo más que un accesorio de moda. En los deportes al aire libre, como la navegación o los deportes de nieve, son imprescindibles para proteger nuestros ojos de la radiación solar excesiva, aunque a nadie le extraña que alguien lleve gafas de sol para pasear a mediodía o levantarse con resaca. Sin embargo, no parece que estas precauciones se extiendan a nuestros oídos. Vivimos en entornos cada vez más ruidosos, entre el rumor constante del tráfico, el zumbido constante de los electrodomésticos y el estruendo ocasional de las obras y sirenas. Nos sorprende hacer una excursión por el campo y notar que el volumen de la naturaleza es mucho más bajo. Es bien conocido el peligro al que se exponen los trabajadores de la construcción o los DJs en su trabajo por exponerse a ruidos muy fuertes durante mucho tiempo, pero no hace falta llegar a esos extremos para que nuestra audición se resienta. Los datos de un estudio de 2023 en España indican que un 11,3% por ciento de la población padece pérdida auditiva en algún grado. El ruido constante también daña al oído El proceso comienza cuando las ondas sonoras hacen vibrar el tímpano, un movimiento que se transmite a tres huesecillos minúsculos (martillo, yunque y estribo) y, finalmente, a un órgano en forma de caracol lleno de líquido llamado cóclea. Allí se encuentran las células ciliadas, que tienen unos 'pelillos' microscópicos que, al moverse con las vibraciones del líquido, generan una señal eléctrica que viaja hasta el cerebro, donde se interpreta. Este mecanismo tan delicado tiene un enemigo: el estrés mecánico. Los sonidos demasiado fuertes pueden dañar las células ciliadas e incluso provocar su muerte. Por desgracia, estas células no se regeneran, una vez perdidas, el daño es permanente. Cuando se han perdido demasiadas, llega la sordera. El ruido intenso como una explosión muy cerca puede causar un trauma acústico inmediato, llegando incluso a romper el tímpano o dañar los huesecillos del oído medio. A menudo el daño se acompaña de un pitido agudo (tinnitus) y una pérdida auditiva que puede ser permanente desde el primer momento. Por otro lado, está el ruido constante de menor nivel, quizá más peligroso porque pasa desapercibido. Es el ruido de las obras debajo de casa o llevar la música muy alta en los auriculares. Aquí, el peligro está en la acumulación de los daños. Como ocurre con la erosión, el desgaste constante de las células ciliadas también acaba con ellas. Por ejemplo, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EEUU propone una tabla de equivalencia entre los niveles aceptables de ruido y su duración. Un ruido de 90 dBA, como puede ser el del metro o el tráfico, es dañino a partir de las 8 horas, mientras que un ruido de 110 dBA, como un martillo neumático, produce daños en media hora. Lo podemos notar como taponamiento de los oídos o tinnitus al salir de la discoteca o de la clase de spinning con la música a tope. Con el tiempo, de manera casi imperceptible, se va perdiendo audición. Por eso protegerse los oídos debería ser tan común como ponerse unas gafas de sol. Cuándo y cómo proteger nuestros oídos Hay una regla práctica que nos indica si estamos en riesgo. Si necesitamos elevar la voz para que nos entienda alguien que está a un metro de distancia, eso quiere decir que el nivel de ruido ambiental supera los 85 dBA. Según explica la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello , este es un nivel común para el tráfico rodado, que es el responsable del 85% del ruido ambiental. Entre los adolescentes, el abuso de los auriculares para escuchar música a todo volumen los pone en un riesgo aún mayor. Afortunadamente, la pérdida auditiva es fácil de prevenir: menos exposición y protección. Estas son algunas opciones para proteger nuestros oídos en el día a día: Tapones con filtro A diferencia de los tapones de espuma tradicionales que se pueden encontrar en farmacias, que amortiguan y distorsionan todo el sonido que llega a nuestros oídos, estos tapones utilizan filtros acústicos que actúan bajando el volumen de determinadas frecuencias, como el del transporte público, las cafeterías o el trabajo en espacios abiertos. Los más famosos son los de la marca Loop, que incluso disponen de un mando deslizador para modificar la cantidad de ruido filtrado. Una buena opción para discotecas, conciertos o para viajar en avión. Auriculares con cancelación de ruido pasivo En este caso son auriculares, no tapones, con lo que nos permitirán escuchar música, podcasts o cualquier otro contenido, pero con la ventaja de que al mismo tiempo van a bloquear los sonidos del exterior. Una opción son los auriculares de tipo botón con almohadillas blandas de silicona que por lo general vienen en distintos tamaños para adaptarse al canal del oído. Esto crea una barrera física que bloquea una cantidad significativa de ruido ambiental, con la ventaja de que así no es necesario poner la música tan alta para escucharla con calidad suficiente. Auriculares de diadema Cubren la oreja completa con una almohadilla. Dependiendo de su diseño y de los materiales, pueden crear una barrera efectiva contra el ruido exterior. Las almohadillas actuales se fabrican con espuma viscoelástica con efecto memoria, lo que hace que sean más cómodas y se adapten mejor a la forma de la cabeza, reduciendo el ruido con más eficacia. Son adecuados para llevarlos en una oficina ruidosa y evitar distracciones. Para las situaciones donde el ruido es constante, intenso y de baja frecuencia, la tecnología más avanzada es la cancelación activa de ruido (ANC). Estos auriculares no solo presentan una barrera física con sus almohadillas, sino que incorporan micrófonos externos que captan el sonido ambiental y generan una “onda invertida” que anula el ruido entrante antes de que llegue al oído. Son muy eficaces para eliminar ruidos monótonos como el de los motores del avión, el tren o el aire acondicionado, pero no tanto para los sonidos imprevistos y las conversaciones a nuestro alrededor. Los trabajadores de la industria y la construcción hace tiempo que tienen que llevar protección homologada contra el ruido . Aunque nuestro entorno no sea tan ruidoso como una obra, protegernos del ruido del día a día puede prolongar la salud de nuestros oídos para el día de mañana.

Cómo explicar La Desbandá a 400 metros de dónde ocurrió: "La dictadura rompió el lazo que une a las generaciones"

Cómo explicar La Desbandá a 400 metros de dónde ocurrió: "La dictadura rompió el lazo que une a las generaciones"

Un superviviente del éxodo de civiles por la carretera de la muerte, otra que sobrevivió a los campos de concentración en Francia y la nieta de Negrín imparten charlas en institutos al paso de la marcha que organiza la asociación La Desbandá Málaga-Almería, febrero del 37: 'La desbandá', el infierno en el camino Unos 400 metros separan el IES Puerta de la Axarquía y la carretera N-340. Cada día, unos 300 chavales acuden a sus clases en este instituto de La Cala del Moral (Rincón de la Victoria, Málaga) sin saber que muy cerca de donde hoy se sientan fueron bombardeados miles de malagueños, quizás algún bisabuelo suyo, que huían con lo puesto hace ahora 89 años. Manuel Triano, vecino de La Cala nacido el 12 de agosto de 1936, es uno de quienes sufrieron el hostigamiento de los golpistas, y ha venido casi un siglo después a explicar su historia a los chavales de 4º de ESO: les cuenta que con apenas seis meses, en febrero del 37, recorrió en brazos de su madre cientos de kilómetros hasta Almería, y ya no pudieron dejar de huir. “Por el camino, hambre. No había agua ni para comer hasta que no llegabas a un pueblo. A mi madre se le cortó la leche del miedo, y a los muertos los echaban a un lado o los tapaban con ramas”, relata, recordando lo que le contaron quienes hicieron La Desbandá con él, un bebé entonces. Se estima que entre 3.000 y 5.000 personas murieron entre los 150.000-300.000 ( según algunas investigaciones recientes ) que recorrieron aquella carretera de la muerte. Desde el mar, los cañoneaban los buques Almirante Cervera, Canarias y Baleares, como prueba su cuaderno de bitácora; desde el aire los ametrallaban los Heinkel alemanes y Fiat italianos, según documentan fotografías del momento y cientos de testimonios; desde tierra, queda constancia de las arengas radiofónicas de Queipo de Llano , general del Ejército del Sur, animando a los regulares (apoyados por tropas fascistas e italianas) a cometer atrocidades contra “Málaga la Roja”, que cayó con un soplo. “Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”, amenazó. Hay quien sostiene que Picasso, que empezó el cuadro que le encargó la República antes del bombardeo de Guernica, se inspiró en lo que ocurrió en Málaga. Manuel Triano Coincidiendo con el paso de los senderistas que recuerdan cada febrero aquel episodio, la asociación cultural La Desbandá organiza charlas en institutos para dar a conocer una masacre silenciada durante mucho tiempo. “La ley obliga en el diseño curricular a que se hable de esta materia. La carretera es Lugar de Memoria . Solo tenemos un criterio: verdad, justicia y reparación”, explica Ángel Coello, uno de los organizadores de la charla. “Nos gustaría que saquéis vuestras propias conclusiones, y seáis libres para hacerlo, y para eso tenemos que tener el conocimiento”, les dice José Antonio Berenguer. “La programación provoca que si no vas bien de tiempo no lleguen a parte de la Historia de España, y yo priorizo las causas inmediatas de por qué la sociedad en la que vivimos es como es”, explica Jorge Esteve, profesor de 4º de ESO en el instituto: “La fuente primaria es la mejor manera de traer un episodio tan terrible. Me gustaría que empaticen con quienes tienen muertos en las cuentas”. Las charlas ponen en contacto a varias generaciones: la de quienes huyeron (ya pocos), la de los hijos de aquellos (que descubrieron la historia en los 2000, porque antes de esto “se hablaba bajito”, como suele decir la catedrática de Historia de la UMA Encarnación Barranquero) y la de los bisnietos, que la desconocen. Entre medias, están los nietos, que aquí hacen de enlace. “Sentimos que tenemos que hacernos cargo de este olvido, porque es una generación muy abandonada a la que le faltan referentes; les llegan discursos muy manidos con valores reaccionarios que sí les hablan de tú a tú”, admite Ander Villacián (20 años), que presenta las charlas en los institutos. Fotografía de Norman Bethune/Hazen Sise Los campos de concentración en Francia: “Como bichos” Aquí les explican también que el éxodo no acabó con La Desbandá . Este 6 de febrero ha venido hasta La Cala del Moral Amparo Sánchez Moroy, “hija del exilio” que comenzó siendo un bebé. Su padre era teniente de la Guardia de Asalto de la República y su madre miembro de las Juventudes Socialistas y delegada del Socorro Rojo Internacional. Con medio millón de españoles y españolas cruzaron los Pirineos el 7 de febrero. “Iban mujeres, niños, ancianos y muchos heridos con vendas y trapos sucios sujetando heridas abiertas. Toda esa gente buscaba auxilio en un país con fama de cuna de los derechos humanos que nos encerró en campos de concentración”, cuenta con tristeza. Su madre y ella fueron internadas en Argélès-sur-Mer. “No era verdaderamente un campo, sino arena fría y mojada de un mes de febrero, cercada de alambradas de púa. Nos encerraron como bichos en un corral”. Cuenta que algunos iban a verlos los domingos como quien va al zoo: “Algunos tenían la desfachatez de tirar pan y celebrar cómo los refugiados se peleaban por él”. Su madre vendió su anillo de casada por un poco de leche condensada para ella. “78 niños españoles murieron de frío, hambre y falta de cuidado en la primera semana. Por vergüenza, sus cuerpos siguen yaciendo bajo la arena de esa playa”, cuenta: “Sobreviví al hambre, frío, miseria, epidemias, piojos, racismo y xenofobia que siempre acompaña a todos los refugiados del mundo”. Amparo Sánchez Monroy Cumplió dos años ya en la cárcel de Aubusson, en el centro de Francia, porque Francia había concentró a todo extranjero en territorio francés ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Allí dormía en una caja de cartón que su madre se ponía sobre el pecho para protegerla de los mordiscos de las ratas. “En la celda número 12, el pequeño Manolín, de dos años, estuvo agonizando una noche entera. Mientras las madres locas de dolor golpeaban las puertas de la celda”. Volvió en 1956 y cuatro días después fue detenida por la Brigada Político Social. España seguía siendo mal lugar para la hija de un militar republicano. El Archivo Negrín y el oro de Moscú Carmen Negrín vivió en París con Juan Negrín, el último presidente del consejo de Ministros de la República (1937-1945) hasta la muerte de este en 1956. “Fue, dentro de lo que cabe, mi gran suerte. Estaba escribiendo sus memorias y nos contó todo lo que pasó en la guerra”. Pronto comprobó que lo que se decía de su abuelo no se correspondía con el hombre que él había conocido: le acusaban de prolongar la guerra y de un episodio mitificado por el franquismo: el oro de Moscú. “Sabía que no era así, porque era una persona generosa incapaz de algo que no fuese ético, pero no sabía cómo probarlo”. Encontró la clave en el sótano donde se guardaban los 200.000 documentos del archivo de su abuelo. Cada día subía una caja que examinaba con el historiador estadounidense Gabriel Jackson. La primera, las condenas de muerte. “Había 20 casos de gente que huía del frente al final de la guerra. A quien huye lo fusilan, pero mi abuelo en las notas ponía: ”¿Ha tenido un abogado? ¿Se ha podido defender?“ Daba más tiempo para reenviarlo al Ministerio, porque sabía que la guerra ya estaba terminando, ¿para qué matar más gente?”. Con el también historiador Ángel Viñas encontró los papeles del “oro de Moscú” que prueban que Negrín, como ministro de Hacienda, eligió la URSS para depositarlo ante la imposibilidad de hacerlo en Francia e Inglaterra. El oro se vendió en su totalidad para conseguir los recursos con los que financiar el armamento. “Todo está descrito minuciosamente: las balas y cañones que se compraron, su precio…”. Su objetivo ahora es completar la digitalización íntegra del archivo, depositado en Canarias, catalogarlo con precisión y que se pueda consultar fácilmente por Internet. “ Al menos la imagen de mi abuelo ha cambiado, y el conocimiento de lo que pasó empieza a ser más objetivo ”. El PSOE devolvió a su nieta el carné de afiliado de Juan Negrín en 2009. “¿Sabéis de dónde venís?” “El objetivo del archivo es aprender a aprender. No memorizar, sino aprender a ser crítico”, dice Negrín. Mientras el exilio republicano divulgaba lo ocurrido en el exterior, en España ese conocimiento se interrumpió durante 40 años. “La dictadura rompió los referentes y el lazo que une a las generaciones”, lamenta Amparo Sánchez: silenciaron voces, prohibieron libros, depuraron profesores y esa laguna, dice, la pagamos hoy. La mujer se queda asombrada cuando lee que casi uno de cada cuatro jóvenes no vería mal una dictadura. “Yo he sufrido la guerra, la dictadura y la represión en carne propia. Todas las dictaduras empiezan por encerrar gente, prohibir libros, y luego imponen silencio y llevan a las cárceles, la tortura y el paredón. Vosotros, ciudadanos conscientes, tenéis que conocer la historia de vuestro país para ser capaces de elegir en conciencia el mundo en que queréis vivir. ¿Sabéis quiénes sois y de dónde venís para no conocer errores en el futuro?”.

Cómo una joven marroquí recorrió 33 países africanos en bicicleta para desmontar las narrativas sobre el continente

Cómo una joven marroquí recorrió 33 países africanos en bicicleta para desmontar las narrativas sobre el continente

Conocida en las redes sociales como MeghyLost, Meryem Belkihel ha recorrido con su bicicleta más de 35.000 kilómetros en África en los pasados tres años Me encuentro con Meryem Belkihel en el paseo marítimo de Casablanca (Marruecos), en la arteria que une la mezquita de Hasán II con el faro de El Hank. El viento sopla fuerte y una nube oscura y temible se acerca desde la costa hacia la ciudad marroquí. Empieza a llover. “Estarás acostumbrada a estas lluvias tan impredecibles, ¿no?”, pregunto. Se ríe y contesta: “Esto no es nada”. Carga con dos mochilas, una riñonera y varios abrigos, casi como quién viaja con su vida a cuestas. Su actitud y sus bienes personales dejan entrever su estilo de vida: “Estoy más fuera que dentro de casa”. Meryem tiene 30 años, es de Casablanca y en las redes sociales es conocida como MeghyLost. Desde enero de 2023 y durante tres años, recorrió sola una parte de África en bicicleta. Más de 35.000 kilómetros a través de 33 países, desde Marruecos hasta Sudáfrica, pasando por África oriental y con un salto a la isla de Madagascar. En todo ese tiempo no volvió a casa. “Fueron tres años sin parar, aunque hice algunas pausas y estancias más largas”, explica en una entrevista con elDiario.es. Quería vivir una experiencia humana, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente En la travesía, física y mentalmente exigente, pasó por desiertos, carreteras en mal estado, lluvias torrenciales y contextos políticos inestables. “Al principio no fue duro. Estaba muy emocionada, con ganas de avanzar, abierta a todo lo que viniera”, cuenta con ilusión y algo de nostalgia. La idea no solo nació de una inquietud personal, sino también de una forma concreta de mirar y entender el continente africano: “Soy aventurera, me apasiona África y su cultura. Quería subir el Kilimanjaro (el pico más alto del continente), pero decidí hacerlo empezando desde Marruecos, cruzando el continente en bicicleta”. Su experiencia también tenía una intención clara: acercarse a las personas. “Quería vivir una experiencia humana que se está perdiendo con el desarrollo acelerado, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente”. Su diario no eran papeles donde garabateó letras, sino sus redes sociales. Instagram, YouTube, Facebook o TikTok se convirtieron en cuadernos de viaje abiertos. “Compartía todo el proceso y mucha gente que me seguía acabó reservando vuelos para visitar países africanos”, revela entre risas. Meryem Belkihel durante su paso por Angola. África no es un país Otro de los objetivos centrales del viaje era desmontar los estereotipos que existen sobre el continente africano. “Para empezar, la gente sigue pensando que África es un país, que es peligrosa, que no hay tecnología, que no hay desarrollo...”, enumera. Además, insiste en que generalizar conduce, normalmente, a una visión distorsionada: “Sí, hay zonas de conflicto, pero se conocen. Si decides ir a un lugar peligroso, tienes que asumirlo”. Para Meryem, el problema no es únicamente la existencia de conflictos, sino que la narrativa convierte esas situaciones concretas en una explicación total e integral de África “Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso”. Durante su recorrido, se encontró con países con sistemas de pago digitalizados, grandes ciudades conectadas y dinámicas económicas avanzadas. Para ella, la desconexión entre la realidad y la percepción de la mayoría de las personas se explica en parte por la mirada histórica y mediática. “Se habla de guerra y pobreza, y se olvida todo lo demás”, añade. Aun así, a lo largo de los pasados tres años, Meryem también ha atravesado países donde hay tensión política y social. Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso En febrero de 2024, estuvo en Senegal durante las protestas tras el aplazamiento de las elecciones presidenciales , que finalmente tuvieron lugar a finales de marzo. Un año y unos meses después, en junio de 2025, su paso por Mozambique coincidió con las violentas protestas antigubernamentales en favor de la oposición de Venancio Mondlane. “Me encontré con las carreteras cortadas, colapsadas y un país completamente bloqueado. Aun así, y a pesar de que le aconsejaron esperar unos días en Maputo, la capital del país, Meryem decidió seguir el viaje. “No eran situaciones agresivas contra la población en general”, señala. Durante una de sus últimas paradas, en octubre de 2025, se encontró con un Madagascar sumido en un golpe de Estado tras la huida del país del presidente Andry Rajoelina. Meryem Belkihel en Sudáfrica durante su viaje de tres años. Fronteras, visados y desigualdad en la movilidad La joven subraya que viajar por África como africana implica una dificultad añadida: los visados. “En África occidental muchos países no tienen visados para los marroquíes, aunque en la práctica se vuelve muy complicado”. Los costes son elevados: cerca de 200 euros para Camerún, 300 para Mozambique y otros 200 para Nigeria. “No es barato”, insiste. Además, Meryem señala una paradoja recurrente. “A veces los europeos entran sin problemas y los africanos no”. Para la joven, esta desigualdad de movilidad es uno de los grandes problemas estructurales del continente. “Participé en una conferencia sobre una África sin fronteras. Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera”, añade. Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera “Como mujer marroquí quería mostrar que podemos hacer cosas grandes”. Frente a quienes repiten “no puedes”, Meryem responde con su viaje: “Estoy mostrando lo que yo puedo hacer y preguntando: ¿qué puedes hacer tú?”. También buscaba reforzar el vínculo entre Marruecos y el resto del continente. “Tenemos más cosas en común con los países africanos que lo que la población marroquí piensa: hospitalidad, generosidad…”, cuenta. Además, quería cuestionar el relato dominante, tanto en Marruecos como en Europa: “En España también hay gente que piensa que África es solo pobreza y guerra”, lamenta. “Enséñales lo que he hecho”, me dice. Aun así, es crítica con la forma en la que debemos viajar por África y exige una actitud concreta: “Tienes que ir con la mente abierta. No puedes llegar a un pueblo y quejarte de lo que no tienen. África es un continente donde puedes ser feliz, como en los países occidentales, solo depende de tu personalidad y de si estás dispuesto a salir de tu zona de confort”.

La 'inmobiliaria' de la Generalitat del PP: 29 altos cargos y el presidente tienen entre tres y ocho viviendas en propiedad

La 'inmobiliaria' de la Generalitat del PP: 29 altos cargos y el presidente tienen entre tres y ocho viviendas en propiedad

La secretaria autonómica de Igualdad, Asunción Quinzá, es propietaria del 100% de siete viviendas y del 25% de una octava; el director general de Tecnologías de la Información, Javier Balfagón, posee ocho viviendas en Valencia, Cuenca y Teruel, en distintos porcentajes, mientras que Juanfran Pérez Llorca declara ocho pisos a nombre de la empresa familiar El número dos de Mazón en el PP es copropietario de dos empresas con ocho viviendas, pero no declara ninguna El presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, junto a otros 29 altos cargos de su Gobierno, dispone en propiedad —bajo distintas fórmulas— de entre tres y ocho viviendas, según se desprende de las declaraciones de bienes depositadas en el portal de transparencia de la Generalitat (GVA Oberta), a las que ha tenido acceso elDiario.es . En total, de los 154 altos cargos del Ejecutivo, cerca de un 20% cuenta con un patrimonio inmobiliario superior a la media, especialmente si se incluyen plazas de aparcamiento, locales comerciales o inmuebles rústicos. En un contexto de emergencia habitacional, se trata de un volumen de propiedades significativo y superior al de otros sectores. Según datos de portales inmobiliarios, solo el 4% de los propietarios de inmuebles en España posee tres o más viviendas, como ocurre con estos 30 miembros del Gobierno valenciano. La secretaria autonómica de Igualdad, Asunción Quinzá, es quien declara un mayor número de inmuebles: posee el 100% de siete propiedades en Valencia y el 25% de una octava. Le sigue Javier Balfagón, director general de Tecnologías de la Información, con el 50% de siete viviendas y el 25% de una octava, repartidas entre Valencia, Cuenca y Teruel, además de dos inmuebles rústicos en esta última provincia. El propio presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, no declara viviendas a título personal, pero sí ocho pisos a nombre de la empresa familiar que comparte con sus hermanas, y cuyas participaciones sí que figuran en su declaración de bienes. A continuación se sitúa la directora general de la Abogacía, Inés Sánchez Lázaro, que declara cinco viviendas en porcentajes del 50% y el 33%, así como tres garajes y siete inmuebles rústicos, todos ellos al 50%. Luis Gómez, director general de Medio Natural, posee cinco viviendas al 100%, además de cuatro garajes y seis inmuebles rústicos, todos de su propiedad salvo uno compartido al 50%. Bartolomé Pérez Gálvez, director general de Salud Mental, es propietario al 50% de cinco viviendas en Valencia y Alicante, así como de la mitad de un garaje y del 5% de un local valorado en 228.000 euros. La secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, también declara cinco viviendas: una al 100% y el resto en porcentajes del 50% y del 33%. Otros siete altos cargos del Ejecutivo de Pérez Llorca son propietarios de cuatro viviendas. Entre ellos se encuentra el conseller de Hacienda, José Antonio Rovira, con tres inmuebles al 100% y uno al 50%. Alida Consuelo Mas, subsecretaria de Hacienda, declara cuatro viviendas al 100% en València. Inmaculada Domínguez, directora general de Tributos, posee tres casas al 50% y una al 20%, todas en la capital valenciana. Mariola Penadés, directora general de Investigación, declara una vivienda al 50% en Alicante, dos en Málaga al 8% y una en Barcelona al 5%, además de participaciones en cinco garajes. María Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola, tiene una vivienda al 100% y otras tres al 50%. Vicente León, director general de Emergencias, posee el 50% de cuatro inmuebles en València, mientras que Ricardo Bayona, subsecretario de Emergencias, declara tres inmuebles al 100% y un cuarto al 50%, además de dos “otros inmuebles urbanos”. Cuatro consellers con tres viviendas Otros 16 altos cargos declaran tener tres viviendas en propiedad, entre ellos la consellera de Educación, María del Carmen Ortí, la última en publicar su declaración de bienes en el portal de transparencia. El conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, posee tres viviendas: dos al 100%, en Madrid y Castelló, y una tercera al 16%. Además, el también portavoz del Consell declara 21 inmuebles rústicos, un local en Castelló al 16% y tres “otros inmuebles urbanos” en Madrid y Teruel. El conseller de Sanidad, Marciano Gómez, es propietario del 50% de tres viviendas, así como del 100% de dos plazas de garaje y del 50% de una tercera. Otro conseller con tres viviendas es Vicente Martínez Mus, responsable de Medio Ambiente, con una vivienda al 100%, otra al 50% y una tercera al 25%. El Consell del PP y Vox, y posteriormente el del PP en solitario, ha sido uno de los más defensores en la bajada de impuestos, especialmente en aquellos vinculados a la propiedad. Carlos Mazón eliminó de facto el impuesto de sucesiones y donaciones mediante una bonificación del 99%, una medida que beneficia al 12% de los herederos, unos 24.000 valencianos. Asimismo, se aprobó una bonificación del 25% para herencias entre tíos, sobrinos o nietos, aplicable a partir de este año. En cuanto al impuesto sobre el patrimonio, PP y Vox suprimieron la escala transitoria del 10% aprobada por el anterior Gobierno de izquierdas, que obligaba a tributar a los patrimonios superiores a 1,3 millones de euros. A esta rebaja se sumó, en mayo de 2025, el aumento del mínimo exento de 500.000 euros a un millón, una modificación que benefició a 27.000 valencianos con mayores patrimonios. Aquí se puede consultar el documento sobre los propietarios de tres o más inmuebles:

Cómo explicar La Desbandá a 400 metros de dónde ocurrió: "La dictadura rompió el lazo que une a las generaciones"

Cómo explicar La Desbandá a 400 metros de dónde ocurrió: "La dictadura rompió el lazo que une a las generaciones"

Un superviviente del éxodo de civiles por la carretera de la muerte, otra que sobrevivió a los campos de concentración en Francia y la nieta de Negrín imparten charlas en institutos al paso de la marcha que organiza la asociación La Desbandá Málaga-Almería, febrero del 37: 'La desbandá', el infierno en el camino Unos 400 metros separan el IES Puerta de la Axarquía y la carretera N-340. Cada día, unos 300 chavales acuden a sus clases en este instituto de La Cala del Moral (Rincón de la Victoria, Málaga) sin saber que muy cerca de donde hoy se sientan fueron bombardeados miles de malagueños, quizás algún bisabuelo suyo, que huían con lo puesto hace ahora 89 años. Manuel Triano, vecino de La Cala nacido el 12 de agosto de 1936, es uno de quienes sufrieron el hostigamiento de los golpistas, y ha venido casi un siglo después a explicar su historia a los chavales de 4º de ESO: les cuenta que con apenas seis meses, en febrero del 37, recorrió en brazos de su madre cientos de kilómetros hasta Almería, y ya no pudieron dejar de huir. “Por el camino, hambre. No había agua ni para comer hasta que no llegabas a un pueblo. A mi madre se le cortó la leche del miedo, y a los muertos los echaban a un lado o los tapaban con ramas”, relata, recordando lo que le contaron quienes hicieron La Desbandá con él, un bebé entonces. Se estima que entre 3.000 y 5.000 personas murieron entre los 150.000-300.000 ( según algunas investigaciones recientes ) que recorrieron aquella carretera de la muerte. Desde el mar, los cañoneaban los buques Almirante Cervera, Canarias y Baleares, como prueba su cuaderno de bitácora; desde el aire los ametrallaban los Heinkel alemanes y Fiat italianos, según documentan fotografías del momento y cientos de testimonios; desde tierra, queda constancia de las arengas radiofónicas de Queipo de Llano , general del Ejército del Sur, animando a los regulares (apoyados por tropas fascistas e italianas) a cometer atrocidades contra “Málaga la Roja”, que cayó con un soplo. “Malagueños, maricones, ponedle pantalones a la luna”, amenazó. Hay quien sostiene que Picasso, que empezó el cuadro que le encargó la República antes del bombardeo de Guernica, se inspiró en lo que ocurrió en Málaga. Manuel Triano Coincidiendo con el paso de los senderistas que recuerdan cada febrero aquel episodio, la asociación cultural La Desbandá organiza charlas en institutos para dar a conocer una masacre silenciada durante mucho tiempo. “La ley obliga en el diseño curricular a que se hable de esta materia. La carretera es Lugar de Memoria . Solo tenemos un criterio: verdad, justicia y reparación”, explica Ángel Coello, uno de los organizadores de la charla. “Nos gustaría que saquéis vuestras propias conclusiones, y seáis libres para hacerlo, y para eso tenemos que tener el conocimiento”, les dice José Antonio Berenguer. “La programación provoca que si no vas bien de tiempo no lleguen a parte de la Historia de España, y yo priorizo las causas inmediatas de por qué la sociedad en la que vivimos es como es”, explica Jorge Esteve, profesor de 4º de ESO en el instituto: “La fuente primaria es la mejor manera de traer un episodio tan terrible. Me gustaría que empaticen con quienes tienen muertos en las cuentas”. Las charlas ponen en contacto a varias generaciones: la de quienes huyeron (ya pocos), la de los hijos de aquellos (que descubrieron la historia en los 2000, porque antes de esto “se hablaba bajito”, como suele decir la catedrática de Historia de la UMA Encarnación Barranquero) y la de los bisnietos, que la desconocen. Entre medias, están los nietos, que aquí hacen de enlace. “Sentimos que tenemos que hacernos cargo de este olvido, porque es una generación muy abandonada a la que le faltan referentes; les llegan discursos muy manidos con valores reaccionarios que sí les hablan de tú a tú”, admite Ander Villacián (20 años), que presenta las charlas en los institutos. Fotografía de Norman Bethune/Hazen Sise Los campos de concentración en Francia: “Como bichos” Aquí les explican también que el éxodo no acabó con La Desbandá . Este 6 de febrero ha venido hasta La Cala del Moral Amparo Sánchez Moroy, “hija del exilio” que comenzó siendo un bebé. Su padre era teniente de la Guardia de Asalto de la República y su madre miembro de las Juventudes Socialistas y delegada del Socorro Rojo Internacional. Con medio millón de españoles y españolas cruzaron los Pirineos el 7 de febrero. “Iban mujeres, niños, ancianos y muchos heridos con vendas y trapos sucios sujetando heridas abiertas. Toda esa gente buscaba auxilio en un país con fama de cuna de los derechos humanos que nos encerró en campos de concentración”, cuenta con tristeza. Su madre y ella fueron internadas en Argélès-sur-Mer. “No era verdaderamente un campo, sino arena fría y mojada de un mes de febrero, cercada de alambradas de púa. Nos encerraron como bichos en un corral”. Cuenta que algunos iban a verlos los domingos como quien va al zoo: “Algunos tenían la desfachatez de tirar pan y celebrar cómo los refugiados se peleaban por él”. Su madre vendió su anillo de casada por un poco de leche condensada para ella. “78 niños españoles murieron de frío, hambre y falta de cuidado en la primera semana. Por vergüenza, sus cuerpos siguen yaciendo bajo la arena de esa playa”, cuenta: “Sobreviví al hambre, frío, miseria, epidemias, piojos, racismo y xenofobia que siempre acompaña a todos los refugiados del mundo”. Amparo Sánchez Monroy Cumplió dos años ya en la cárcel de Aubusson, en el centro de Francia, porque Francia había concentró a todo extranjero en territorio francés ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Allí dormía en una caja de cartón que su madre se ponía sobre el pecho para protegerla de los mordiscos de las ratas. “En la celda número 12, el pequeño Manolín, de dos años, estuvo agonizando una noche entera. Mientras las madres locas de dolor golpeaban las puertas de la celda”. Volvió en 1956 y cuatro días después fue detenida por la Brigada Político Social. España seguía siendo mal lugar para la hija de un militar republicano. El Archivo Negrín y el oro de Moscú Carmen Negrín vivió en París con Juan Negrín, el último presidente del consejo de Ministros de la República (1937-1945) hasta la muerte de este en 1956. “Fue, dentro de lo que cabe, mi gran suerte. Estaba escribiendo sus memorias y nos contó todo lo que pasó en la guerra”. Pronto comprobó que lo que se decía de su abuelo no se correspondía con el hombre que él había conocido: le acusaban de prolongar la guerra y de un episodio mitificado por el franquismo: el oro de Moscú. “Sabía que no era así, porque era una persona generosa incapaz de algo que no fuese ético, pero no sabía cómo probarlo”. Encontró la clave en el sótano donde se guardaban los 200.000 documentos del archivo de su abuelo. Cada día subía una caja que examinaba con el historiador estadounidense Gabriel Jackson. La primera, las condenas de muerte. “Había 20 casos de gente que huía del frente al final de la guerra. A quien huye lo fusilan, pero mi abuelo en las notas ponía: ”¿Ha tenido un abogado? ¿Se ha podido defender?“ Daba más tiempo para reenviarlo al Ministerio, porque sabía que la guerra ya estaba terminando, ¿para qué matar más gente?”. Con el también historiador Ángel Viñas encontró los papeles del “oro de Moscú” que prueban que Negrín, como ministro de Hacienda, eligió la URSS para depositarlo ante la imposibilidad de hacerlo en Francia e Inglaterra. El oro se vendió en su totalidad para conseguir los recursos con los que financiar el armamento. “Todo está descrito minuciosamente: las balas y cañones que se compraron, su precio…”. Su objetivo ahora es completar la digitalización íntegra del archivo, depositado en Canarias, catalogarlo con precisión y que se pueda consultar fácilmente por Internet. “ Al menos la imagen de mi abuelo ha cambiado, y el conocimiento de lo que pasó empieza a ser más objetivo ”. El PSOE devolvió a su nieta el carné de afiliado de Juan Negrín en 2009. “¿Sabéis de dónde venís?” “El objetivo del archivo es aprender a aprender. No memorizar, sino aprender a ser crítico”, dice Negrín. Mientras el exilio republicano divulgaba lo ocurrido en el exterior, en España ese conocimiento se interrumpió durante 40 años. “La dictadura rompió los referentes y el lazo que une a las generaciones”, lamenta Amparo Sánchez: silenciaron voces, prohibieron libros, depuraron profesores y esa laguna, dice, la pagamos hoy. La mujer se queda asombrada cuando lee que casi uno de cada cuatro jóvenes no vería mal una dictadura. “Yo he sufrido la guerra, la dictadura y la represión en carne propia. Todas las dictaduras empiezan por encerrar gente, prohibir libros, y luego imponen silencio y llevan a las cárceles, la tortura y el paredón. Vosotros, ciudadanos conscientes, tenéis que conocer la historia de vuestro país para ser capaces de elegir en conciencia el mundo en que queréis vivir. ¿Sabéis quiénes sois y de dónde venís para no conocer errores en el futuro?”.

Cómo una joven marroquí recorrió 33 países africanos en bicicleta para desmontar las narrativas sobre el continente

Cómo una joven marroquí recorrió 33 países africanos en bicicleta para desmontar las narrativas sobre el continente

Conocida en las redes sociales como MeghyLost, Meryem Belkihel ha recorrido con su bicicleta más de 35.000 kilómetros en África en los pasados tres años Me encuentro con Meryem Belkihel en el paseo marítimo de Casablanca (Marruecos), en la arteria que une la mezquita de Hasán II con el faro de El Hank. El viento sopla fuerte y una nube oscura y temible se acerca desde la costa hacia la ciudad marroquí. Empieza a llover. “Estarás acostumbrada a estas lluvias tan impredecibles, ¿no?”, pregunto. Se ríe y contesta: “Esto no es nada”. Carga con dos mochilas, una riñonera y varios abrigos, casi como quién viaja con su vida a cuestas. Su actitud y sus bienes personales dejan entrever su estilo de vida: “Estoy más fuera que dentro de casa”. Meryem tiene 30 años, es de Casablanca y en las redes sociales es conocida como MeghyLost. Desde enero de 2023 y durante tres años, recorrió sola una parte de África en bicicleta. Más de 35.000 kilómetros a través de 33 países, desde Marruecos hasta Sudáfrica, pasando por África oriental y con un salto a la isla de Madagascar. En todo ese tiempo no volvió a casa. “Fueron tres años sin parar, aunque hice algunas pausas y estancias más largas”, explica en una entrevista con elDiario.es. Quería vivir una experiencia humana, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente En la travesía, física y mentalmente exigente, pasó por desiertos, carreteras en mal estado, lluvias torrenciales y contextos políticos inestables. “Al principio no fue duro. Estaba muy emocionada, con ganas de avanzar, abierta a todo lo que viniera”, cuenta con ilusión y algo de nostalgia. La idea no solo nació de una inquietud personal, sino también de una forma concreta de mirar y entender el continente africano: “Soy aventurera, me apasiona África y su cultura. Quería subir el Kilimanjaro (el pico más alto del continente), pero decidí hacerlo empezando desde Marruecos, cruzando el continente en bicicleta”. Su experiencia también tenía una intención clara: acercarse a las personas. “Quería vivir una experiencia humana que se está perdiendo con el desarrollo acelerado, visibilizar el papel de las mujeres y los efectos del cambio climático en diferentes regiones del continente”. Su diario no eran papeles donde garabateó letras, sino sus redes sociales. Instagram, YouTube, Facebook o TikTok se convirtieron en cuadernos de viaje abiertos. “Compartía todo el proceso y mucha gente que me seguía acabó reservando vuelos para visitar países africanos”, revela entre risas. Meryem Belkihel durante su paso por Angola. África no es un país Otro de los objetivos centrales del viaje era desmontar los estereotipos que existen sobre el continente africano. “Para empezar, la gente sigue pensando que África es un país, que es peligrosa, que no hay tecnología, que no hay desarrollo...”, enumera. Además, insiste en que generalizar conduce, normalmente, a una visión distorsionada: “Sí, hay zonas de conflicto, pero se conocen. Si decides ir a un lugar peligroso, tienes que asumirlo”. Para Meryem, el problema no es únicamente la existencia de conflictos, sino que la narrativa convierte esas situaciones concretas en una explicación total e integral de África “Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso”. Durante su recorrido, se encontró con países con sistemas de pago digitalizados, grandes ciudades conectadas y dinámicas económicas avanzadas. Para ella, la desconexión entre la realidad y la percepción de la mayoría de las personas se explica en parte por la mirada histórica y mediática. “Se habla de guerra y pobreza, y se olvida todo lo demás”, añade. Aun así, a lo largo de los pasados tres años, Meryem también ha atravesado países donde hay tensión política y social. Incluso en países con problemas hay regiones seguras. África no es un continente peligroso En febrero de 2024, estuvo en Senegal durante las protestas tras el aplazamiento de las elecciones presidenciales , que finalmente tuvieron lugar a finales de marzo. Un año y unos meses después, en junio de 2025, su paso por Mozambique coincidió con las violentas protestas antigubernamentales en favor de la oposición de Venancio Mondlane. “Me encontré con las carreteras cortadas, colapsadas y un país completamente bloqueado. Aun así, y a pesar de que le aconsejaron esperar unos días en Maputo, la capital del país, Meryem decidió seguir el viaje. “No eran situaciones agresivas contra la población en general”, señala. Durante una de sus últimas paradas, en octubre de 2025, se encontró con un Madagascar sumido en un golpe de Estado tras la huida del país del presidente Andry Rajoelina. Meryem Belkihel en Sudáfrica durante su viaje de tres años. Fronteras, visados y desigualdad en la movilidad La joven subraya que viajar por África como africana implica una dificultad añadida: los visados. “En África occidental muchos países no tienen visados para los marroquíes, aunque en la práctica se vuelve muy complicado”. Los costes son elevados: cerca de 200 euros para Camerún, 300 para Mozambique y otros 200 para Nigeria. “No es barato”, insiste. Además, Meryem señala una paradoja recurrente. “A veces los europeos entran sin problemas y los africanos no”. Para la joven, esta desigualdad de movilidad es uno de los grandes problemas estructurales del continente. “Participé en una conferencia sobre una África sin fronteras. Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera”, añade. Viajar dentro del continente sigue siendo caro y difícil, incluso más que viajar fuera “Como mujer marroquí quería mostrar que podemos hacer cosas grandes”. Frente a quienes repiten “no puedes”, Meryem responde con su viaje: “Estoy mostrando lo que yo puedo hacer y preguntando: ¿qué puedes hacer tú?”. También buscaba reforzar el vínculo entre Marruecos y el resto del continente. “Tenemos más cosas en común con los países africanos que lo que la población marroquí piensa: hospitalidad, generosidad…”, cuenta. Además, quería cuestionar el relato dominante, tanto en Marruecos como en Europa: “En España también hay gente que piensa que África es solo pobreza y guerra”, lamenta. “Enséñales lo que he hecho”, me dice. Aun así, es crítica con la forma en la que debemos viajar por África y exige una actitud concreta: “Tienes que ir con la mente abierta. No puedes llegar a un pueblo y quejarte de lo que no tienen. África es un continente donde puedes ser feliz, como en los países occidentales, solo depende de tu personalidad y de si estás dispuesto a salir de tu zona de confort”.

La 'inmobiliaria' de la Generalitat del PP: 29 altos cargos y el presidente tienen entre tres y ocho viviendas en propiedad

La 'inmobiliaria' de la Generalitat del PP: 29 altos cargos y el presidente tienen entre tres y ocho viviendas en propiedad

La secretaria autonómica de Igualdad, Asunción Quinzá, es propietaria del 100% de siete viviendas y del 25% de una octava; el director general de Tecnologías de la Información, Javier Balfagón, posee ocho viviendas en Valencia, Cuenca y Teruel, en distintos porcentajes, mientras que Juanfran Pérez Llorca declara ocho pisos a nombre de la empresa familiar El número dos de Mazón en el PP es copropietario de dos empresas con ocho viviendas, pero no declara ninguna El presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, junto a otros 29 altos cargos de su Gobierno, dispone en propiedad —bajo distintas fórmulas— de entre tres y ocho viviendas, según se desprende de las declaraciones de bienes depositadas en el portal de transparencia de la Generalitat (GVA Oberta), a las que ha tenido acceso elDiario.es . En total, de los 154 altos cargos del Ejecutivo, cerca de un 20% cuenta con un patrimonio inmobiliario superior a la media, especialmente si se incluyen plazas de aparcamiento, locales comerciales o inmuebles rústicos. En un contexto de emergencia habitacional, se trata de un volumen de propiedades significativo y superior al de otros sectores. Según datos de portales inmobiliarios, solo el 4% de los propietarios de inmuebles en España posee tres o más viviendas, como ocurre con estos 30 miembros del Gobierno valenciano. La secretaria autonómica de Igualdad, Asunción Quinzá, es quien declara un mayor número de inmuebles: posee el 100% de siete propiedades en Valencia y el 25% de una octava. Le sigue Javier Balfagón, director general de Tecnologías de la Información, con el 50% de siete viviendas y el 25% de una octava, repartidas entre Valencia, Cuenca y Teruel, además de dos inmuebles rústicos en esta última provincia. El propio presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, no declara viviendas a título personal, pero sí ocho pisos a nombre de la empresa familiar que comparte con sus hermanas, y cuyas participaciones sí que figuran en su declaración de bienes. A continuación se sitúa la directora general de la Abogacía, Inés Sánchez Lázaro, que declara cinco viviendas en porcentajes del 50% y el 33%, así como tres garajes y siete inmuebles rústicos, todos ellos al 50%. Luis Gómez, director general de Medio Natural, posee cinco viviendas al 100%, además de cuatro garajes y seis inmuebles rústicos, todos de su propiedad salvo uno compartido al 50%. Bartolomé Pérez Gálvez, director general de Salud Mental, es propietario al 50% de cinco viviendas en Valencia y Alicante, así como de la mitad de un garaje y del 5% de un local valorado en 228.000 euros. La secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, también declara cinco viviendas: una al 100% y el resto en porcentajes del 50% y del 33%. Otros siete altos cargos del Ejecutivo de Pérez Llorca son propietarios de cuatro viviendas. Entre ellos se encuentra el conseller de Hacienda, José Antonio Rovira, con tres inmuebles al 100% y uno al 50%. Alida Consuelo Mas, subsecretaria de Hacienda, declara cuatro viviendas al 100% en València. Inmaculada Domínguez, directora general de Tributos, posee tres casas al 50% y una al 20%, todas en la capital valenciana. Mariola Penadés, directora general de Investigación, declara una vivienda al 50% en Alicante, dos en Málaga al 8% y una en Barcelona al 5%, además de participaciones en cinco garajes. María Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola, tiene una vivienda al 100% y otras tres al 50%. Vicente León, director general de Emergencias, posee el 50% de cuatro inmuebles en València, mientras que Ricardo Bayona, subsecretario de Emergencias, declara tres inmuebles al 100% y un cuarto al 50%, además de dos “otros inmuebles urbanos”. Cuatro consellers con tres viviendas Otros 16 altos cargos declaran tener tres viviendas en propiedad, entre ellos la consellera de Educación, María del Carmen Ortí, la última en publicar su declaración de bienes en el portal de transparencia. El conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, posee tres viviendas: dos al 100%, en Madrid y Castelló, y una tercera al 16%. Además, el también portavoz del Consell declara 21 inmuebles rústicos, un local en Castelló al 16% y tres “otros inmuebles urbanos” en Madrid y Teruel. El conseller de Sanidad, Marciano Gómez, es propietario del 50% de tres viviendas, así como del 100% de dos plazas de garaje y del 50% de una tercera. Otro conseller con tres viviendas es Vicente Martínez Mus, responsable de Medio Ambiente, con una vivienda al 100%, otra al 50% y una tercera al 25%. El Consell del PP y Vox, y posteriormente el del PP en solitario, ha sido uno de los más defensores en la bajada de impuestos, especialmente en aquellos vinculados a la propiedad. Carlos Mazón eliminó de facto el impuesto de sucesiones y donaciones mediante una bonificación del 99%, una medida que beneficia al 12% de los herederos, unos 24.000 valencianos. Asimismo, se aprobó una bonificación del 25% para herencias entre tíos, sobrinos o nietos, aplicable a partir de este año. En cuanto al impuesto sobre el patrimonio, PP y Vox suprimieron la escala transitoria del 10% aprobada por el anterior Gobierno de izquierdas, que obligaba a tributar a los patrimonios superiores a 1,3 millones de euros. A esta rebaja se sumó, en mayo de 2025, el aumento del mínimo exento de 500.000 euros a un millón, una modificación que benefició a 27.000 valencianos con mayores patrimonios. Aquí se puede consultar el documento sobre los propietarios de tres o más inmuebles:

Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"

Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"

Desde asegurarte de encontrar tiempo para el sexo, hasta reforzar tu confianza y mantener la intimidad a lo largo del día; así puedes hacer que la llama no se apague Por qué algunas parejas están agendando el sexo Si tienes sexo, las probabilidades de que tu día mejore son muchas. Pero si es sexo planificado , puede parecer que se trata de una tarea más. Y a diferencia de otras tareas o actividades físicas, lo acabas viendo más como un lujo que como una necesidad, y por eso, aunque ya tengas pareja, puede ser difícil encontrar la motivación para ponerlo en práctica. Sin embargo, el sexo es un apetito como cualquier otro, una necesidad como cualquier otra, un alimento como cualquier otro. Si lo dejas en suspenso, el efecto en tu relación podría ser como si uno de los dos, o ambos, estuvierais a dieta permanente, y también solos. Puede que eso os funcione, pero para muchos de nosotros, el sexo es algo a lo que vale la pena dar prioridad. En esencia, antes de introducir cualquier otro obstáculo doméstico, es un trabajo de dos, por lo que hay que estar en sintonía; no se puede decidir de forma unilateral. Para abordar esto en orden ascendente de dificultades, si sois una pareja sin hijos, el principal obstáculo seréis vosotros mismos: no estar en el mismo estado de ánimo al mismo tiempo, no estar en casa al mismo tiempo. Esto es válido para toda la relación, no solo para el sexo. Una vez entrevisté a una doctora especialista en fertilidad que describió su trabajo con una pareja que intentaba encontrar una fecha para una cita en la que ella estuviera ovulando y ambos estuvieran en el país. Tardaron varias semanas en conseguirlo. “Sentí que estaba empezando a comprender por qué no podían concebir”, dijo. El sexo no tiene por qué empezar y terminar en el dormitorio, dice Michelle Bassam, terapeuta psicológica y sexual con 25 años de experiencia: “Se puede mantener la intimidad a lo largo del día siendo afectuoso. Mostrar interés por tu pareja puede ser suficiente”. Y, por supuesto, lo contrario —no mostrar interés, no prestar nunca toda tu atención a tu pareja, no tocarla nunca a menos que, al estilo de Larry David, sea porque quieres sexo en los siguientes 90 segundos— también puede arruinar las cosas. Obviamente, tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño en la cama y, en las raras ocasiones en las que ambos estáis despiertos al mismo tiempo sin distracciones, puede que no estéis de humor. Además, una crisis de imagen corporal e identidad puede afectar a la relación. “Se considera un momento muy arriesgado para las parejas”, afirma Jodie Slee, terapeuta sexual desde hace 16 años, “y no solo sexualmente”. Pero hay que empezar por ser prácticos. Slee ofrece esta estadística asombrosa: “Si una mujer duerme una hora más por noche, su libido aumenta un 14%”. La consideración de la imagen corporal es real: “La maternidad no se considera algo sexy”, afirma Slee. Siendo realistas, esto recae sobre las mujeres, que pasan por una dura prueba física que les quita las ganas de sexo, les hace parecer arrugadas y oler un poco a leche durante quién sabe cuántos meses después, y las coloca en una nueva categoría, la de “madre”, a la que culturalmente ni siquiera se le permite tener una identidad sexual. “Creo que está bien que las mujeres sean un poco egoístas y piensen: 'Voy a tener un poco de tiempo para mantener mi yo anterior a la maternidad ”. Tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño durmiendo en la cama... Pero todo el mundo, tenga hijos o no, debe reconocer lo mucho que ha cambiado y el dolor que eso puede suponer. Crea una red de personas con las que te sientas cómoda dejando a los niños por la noche; no dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan. “Asegúrate de que la carga de trabajo sea equitativa”, dice Slee, “para que una persona no se encargue de todas las tomas nocturnas y del trabajo. Creo que está bien que los padres sean un poco egoístas y no adopten una actitud mártir en la crianza de los hijos, para que estos no los absorban por completo”. A medida que los niños crecen y se convierten en adolescentes, es probable que sus demandas de tiempo sean menores, pero a menudo surge una capa de timidez. “Los padres tienen la responsabilidad, o al menos eso es lo que cabría esperar, de ocultar los aspectos relacionados con el dormitorio”, afirma Bassam, “pero es muy importante que los niños y los adolescentes reciban un modelo de sus padres, para que sepan lo que es la intimidad. Puede ser algo tan sencillo como que alguien te ponga la mano en el hombro al pasar por la cocina”. Sin embargo, esos años de crianza de los hijos ya no son el final de la carrera de obstáculos. El número de adultos jóvenes que siguen viviendo con sus padres ha aumentado en más de un tercio este siglo. “A mucha gente no le gusta tener relaciones sexuales en la casa de sus padres”, dice Bassam, una situación que a menudo se ve agravada por la exhibición de fotografías familiares en la habitación de invitados. No dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan También es cierto que una cierta mojigatería natural nos hace sentir mucho más cómodos pidiendo a los demás que se adapten a nuestras preferencias alimenticias o hábitos que pidiendo simplemente media hora de intimidad, por el amor de Dios. La gente moverá montañas por ti si eres intolerante al gluten, y pondrán los ojos en blanco pero lo aceptarán si meditas, pero no puedes decir: 'vamos a desaparecer un rato“. Esto es válido para cualquier hogar con varios ocupantes: hay que comunicar las expectativas en el ámbito de la pareja. Si sientes que tu relación de pareja se ve constantemente anulada por las exigencias del grupo, eso hará que no te apetezca el sexo o, por el contrario, que lo desees de una forma necesitada y molesta que no es erótica. Hay una verdad universal que dice que una vez que empiezas a programar el sexo, estás condenado al fracaso, pero no todo el mundo está de acuerdo. “Si lo replanteas”, dice Slee, “no estás programando, estás priorizando y demostrando al otro que es importante”. En las relaciones a largo plazo, “tu deseo es más receptivo que espontáneo, así que si esperas a que te invada espontáneamente el deseo, puedes estar esperando mucho tiempo”. Planificar el sexo también “elimina la presión de 'Dios mío, han pasado dos semanas, han pasado tres semanas'. Cuanta más presión, más ansiedad hay y menos probable es que suceda”. Ahora solo tienes que mantener viva la llama, lo cual se consigue mediante lo que antes se llamaba “desfamiliarización erótica”, que no era más que un término científico para referirse a la novedad. “La novedad es lo que crea el periodo de luna de miel: tu cuerpo se inunda de dopamina, que se dispara con la novedad. Con el tiempo, tu cuerpo se acostumbra a esa cantidad de dopamina y ya no hay novedad”, afirma Slee. “Eso no tiene por qué significar mazmorras, clubes sexuales e intercambio de parejas, que es lo que la gente piensa cuando lo dices, y puede serlo. Pero para algunas parejas, la novedad será usar una habitación diferente o ponerse una ropa diferente”. La ventaja de conocerse bien es que se puede intentar algo que no funciona. Incluso un fracaso demostrará que estás entre las prioridades de tu pareja. La primera pareja con la que trabajó Slee tenía más de 80 años y llevaban 50 juntos. Tenían relaciones sexuales cada dos días, “solo acudían a terapia porque querían darle más sabor a su relación, y ya era bastante picante. Uno de ellos se había sometido a una operación de prótesis de cadera, por lo que había algunas limitaciones nuevas”, pero la sequía sexual no era una de ellas. Supongo que los incluimos como el ideal motivador para un matrimonio largo y feliz, pero tampoco fue magia, simplemente lo consiguieron de alguna manera: nunca se fueron a dormir en sequía.

El resurgir de ‘Cumbres borrascosas': por qué el clásico de Emily Brontë sigue fascinando a lectores y espectadores

El resurgir de ‘Cumbres borrascosas': por qué el clásico de Emily Brontë sigue fascinando a lectores y espectadores

Con motivo del estreno de ‘Cumbres borrascosas’ (2026), la película de Emerald Fennell, la novela en la que se basa regresa a las librerías en nuevas ediciones Entrevista - David Uclés: “Los mismos que me apoyaron al principio me han hecho luego la zancadilla por vender mucho” Almudena Grandes , ante la pregunta de si le gustaría ganar el Premio Nobel, respondía que, ella, lo que hubiera querido es escribir Cumbres borrascosas . La madrileña es solo una de la larga lista de escritores entusiastas de esta obra maestra, en la que figuran Ana María Matute , Carmen Martín Gaite –autora de una de sus traducciones más leídas, hoy disponible en la editorial Alba–, Álvaro Pombo , Javier Marías o Maryse Condé, que la versionó en su novela inédita en castellano La migration des coeurs (1995). En realidad, sus incondicionales empezaron a surgir mucho antes, en el entorno más inmediato de la autora: su hermana Charlotte fue la primera en reconocer su genialidad. Lo expresó en una nota biográfica a propósito de una reedición de Cumbres borrascosas (1847) de 1850, en la que traza un perfil de sus hermanas y revela su fascinación ante el hallazgo de los poemas de su hermana Emily, a su juicio, “los únicos que valen la pena” del volumen que publicaron las tres: “No se trataba de efusiones corrientes ni se parecía en nada a los versos que suelen escribir las mujeres”, escribe Charlotte. “Me parecieron directos y tersos, vigorosos y genuinos. […] Tenían una musicalidad particular, salvaje, melancólica y edificante”. Estos últimos calificativos –salvaje, melancólica y edificante– también pueden aplicarse a su obra maestra; e incluso, guiándonos por el retrato esbozado por su hermana mayor, a su propia autora, Emily Jane Brontë (Thornton, 1818-Haworth, 1848), que publicó su obra maestra bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell para sortear los obstáculos de la época a la publicación de mujeres escritoras. Murió a los 30 años de tuberculosis, como su hermana Anne (Thornton, 1820-Scarborough, 1949) unos meses después. Desde niña acarició el sueño, compartido con sus hermanas, de convertirse en escritora. Solo llegó a escribir una novela, además de los poemas, pero su huella en la historia de la literatura, junto con el misterio que rodea al clan Brontë, no deja de provocar fascinación. Una fascinación que se materializa en múltiples vertientes de la cultura contemporánea, en la que, por supuesto, no puede ignorarse el cine. Su nueva adaptación , dirigida por Emerald Fennell –actriz en otras adaptaciones literarias, como Anna Karénina (2012), La chica danesa (2015), Pan (Viaje a Nunca Jamás) (2015) o Vita y Virginia (2018)–, con Margot Robbie y Jacob Elordi en los papeles protagonistas, es la última aproximación al clásico, en plena ola de un renacimiento del interés por las historias góticas románticas. Historias tenebrosas para un mundo sombrío Tendencias como el dark academia –un subgénero de la literatura gótica que engloba la ficción de internados y colleges , con una estética oscura y de aire clásico, como el libro Babel (2022), de R. F. Kuang, o la serie de televisión Miércoles (2022-2025), por poner dos ejemplos recientes–, el redescubrimiento de El secreto (1992), de Donna Tartt, que se ha convertido en fenómeno viral de las comunidades lectoras en línea, o la reedición de clásicos contemporáneos como El mago (1965), de John Fowles, y Posesión (1990), de A. S. Byatt, indican una receptividad renovada hacia el género gótico por parte de las nuevas generaciones de lectores. Esta corriente literaria llega después de una década de predominio de la autoficción y la narrativa más contemporánea entre los jóvenes, con autores como Sally Rooney , Caitlin Moran , Naoise Dolan y Gabrielle Zevin a la cabeza, o, en España, Eva Baltasar , Cristina Morales , Elisa Victoria o Marta Jiménez Serrano , entre otros. Frente al gran relato, se impuso un tipo de novela más íntima, que pone la lupa sobre los conflictos personales en un proceso de redefinición de la identidad, de explicarse a uno mismo en diferentes etapas vitales. El auge, o más bien el regreso a primera línea, de la literatura de tintes lóbregos con un marco que remite a tiempos remotos puede deberse, para empezar, a una reacción de hartazgo ante la tendencia precedente: llega un punto en el que las historias individuales, los traumas expuestos (no solo en los libros), dejan de impactar, cansan. Esas narraciones, además, suelen ser breves, su lectura dura poco, como tantas prácticas de esta era de la inmediatez. En la búsqueda de un clásico o una versión renovada del género gótico, que son novelas de largo aliento, se observa un deseo de duración, de la lectura como refugio en el que permanecer durante varios días o semanas, en oposición al consumo rápido, al ritmo frenético que impone la sociedad. Jaco Elordi y Margot Robbie en la reimaginación del clásico de Emerald Fennell Los temas, así como la ambientación (fundamental en este tipo de historias), tampoco se pueden separar del contexto sociopolítico en el que vivimos. Porque lo que es tendencia no son las comedias de P. G. Wodehouse, David Nobbs o Eduardo Mendoza , sino algo que, a menudo, roza lo macabro. No solo por la ficción gótica de aire clásico: la nueva generación de escritoras latinoamericanas (como Samanta Schweblin , Mariana Enriquez o Mónica Ojeada , entre otras) o la omnipresente novela negra en el territorio best-seller , cada vez más tétrica, también responden, desde otras técnicas literarias, a ese patrón. También están aumentando los sellos editoriales dedicados al género del terror, tan a menudo relegado al circuito alternativo: La Biblioteca de Carfax , Dilatando Mentes , Horror Vacui u Obscura , que se unen a las veteranas como Valdemar . ¿Por qué esta atracción por lo turbulento? Quizá porque el sentimiento contemporáneo que impera es, junto con la incertidumbre, el miedo. El trumpismo, la extrema derecha europea, la emergencia climática o la crisis de la vivienda son solo algunas de nuestras preocupaciones más habituales, más definitorias de estos tiempos. Y, aunque de entrada suene a paradoja, tiene sentido que, ante el desasosiego, busquemos amparo en historias aún más oscuras que nuestro futuro. La ficción, al recrear escenarios extremos, traslada al lector a una situación que le permite anticiparse al desastre, sentir la emoción fuerte sin el dolor que conlleva en una experiencia real. Lejos de desalentar o asustar, tienen un efecto catártico. La fascinación por ‘Cumbres borrascosas’ Sin embargo, Cumbres borrascosas no es un caso del montón: esta obra, desde siempre, posee un magnetismo capaz de subyugar a lectores de cualquier época, muy diversos entre sí, y en diferentes etapas vitales. Es frecuente llegar al libro por primera vez en la adolescencia, atraídos por esa promesa de romance intenso entre Heathcliff y Catherine, tan diferente a (otra lectura de formación) las parejas de Jane Austen . En la práctica, no obstante, lo que uno encuentra, más aún cuando se vuelve a leer años después, es una narración con muchas capas. Misteriosa, sí, aunque no en el sentido convencional. Es un misterio cómo Emily Brontë logró ensamblar una novela como esta; un clásico, un referente y, por eso mismo, un hito imposible de igualar. Porque está escrita con algo más que oficio: se diría que la escribió “en estado de gracia”, tiene ese “don”, ese talento inclasificable de los genios, un hechizo, un arte, lo que en música se llamaría “duende”. Ese es el encanto sombrío que ya constató su hermana Charlotte, y que grandes escritores de todos los tiempos, como Virginia Woolf, Sylvia Plath, Ernest Hemingway o Margaret Atwood , han venerado. Cumbres borrascosas narra una relación tormentosa, pero es mucho más que la historia ¿de amor? Una de sus claves se encuentra en el punto de vista: la acción comienza con el motivo clásico de la llegada de un forastero, que conocerá el pasado de su casero, un señor Heathcliff hosco y amargado, a través del relato del ama de llaves, la señora Dean, que encaja en lo que se conoce como narrador no confiable, otro recurso recurrente del género. En otras palabras: el lector descubre esta historia a través de la mirada subjetiva de un personaje vinculado a los protagonistas, que le comunica, ni que sea de manera inconsciente, sus afectos y prejuicios. Margot Robbie en la nueva versión de 'Cumbres Borrascosas' Esto, unido a la estructura –dos historias sucesivas, la de los protagonistas, Heathcliff y Catherine, y, a continuación, la de sus herederos, que en cierto modo repite el patrón en lo que hoy puede interpretarse como la historia un linaje en el que las heridas no curadas se heredan de generación en generación–, da lugar a una obra con múltiples capas, con esa narración dentro de la narración, ese trasvase de protagonismo sin dejar de constituir un todo, con ese halo de leyenda, de mito que los envuelve a todos. Esto último, además de reforzarse por las eventuales inexactitudes de la narradora y su sistema de valores, se alimenta del paisaje en el que se desarrolla: los sombríos páramos de las colinas de Yorkshire, donde las hermanas crecieron. Hijas de un pastor anglicano, su infancia estuvo marcada por la pérdida temprana de la madre (en 1821), recibieron una educación exquisita y en su juventud trabajaron como institutrices –experiencias que a Charlotte le inspiraron, en parte, Jane Eyre (1847), Villette (1853) y El profesor (1857); y, a Anne, Agnes Grey (1847)–. Desde pequeñas cultivaron el amor por la lectura y, desde su pueblo aislado en aquel paraje agreste, fantaseaban con mundos imaginarios a los que escapaban en sus juegos, que, poco a poco, se convirtieron en tentativas literarias más serias. Las hermanas eran jóvenes solitarias, tenaces y perseverantes en su propósito de ser escritoras. De Emily, dice Charlotte que en su carácter “parecían encontrarse los extremos de la sencillez y el vigor”: “Bajo una cultura sencilla, unos gustos naturales y sin artificio y una apariencia modesta, había una fuerza secreta y un fuego que podrían haber inspirado el cerebro e inflamado las venas de un héroe”. Las inagotables lecturas de un clásico Obra y autor siempre van unidos, pero a veces otro creador lleva un texto a su terreno y da forma, con su estilo, a una creación nueva, acorde con la sensibilidad de su tiempo y de su artífice. Es lo que ha hecho la cineasta Emerald Fennell con su adaptación, y con ello ha vuelto a poner el clásico sobre la mesa de novedades. Son muchas las editoriales que, aprovechando la ausencia de derechos sobre el texto, se han lanzado a reeditarla en ediciones para todos los gustos (y bolsillos), desde la exquisitez de las de Siruela (trad. Cristina Sánchez-Andrade) o Molino (trad. Nicole d’Amonville) a los formatos más económicos de Alianza (trad. Rosa Castillo) o Austral (trad. Rafael Santervás). Pero si una edición que sobresale por méritos propios es la de Akal : una joya editada y anotada por la investigadora Janet Gezari (Newark, Nueva Jersey, 1945), que, después de una carrera dedicada al estudio de las hermanas Brontë, la poesía victoriana y otros autores como Vladímir Nabókov, en 2014 publicó una exhaustiva edición del clásico que ahora ve la luz en castellano con traducción de Lucía Márquez de la Plata. Este volumen, de gran tamaño, forma parte de la colección de la editorial dedicada a las ediciones anotadas de clásicos , en la que también están Mujercitas , Frankenstein , Peter Pan y Orgullo y prejuicio , entre otros. No es un libro para quienes descubran Cumbres borrascosas por primera vez, sino para los que ya son grandes amantes de esta novela: hay un perfil biográfico de la autora y su familia, análisis de cada capítulo, asociaciones de determinados pasajes con las influencias de Emily y otras obras, comentarios sobre las adaptaciones y diversas curiosidades. El texto se acompaña de una amplia selección de fotografías de pinturas, grabados, ediciones originales y escenas de las películas. En suma, la de Janet Gezari es una edición excepcional por la profundidad del estudio, la calidad de la encuadernación y el atractivo visual que proporcionan las imágenes; un libro digno de regalar a uno de sus entusiastas o de regalarse a uno mismo para celebrar la nueva adaptación de la novela. Porque, sí, todavía queda mucho por desentrañar de Cumbres borrascosas y las Brontë, todavía pueden ofrecerse nuevas aproximaciones, matices y precisiones que enriquezcan la perspectiva de quienes ya la conocen y que, a la vez, la acerquen a las nuevas generaciones. Bienvenidos a este universo de obsesión, relaciones posesivas, desdicha y abatimiento que, en pleno siglo XXI, sigue muy vivo.

Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"

Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"

Desde asegurarte de encontrar tiempo para el sexo, hasta reforzar tu confianza y mantener la intimidad a lo largo del día; así puedes hacer que la llama no se apague Por qué algunas parejas están agendando el sexo Si tienes sexo, las probabilidades de que tu día mejore son muchas. Pero si es sexo planificado , puede parecer que se trata de una tarea más. Y a diferencia de otras tareas o actividades físicas, lo acabas viendo más como un lujo que como una necesidad, y por eso, aunque ya tengas pareja, puede ser difícil encontrar la motivación para ponerlo en práctica. Sin embargo, el sexo es un apetito como cualquier otro, una necesidad como cualquier otra, un alimento como cualquier otro. Si lo dejas en suspenso, el efecto en tu relación podría ser como si uno de los dos, o ambos, estuvierais a dieta permanente, y también solos. Puede que eso os funcione, pero para muchos de nosotros, el sexo es algo a lo que vale la pena dar prioridad. En esencia, antes de introducir cualquier otro obstáculo doméstico, es un trabajo de dos, por lo que hay que estar en sintonía; no se puede decidir de forma unilateral. Para abordar esto en orden ascendente de dificultades, si sois una pareja sin hijos, el principal obstáculo seréis vosotros mismos: no estar en el mismo estado de ánimo al mismo tiempo, no estar en casa al mismo tiempo. Esto es válido para toda la relación, no solo para el sexo. Una vez entrevisté a una doctora especialista en fertilidad que describió su trabajo con una pareja que intentaba encontrar una fecha para una cita en la que ella estuviera ovulando y ambos estuvieran en el país. Tardaron varias semanas en conseguirlo. “Sentí que estaba empezando a comprender por qué no podían concebir”, dijo. El sexo no tiene por qué empezar y terminar en el dormitorio, dice Michelle Bassam, terapeuta psicológica y sexual con 25 años de experiencia: “Se puede mantener la intimidad a lo largo del día siendo afectuoso. Mostrar interés por tu pareja puede ser suficiente”. Y, por supuesto, lo contrario —no mostrar interés, no prestar nunca toda tu atención a tu pareja, no tocarla nunca a menos que, al estilo de Larry David, sea porque quieres sexo en los siguientes 90 segundos— también puede arruinar las cosas. Obviamente, tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño en la cama y, en las raras ocasiones en las que ambos estáis despiertos al mismo tiempo sin distracciones, puede que no estéis de humor. Además, una crisis de imagen corporal e identidad puede afectar a la relación. “Se considera un momento muy arriesgado para las parejas”, afirma Jodie Slee, terapeuta sexual desde hace 16 años, “y no solo sexualmente”. Pero hay que empezar por ser prácticos. Slee ofrece esta estadística asombrosa: “Si una mujer duerme una hora más por noche, su libido aumenta un 14%”. La consideración de la imagen corporal es real: “La maternidad no se considera algo sexy”, afirma Slee. Siendo realistas, esto recae sobre las mujeres, que pasan por una dura prueba física que les quita las ganas de sexo, les hace parecer arrugadas y oler un poco a leche durante quién sabe cuántos meses después, y las coloca en una nueva categoría, la de “madre”, a la que culturalmente ni siquiera se le permite tener una identidad sexual. “Creo que está bien que las mujeres sean un poco egoístas y piensen: 'Voy a tener un poco de tiempo para mantener mi yo anterior a la maternidad ”. Tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño durmiendo en la cama... Pero todo el mundo, tenga hijos o no, debe reconocer lo mucho que ha cambiado y el dolor que eso puede suponer. Crea una red de personas con las que te sientas cómoda dejando a los niños por la noche; no dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan. “Asegúrate de que la carga de trabajo sea equitativa”, dice Slee, “para que una persona no se encargue de todas las tomas nocturnas y del trabajo. Creo que está bien que los padres sean un poco egoístas y no adopten una actitud mártir en la crianza de los hijos, para que estos no los absorban por completo”. A medida que los niños crecen y se convierten en adolescentes, es probable que sus demandas de tiempo sean menores, pero a menudo surge una capa de timidez. “Los padres tienen la responsabilidad, o al menos eso es lo que cabría esperar, de ocultar los aspectos relacionados con el dormitorio”, afirma Bassam, “pero es muy importante que los niños y los adolescentes reciban un modelo de sus padres, para que sepan lo que es la intimidad. Puede ser algo tan sencillo como que alguien te ponga la mano en el hombro al pasar por la cocina”. Sin embargo, esos años de crianza de los hijos ya no son el final de la carrera de obstáculos. El número de adultos jóvenes que siguen viviendo con sus padres ha aumentado en más de un tercio este siglo. “A mucha gente no le gusta tener relaciones sexuales en la casa de sus padres”, dice Bassam, una situación que a menudo se ve agravada por la exhibición de fotografías familiares en la habitación de invitados. No dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan También es cierto que una cierta mojigatería natural nos hace sentir mucho más cómodos pidiendo a los demás que se adapten a nuestras preferencias alimenticias o hábitos que pidiendo simplemente media hora de intimidad, por el amor de Dios. La gente moverá montañas por ti si eres intolerante al gluten, y pondrán los ojos en blanco pero lo aceptarán si meditas, pero no puedes decir: 'vamos a desaparecer un rato“. Esto es válido para cualquier hogar con varios ocupantes: hay que comunicar las expectativas en el ámbito de la pareja. Si sientes que tu relación de pareja se ve constantemente anulada por las exigencias del grupo, eso hará que no te apetezca el sexo o, por el contrario, que lo desees de una forma necesitada y molesta que no es erótica. Hay una verdad universal que dice que una vez que empiezas a programar el sexo, estás condenado al fracaso, pero no todo el mundo está de acuerdo. “Si lo replanteas”, dice Slee, “no estás programando, estás priorizando y demostrando al otro que es importante”. En las relaciones a largo plazo, “tu deseo es más receptivo que espontáneo, así que si esperas a que te invada espontáneamente el deseo, puedes estar esperando mucho tiempo”. Planificar el sexo también “elimina la presión de 'Dios mío, han pasado dos semanas, han pasado tres semanas'. Cuanta más presión, más ansiedad hay y menos probable es que suceda”. Ahora solo tienes que mantener viva la llama, lo cual se consigue mediante lo que antes se llamaba “desfamiliarización erótica”, que no era más que un término científico para referirse a la novedad. “La novedad es lo que crea el periodo de luna de miel: tu cuerpo se inunda de dopamina, que se dispara con la novedad. Con el tiempo, tu cuerpo se acostumbra a esa cantidad de dopamina y ya no hay novedad”, afirma Slee. “Eso no tiene por qué significar mazmorras, clubes sexuales e intercambio de parejas, que es lo que la gente piensa cuando lo dices, y puede serlo. Pero para algunas parejas, la novedad será usar una habitación diferente o ponerse una ropa diferente”. La ventaja de conocerse bien es que se puede intentar algo que no funciona. Incluso un fracaso demostrará que estás entre las prioridades de tu pareja. La primera pareja con la que trabajó Slee tenía más de 80 años y llevaban 50 juntos. Tenían relaciones sexuales cada dos días, “solo acudían a terapia porque querían darle más sabor a su relación, y ya era bastante picante. Uno de ellos se había sometido a una operación de prótesis de cadera, por lo que había algunas limitaciones nuevas”, pero la sequía sexual no era una de ellas. Supongo que los incluimos como el ideal motivador para un matrimonio largo y feliz, pero tampoco fue magia, simplemente lo consiguieron de alguna manera: nunca se fueron a dormir en sequía.

El resurgir de ‘Cumbres borrascosas': por qué el clásico de Emily Brontë sigue fascinando a lectores y espectadores

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Con motivo del estreno de ‘Cumbres borrascosas’ (2026), la película de Emerald Fennell, la novela en la que se basa regresa a las librerías en nuevas ediciones Entrevista - David Uclés: “Los mismos que me apoyaron al principio me han hecho luego la zancadilla por vender mucho” Almudena Grandes , ante la pregunta de si le gustaría ganar el Premio Nobel, respondía que, ella, lo que hubiera querido es escribir Cumbres borrascosas . La madrileña es solo una de la larga lista de escritores entusiastas de esta obra maestra, en la que figuran Ana María Matute , Carmen Martín Gaite –autora de una de sus traducciones más leídas, hoy disponible en la editorial Alba–, Álvaro Pombo , Javier Marías o Maryse Condé, que la versionó en su novela inédita en castellano La migration des coeurs (1995). En realidad, sus incondicionales empezaron a surgir mucho antes, en el entorno más inmediato de la autora: su hermana Charlotte fue la primera en reconocer su genialidad. Lo expresó en una nota biográfica a propósito de una reedición de Cumbres borrascosas (1847) de 1850, en la que traza un perfil de sus hermanas y revela su fascinación ante el hallazgo de los poemas de su hermana Emily, a su juicio, “los únicos que valen la pena” del volumen que publicaron las tres: “No se trataba de efusiones corrientes ni se parecía en nada a los versos que suelen escribir las mujeres”, escribe Charlotte. “Me parecieron directos y tersos, vigorosos y genuinos. […] Tenían una musicalidad particular, salvaje, melancólica y edificante”. Estos últimos calificativos –salvaje, melancólica y edificante– también pueden aplicarse a su obra maestra; e incluso, guiándonos por el retrato esbozado por su hermana mayor, a su propia autora, Emily Jane Brontë (Thornton, 1818-Haworth, 1848), que publicó su obra maestra bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell para sortear los obstáculos de la época a la publicación de mujeres escritoras. Murió a los 30 años de tuberculosis, como su hermana Anne (Thornton, 1820-Scarborough, 1949) unos meses después. Desde niña acarició el sueño, compartido con sus hermanas, de convertirse en escritora. Solo llegó a escribir una novela, además de los poemas, pero su huella en la historia de la literatura, junto con el misterio que rodea al clan Brontë, no deja de provocar fascinación. Una fascinación que se materializa en múltiples vertientes de la cultura contemporánea, en la que, por supuesto, no puede ignorarse el cine. Su nueva adaptación , dirigida por Emerald Fennell –actriz en otras adaptaciones literarias, como Anna Karénina (2012), La chica danesa (2015), Pan (Viaje a Nunca Jamás) (2015) o Vita y Virginia (2018)–, con Margot Robbie y Jacob Elordi en los papeles protagonistas, es la última aproximación al clásico, en plena ola de un renacimiento del interés por las historias góticas románticas. Historias tenebrosas para un mundo sombrío Tendencias como el dark academia –un subgénero de la literatura gótica que engloba la ficción de internados y colleges , con una estética oscura y de aire clásico, como el libro Babel (2022), de R. F. Kuang, o la serie de televisión Miércoles (2022-2025), por poner dos ejemplos recientes–, el redescubrimiento de El secreto (1992), de Donna Tartt, que se ha convertido en fenómeno viral de las comunidades lectoras en línea, o la reedición de clásicos contemporáneos como El mago (1965), de John Fowles, y Posesión (1990), de A. S. Byatt, indican una receptividad renovada hacia el género gótico por parte de las nuevas generaciones de lectores. Esta corriente literaria llega después de una década de predominio de la autoficción y la narrativa más contemporánea entre los jóvenes, con autores como Sally Rooney , Caitlin Moran , Naoise Dolan y Gabrielle Zevin a la cabeza, o, en España, Eva Baltasar , Cristina Morales , Elisa Victoria o Marta Jiménez Serrano , entre otros. Frente al gran relato, se impuso un tipo de novela más íntima, que pone la lupa sobre los conflictos personales en un proceso de redefinición de la identidad, de explicarse a uno mismo en diferentes etapas vitales. El auge, o más bien el regreso a primera línea, de la literatura de tintes lóbregos con un marco que remite a tiempos remotos puede deberse, para empezar, a una reacción de hartazgo ante la tendencia precedente: llega un punto en el que las historias individuales, los traumas expuestos (no solo en los libros), dejan de impactar, cansan. Esas narraciones, además, suelen ser breves, su lectura dura poco, como tantas prácticas de esta era de la inmediatez. En la búsqueda de un clásico o una versión renovada del género gótico, que son novelas de largo aliento, se observa un deseo de duración, de la lectura como refugio en el que permanecer durante varios días o semanas, en oposición al consumo rápido, al ritmo frenético que impone la sociedad. Jaco Elordi y Margot Robbie en la reimaginación del clásico de Emerald Fennell Los temas, así como la ambientación (fundamental en este tipo de historias), tampoco se pueden separar del contexto sociopolítico en el que vivimos. Porque lo que es tendencia no son las comedias de P. G. Wodehouse, David Nobbs o Eduardo Mendoza , sino algo que, a menudo, roza lo macabro. No solo por la ficción gótica de aire clásico: la nueva generación de escritoras latinoamericanas (como Samanta Schweblin , Mariana Enriquez o Mónica Ojeada , entre otras) o la omnipresente novela negra en el territorio best-seller , cada vez más tétrica, también responden, desde otras técnicas literarias, a ese patrón. También están aumentando los sellos editoriales dedicados al género del terror, tan a menudo relegado al circuito alternativo: La Biblioteca de Carfax , Dilatando Mentes , Horror Vacui u Obscura , que se unen a las veteranas como Valdemar . ¿Por qué esta atracción por lo turbulento? Quizá porque el sentimiento contemporáneo que impera es, junto con la incertidumbre, el miedo. El trumpismo, la extrema derecha europea, la emergencia climática o la crisis de la vivienda son solo algunas de nuestras preocupaciones más habituales, más definitorias de estos tiempos. Y, aunque de entrada suene a paradoja, tiene sentido que, ante el desasosiego, busquemos amparo en historias aún más oscuras que nuestro futuro. La ficción, al recrear escenarios extremos, traslada al lector a una situación que le permite anticiparse al desastre, sentir la emoción fuerte sin el dolor que conlleva en una experiencia real. Lejos de desalentar o asustar, tienen un efecto catártico. La fascinación por ‘Cumbres borrascosas’ Sin embargo, Cumbres borrascosas no es un caso del montón: esta obra, desde siempre, posee un magnetismo capaz de subyugar a lectores de cualquier época, muy diversos entre sí, y en diferentes etapas vitales. Es frecuente llegar al libro por primera vez en la adolescencia, atraídos por esa promesa de romance intenso entre Heathcliff y Catherine, tan diferente a (otra lectura de formación) las parejas de Jane Austen . En la práctica, no obstante, lo que uno encuentra, más aún cuando se vuelve a leer años después, es una narración con muchas capas. Misteriosa, sí, aunque no en el sentido convencional. Es un misterio cómo Emily Brontë logró ensamblar una novela como esta; un clásico, un referente y, por eso mismo, un hito imposible de igualar. Porque está escrita con algo más que oficio: se diría que la escribió “en estado de gracia”, tiene ese “don”, ese talento inclasificable de los genios, un hechizo, un arte, lo que en música se llamaría “duende”. Ese es el encanto sombrío que ya constató su hermana Charlotte, y que grandes escritores de todos los tiempos, como Virginia Woolf, Sylvia Plath, Ernest Hemingway o Margaret Atwood , han venerado. Cumbres borrascosas narra una relación tormentosa, pero es mucho más que la historia ¿de amor? Una de sus claves se encuentra en el punto de vista: la acción comienza con el motivo clásico de la llegada de un forastero, que conocerá el pasado de su casero, un señor Heathcliff hosco y amargado, a través del relato del ama de llaves, la señora Dean, que encaja en lo que se conoce como narrador no confiable, otro recurso recurrente del género. En otras palabras: el lector descubre esta historia a través de la mirada subjetiva de un personaje vinculado a los protagonistas, que le comunica, ni que sea de manera inconsciente, sus afectos y prejuicios. Margot Robbie en la nueva versión de 'Cumbres Borrascosas' Esto, unido a la estructura –dos historias sucesivas, la de los protagonistas, Heathcliff y Catherine, y, a continuación, la de sus herederos, que en cierto modo repite el patrón en lo que hoy puede interpretarse como la historia un linaje en el que las heridas no curadas se heredan de generación en generación–, da lugar a una obra con múltiples capas, con esa narración dentro de la narración, ese trasvase de protagonismo sin dejar de constituir un todo, con ese halo de leyenda, de mito que los envuelve a todos. Esto último, además de reforzarse por las eventuales inexactitudes de la narradora y su sistema de valores, se alimenta del paisaje en el que se desarrolla: los sombríos páramos de las colinas de Yorkshire, donde las hermanas crecieron. Hijas de un pastor anglicano, su infancia estuvo marcada por la pérdida temprana de la madre (en 1821), recibieron una educación exquisita y en su juventud trabajaron como institutrices –experiencias que a Charlotte le inspiraron, en parte, Jane Eyre (1847), Villette (1853) y El profesor (1857); y, a Anne, Agnes Grey (1847)–. Desde pequeñas cultivaron el amor por la lectura y, desde su pueblo aislado en aquel paraje agreste, fantaseaban con mundos imaginarios a los que escapaban en sus juegos, que, poco a poco, se convirtieron en tentativas literarias más serias. Las hermanas eran jóvenes solitarias, tenaces y perseverantes en su propósito de ser escritoras. De Emily, dice Charlotte que en su carácter “parecían encontrarse los extremos de la sencillez y el vigor”: “Bajo una cultura sencilla, unos gustos naturales y sin artificio y una apariencia modesta, había una fuerza secreta y un fuego que podrían haber inspirado el cerebro e inflamado las venas de un héroe”. Las inagotables lecturas de un clásico Obra y autor siempre van unidos, pero a veces otro creador lleva un texto a su terreno y da forma, con su estilo, a una creación nueva, acorde con la sensibilidad de su tiempo y de su artífice. Es lo que ha hecho la cineasta Emerald Fennell con su adaptación, y con ello ha vuelto a poner el clásico sobre la mesa de novedades. Son muchas las editoriales que, aprovechando la ausencia de derechos sobre el texto, se han lanzado a reeditarla en ediciones para todos los gustos (y bolsillos), desde la exquisitez de las de Siruela (trad. Cristina Sánchez-Andrade) o Molino (trad. Nicole d’Amonville) a los formatos más económicos de Alianza (trad. Rosa Castillo) o Austral (trad. Rafael Santervás). Pero si una edición que sobresale por méritos propios es la de Akal : una joya editada y anotada por la investigadora Janet Gezari (Newark, Nueva Jersey, 1945), que, después de una carrera dedicada al estudio de las hermanas Brontë, la poesía victoriana y otros autores como Vladímir Nabókov, en 2014 publicó una exhaustiva edición del clásico que ahora ve la luz en castellano con traducción de Lucía Márquez de la Plata. Este volumen, de gran tamaño, forma parte de la colección de la editorial dedicada a las ediciones anotadas de clásicos , en la que también están Mujercitas , Frankenstein , Peter Pan y Orgullo y prejuicio , entre otros. No es un libro para quienes descubran Cumbres borrascosas por primera vez, sino para los que ya son grandes amantes de esta novela: hay un perfil biográfico de la autora y su familia, análisis de cada capítulo, asociaciones de determinados pasajes con las influencias de Emily y otras obras, comentarios sobre las adaptaciones y diversas curiosidades. El texto se acompaña de una amplia selección de fotografías de pinturas, grabados, ediciones originales y escenas de las películas. En suma, la de Janet Gezari es una edición excepcional por la profundidad del estudio, la calidad de la encuadernación y el atractivo visual que proporcionan las imágenes; un libro digno de regalar a uno de sus entusiastas o de regalarse a uno mismo para celebrar la nueva adaptación de la novela. Porque, sí, todavía queda mucho por desentrañar de Cumbres borrascosas y las Brontë, todavía pueden ofrecerse nuevas aproximaciones, matices y precisiones que enriquezcan la perspectiva de quienes ya la conocen y que, a la vez, la acerquen a las nuevas generaciones. Bienvenidos a este universo de obsesión, relaciones posesivas, desdicha y abatimiento que, en pleno siglo XXI, sigue muy vivo.

La verdadera “crisis migratoria” es laboral

La verdadera “crisis migratoria” es laboral

En el debate entre quienes consideran que las fronteras deberían estar abiertas porque todas las personas tenemos los mismos derechos naturales y quienes consideran que los flujos migratorios deben restringirse porque perjudican económica, política y socialmente, se soslaya un aspecto fundamental de la cuestión, más incómodo y rara vez explicitado: el papel que la migración juega en la dinámica capitalista como mano de obra barata. No basta con regularizar inmigrantes, hay que incluirlos Como ocurrió con la crítica al genocidio en Palestina, el Gobierno de España se ha convertido también en un icono internacional debido a su política migratoria. En tiempos en los que los gobiernos occidentales están aprobando duras políticas de restricción de los flujos migratorios, el gobierno de coalición ha anunciado la regularización de aproximadamente 500.000 inmigrantes irregulares. La cuestión se ha internacionalizado en prensa porque es un movimiento que va a contramano de la política dominante y coincide con el momento más duro de la represión anti-migratoria de Estados Unidos en las últimas décadas. El debate consecuente tiende a polarizarse entre quienes consideran que las fronteras deberían estar abiertas porque todas las personas tenemos los mismos derechos naturales o porque los inmigrantes proporcionan un beneficio a las economías, y quienes consideran que los flujos migratorios deben restringirse porque perjudican económicamente a ciertos grupos sociales nativos, porque promueven la inestabilidad política y social, porque amenazan las conquistas sociales del Estado del Bienestar o, sencillamente, por razones fundadas en la xenofobia y el racismo. Pero todas estas interpretaciones soslayan un aspecto fundamental de la cuestión, más incómodo y rara vez explicitado: el papel que la migración juega en la dinámica capitalista como mano de obra barata. Las migraciones en perspectiva histórica Empecemos por lo básico: la mayoría de las personas no quieren emigrar, y cuando lo hacen es porque están empujadas por circunstancias políticas, sociales, ecológicas o económicas. Pero no tienden a “aterrizar” en cualquier lado, sino que se dirigen casi en su totalidad hacia donde existe demanda de mano de obra. Es decir, es la lógica capitalista la que condiciona de manera importante los flujos migratorios. No por casualidad las primeras grandes migraciones de la economía-mundo, a partir del siglo XVI, tomaron la forma de trabajo esclavo o contratos de servidumbre. No menos de 12 millones de africanos fueron arrancados de sus tierras —más del 8% en embarcaciones españolas— para convertirse en mano de obra esclava en las plantaciones coloniales, fundamentalmente en América. Como he explicado con más detalle en La guerra por la energía: Poder, imperios y crisis ecológica , aquel trabajo forzado constituyó el elemento central que durante los siglos siguientes garantizaría un flujo de bienes de consumo baratos hacia los países coloniales. El resultado fue la instauración de un modo imperial de vida del que se benefició el conjunto de países occidentales, que accedían así a calorías, ropa y otros productos mucho más baratos. O, dicho de otra forma, los países occidentales se beneficiaban de un salario real más alto del que hubiera existido en ausencia de aquella explotación de carácter imperialista. Ya desde el comienzo, con aquellas primeras industrias capitalistas que fueron las plantaciones esclavistas —que se anticiparon varios siglos al arquetipo de fábrica de producción estandarizada y con trabajo altamente supervisado—, se ponía de relieve que la expansión de la demanda de mano de obra ha sido un factor estructural central en la activación y canalización de los movimientos migratorios. Incluso en lugares donde inicialmente se había recurrido a la población indígena o a la población blanca, como en las minas del Potosí o en las colonias británicas de Norteamérica, esa oferta no fue suficiente para satisfacer la demanda tan elevada de mano de obra, lo que empujó a los mercaderes y capitalistas a recurrir crecientemente a los esclavos africanos. Ya en el siglo XIX, y gracias al abaratamiento de los pasajes transatlánticos, se produjeron nuevos extraordinarios movimientos de personas. Se ha calculado que entre mediados de siglo y hasta la primera guerra mundial se dirigieron hacia el Nuevo Mundo —sobre todo Estados Unidos, Argentina, Brasil y Australia— más de 55 millones de europeos. Esta mano de obra entrante, mucho más barata que la nativa, fue determinante para el ascenso e industrialización de los países americanos, particularmente de Estados Unidos. Cabe recordar que, hasta el período de entreguerras, los controles a la movilidad internacional eran significativamente más laxos que en la actualidad, aunque estaban atravesados por jerarquías coloniales y raciales. Tras las dos Guerras Mundiales, los flujos migratorios se volvieron más controlados e institucionalizados. Aun así, los países europeos recuperaron sus economías gracias a la mano de obra barata que proporcionaba la inmigración, que se atraía a través de programas estatales, pero también de los irregulares que llegaban desde países más pobres —en menos de veinte años Alemania recibió unos 14 millones de trabajadores en régimen de rotación, no pocos de ellos españoles—. En la época neoliberal los flujos migratorios se mantuvieron impulsados por la demanda de mano de obra, pero no sólo en Europa: en algunos países del Golfo Pérsico la mano de obra migrante representa actualmente más del 50% de la población, que es atraída a través del sistema kafala que vincula legalmente a los más de veinte millones de trabajadores a sus empleadores —el trabajador no puede salir del país sin permiso ni cambiar de puesto de trabajo, y pierde el derecho de residencia al perder el empleo—. A este patrón migratorio histórico se suma hoy la crisis ecológica global. La degradación de suelos, el estrés hídrico, los impactos climáticos y la pérdida de medios de vida rurales actúan como multiplicación de las dinámicas de expulsión, especialmente en las periferias del sistema mundial. Pero, de nuevo, es la estructura productiva de las economías receptoras la que determina en qué condiciones esas personas son incorporadas al mercado de trabajo. Precariedad y explotación migrante Así, en esta dinámica capitalista en la que el ser humano es reducido a un recurso explotable —como la propia naturaleza—, existe una demanda estructural de mano de obra por parte de las economías más industrializadas. La inmensa mayoría de los inmigrantes llegan a los países de destino para cubrir actividades de bajo valor añadido, tales como la construcción, limpieza, seguridad, hostelería, reparto y trabajos de cuidados. De hecho, el bienestar de las poblaciones occidentales sería impensable sin la existencia de esta economía del cuidado migrante, cuyas condiciones de trabajo son altamente precarias y vulnerables, especialmente cuando se realizan en condiciones de irregularidad administrativa. Los migrantes procedentes de países más pobres aceptan condiciones de trabajo peores que los nativos porque su posición jurídica y social debilita su poder de negociación colectiva, facilitando salarios más bajos, mayor flexibilidad forzada y menores costes de despido para el empleador. Esto produce una segmentación del mercado, lo que tiene consecuencias socioeconómicas de gran magnitud. En España, por ejemplo, la tasa de riesgo de pobreza de los nacidos en el extranjero es del 44% frente al 19% de los nacidos en el país. Como flujo funcional al beneficio capitalista, el grifo de la migración es abierto y cerrado en función de las necesidades del capital. Cuando los migrantes son canalizados dentro de programas públicos o públicos-privados, en el momento bajo del ciclo económico se les devuelve a sus países de procedencia —un recurso barato estrictamente de “usar y tirar”—, pero cuando se trata de movimientos no canalizados son las políticas de migración las que funcionan como una válvula que se abre y cierra. Las redadas y las deportaciones se multiplican cuando el recurso ya no aparece como necesario para las necesidades estructurales del sistema. La condición de irregularidad en la que recaen los inmigrantes los hace especialmente vulnerables. Al fin y al cabo, la amenaza de deportabilidad es también una forma adicional de disciplinar la mano de obra, facilitando su explotación y abuso por parte de los empleadores. En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que hay casi 10 millones de inmigrantes irregulares, con una fuerte concentración en la construcción, la restauración y la agricultura. Todas esas personas reciben ingresos, consumen y pagan impuestos—hasta 90.000 millones anuales, según el American Inmigration Council—, pero carecen de derechos políticos y tienen que asumir las condiciones laborales que les impongan sus empleadores. Es aquí donde la propuesta del Gobierno de Sánchez gana enteros, porque tiene un carácter moral y pragmático al mismo tiempo: se trata de reconocer derechos a personas que ya viven y trabajan en nuestras comunidades, y por lo tanto les permiten protegerse frente a los abusos. Pero al mismo tiempo, el análisis se queda corto si se limita a la pretensión de regularizar a todo el mundo, pues corre el riesgo de ocultar las condiciones de superexplotación de los inmigrantes y de perpetuar el racismo estructural que se deriva de esa dualidad laboral. Sin una política laboral activa -refuerzo sustancial de la inspección de Trabajo, persecución de la subcontratación fraudulenta, extensión real de la negociación colectiva, sanciones efectivas a los empleadores que se benefician de la irregularidad y garantías de acceso a la sindicación- la regularización puede convertirse en una medida necesaria pero insuficiente. Solidaridad de clase Una perspectiva más aguda debería evitar mistificar la procedencia de los bienes y servicios que se consumen en un país y que forman el centro del bienestar material de las sociedades contemporáneas. Hoy, como ocurre desde el siglo XVI, una parte considerable de nuestro consumo-bienestar es barato porque se produce una explotación de recursos naturales y de personas tanto en la economía-mundo como en el interior de nuestras comunidades. De la misma manera que nuestra ropa es relativamente barata porque hay trabajadores explotados en las periferias de la economía-mundo, parte de nuestro sistema alimentario y de cuidados se sostiene en la superexplotación de personas migrantes a nivel nacional. La competencia entre trabajadores no es un resultado natural de la inmigración, sino de la desigualdad de derechos. Allí donde una parte de la fuerza de trabajo carece de estabilidad jurídica, de protección sindical efectiva y de capacidad real para denunciar abusos, se genera una presión a la baja sobre salarios y condiciones que termina afectando al conjunto de la clase trabajadora. La clave no es, por tanto, reducir la inmigración, sino reducir la segmentación institucional del mercado de trabajo. Frente a los discursos que presentan la inmigración como una amenaza directa para los trabajadores nativos -una narrativa hoy promovida tanto por la extrema derecha como por sectores que se reclaman de izquierdas-, este escenario abre la oportunidad de tejer alianzas pro-trabajo que busquen mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora en su conjunto y dentro de los límites del planeta. Y aquí tanto el sindicalismo como el gobierno de coalición han dado pasos muy importantes, no sólo regularizando migrantes y subiendo el salario mínimo sino también persiguiendo la explotación laboral que se produce en los sectores de la economía informal. En última instancia, la cuestión migratoria no es un problema de fronteras, sino de organización social del trabajo en un capitalismo que consume y agota a las personas y al planeta.

¿Impuestos a los robots? Los economistas buscan vías para gravar a las grandes tecnológicas en plena burbuja de la IA

¿Impuestos a los robots? Los economistas buscan vías para gravar a las grandes tecnológicas en plena burbuja de la IA

El sistema fiscal se enfrenta al reto de paliar los efectos de las nuevas tecnologías en el empleo y en la recaudación. ¿Es posible crear un tributo específico para la automatización? Las propuestas pasan por reformar Sociedades o crear cánones específicos Las inversiones disparadas y la falta de retornos activan la cuenta atrás de la burbuja de la IA Han pasado 58 años desde que el escritor Philip K. Dick se hiciera una pregunta clave para la historia de la ciencia ficción: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Medio siglo después, con algoritmos reconvertidos en psicólogos y despidos masivos bajo la excusa del desarrollo tecnológico , la pregunta que comienza a barruntarse en la academia económica es otra: ¿Deben los robots empezar a pagar impuestos? El debate es una vuelta de tuerca más al ya mainstream ‘ Tax the rich! ’ (¡Impuestos para los ricos!), toda vez que las grandes empresas tecnológicas lo son cada vez más, y las promesas de progreso y empleos de alto valor añadido se difuminan entre anuncios millonarios en Inteligencia Artificial, a pesar de que aún no hay números que sostengan la fiebre inversora . Una jornada celebrada este lunes en el Congreso, organizada por Más Madrid, reunió a un nutrido grupo de economistas y expertos en empleo, fiscalidad, educación y tecnología para discutir sobre un nuevo frente con los tecno-oligarcas, justo cuando el presidente Pedro Sánchez se ha convertido en el objeto de las críticas de magnates como Elon Musk (Tesla) o Pável Dúrov (Telegram). “¿Cuál es el contrato social que vamos a hacer en la era digital?”, se preguntó la ministra de Sanidad, Mónica García, durante la apertura de la jornada. “Queremos ponerles impuestos, no a los robots, pero sí a unas tecnologías que están sustituyendo a un modelo claro de redistribución de la riqueza, de nuestras fuerzas de trabajo y de la tecnología”, respondió. Empresas fuera del alcance de Hacienda El eslogan y el objetivo están claros, pero los expertos dudan sobre cómo conseguir el objetivo. El principal escollo: las grandes empresas tecnológicas son compañías con sede, mayoritariamente, en Estados Unidos. Y el derecho tributario internacional tradicional ha limitado el margen de maniobra para las Haciendas nacionales en solo aquellas empresas con presencia permanente en el país, algo que las grandes tecnológicas esquivan fijando sus sedes en países como Irlanda, con un sistema fiscal muy laxo para las multinacionales . “Las reglas actuales no están adaptadas al nuevo contexto”, reconoció Pascal Saint-Amans, el exdirector del Centro de Política y Administración Tributaria de la OCDE, uno de los impulsores del impuesto mínimo global para las grandes empresas (Pilar II) y de la reforma de la imposición para las multinacionales, de tal manera que se graven los servicios en los países y jurisdicciones donde las multinacionales los venden y no donde tienen su sede (Pilar I). Había cierto consenso sobre estas reformas en el seno de la organización multilateral, pero una de las primeras decisiones de Donald Trump a su vuelta a la Casa Blanca fue retirar a Estados Unidos de ambos acuerdos. El profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid y ex secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, defendió que “lo fácil desde el punto de vista fiscal” sería gravar la renta y el patrimonio de las grandes compañías a través de una reforma del Impuesto de Sociedades que, indirectamente, elevaría la tributación de las grandes tecnológicas. “Esta figura tributaria hay que repensarla para que no necesariamente graves los resultados contables, en un contexto en el que los grandes grupos empresariales mueven sus bases imponibles entre países, sino que estén gravados con un proxy [indicador] como los ingresos”, propuso. Otros cambios pasarían por hacer tributar la automatización eliminando reducciones fiscales para aquel capital maquinizado o introducir recargos en Sociedades en función de la intensidad de la robotización del empleo, la sustitución neta de puestos de trabajo ‘humanos’ por máquinas o las rentas extraordinarias derivadas de algoritmos. Además, Álvarez subrayó la necesidad de poner el foco en las grandísimas fortunas –potenciales beneficiarias de estas inversiones millonarias en tecnología– a través de la conocida como ‘ tasa Zucman ’. Los cambios en el Impuesto de Sociedades son también una solución para el catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad de la Universitat de València, Adrián Todolí. “Las tres grandes tecnológicas de Estados Unidos ganan lo mismo que las tres grandes industriales, pero con una novena parte de trabajadores”, ejemplificó. “En el sistema actual, el mayor repartidor de la riqueza es el salario. ¿Qué pasa si se gana mucho con pocos trabajadores? Que el capital se lo queda”, zanjó. Para Todolí, el Impuesto de Sociedades debería ganar progresividad (que paguen más las empresas que más ganan) y no ser solamente proporcional. Una progresividad no solo en relación con sus ingresos, sino también con el número de trabajadores “Si ganas mucho con muy pocos trabajadores, pagarás más. Esto solventará otras cuestiones, como el tema de los falsos autónomos o de la subcontratación”, propuso. Los otros retos: los datos y el diseño de un impuesto “beligerante” Los retos del sistema fiscal no pasan únicamente por la incapacidad de Hacienda de cobrar a empresas extranjeras. También porque es muy complejo hallar cifras que muestren los efectos de la digitalización sobre algunos factores clave para el mercado laboral –el primer indicador en resentirse por estos avances–, como el salario o los despidos colectivos. Por ejemplo, el Observatorio de Márgenes que desarrolló el Gobierno tras la crisis inflacionaria, a pesar de su detalle, no tiene la capacidad de recoger estos fenómenos, como reconoció uno de sus encargados, el Subdirector de Presupuestación y Seguimiento de los Ingresos Tributarios de la Agencia Tributaria, Rafael Frutos. “No podemos tratar de poner un impuesto a algo cuyo proceso no controlamos. Tenemos indicadores que podemos utilizar, que nos sirven para el combate y pelear las cosas, pero lo verdaderamente importante está por medir y no lo podemos hacer con los medios actuales”, apuntó. Julia María Díaz, profesora de Derecho Financiero y Tributario en la Universidad Carlos III de Madrid, apuntó al diseño de esos futuribles impuestos, que deberían tener en cuenta múltiples aspectos: si son recaudatorios o “extra fiscales” –es decir, buscan desincentivar comportamientos como la destrucción de empleo–, cómo se aplica la automatización por sectores y, al tratarse de un tributo vinculado a una transición tecnológica, si es provisional o duradero. Hablar de un impuesto a los robots parte de cuestionarse, dice la profesora, si los propios robots serán los contribuyentes –un debate no solo legal, sino incluso ético–, o si lo serán sus propietarios, sus fabricantes o los propios usuarios. Por su parte, el portavoz de Economía de Sumar, Carlos Martín, defendió que cualquier impuesto a las tecnológicas debe ser “beligerante” para “orientar la tecnología hacia donde queremos”. “Ha habido una huelga muy importante de los guionistas de Hollywood porque se están desarrollando IA que intentan sustituir el trabajo creativo. A eso nos deberíamos oponer: no necesariamente con su prohibición, pero sí gravando con impuestos el ahorro de trabajo en determinadas organizaciones”, insistió. El abanico de posibilidades que esbozó Martín es más amplio que la sola reforma del Impuesto de Sociedades: a través de pago de licencias obligatorias para las IA que realizan tareas creativas, cánones para aquellos modelos que beben de obras publicadas, tasas a las plataformas que automatizan la información cultural… “Para eso podemos utilizar la imposición, para incentivar esos comportamientos”, dijo el economista, que reclamó imaginación y “sacar conejos de las chisteras” para desbaratar las estrategias de las grandes tecnológicas para evitar sus obligaciones tributarias. La pregunta de Philip K. Dick derivó, catorce años después, en el guion de Blade Runner , una de las cintas de culto en la historia del cine. ¿Cristalizará el debate en un impuesto a los robots y a las grandes tecnologías? La respuesta no está clara, pero hemos visto cosas que nuestros antepasados no creerían.

Arder por nada: viví el bombardeo en Venezuela y Trump nos ha dejado el peor de los mundos

Arder por nada: viví el bombardeo en Venezuela y Trump nos ha dejado el peor de los mundos

Me inquieta pensar en cómo vamos a librarnos del doble yugo que ahora nos oprime: creo que será más fácil salir del chavismo que expulsar a los norteamericanos de un país con las mayores reservas de petróleo del mundo Crónica - Desde Venezuela hasta Cuba: Trump usa la fuerza y la asfixia para derrocar Gobiernos que no le gustan Dormía profundo cuando el revuelo de mis gatas me despertó. Una me daba con la pata en la cara, las tres se me subían por la espalda, saltaban en la cama y tiraban cosas al suelo. Me incorporé sin comprender lo que pasaba. En pocos segundos escuché el estruendo, tiroteos y lo que pensé que eran helicópteros. Corrí a mi biblioteca a encender la computadora y me metí en X. ¿Nos están bombardeando? Nos están bombardeando . A la mayoría la tomó por sorpresa. Después de cinco meses de amenazas en las que pocos creían, llegó el lobo y derrocó a Nicolás Maduro. O lo secuestró, como dicen los izquierdistas del mundo, y los chavistas. De imprudente me asomé por la ventana: un sinfín de columnas naranja intenso, como si un dragón exhalara fuego con fuerza hacia el cielo. Desde mi casa, en una zona alta de Caracas, divisé varios puntos arder. Parecía que intentaban formar una figura geométrica. Se escuchaban las aspas de los helicópteros. Había aviones que solo vi en Instagram. Fuego, miedo e histeria esparcido por todo el valle de Caracas, La Guaira y Aragua. En muchos sitios se fue la luz y en mi casa se cayó internet, pero yo tenía señal en mi móvil. Leí en el 'New York Times', hace pocos meses, a un exmarine curtido en mil guerras: juraba que el tándem Trump-Rubio nos atacaría. Algo se me rompió dentro. Tuve un pánico ciego: nos van a bombardear, nos van a bombardear. Tomé clonazepam para calmarme. Esa semana se lo conté a mi psiquiatra con vergüenza. Hablo de obsesión y paranoia. Yo no sabía cuándo, pero sabía que sí Los gringos al final nos atacaban, todo el mundo lo tenía claro. Aunque nadie sabía del destino de Nicolás, Cilia, Diosdado ni los hermanos Rodríguez. Mis ventanas crujían y la estructura de metal se movía al ritmo de una danza macabra. En las redes, la gente de casas aledañas a los blancos de los norteamericanos, contaba lo que veía. Reportaban desde La Carlota, en los alrededores de la base de aviación y de la Casona; desde Prados del Este, Manzanares y Cumbres de Curumo, cerca de una de las entradas de Fuerte Tiuna, donde estaba el búnker de Maduro. El ruido desesperante de la “operación quirúrgica” duró un poco más de dos horas. La “extracción” de Maduro y Cilia, menos de tres minutos. Allí sí hubo enfrentamientos y liquidaron a todo el mundo. 130 muertos, destrozos en toda Caracas, el aeropuerto de Higuerote en ruinas, los edificios frente a Maiquetía arrasados. También lanzaron drones sobre la zona y, por rebote, destruyeron edificios residenciales. Murieron vecinos y perdieron sus casas. Pero fue una operación limpia, hecha con pinzas. Ninguna baja de marines. No quiero saber qué pasaría con una invasión. Cerca de las cuatro terminó el bombardeó, pero pasaron horas antes de que pudiera hacerme una idea de lo que había pasado. ¿Nos habrían invadido? ¿Habrían entrado los marines? El silencio era aterrador. Nada se movía, no se escuchaba ni una voz, creo que la gente susurraba. Ese silenció se prolongó un día y medio. Desprevenida como muchos, no había guardado comida. Los gabinetes estaban vacíos; en la nevera, solo agua. Llamé a la panadería que queda a dos cuadras de mi casa: ¿iban a abrir? Me preguntaron si estaba loca. Sí tenía un buen acopio de pienso para gatos y medicamentos por otra razón: sospechaba que el bloqueo nos iba a llevar a un escenario como el de 2016. Nada de comida ni medicamentos a menos que te los mandaran del exterior o pudieras viajar para aprovisionarte. Pero esa es otra historia desgarradora: los años del hambre. Le escribí a un amigo que vive cerca de Fuerte Tiuna, en el este de Caracas, en un reducto de nuestra extinguida clase media. Nada: solo una raya en su WhatsApp. Me alarmé. Pensé que el ataque a la fortaleza de Maduro había arrasado su casa. En redes circulaban videos de helicópteros y aviones norteamericanos enzarzados en combates contra el fuego antiaéreo venezolano. Me escribió cuando volvió la luz: estaba vivo y su edificio intacto, pero en shock . Mi hipótesis es que Diosdado quiso pelear y los demás optaron por negociar con el fascista de Donald Trump. O tal vez no quería que Delcy tomara el lugar de Maduro. Es poco lo que se llega a saber de las intrigas palaciegas. Especulaciones, lo que publican medios internacionales, y más especulaciones Leí en el New York Times , hace pocos meses, a un exmarine curtido en mil guerras: juraba que el tándem Trump-Rubio nos atacaría. Algo se me rompió dentro. Tuve un pánico ciego: nos van a bombardear, nos van a bombardear . Tomé clonazepam para calmarme. Esa semana se lo conté a mi psiquiatra con vergüenza. Hablo de obsesión y paranoia. Yo no sabía cuándo, pero sabía que sí. El 4 de enero me llamó: “Tenías razón. Nos bombardearon”. Esa lectura había producido una epifanía, tuve la certeza visceral de un final cruento. La aparición de Delcy Rodríguez En algún momento de esa mañana, Delcy Rodríguez dijo en VTV que habían secuestrado a Maduro y a Cilia. Por un momento pensé que estaba en Rusia con su hermano Jorge, porque no había imagen. No fue así. Horas más tarde, Delcy apareció en Miraflores. Mi recuerdo sobre lo que dijo es brumoso. Al día siguiente, cuando se instaló el Parlamento para el período 2026-2031, su hermano Jorge Rodríguez, el sempiterno presidente de la Asamblea Nacional, la juramentó como presidenta encargada. La acompañaban los ministros de Defensa y de Justicia, Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello. El rostro furioso e impotente de Cabello me impresionó. Los labios fruncidos y la mirada asesina. Mi hipótesis es que Diosdado quiso pelear y los demás optaron por negociar con el fascista de Donald Trump. O tal vez no quería que Delcy tomara el lugar de Maduro . Es poco lo que se llega a saber de las intrigas palaciegas. Especulaciones, lo que publican medios internacionales, y más especulaciones. Silencio sobre los muertos Lo que de verdad pasó ese día, pocos lo saben. El Gobierno ha guardado con celo el nombre de los fallecidos y ha dado una cifra que dista mucho de la publicada en medios internacionales. Solo se sabe que murieron 32 cubanos, porque se repatriaron sus cuerpos y Díaz-Canel hizo un funeral con honores. El miedo, el cerco policial y la autocensura por prevención han hecho que los periodistas no salgan a buscar esas historias. Además, la ciudad está tomada por los cuerpos policiales y militares, cualquiera que sea su nombre. Todos intimidan. Llevan capuchas y fusiles inmensos. Al principio había muchas alcabalas. A mí todavía me aterrorizan, lo confieso. Pero fuera sí se han publicado algunas buenas historias, antes y después. Recuerdo una de la BBC: un padre en duelo por su hijo. Ahí estaba el hombre en el Cementerio del Sur, apoyado en un murito de cemento, con la mirada fija en la foto de su hijo junto a su lápida. Era un cadete muy joven. Ese rostro de dolor por una muerte en vano me hizo soltar unas lágrimas. Todo por una guerra que ese muchacho no querría pelear. Quise abrazar a ese padre desconsolado. Imagen de un edificio de viviendas destruido por el bombardeo estadounidense en La Guaira (Venezuela). De nuestros muertos nadie habla. Están fuera del debate público. La oposición los ignora: son pobres. Y al gobierno de facto tampoco le interesa divulgar la dimensión del ataque y las historias de los caídos. Según el New York Times fueron 130, no los 75 que reporta el Ministerio de Defensa. En Catia La Mar, cerca del aeropuerto de Maiquetía, y en Higuerote hubo víctimas civiles y edificios residenciales en escombros. Tres semanas después del ataque, el alcalde de Baruta, Gustavo Duque, visitó La Carlota y escribió en un post que el 90% de las casas cerca de La Carlota estaba en ruinas. La Alcaldía prometió ayudar a reconstruirlas. La renuncia a la política Quizá soy rara, pero a mí me dolían y me duelen esas muertes que se despachan como “daño colateral”. En algunas personas, el odio a Maduro y la felicidad por su secuestro han borrado todo rastro de humanidad. Me indigna que en todo este largo conflicto paguen los más inocentes, y que los líderes ni siquiera por pudor hablen de las vidas truncadas. Es un peaje, dicen muchos, el precio que hay que pagar por salir del chavismo. Me niego a verlo así. Al chavismo había que vencerlo con un verdadero trabajo político. Es verdad que son tramposos, hasta criminales, pero no acepto el “solos no podemos”. Nunca vi a la oposición chilena ni a la argentina pedir invasiones para salir de Pinochet o de Videla. Una cosa es concitar todo el apoyo contra la dictadura, otra que unos exiliados y una mujer ambiciosa —que ha demostrado no saber de política— invocaran por enésima vez la fuerza bruta y una intervención. Soy de las pocas periodistas venezolanas que desconfía de María Corina Machado. Siempre he rechazado las salidas insurreccionales y las sanciones económicas. Me pareció absurdo que le dieran el Nobel de la Paz a Machado e interpreté el discurso del Comité como una justificación de la fuerza bruta. Es verdad que el chavismo está atornillado al poder y cada vez que parece vencido se saca un as de bajo la manga e invierte la situación. La gente dice que lo hemos intentado todo y eso en parte es verdad. Pero jamás hemos tenido una autocrítica sincera de las torpezas de la oposición que han contribuido a fortalecer al chavismo. Nunca vi a la oposición chilena ni a la argentina pedir invasiones para salir de Pinochet o de Videla. Una cosa es concitar todo el apoyo contra la dictadura, otra que unos exiliados y una mujer ambiciosa —que ha demostrado no saber de política— invocaran por enésima vez la fuerza bruta y una intervención Nadie ha reconocido que los llamados a la abstención fueron errores garrafales. Tampoco que las aventuras insurreccionales, amén de inútiles, dejaron a una catarata de civiles y militares presos. Pienso en el ataque con un dron a Maduro en el centro de Caracas o en la ridícula “operación Gedeón”, lideradas por Julio Borges y Leopoldo López, respectivamente. Puedo seguir enumerando todas las locuras de unos adversarios que han demostrado, en estos 25 años, no ser una alternativa de poder. María Corina Machado ha formado parte de todos estos desastres. Hasta del golpe de Carmona Estanga en 2002. El mismo elenco de gobierno y la misma oposición han ido envejeciendo sin dar paso a nadie. Un statu quo al que no le importa la gente. Después de meses de un intenso lobby en Washington, de cortejar a senadores republicanos y a aliados en toda la fauna de la extrema derecha latinoamericana y europea, se creó un clima proclive a que Maduro saliera al costo que fuera. Pero los medios que emplees determinan el fin. El uso de la fuerza es la renuncia a la política, es claudicar, y muestra que no crees en la democracia, sino en el poder. Es raro que una persona pida un ataque militar en su propio país para que, cuando depongan al dictador... Eso es tercerizar la acción política. Al final, esa oposición en el exilio junto a María Corina Machado ha perdido su apuesta. Después de todo lo invertido en campañas de apoyo a una salida militar, Trump y Marco Rubio decidieron que gobernara el chavismo, la causa era conocida. Machado no tiene apoyo interno para gobernar, informó la CIA. Ni falta que hacía. Sabíamos que no existía ese plan de 100 horas para tomar el control del territorio, que era absurdo. La verdad es que ni el chavismo tiene un verdadero control territorial. La destructiva operación quirúrgica nos dejó en el peor de los mundos. Seguiremos con el chavismo quién sabe hasta cuándo y hemos vuelto a 1900. Somos una colonia americana que va a beneficiar con su petróleo nada más que a los estadounidenses Los medios internacionales revelaron las inconsistencias del programa de gobierno de Machado. No era verdad que el 80% de los militares estuviera con la oposición ni que se pudiera purgar al otro 20%. Era fácil adivinarlo. ¿Cómo se sostiene Maduro entonces? No eran más que inferencias de los resultados del 28 de julio. Pero una cosa es votar sin que nadie te vea y otra cuadrarte ante otro comandante. La destructiva operación quirúrgica nos dejó en el peor de los mundos. Seguiremos con el chavismo quién sabe hasta cuándo y hemos vuelto a 1900. Somos una colonia americana que va a beneficiar con su petróleo nada más que a los estadounidenses . Aunque sea inverosímil, mucha gente piensa que Delcy Rodríguez cumplirá los designios de Trump y calmará a los chavistas que se sienten vejados. Creen que lo hará para evitar el segundo bombardeo con el que Washington nos ha amenazado varias veces. Yo no lo creo. Si María Corina fuese norteamericana y hubiese promovido —aun sin éxito— un bombardeo a Estados Unidos, la habrían procesado por traición a la patria. Es falso que en el amor y en la guerra todo valga. Hay líneas que no deberíamos cruzar. Machado y su oposición, para mí, están fuera del juego político por su sectarismo y por la gracia del bombardeo. También por su falta de empatía: ni siquiera han presentado sus condolencias a las familias de las víctimas. Es como si la gente afectada no existiera. A mí me inquieta pensar en cómo vamos a librarnos del doble yugo que ahora nos oprime. Creo que será más fácil salir del chavismo que expulsar a los norteamericanos de un país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Seguro que ni llegaré a verlo.

La verdadera “crisis migratoria” es laboral

La verdadera “crisis migratoria” es laboral

En el debate entre quienes consideran que las fronteras deberían estar abiertas porque todas las personas tenemos los mismos derechos naturales y quienes consideran que los flujos migratorios deben restringirse porque perjudican económica, política y socialmente, se soslaya un aspecto fundamental de la cuestión, más incómodo y rara vez explicitado: el papel que la migración juega en la dinámica capitalista como mano de obra barata. No basta con regularizar inmigrantes, hay que incluirlos Como ocurrió con la crítica al genocidio en Palestina, el Gobierno de España se ha convertido también en un icono internacional debido a su política migratoria. En tiempos en los que los gobiernos occidentales están aprobando duras políticas de restricción de los flujos migratorios, el gobierno de coalición ha anunciado la regularización de aproximadamente 500.000 inmigrantes irregulares. La cuestión se ha internacionalizado en prensa porque es un movimiento que va a contramano de la política dominante y coincide con el momento más duro de la represión anti-migratoria de Estados Unidos en las últimas décadas. El debate consecuente tiende a polarizarse entre quienes consideran que las fronteras deberían estar abiertas porque todas las personas tenemos los mismos derechos naturales o porque los inmigrantes proporcionan un beneficio a las economías, y quienes consideran que los flujos migratorios deben restringirse porque perjudican económicamente a ciertos grupos sociales nativos, porque promueven la inestabilidad política y social, porque amenazan las conquistas sociales del Estado del Bienestar o, sencillamente, por razones fundadas en la xenofobia y el racismo. Pero todas estas interpretaciones soslayan un aspecto fundamental de la cuestión, más incómodo y rara vez explicitado: el papel que la migración juega en la dinámica capitalista como mano de obra barata. Las migraciones en perspectiva histórica Empecemos por lo básico: la mayoría de las personas no quieren emigrar, y cuando lo hacen es porque están empujadas por circunstancias políticas, sociales, ecológicas o económicas. Pero no tienden a “aterrizar” en cualquier lado, sino que se dirigen casi en su totalidad hacia donde existe demanda de mano de obra. Es decir, es la lógica capitalista la que condiciona de manera importante los flujos migratorios. No por casualidad las primeras grandes migraciones de la economía-mundo, a partir del siglo XVI, tomaron la forma de trabajo esclavo o contratos de servidumbre. No menos de 12 millones de africanos fueron arrancados de sus tierras —más del 8% en embarcaciones españolas— para convertirse en mano de obra esclava en las plantaciones coloniales, fundamentalmente en América. Como he explicado con más detalle en La guerra por la energía: Poder, imperios y crisis ecológica , aquel trabajo forzado constituyó el elemento central que durante los siglos siguientes garantizaría un flujo de bienes de consumo baratos hacia los países coloniales. El resultado fue la instauración de un modo imperial de vida del que se benefició el conjunto de países occidentales, que accedían así a calorías, ropa y otros productos mucho más baratos. O, dicho de otra forma, los países occidentales se beneficiaban de un salario real más alto del que hubiera existido en ausencia de aquella explotación de carácter imperialista. Ya desde el comienzo, con aquellas primeras industrias capitalistas que fueron las plantaciones esclavistas —que se anticiparon varios siglos al arquetipo de fábrica de producción estandarizada y con trabajo altamente supervisado—, se ponía de relieve que la expansión de la demanda de mano de obra ha sido un factor estructural central en la activación y canalización de los movimientos migratorios. Incluso en lugares donde inicialmente se había recurrido a la población indígena o a la población blanca, como en las minas del Potosí o en las colonias británicas de Norteamérica, esa oferta no fue suficiente para satisfacer la demanda tan elevada de mano de obra, lo que empujó a los mercaderes y capitalistas a recurrir crecientemente a los esclavos africanos. Ya en el siglo XIX, y gracias al abaratamiento de los pasajes transatlánticos, se produjeron nuevos extraordinarios movimientos de personas. Se ha calculado que entre mediados de siglo y hasta la primera guerra mundial se dirigieron hacia el Nuevo Mundo —sobre todo Estados Unidos, Argentina, Brasil y Australia— más de 55 millones de europeos. Esta mano de obra entrante, mucho más barata que la nativa, fue determinante para el ascenso e industrialización de los países americanos, particularmente de Estados Unidos. Cabe recordar que, hasta el período de entreguerras, los controles a la movilidad internacional eran significativamente más laxos que en la actualidad, aunque estaban atravesados por jerarquías coloniales y raciales. Tras las dos Guerras Mundiales, los flujos migratorios se volvieron más controlados e institucionalizados. Aun así, los países europeos recuperaron sus economías gracias a la mano de obra barata que proporcionaba la inmigración, que se atraía a través de programas estatales, pero también de los irregulares que llegaban desde países más pobres —en menos de veinte años Alemania recibió unos 14 millones de trabajadores en régimen de rotación, no pocos de ellos españoles—. En la época neoliberal los flujos migratorios se mantuvieron impulsados por la demanda de mano de obra, pero no sólo en Europa: en algunos países del Golfo Pérsico la mano de obra migrante representa actualmente más del 50% de la población, que es atraída a través del sistema kafala que vincula legalmente a los más de veinte millones de trabajadores a sus empleadores —el trabajador no puede salir del país sin permiso ni cambiar de puesto de trabajo, y pierde el derecho de residencia al perder el empleo—. A este patrón migratorio histórico se suma hoy la crisis ecológica global. La degradación de suelos, el estrés hídrico, los impactos climáticos y la pérdida de medios de vida rurales actúan como multiplicación de las dinámicas de expulsión, especialmente en las periferias del sistema mundial. Pero, de nuevo, es la estructura productiva de las economías receptoras la que determina en qué condiciones esas personas son incorporadas al mercado de trabajo. Precariedad y explotación migrante Así, en esta dinámica capitalista en la que el ser humano es reducido a un recurso explotable —como la propia naturaleza—, existe una demanda estructural de mano de obra por parte de las economías más industrializadas. La inmensa mayoría de los inmigrantes llegan a los países de destino para cubrir actividades de bajo valor añadido, tales como la construcción, limpieza, seguridad, hostelería, reparto y trabajos de cuidados. De hecho, el bienestar de las poblaciones occidentales sería impensable sin la existencia de esta economía del cuidado migrante, cuyas condiciones de trabajo son altamente precarias y vulnerables, especialmente cuando se realizan en condiciones de irregularidad administrativa. Los migrantes procedentes de países más pobres aceptan condiciones de trabajo peores que los nativos porque su posición jurídica y social debilita su poder de negociación colectiva, facilitando salarios más bajos, mayor flexibilidad forzada y menores costes de despido para el empleador. Esto produce una segmentación del mercado, lo que tiene consecuencias socioeconómicas de gran magnitud. En España, por ejemplo, la tasa de riesgo de pobreza de los nacidos en el extranjero es del 44% frente al 19% de los nacidos en el país. Como flujo funcional al beneficio capitalista, el grifo de la migración es abierto y cerrado en función de las necesidades del capital. Cuando los migrantes son canalizados dentro de programas públicos o públicos-privados, en el momento bajo del ciclo económico se les devuelve a sus países de procedencia —un recurso barato estrictamente de “usar y tirar”—, pero cuando se trata de movimientos no canalizados son las políticas de migración las que funcionan como una válvula que se abre y cierra. Las redadas y las deportaciones se multiplican cuando el recurso ya no aparece como necesario para las necesidades estructurales del sistema. La condición de irregularidad en la que recaen los inmigrantes los hace especialmente vulnerables. Al fin y al cabo, la amenaza de deportabilidad es también una forma adicional de disciplinar la mano de obra, facilitando su explotación y abuso por parte de los empleadores. En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que hay casi 10 millones de inmigrantes irregulares, con una fuerte concentración en la construcción, la restauración y la agricultura. Todas esas personas reciben ingresos, consumen y pagan impuestos—hasta 90.000 millones anuales, según el American Inmigration Council—, pero carecen de derechos políticos y tienen que asumir las condiciones laborales que les impongan sus empleadores. Es aquí donde la propuesta del Gobierno de Sánchez gana enteros, porque tiene un carácter moral y pragmático al mismo tiempo: se trata de reconocer derechos a personas que ya viven y trabajan en nuestras comunidades, y por lo tanto les permiten protegerse frente a los abusos. Pero al mismo tiempo, el análisis se queda corto si se limita a la pretensión de regularizar a todo el mundo, pues corre el riesgo de ocultar las condiciones de superexplotación de los inmigrantes y de perpetuar el racismo estructural que se deriva de esa dualidad laboral. Sin una política laboral activa -refuerzo sustancial de la inspección de Trabajo, persecución de la subcontratación fraudulenta, extensión real de la negociación colectiva, sanciones efectivas a los empleadores que se benefician de la irregularidad y garantías de acceso a la sindicación- la regularización puede convertirse en una medida necesaria pero insuficiente. Solidaridad de clase Una perspectiva más aguda debería evitar mistificar la procedencia de los bienes y servicios que se consumen en un país y que forman el centro del bienestar material de las sociedades contemporáneas. Hoy, como ocurre desde el siglo XVI, una parte considerable de nuestro consumo-bienestar es barato porque se produce una explotación de recursos naturales y de personas tanto en la economía-mundo como en el interior de nuestras comunidades. De la misma manera que nuestra ropa es relativamente barata porque hay trabajadores explotados en las periferias de la economía-mundo, parte de nuestro sistema alimentario y de cuidados se sostiene en la superexplotación de personas migrantes a nivel nacional. La competencia entre trabajadores no es un resultado natural de la inmigración, sino de la desigualdad de derechos. Allí donde una parte de la fuerza de trabajo carece de estabilidad jurídica, de protección sindical efectiva y de capacidad real para denunciar abusos, se genera una presión a la baja sobre salarios y condiciones que termina afectando al conjunto de la clase trabajadora. La clave no es, por tanto, reducir la inmigración, sino reducir la segmentación institucional del mercado de trabajo. Frente a los discursos que presentan la inmigración como una amenaza directa para los trabajadores nativos -una narrativa hoy promovida tanto por la extrema derecha como por sectores que se reclaman de izquierdas-, este escenario abre la oportunidad de tejer alianzas pro-trabajo que busquen mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora en su conjunto y dentro de los límites del planeta. Y aquí tanto el sindicalismo como el gobierno de coalición han dado pasos muy importantes, no sólo regularizando migrantes y subiendo el salario mínimo sino también persiguiendo la explotación laboral que se produce en los sectores de la economía informal. En última instancia, la cuestión migratoria no es un problema de fronteras, sino de organización social del trabajo en un capitalismo que consume y agota a las personas y al planeta.