Toyota acaba de introducir su propio robotaxi

Toyota acaba de introducir su propio robotaxi

Toyota, junto con la empresa china de conducción autónoma Pony.ai, ha anunciado que su primer robotaxi, producido en masa, basado en el Toyota bZ4X, ha salido de la línea de producción. El proyecto es una empresa conjunta entre Toyota Motor China, GAC Toyota y Pony.ai, con la fabricación a cargo de estos dos últimos. A […] The post Toyota acaba de introducir su propio robotaxi appeared first on Digital Trends Español .

El mayor peligro en Internet eres tú: cuatro niveles de la pirámide de la seguridad en la red que tienes que cumplir para navegar

El mayor peligro en Internet eres tú: cuatro niveles de la pirámide de la seguridad en la red que tienes que cumplir para navegar

Con motivo del Día Internacional de Internet Seguro, el profesor de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) José Javier Astrain ha desgranado las claves para mantener a salvo nuestra información en la red. Internet ofrece innumerables posibilidades, pero la seguridad sigue siendo una de las grandes preocupaciones para los usuarios. Astrain subraya que, aunque nos preocupe conectarnos a una red poco fiable, el verdadero problema reside en nosotros mismos. “La mayor parte de los problemas de seguridad empiezan y terminan en el ser humano”, afirma el profesor. Somos nosotros quienes caemos en engaños, no protegemos adecuadamente la información o tenemos un exceso de vanidad que nos lleva a cometer errores. El experto distingue entre la información que poseemos y las medidas para protegerla, pero insiste en que el eslabón más débil es la persona. “El mayor punto de entrada de cualquier elemento de ataque es el ser humano”, sentencia Astrain. Para construir una defensa sólida, el profesor propone una pirámide con cuatro niveles. El primero es la formación y la concienciación, es decir, “saber qué estamos haciendo, cómo lo hacemos, cuáles son nuestras limitaciones”. El segundo escalón son los buenos hábitos, como asegurarse de que el antivirus funciona o verificar a quién se envía un correo electrónico. El tercer nivel es la protección activa, que implica tener el antivirus actualizado y las aplicaciones bien configuradas. Por último, Astrain destaca la importancia de pedir ayuda, ya que “nadie es experto total, nadie sabe de todo”. Para ello, existen organismos como el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), que ofrece asistencia a través del número de teléfono 017. La formación, según Astrain, debe adaptarse a cada perfil. No se le puede exigir lo mismo a un niño de 12 años, que “controla perfectamente la tecnología, pero no es consciente de lo que implica”, que a una persona de 70 que, aunque menos ducha en tecnología, puede tener una mayor conciencia sobre el valor de la privacidad. Para los usuarios particulares, la primera norma es la precaución, que no paranoia. El profesor recomienda desconfiar de ofertas demasiado buenas para ser ciertas, porque “los duros a 4 pesetas en Internet tampoco existen”. También recuerda que “las redes sociales tienen memoria, no olvidan”, por lo que es fundamental medir lo que se publica. Astrain insiste en que “el anonimato es falso” y que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Además, aconseja aplicar la misma lógica que en el mundo físico a las compras online, acudiendo a sitios de confianza, y descargar aplicaciones únicamente de fuentes seguras para evitar sorpresas. En el ámbito empresarial, la recomendación principal es no mezclar el entorno profesional con el particular. Separar los dispositivos y cuentas personales de los del trabajo es una “muy buena práctica” que aísla los problemas en caso de que uno de los dos ámbitos se vea comprometido. Otras pautas para empresas incluyen no reutilizar contraseñas, usar los privilegios de administrador solo cuando sea imprescindible y utilizar factores de autenticación. Aunque pueda parecer “aburrido”, recibir una confirmación en el móvil “es la mejor forma de evitar que nos suplanten”, explica el experto. Finalmente, para el sector industrial y el Internet de las Cosas (IoT), donde cualquier dispositivo, desde cámaras a sensores, puede conectarse a la red, es crucial aislar las redes operativas (OT) de las de comunicaciones (IT). Astrain recomienda aplicar un principio de “confianza justa” y asegurarse de que los datos provienen de la máquina correcta. Como cierre, el profesor de la UPNA reitera la idea más importante: el aprendizaje continuo y el sentido común. “Pensar las cosas antes de hacerlas” y ser conscientes de que “la mayor fuente de problemas somos nosotros” son, según Astrain, las pautas fundamentales que todos podemos seguir para evitar la mayoría de los incidentes de seguridad.

El mayor peligro en Internet eres tú: cuatro niveles de la pirámide de la seguridad en la red que tienes que cumplir para navegar

El mayor peligro en Internet eres tú: cuatro niveles de la pirámide de la seguridad en la red que tienes que cumplir para navegar

Con motivo del Día Internacional de Internet Seguro, el profesor de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) José Javier Astrain ha desgranado las claves para mantener a salvo nuestra información en la red. Internet ofrece innumerables posibilidades, pero la seguridad sigue siendo una de las grandes preocupaciones para los usuarios. Astrain subraya que, aunque nos preocupe conectarnos a una red poco fiable, el verdadero problema reside en nosotros mismos. “La mayor parte de los problemas de seguridad empiezan y terminan en el ser humano”, afirma el profesor. Somos nosotros quienes caemos en engaños, no protegemos adecuadamente la información o tenemos un exceso de vanidad que nos lleva a cometer errores. El experto distingue entre la información que poseemos y las medidas para protegerla, pero insiste en que el eslabón más débil es la persona. “El mayor punto de entrada de cualquier elemento de ataque es el ser humano”, sentencia Astrain. Para construir una defensa sólida, el profesor propone una pirámide con cuatro niveles. El primero es la formación y la concienciación, es decir, “saber qué estamos haciendo, cómo lo hacemos, cuáles son nuestras limitaciones”. El segundo escalón son los buenos hábitos, como asegurarse de que el antivirus funciona o verificar a quién se envía un correo electrónico. El tercer nivel es la protección activa, que implica tener el antivirus actualizado y las aplicaciones bien configuradas. Por último, Astrain destaca la importancia de pedir ayuda, ya que “nadie es experto total, nadie sabe de todo”. Para ello, existen organismos como el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), que ofrece asistencia a través del número de teléfono 017. La formación, según Astrain, debe adaptarse a cada perfil. No se le puede exigir lo mismo a un niño de 12 años, que “controla perfectamente la tecnología, pero no es consciente de lo que implica”, que a una persona de 70 que, aunque menos ducha en tecnología, puede tener una mayor conciencia sobre el valor de la privacidad. Para los usuarios particulares, la primera norma es la precaución, que no paranoia. El profesor recomienda desconfiar de ofertas demasiado buenas para ser ciertas, porque “los duros a 4 pesetas en Internet tampoco existen”. También recuerda que “las redes sociales tienen memoria, no olvidan”, por lo que es fundamental medir lo que se publica. Astrain insiste en que “el anonimato es falso” y que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Además, aconseja aplicar la misma lógica que en el mundo físico a las compras online, acudiendo a sitios de confianza, y descargar aplicaciones únicamente de fuentes seguras para evitar sorpresas. En el ámbito empresarial, la recomendación principal es no mezclar el entorno profesional con el particular. Separar los dispositivos y cuentas personales de los del trabajo es una “muy buena práctica” que aísla los problemas en caso de que uno de los dos ámbitos se vea comprometido. Otras pautas para empresas incluyen no reutilizar contraseñas, usar los privilegios de administrador solo cuando sea imprescindible y utilizar factores de autenticación. Aunque pueda parecer “aburrido”, recibir una confirmación en el móvil “es la mejor forma de evitar que nos suplanten”, explica el experto. Finalmente, para el sector industrial y el Internet de las Cosas (IoT), donde cualquier dispositivo, desde cámaras a sensores, puede conectarse a la red, es crucial aislar las redes operativas (OT) de las de comunicaciones (IT). Astrain recomienda aplicar un principio de “confianza justa” y asegurarse de que los datos provienen de la máquina correcta. Como cierre, el profesor de la UPNA reitera la idea más importante: el aprendizaje continuo y el sentido común. “Pensar las cosas antes de hacerlas” y ser conscientes de que “la mayor fuente de problemas somos nosotros” son, según Astrain, las pautas fundamentales que todos podemos seguir para evitar la mayoría de los incidentes de seguridad.

Más de un 60 % de los pisos turísticos de la Comunidad Valenciana están en Alicante

Más de un 60 % de los pisos turísticos de la Comunidad Valenciana están en Alicante

La provincia de Alicante es la segunda de España con más vivienda turística registrada. Pese al marcado descenso del 28 % en apenas un año, la Costa Blanca continúa en los puestos más altos del ranking, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La cifra de 29.697 pisos turísticos supone el 61,3 % de la Comunidad Valenciana y en torno a un 9 % sobre el total de España. Alicante solo está por detrás de Málaga y supera en números totales a grandes provincias como Madrid, Barcelona y Valencia y a regiones turísticas como Las Palmas, tercera con más alojamiento de este tipo.

El arte de ser libres

El arte de ser libres

En este 2026 se cumplirán 250 años de la independencia de los Estados Unidos. La efeméride llega en un momento preocupante: la democracia que durante dos siglos se pensó a sí misma como modelo universal atraviesa una crisis de identidad profunda. No es solo una cuestión de liderazgos estridentes o de batallas culturales; es algo más profundo. Estados Unidos parece dudar de aquello que lo hizo posible: una cultura cívica capaz de combinar diversidad, autogobierno y límites al poder. Conviene no mirarlo con exceso de condescendencia, ya que el mal es ampliamente compartido. Por eso resulta especialmente oportuna la publicación de la biografía de Alexis de Tocqueville (editorial Gota a gota, 2025) escrita por Eduardo Nolla, catedrático de Teoría Política y uno de los mejores conocedores de la obra del pensador francés. No se trata únicamente de reconstruir una vida, sino de recuperar la mirada de un Tocqueville que no fue un nostálgico del Antiguo Régimen ni un liberal complaciente con la democracia triunfante. Fue, más bien, un observador inquieto, obsesionado con una pregunta que hoy sigue siendo incómoda: cómo pueden las sociedades democráticas seguir siendo libres. La gran obsesión de Tocqueville fue la libertad y, por lo tanto, su mayor temor fue el despotismo . No el despotismo brutal de los tiranos clásicos, sino uno mucho más «amable» y, en consecuencia, eficaz: el que se instala cuando ciudadanos formalmente iguales renuncian a gobernarse a sí mismos. La democracia en América, esa biblia liberal conservadora, no fue un elogio ingenuo del nuevo mundo, sino una advertencia sin fecha de caducidad. Allí donde la igualdad avanza sin contrapesos, la libertad corre el riesgo de convertirse en lejano recuerdo o mera retórica. El libro de Nolla tiene el mérito de devolvernos a un Tocqueville menos citado y más incisivo, a través de cartas y notas privadas en las que se condensa su pensamiento político . En ellas aparece con claridad una de sus intuiciones centrales: las democracias no se sostienen solo sobre leyes e instituciones, sino sobre costumbres, hábitos y sentimientos morales compartidos. Mucho antes de que se hablara de capital social o de que aparecieran los economistas neoinstitucionalistas, Tocqueville ya sabía que la mejor Constitución no puede compensar una ciudadanía desentendida del devenir de su sociedad. En 1845, reflexionando sobre la situación política de Francia, escribió unas líneas que podrían suscribirse hoy sin apenas retoques: «No son las leyes las que conservan la ley, son los sentimientos y las costumbres . ¿Qué ha sido de los sentimientos a los que han dado vida nuestros padres? ¿Dónde están las costumbres políticas que les han hecho fundar las instituciones que nosotros sabemos emplear tan mal?». La pregunta no interpela solo a Francia ni a Estados Unidos. También resuena, aunque a veces no queramos oírla, en democracias más jóvenes, pero no menos cansadas, como la nuestra. A Tocqueville le preocupó especialmente la tiranía de la mayoría y ese despotismo «suave» que se impone en una sociedad de individuos aislados, volcados en su bienestar privado , que aceptan sin demasiada resistencia una tutela creciente del poder público. No se trata de represión, sino de infantilización. El ciudadano se convierte en administrado. Y los pilares de la libertad, tanto los institucionales como los culturales, se ven poco a poco socavados. Hay algo inquietantemente contemporáneo en esta descripción. Democracias saturadas de derechos y empobrecidas en deberes, Estados cada vez más presentes y sociedades cada vez menos densas , ciudadanos muy informados y poco dispuestos a asumir responsabilidades. Sin duda, el pensador francés habría visto con preocupación la actual sustitución del compromiso cívico por la indignación permanente. «Si los hombres no aprenden en la obediencia más que el arte de obedecer y no el arte de ser libres, no sé qué privilegios tendrían sobre los animales, sino que el pastor sería elegido entre ellos». Esta cita extraída de ' La democracia en América ' nos deja claro que la libertad, para Tocqueville, exige responsabilidad, a saber, autocontrol, participación y asociaciones vivas. Tal vez esa sea la lección que más necesitamos recordar. Porque las democracias no mueren solo cuando nos gobiernan políticos con instintos autoritarios, sino también cuando los ciudadanos miran hacia otro lado o simplemente se quejan. Juan Milián es senador y politólogo