Hasta la próxima

Hasta la próxima

Tengo la curiosidad de qué fecha figura en los expedientes de demolición de viviendas en zona inundable anunciados por el Ayuntamiento de Córdoba en el asombroso número de diez. Si la Gerencia de Urbanismo ha dicho la verdad, se trata de casas no ocupadas, lo que da dos opciones: A) que sean nuevas o B) que sean las mismas de siempre. Y me juego caña y tapa de callos a que va a ser la B.

El carnaval de Fuentes de Andalucía

El carnaval de Fuentes de Andalucía

En Fuentes de Andalucía (Sevilla) se celebra por Carnaval la fiesta más popular del municipio. Hace ya más de cuatro décadas fue objeto de estudio por el antropólogo estadounidense D. Gilmore, quien constató que, cuando tenía lugar la celebración, los «señoritos» abandonaban el pueblo, quedando la villa a merced de las capas menos favorecidas. Durante unos días trabajadores y jornaleros desfilaban por sus calles mientras entonaban interpretaciones picantes, alusivas casi todas a los acontecimientos más dispares que habían acaecido en ella durante el año. Porque aquí, desde siempre, las máscaras han salido a la calle para acosar a los viandantes con sus desafíos verbales. Antes, cuando la celebración no era organizada por nadie, la espontaneidad otorgaba a la urbe un cierto aire subversivo y disparatado que suponía una ruptura con el viejo orden social.

La generación que sobrevive

La generación que sobrevive

Soy de la generación de cristal. Esa que se queja por tonterías como no poder ni siquiera plantearse acceder a una vivienda, y que termina viviendo en casa de sus padres o con cinco desconocidos en un piso de cincuenta metros cuadrados.

Horóscopo diario gratis: la predicción para hoy, viernes 13 de febrero

Horóscopo diario gratis: la predicción para hoy, viernes 13 de febrero

Hoy, viernes 13 de febrero, el futuro tiene grandes sorpresas preparadas para ti en lo que te espera en el amor, dinero, trabajo y salud. Un día que traerá muchas sorpresas para todos los signos con los movimientos planetarios de este periodo que activan distintas energías en cada signo del zodiaco, marcando tendencias que reflejan … Continuar leyendo "Horóscopo diario gratis: la predicción para hoy, viernes 13 de febrero"

El pasado, presente y futuro del lobby energético en el Estado español

El pasado, presente y futuro del lobby energético en el Estado español

Hablar del lobby energético no es hablar de una anomalía o excepción, sino de una constante que le da forma y determina el panorama político actual. Desde la liberalización del mercado eléctrico en los noventa hasta las actuales disputas en torno a la transición energética, el oligopolio ha ejercido una influencia persistente y eficaz. El resultado es un modelo energético altamente concentrado, opaco y reactivo a cualquier reforma que amenace sus márgenes de beneficio Vivimos en un contexto marcado por la instrumentalización de la transición energética en plena ola de disputas partidistas y previamente a nuevos ciclos electorales. Mientras las grandes compañías anuncian beneficios récord y lanzan campañas de lavado de imagen “verde” cada vez más agresivas, el debate público se desplaza hacia la criminalización de la pobreza y hacia falsas problemáticas. ¿Quién tiene la responsabilidad de garantizar el derecho a la energía? ¿A quién estamos otorgando el poder de liderar las soluciones y los relatos sobre transición energética justa? Las grandes empresas energéticas nos venden campañas de marketing sobre sostenibilidad y empleo, para que no miremos a lo que realmente importa: la crisis climática, social y de vivienda que vivimos. Este desplazamiento no es inocente: responde a una estrategia deliberada del lobby energético para presentar cualquier intento de regulación ambiciosa —ya sea la fiscalidad sobre beneficios extraordinarios, el refuerzo del autoconsumo o el control de precios— como una amenaza a la estabilidad económica del país. Así, medidas que buscan corregir desigualdades o injusticias se convierten en moneda de cambio en negociaciones parlamentarias opacas. Así, el interés general queda subordinado a los márgenes de rentabilidad de un sector privatizado que, paradójicamente, sigue dependiendo en gran medida del respaldo público. El episodio más reciente que ilustra esta realidad es la derogación del Real Decreto-Ley 10/2024, que pretendía imponer un gravamen temporal a los beneficios excesivos del sector energético en 2025. La norma, presentada como una prórroga de la Ley 38/2022, cayó en enero de 2025 tras el voto en contra del Partido Popular, Vox, Junts per Catalunya, el PNV y UPN. El resultado confirmó el blindaje político del oligopolio energético, incluso en un contexto de crisis energética e inflación. Los frutos de esta injusticia son palmarios. En 2023, Repsol recibió cerca de 23 millones de euros en compensaciones públicas por los costes de emisiones de CO₂. Al mismo tiempo, Endesa, Iberdrola, Naturgy, Repsol y Moeve continúan concentrando el control del sistema energético y desplegando estrategias de lobby para condicionar la legislación y proteger sus intereses. Diversos estudios coinciden en que esta concentración de poder dificulta seriamente una transición energética justa, democrática y socialmente redistributiva. El pasado reciente ofrece ejemplos clave de la captura de intereses en cualquier modificación regulatoria o nueva legislación. El más conocido es el Real Decreto 900/2015, popularmente bautizado como el “impuesto al sol”. Bajo el pretexto de garantizar la sostenibilidad del sistema eléctrico, la norma penalizaba el autoconsumo y protegía de facto la posición dominante de las grandes eléctricas. No había razones técnicas ni económicas de peso que justificaran aquella medida: su única lógica era política y respondía a los intereses de un oligopolio decidido a frenar cualquier democratización del sistema energético. Tal y como recoge el estudio « Así decide el lobby fósil el presente y futuro del Estado español» de Ingeniería Sin Fronteras, estas prácticas no son episodios aislados, sino parte de una estrategia estructural del oligopolio energético para proteger sus intereses y moldear el marco político y social de la transición energética. Además, lejos de corregirse, estas dinámicas se han agravado con el tiempo. En el presente, el lobby energético ya no actúa únicamente presionando despachos ministeriales o influyendo en la redacción de decretos. Su estrategia se ha diversificado y ha encontrado en el ámbito académico un espacio clave de legitimación. Entre 2017 y 2022, empresas como Repsol, Iberdrola o Moeve inyectaron centenares de miles de euros en universidades públicas españolas en forma de cátedras, convenios y proyectos de investigación. Solo la Universidad Complutense de Madrid recibió más de un millón de euros, de los cuales más de 525.000 procedían de Repsol. Estas aportaciones no son filantropía desinteresada, sinó #AcademicWashing. Financiando másteres, becas predoctorales o investigaciones sobre “transición energética” y “sostenibilidad”, el oligopolio -eminentemente fósil- contribuye a moldear el discurso hegemónico desde el cual se analiza el futuro del sector. La universidad, en teoría un espacio de pensamiento crítico, corre el riesgo de convertirse en una correa de transmisión del relato corporativo. Se blanquean y justifican prácticas que poco tienen que ver con una transición justa y alineada con proteger la justicia social y climática. A esta influencia académica se suma una alarmante falta de transparencia institucional. En el Congreso y el Senado, sólo una minoría de representantes políticos publica su agenda de reuniones. Apenas el 13% de los diputados y el 24% de los senadores han publicado en algún momento con quién se reúnen. Desconocer la agenda del 80% del poder legislativo no es un detalle menor: es el caldo de cultivo ideal para que los lobbies operen a sus anchas, pero en la sombra. Este poder no se limita a la influencia legal, académica y económica. En su área de influencia salen a la luz tramas de corrupción que revelan hasta qué punto son difusas las fronteras entre negocio, política y delito. La llamada Trama de Hidrocarburos es un ejemplo paradigmático: empresas como Hafesa, vinculadas a figuras del Partido Popular y beneficiadas por favores institucionales, defraudaron al Estado más de 150 millones de euros en IVA. La posterior condena de José Norberto Uzal y las conexiones con paraísos fiscales, los Pandora Papers y el caso Koldo muestran que no se trata de episodios aislados, sino de un entramado de impunidad. Ante este panorama, el futuro del lobby energético en el Estado español plantea una disyuntiva clara. O se avanza hacia una regulación estricta, transparente y democrática que limite la influencia corporativa y priorice el interés general, o se consolida un modelo donde la transición energética será solo un eslogan vacío, diseñado para preservar los beneficios de siempre, pintado de “progreso” y de “verde”. Romper esta dinámica exige medidas valientes: registros de lobbies obligatorios, agendas públicas completas, fin de las puertas giratorias, financiación suficiente para la investigación pública independiente y una reforma profunda del mercado eléctrico y del sector energético. Sin ello, el pasado seguirá dictando el presente y secuestrando el futuro de la política energética en el Estado español.

El pasado, presente y futuro del lobby energético en el Estado español

El pasado, presente y futuro del lobby energético en el Estado español

Hablar del lobby energético no es hablar de una anomalía o excepción, sino de una constante que le da forma y determina el panorama político actual. Desde la liberalización del mercado eléctrico en los noventa hasta las actuales disputas en torno a la transición energética, el oligopolio ha ejercido una influencia persistente y eficaz. El resultado es un modelo energético altamente concentrado, opaco y reactivo a cualquier reforma que amenace sus márgenes de beneficio Vivimos en un contexto marcado por la instrumentalización de la transición energética en plena ola de disputas partidistas y previamente a nuevos ciclos electorales. Mientras las grandes compañías anuncian beneficios récord y lanzan campañas de lavado de imagen “verde” cada vez más agresivas, el debate público se desplaza hacia la criminalización de la pobreza y hacia falsas problemáticas. ¿Quién tiene la responsabilidad de garantizar el derecho a la energía? ¿A quién estamos otorgando el poder de liderar las soluciones y los relatos sobre transición energética justa? Las grandes empresas energéticas nos venden campañas de marketing sobre sostenibilidad y empleo, para que no miremos a lo que realmente importa: la crisis climática, social y de vivienda que vivimos. Este desplazamiento no es inocente: responde a una estrategia deliberada del lobby energético para presentar cualquier intento de regulación ambiciosa —ya sea la fiscalidad sobre beneficios extraordinarios, el refuerzo del autoconsumo o el control de precios— como una amenaza a la estabilidad económica del país. Así, medidas que buscan corregir desigualdades o injusticias se convierten en moneda de cambio en negociaciones parlamentarias opacas. Así, el interés general queda subordinado a los márgenes de rentabilidad de un sector privatizado que, paradójicamente, sigue dependiendo en gran medida del respaldo público. El episodio más reciente que ilustra esta realidad es la derogación del Real Decreto-Ley 10/2024, que pretendía imponer un gravamen temporal a los beneficios excesivos del sector energético en 2025. La norma, presentada como una prórroga de la Ley 38/2022, cayó en enero de 2025 tras el voto en contra del Partido Popular, Vox, Junts per Catalunya, el PNV y UPN. El resultado confirmó el blindaje político del oligopolio energético, incluso en un contexto de crisis energética e inflación. Los frutos de esta injusticia son palmarios. En 2023, Repsol recibió cerca de 23 millones de euros en compensaciones públicas por los costes de emisiones de CO₂. Al mismo tiempo, Endesa, Iberdrola, Naturgy, Repsol y Moeve continúan concentrando el control del sistema energético y desplegando estrategias de lobby para condicionar la legislación y proteger sus intereses. Diversos estudios coinciden en que esta concentración de poder dificulta seriamente una transición energética justa, democrática y socialmente redistributiva. El pasado reciente ofrece ejemplos clave de la captura de intereses en cualquier modificación regulatoria o nueva legislación. El más conocido es el Real Decreto 900/2015, popularmente bautizado como el “impuesto al sol”. Bajo el pretexto de garantizar la sostenibilidad del sistema eléctrico, la norma penalizaba el autoconsumo y protegía de facto la posición dominante de las grandes eléctricas. No había razones técnicas ni económicas de peso que justificaran aquella medida: su única lógica era política y respondía a los intereses de un oligopolio decidido a frenar cualquier democratización del sistema energético. Tal y como recoge el estudio « Así decide el lobby fósil el presente y futuro del Estado español» de Ingeniería Sin Fronteras, estas prácticas no son episodios aislados, sino parte de una estrategia estructural del oligopolio energético para proteger sus intereses y moldear el marco político y social de la transición energética. Además, lejos de corregirse, estas dinámicas se han agravado con el tiempo. En el presente, el lobby energético ya no actúa únicamente presionando despachos ministeriales o influyendo en la redacción de decretos. Su estrategia se ha diversificado y ha encontrado en el ámbito académico un espacio clave de legitimación. Entre 2017 y 2022, empresas como Repsol, Iberdrola o Moeve inyectaron centenares de miles de euros en universidades públicas españolas en forma de cátedras, convenios y proyectos de investigación. Solo la Universidad Complutense de Madrid recibió más de un millón de euros, de los cuales más de 525.000 procedían de Repsol. Estas aportaciones no son filantropía desinteresada, sinó #AcademicWashing. Financiando másteres, becas predoctorales o investigaciones sobre “transición energética” y “sostenibilidad”, el oligopolio -eminentemente fósil- contribuye a moldear el discurso hegemónico desde el cual se analiza el futuro del sector. La universidad, en teoría un espacio de pensamiento crítico, corre el riesgo de convertirse en una correa de transmisión del relato corporativo. Se blanquean y justifican prácticas que poco tienen que ver con una transición justa y alineada con proteger la justicia social y climática. A esta influencia académica se suma una alarmante falta de transparencia institucional. En el Congreso y el Senado, sólo una minoría de representantes políticos publica su agenda de reuniones. Apenas el 13% de los diputados y el 24% de los senadores han publicado en algún momento con quién se reúnen. Desconocer la agenda del 80% del poder legislativo no es un detalle menor: es el caldo de cultivo ideal para que los lobbies operen a sus anchas, pero en la sombra. Este poder no se limita a la influencia legal, académica y económica. En su área de influencia salen a la luz tramas de corrupción que revelan hasta qué punto son difusas las fronteras entre negocio, política y delito. La llamada Trama de Hidrocarburos es un ejemplo paradigmático: empresas como Hafesa, vinculadas a figuras del Partido Popular y beneficiadas por favores institucionales, defraudaron al Estado más de 150 millones de euros en IVA. La posterior condena de José Norberto Uzal y las conexiones con paraísos fiscales, los Pandora Papers y el caso Koldo muestran que no se trata de episodios aislados, sino de un entramado de impunidad. Ante este panorama, el futuro del lobby energético en el Estado español plantea una disyuntiva clara. O se avanza hacia una regulación estricta, transparente y democrática que limite la influencia corporativa y priorice el interés general, o se consolida un modelo donde la transición energética será solo un eslogan vacío, diseñado para preservar los beneficios de siempre, pintado de “progreso” y de “verde”. Romper esta dinámica exige medidas valientes: registros de lobbies obligatorios, agendas públicas completas, fin de las puertas giratorias, financiación suficiente para la investigación pública independiente y una reforma profunda del mercado eléctrico y del sector energético. Sin ello, el pasado seguirá dictando el presente y secuestrando el futuro de la política energética en el Estado español.

¿Qué fue de los votantes de centro?

¿Qué fue de los votantes de centro?

Se ha perdido el interés por los electores que se sitúan en el centro de la escala ideológica por el efecto de la política multipartidista y la polarización. Pero habría que volver a poner el foco sobre ellos como un segmento electoral numeroso, indeciso, volátil y proclive al descontento político en el que Vox (también) avanza El electorado moderado es el más codiciado por los partidos políticos. La fuerza política más votada es también la favorita entre los votantes de centro. Son los electores de centro los que deciden las elecciones en España. ¿Les resulta extraño? Se trata de afirmaciones que se hacían habitualmente antes de 2015 cuando la política nacional era bipartidista, y se daba por hecho que el partido que ganaba unas elecciones generales, aun sin mayoría absoluta, era el que gobernaría después. Los votantes que se consideraban decisivos por la fluctuación de su voto entre el PSOE y el PP eran los que, al ser encuestados, se ubicaban en la posición 5 de una escala ideológica imaginaria de 1 a 10, donde 1 significa “lo más a la izquierda” y 10, “lo más a la derecha”. Con la irrupción de los nuevos partidos, y al calor de las nuevas tendencias políticas globales surgidas tras la crisis financiera de 2008, todo cambió y poco a poco lo que parecían certezas y evidencias incuestionables del comportamiento electoral desde la consolidación de la democracia en España fueron evaporándose. No hizo falta cambiar ninguna pieza del sistema electoral, incluida la conocida como ley o método D’Hondt , para que nuevos partidos disputaran de forma competitiva la tradicional hegemonía social al PP y al PSOE. La excepción española en lo que al auge de la extrema derecha se refiere se esfumó a finales de 2019 cuando Vox se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria a nivel nacional. Ni siquiera la premisa de que los jóvenes son siempre menos conservadores y se sitúan más a la izquierda que sus padres o que lo reaccionario ha de entenderse, por definición, como lo contrario de innovador han podido resistir el paso del tiempo. ¿Y qué ha ocurrido con los votantes de centro? Primero fue el nuevo contexto de política multipartidista el que hizo que se fuera perdiendo interés político y mediático en ellos como un segmento electoral clave. Una pérdida de interés que se acentuó con el hundimiento electoral de Ciudadanos y la disolución de UPyD, como las dos formaciones políticas que se autodefinían como centristas. Después llegó el fenómeno de la polarización. En 2023 la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) eligió polarización como palabra del año . Quedaba constatado (ya) que el término tenía una elevada presencia en los medios de comunicación. Y su uso estaba muy extendido para “aludir a situaciones en las que hay dos opiniones o actividades muy definidas y distanciadas (en referencia a los polos), en ocasiones con las ideas implícitas de crispación y confrontación”. Desde entonces la polarización no solo no ha perdido ni un ápice de actualidad para definir el clima político, sino que se ha extendido a más esferas, impactando en la vida cotidiana de los ciudadanos (como quedó patente en el anuncio de Campofrío de las pasadas Navidades en el que, desde la ironía y el sentido del humor, se abordaba el impacto de la polarización social). En el ámbito electoral parece claro que, ante una política de bloques, de posiciones enfrentadas y de posturas irreconciliables, lo que importa es en cuál de los polos se colocan los votantes o qué bando eligen. Cuanto mayor es el grado de polarización, menos importantes parecen para los partidos los electores que sienten menor lealtad partidista, dudan más a la hora de posicionarse ante los diferentes temas y pueden cambiar fácilmente de voto de unos comicios a otros. Pero precisamente en un contexto de polarización máxima, cuando han quedado relegados a un segundo plano y carecen de una oferta electoral dirigida específicamente a ellos, es cuando resulta de mayor interés volver a poner el foco sobre ellos, los otrora codiciados votantes de centro. ¿Cuántos son ahora?; ¿Qué opciones se plantean a la hora de votar?; ¿Cómo han reaccionado a la polarización política? Para responder a estas preguntas, partimos de dos supuestos basados en el estudio “El significado y contenido del centro ideológico en España” , realizado en 2011 por Mariano Torcal, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra. Por un lado, que los electores que se posicionan en el 5 de la escala ideológica (1 derecha-10 izquierda) son los que, en función de sus preferencias políticas y electorales, pueden ser considerados votantes de centro en sentido estricto (a diferencia de los que se posicionan en la casilla 6, más escorados a la derecha). Por otro lado, que los electores que se posicionan en el centro no lo hacen por falta de conocimiento de los conceptos de izquierda y derecha. A partir de los datos del último barómetro (enero 2026) publicado por el CIS, así como de barómetros de años anteriores, se pueden obtener tres conclusiones. La primera es que los electores más numerosos, por posicionamiento ideológico, siguen siendo hoy los de centro. Son más de una quinta parte del electorado. La polarización no parece, o al menos no de momento, traducirse en una disminución del grueso de estos votantes. El 22% de los electores (más de 8 millones) se autoubican en la posición 5 de la escala ideológica. Este porcentaje apenas ha cambiado en los últimos doce años (21% en 2014). En contraposición, ha disminuido drásticamente el porcentaje de electores que no se posicionan en la escala ideológica. Si en enero de 2014 un 10,4% de los encuestados respondía con un “no sabe” y otro 8,7% prefería no contestar cuando se le preguntaba por su ubicación ideológica, en enero de 2026 esos porcentajes son respectivamente del 1,8% y 3,2%. Una caída que a su vez contrasta con un incremento del número de electores que ahora se posicionan tanto en la parte que está más a la izquierda (de un 3% en enero de 2014 a 14% en enero de 2026) de la escala ideológica, como en la que está más a la derecha (de un exiguo 0,6% a un 8,6% en doce años). La segunda conclusión es que entre los que se posicionan en la escala ideológica, siguen siendo los votantes de centro los más indecisos. Por otra parte, la polarización tampoco parece redundar en una mayor inclinación hacia la abstención potencial de estos votantes. Ahora, casi un 24% de ellos declara que en el caso de que se celebraran unas elecciones generales, no sabría por qué opción electoral decantarse, mientras un 9% optaría por no votar. En enero de 2014, en un contexto de elevado malestar social y político, un 28% de los votantes de centro se decantaba por la abstención y otro 28% se mostraba indeciso ante unos hipotéticos comicios generales. La tercera y última conclusión es que Vox parece estar empezando (también) a tener tirón entre los votantes de centro. Si en diciembre pasado un 8,2% de ellos declaraba su intención de votar a este partido en el caso de que se celebraran elecciones generales, en el mes de enero ese porcentaje era casi el doble (15,9%). Vox se colocaría ahora, por delante del PSOE y a poca distancia del PP, como el segundo partido al que potencialmente votarían más estos electores. Pero ¿cómo explicar que votantes que, aparentemente, huyen de los extremismos puedan decantarse por Vox como un partido, que más allá de las etiquetas ideológicas, hace gala de un discurso radical y agresivo? La clave puede estar en el malestar político que de forma eficaz agita y capitaliza ahora Vox, como el nuevo partido de moda atrapa-descontentos frente a los dos grandes partidos. Tradicionalmente los votantes de centro se han caracterizado por percibir los problemas de índole política (escándalos, corrupción, falta de ejemplaridad, crispación, etc.) de forma más negativa, así como por presentar un mayor nivel de insatisfacción política. En este sentido, resulta relevante que en las once encuestas hechas por el CIS en 2025, solo en una ocasión Vox adelantara al PSOE como el segundo partido al que potencialmente votarían más estos votantes. Fue en el mes de julio, en pleno estallido del caso Cerdán. Asimismo, también puede estar influyendo en este electorado el conocido como “efecto electoral arrastre” o caballo ganador en el sentido de que, ante el creciente auge de Vox, algunos se sientan atraídos por dar su voto al que parece el nuevo partido de éxito. En todo caso, resultará de gran interés ver la evolución de las preferencias de voto de estos electores en los próximos meses. Ellos pueden ser un buen termómetro de la capacidad que pueda tener Vox para avanzar transversalmente como un partido que capta, por diferentes motivos, el descontento político actual. Si algo hemos aprendido en la última década de política multipartidista en España es que, más allá de su posicionamiento ideológico, los nuevos partidos nacen, se reinventan y desaparecen en función de su capacidad de captar, en cada momento, el cronificado malestar político de la sociedad española. De cara a las próximas elecciones generales los votos hacia Vox se pueden convertir, además, en las nuevas piedras de papel .

¿Qué fue de los votantes de centro?

¿Qué fue de los votantes de centro?

Se ha perdido el interés por los electores que se sitúan en el centro de la escala ideológica por el efecto de la política multipartidista y la polarización. Pero habría que volver a poner el foco sobre ellos como un segmento electoral numeroso, indeciso, volátil y proclive al descontento político en el que Vox (también) avanza El electorado moderado es el más codiciado por los partidos políticos. La fuerza política más votada es también la favorita entre los votantes de centro. Son los electores de centro los que deciden las elecciones en España. ¿Les resulta extraño? Se trata de afirmaciones que se hacían habitualmente antes de 2015 cuando la política nacional era bipartidista, y se daba por hecho que el partido que ganaba unas elecciones generales, aun sin mayoría absoluta, era el que gobernaría después. Los votantes que se consideraban decisivos por la fluctuación de su voto entre el PSOE y el PP eran los que, al ser encuestados, se ubicaban en la posición 5 de una escala ideológica imaginaria de 1 a 10, donde 1 significa “lo más a la izquierda” y 10, “lo más a la derecha”. Con la irrupción de los nuevos partidos, y al calor de las nuevas tendencias políticas globales surgidas tras la crisis financiera de 2008, todo cambió y poco a poco lo que parecían certezas y evidencias incuestionables del comportamiento electoral desde la consolidación de la democracia en España fueron evaporándose. No hizo falta cambiar ninguna pieza del sistema electoral, incluida la conocida como ley o método D’Hondt , para que nuevos partidos disputaran de forma competitiva la tradicional hegemonía social al PP y al PSOE. La excepción española en lo que al auge de la extrema derecha se refiere se esfumó a finales de 2019 cuando Vox se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria a nivel nacional. Ni siquiera la premisa de que los jóvenes son siempre menos conservadores y se sitúan más a la izquierda que sus padres o que lo reaccionario ha de entenderse, por definición, como lo contrario de innovador han podido resistir el paso del tiempo. ¿Y qué ha ocurrido con los votantes de centro? Primero fue el nuevo contexto de política multipartidista el que hizo que se fuera perdiendo interés político y mediático en ellos como un segmento electoral clave. Una pérdida de interés que se acentuó con el hundimiento electoral de Ciudadanos y la disolución de UPyD, como las dos formaciones políticas que se autodefinían como centristas. Después llegó el fenómeno de la polarización. En 2023 la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) eligió polarización como palabra del año . Quedaba constatado (ya) que el término tenía una elevada presencia en los medios de comunicación. Y su uso estaba muy extendido para “aludir a situaciones en las que hay dos opiniones o actividades muy definidas y distanciadas (en referencia a los polos), en ocasiones con las ideas implícitas de crispación y confrontación”. Desde entonces la polarización no solo no ha perdido ni un ápice de actualidad para definir el clima político, sino que se ha extendido a más esferas, impactando en la vida cotidiana de los ciudadanos (como quedó patente en el anuncio de Campofrío de las pasadas Navidades en el que, desde la ironía y el sentido del humor, se abordaba el impacto de la polarización social). En el ámbito electoral parece claro que, ante una política de bloques, de posiciones enfrentadas y de posturas irreconciliables, lo que importa es en cuál de los polos se colocan los votantes o qué bando eligen. Cuanto mayor es el grado de polarización, menos importantes parecen para los partidos los electores que sienten menor lealtad partidista, dudan más a la hora de posicionarse ante los diferentes temas y pueden cambiar fácilmente de voto de unos comicios a otros. Pero precisamente en un contexto de polarización máxima, cuando han quedado relegados a un segundo plano y carecen de una oferta electoral dirigida específicamente a ellos, es cuando resulta de mayor interés volver a poner el foco sobre ellos, los otrora codiciados votantes de centro. ¿Cuántos son ahora?; ¿Qué opciones se plantean a la hora de votar?; ¿Cómo han reaccionado a la polarización política? Para responder a estas preguntas, partimos de dos supuestos basados en el estudio “El significado y contenido del centro ideológico en España” , realizado en 2011 por Mariano Torcal, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra. Por un lado, que los electores que se posicionan en el 5 de la escala ideológica (1 derecha-10 izquierda) son los que, en función de sus preferencias políticas y electorales, pueden ser considerados votantes de centro en sentido estricto (a diferencia de los que se posicionan en la casilla 6, más escorados a la derecha). Por otro lado, que los electores que se posicionan en el centro no lo hacen por falta de conocimiento de los conceptos de izquierda y derecha. A partir de los datos del último barómetro (enero 2026) publicado por el CIS, así como de barómetros de años anteriores, se pueden obtener tres conclusiones. La primera es que los electores más numerosos, por posicionamiento ideológico, siguen siendo hoy los de centro. Son más de una quinta parte del electorado. La polarización no parece, o al menos no de momento, traducirse en una disminución del grueso de estos votantes. El 22% de los electores (más de 8 millones) se autoubican en la posición 5 de la escala ideológica. Este porcentaje apenas ha cambiado en los últimos doce años (21% en 2014). En contraposición, ha disminuido drásticamente el porcentaje de electores que no se posicionan en la escala ideológica. Si en enero de 2014 un 10,4% de los encuestados respondía con un “no sabe” y otro 8,7% prefería no contestar cuando se le preguntaba por su ubicación ideológica, en enero de 2026 esos porcentajes son respectivamente del 1,8% y 3,2%. Una caída que a su vez contrasta con un incremento del número de electores que ahora se posicionan tanto en la parte que está más a la izquierda (de un 3% en enero de 2014 a 14% en enero de 2026) de la escala ideológica, como en la que está más a la derecha (de un exiguo 0,6% a un 8,6% en doce años). La segunda conclusión es que entre los que se posicionan en la escala ideológica, siguen siendo los votantes de centro los más indecisos. Por otra parte, la polarización tampoco parece redundar en una mayor inclinación hacia la abstención potencial de estos votantes. Ahora, casi un 24% de ellos declara que en el caso de que se celebraran unas elecciones generales, no sabría por qué opción electoral decantarse, mientras un 9% optaría por no votar. En enero de 2014, en un contexto de elevado malestar social y político, un 28% de los votantes de centro se decantaba por la abstención y otro 28% se mostraba indeciso ante unos hipotéticos comicios generales. La tercera y última conclusión es que Vox parece estar empezando (también) a tener tirón entre los votantes de centro. Si en diciembre pasado un 8,2% de ellos declaraba su intención de votar a este partido en el caso de que se celebraran elecciones generales, en el mes de enero ese porcentaje era casi el doble (15,9%). Vox se colocaría ahora, por delante del PSOE y a poca distancia del PP, como el segundo partido al que potencialmente votarían más estos electores. Pero ¿cómo explicar que votantes que, aparentemente, huyen de los extremismos puedan decantarse por Vox como un partido, que más allá de las etiquetas ideológicas, hace gala de un discurso radical y agresivo? La clave puede estar en el malestar político que de forma eficaz agita y capitaliza ahora Vox, como el nuevo partido de moda atrapa-descontentos frente a los dos grandes partidos. Tradicionalmente los votantes de centro se han caracterizado por percibir los problemas de índole política (escándalos, corrupción, falta de ejemplaridad, crispación, etc.) de forma más negativa, así como por presentar un mayor nivel de insatisfacción política. En este sentido, resulta relevante que en las once encuestas hechas por el CIS en 2025, solo en una ocasión Vox adelantara al PSOE como el segundo partido al que potencialmente votarían más estos votantes. Fue en el mes de julio, en pleno estallido del caso Cerdán. Asimismo, también puede estar influyendo en este electorado el conocido como “efecto electoral arrastre” o caballo ganador en el sentido de que, ante el creciente auge de Vox, algunos se sientan atraídos por dar su voto al que parece el nuevo partido de éxito. En todo caso, resultará de gran interés ver la evolución de las preferencias de voto de estos electores en los próximos meses. Ellos pueden ser un buen termómetro de la capacidad que pueda tener Vox para avanzar transversalmente como un partido que capta, por diferentes motivos, el descontento político actual. Si algo hemos aprendido en la última década de política multipartidista en España es que, más allá de su posicionamiento ideológico, los nuevos partidos nacen, se reinventan y desaparecen en función de su capacidad de captar, en cada momento, el cronificado malestar político de la sociedad española. De cara a las próximas elecciones generales los votos hacia Vox se pueden convertir, además, en las nuevas piedras de papel .

La borrasca Oriana prolonga el mal tiempo hasta el fin de semana: temporal marítimo, lluvias y nevadas en cotas bajas

La borrasca Oriana prolonga el mal tiempo hasta el fin de semana: temporal marítimo, lluvias y nevadas en cotas bajas

La Aemet destaca que seguramente sea la última borrasca de la larga serie que comenzó a finales de diciembre, al menos en el corto plazo Por qué se encadenan tantos días de lluvia La borrasca Oriana dejará a partir de este viernes rachas muy fuertes de viento , temporal marítimo, lluvias abundantes y nevadas en cotas bajas, una situación que se prolongará durante el fin de semana. Al menos, durante todo el sábado, de acuerdo con la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Sin embargo, la borrasca Oriana trae una buena noticia. “Puede ser, al menos por unos días, la última borrasca de esta larga serie que comenzó a finales de diciembre”, asegura la agencia estatal en un mensaje publicado en su cuenta de X (antes Twitter). Por tanto, nuestro país se librará de borrascas de alto impacto por lo menos durante un tiempo. Estampa invernal El viernes estará marcado por el paso de la borrasca Oriana hacia el Mediterráneo y la entrada de una masa de aire polar húmeda. Así se espera el paso de los frentes asociados , barriendo toda la Península y dejando cielos nubosos o cubiertos y precipitaciones generalizadas tanto en la Península como en Baleares. Los mayores acumulados , una vez más, estarán en Galicia, Cantábrico, sierras del centro peninsular, Estrecho y sierras de Andalucía, especialmente en sus vertientes oeste, pudiendo ser fuertes y persistentes en todas estas zonas, sin descartar que en Andalucía vayan acompañadas de tormentas. Hay avisos en Andalucía, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y Galicia. Habrá mucho viento y temporal marítimo este viernes. Se esperan rachas muy fuertes en la mayor parte del territorio, aunque no llegarán a zonas bajas de interior de la mitad septentrional. Hasta 14 comunidades tienen avisos por este motivo. La borrasca Oriana también dejará nevadas . Primero, en los principales entornos de montaña, con una cota en torno a 1300-1500 metros, bajando a 1100-1400 en el tercio sur peninsular, a 700-1000 metros en el noroeste, donde se darán acumulados significativos. En el resto, caerá a 900-1200. Hay avisos en Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Catalunya y Galicia. Las temperaturas tenderán a bajar de forma generalizada , pudiendo hacerlo de forma localmente notable las máximas en el Ebro y fachada oriental peninsular, con mínimas que se darán al final del día en la mayor parte del territorio. De hecho, en muchos puntos no superarán los 10 grados. Además, la Aemet prevé heladas débiles en montañas de la mitad norte y sureste peninsular, moderadas en el Pirineo.

La borrasca Oriana ya es una realidad en Madrid: lluvia generalizada y rachas muy fuertes de viento

La borrasca Oriana ya es una realidad en Madrid: lluvia generalizada y rachas muy fuertes de viento

Respecto a las temperaturas, se espera un descenso que irá de ligero a moderado La borrasca Oriana prolonga el mal tiempo hasta el fin de semana: temporal marítimo, lluvias y nevadas en cotas bajas No salimos de una borrasca y llega otra. Tras Nils , es Oriana la que traerá la inestabilidad de cara al fin de semana, con un viernes de lluvia generalizada y rachas muy fuertes de viento en la Comunidad de Madrid, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, la AEMET ha activado el aviso amarillo por rachas muy fuertes de viento de componente oeste en zonas altas de la Sierra madrileña a partir del mediodía. En el resto, soplará flojo del sur, girando a componente oeste por la mañana, y quedando con rachas fuertes en el llano. La borrasca Oriana también dejará lluvias y chubascos que serán generalizados durante la madrugada y las primeras horas del día, aunque tenderán a remitir a partir de mediodía en el llano, siendo más persistentes en zonas altas, donde no remitirán hasta al final de la tarde. La cota de nieve se quedará sobre los 1.500 y 1.700 metros, y bajará progresivamente a partir de mediodía hasta situarse sobre los 1.000 y 1.100 metros al final. La jornada del viernes tendrá predominantemente cielo nuboso, que será cubierto en la Sierra, tendiendo a intervalos nubosos en la Sierra y poco nuboso en el resto a partir del mediodía. Se podrían dar brumas y nieblas matinales en la Sierra, asociadas al paso de nubosidad baja, siendo persistentes en zonas altas. Las temperaturas vuelven a bajar Respecto a las temperaturas, se espera un descenso que irá de ligero a moderado, con mínimas que se esperan al final del día y que dejarán heladas débiles en zonas elevadas de la Sierra. Oscilarán entre los 4 y 7 grados. Las temperaturas máximas, por su parte, descenderán por debajo de los 15 grados, quedándose entre los 9 y 12 grados. La inestabilidad se mantendrá durante el fin de semana, según la previsión actual de la AEMET para la Comunidad de Madrid.

La borrasca Oriana ya es una realidad en Madrid: lluvia generalizada y rachas muy fuertes de viento

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Respecto a las temperaturas, se espera un descenso que irá de ligero a moderado La borrasca Oriana prolonga el mal tiempo hasta el fin de semana: temporal marítimo, lluvias y nevadas en cotas bajas No salimos de una borrasca y llega otra. Tras Nils , es Oriana la que traerá la inestabilidad de cara al fin de semana, con un viernes de lluvia generalizada y rachas muy fuertes de viento en la Comunidad de Madrid, según la previsión de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Así, la AEMET ha activado el aviso amarillo por rachas muy fuertes de viento de componente oeste en zonas altas de la Sierra madrileña a partir del mediodía. En el resto, soplará flojo del sur, girando a componente oeste por la mañana, y quedando con rachas fuertes en el llano. La borrasca Oriana también dejará lluvias y chubascos que serán generalizados durante la madrugada y las primeras horas del día, aunque tenderán a remitir a partir de mediodía en el llano, siendo más persistentes en zonas altas, donde no remitirán hasta al final de la tarde. La cota de nieve se quedará sobre los 1.500 y 1.700 metros, y bajará progresivamente a partir de mediodía hasta situarse sobre los 1.000 y 1.100 metros al final. La jornada del viernes tendrá predominantemente cielo nuboso, que será cubierto en la Sierra, tendiendo a intervalos nubosos en la Sierra y poco nuboso en el resto a partir del mediodía. Se podrían dar brumas y nieblas matinales en la Sierra, asociadas al paso de nubosidad baja, siendo persistentes en zonas altas. Las temperaturas vuelven a bajar Respecto a las temperaturas, se espera un descenso que irá de ligero a moderado, con mínimas que se esperan al final del día y que dejarán heladas débiles en zonas elevadas de la Sierra. Oscilarán entre los 4 y 7 grados. Las temperaturas máximas, por su parte, descenderán por debajo de los 15 grados, quedándose entre los 9 y 12 grados. La inestabilidad se mantendrá durante el fin de semana, según la previsión actual de la AEMET para la Comunidad de Madrid.