El mensaje oculto de Bad Bunny

El mensaje oculto de Bad Bunny

El cantante dio una alternativa entusiasta y positiva en la Super Bowl. Conectó con una necesidad de liderazgo progresista que no puede construir nada sólido solo estando a la contra de la ultraderecha. La coalición que propone Gabriel Rufián es difícil, pero refrescaría la tierra quemada del desencanto para una ciudadanía huérfana de soluciones prácticas La actuación del puertorriqueño Bad Bunny en el intermedio de la Super Bowl no fue solo música . Tampoco fue solo política. Por supuesto que no fue una escena de costumbrismo latino. Fue la alegre celebración de la latinidad, la humanidad, los migrantes, el español y la reivindicación entusiasta de ser sin tener que pedir perdón o esconderse por ello. Fue la alternativa festiva y aplastante para un gobierno en Estados Unidos que alienta el odio y el supremacismo blanco. Benito Antonio dijo su nombre real, dijo “somos y pertenecemos”, sin necesidad de que nadie nos integre o nos dé permiso de existir. Contra los comentarios odiosos de un cascarrabias inmisericorde y todo su ecosistema de estómagos agradecidos, la música jubilosa que mira a los ojos con dignidad. Una bola de nieve, caña de azúcar y culturas que arrastró a su paso el mal recuerdo de arrestos de niños ecuatorianos, personas asesinadas a tiros, migrantes atrincherados y muertos de miedo. Trump no asistió, después de ser abucheado en la última edición. No ha trascendido si a estas horas el magnate está pensando en declarar la guerra a la liga de fútbol americano o en comprársela. La música de Bad Bunny fue bálsamo y esperanza porque barrió con su carisma la inhumanidad que llega desde EEUU y amordazó con sus múltiples pentagramas todas las bocas que tanto hablan contra los migrantes, contra las mujeres, contra la ciencia, contra los desposeídos, contra Europa. Pero el cantante hizo algo más el pasado domingo. Dio una alternativa que conectó con una necesidad de amparo y liderazgo, porque no se puede construir solo a la contra. Recordó que hay que dar un mensaje claro y esperanzador por la vía de los hechos, en lugar de acabar discutiendo contra el extremismo en la esquina que proponen los radicales y con sus mismas armas. El mundo que cree en la justicia social, en los derechos y acompaña a los vulnerables se ha enredado en argumentar contra los trumpistas y en desmentir a los ultraderechistas, perdiendo en ello su tiempo y energía. También ha perdido la atención de sus votantes. Tan enfrascados en desmentir supuestas recetas mágicas y evitar la debacle, tan atareados en sobrevivir y defender el mundo que ayudaron a levantar y que ahora minusvaloran los jóvenes, han olvidado renovarlo, hacerlo creíble, apetecible, reivindicarlo con un mensaje claro y limpio. Según los indicadores, vivimos el momento de la humanidad más avanzado en derechos, democracia o ciencia. Pero no solo de indicadores vive el hombre. ¿Qué nos falta? ¿Qué nos pasa? ¿A quién le pasa? Un buen líder debiera contestar esas preguntas y dedicar su liderazgo a ello. Está pendiente amoldar el precio de las casas a los salarios, los precios del supermercado al monedero, ajustar las escuelas y su climatización, que la universidad pública tenga plazas suficientes y los metros y trenes de Cercanías cumplan sus horarios. Queda lo más pequeño, que es lo más grande. En España, la izquierda hace el enésimo intento de alinearse en un gesto de futuro. Gabriel Rufián ambiciona que se unan incluso los partidos nacionalistas, que pueden tener intereses centrípetos pero que también gozan de un mínimo común denominador entre ellos sobre el que podría pivotar todo. Su partido, ERC, ya le ha dicho que no lo ve, tapándose un ojo. Quizás sea esta la última oportunidad de crear una alternativa real y creíble, que no practique la parálisis por análisis, que no hable solo de emboscar a la ultraderecha, sino que proponga objetivos claros y cumpla con asuntos obligados. Que no se destripe. Que luche con la cautivadora propuesta de la ultraderecha por la vía de los hechos y de una nueva comunicación, no solo por la dialéctica. Porque si el progresismo se mete al barro, pierde. Ahí es donde los que hablan más alto suelen asordinar y ganar el debate. Bad Bunny no necesitó nombrar a Trump o criticar sus políticas del sufrimiento y la esquilmación, ni con un solo gesto. Salió y cantó al mundo otro modelo. El que teníamos hace décadas, pero que hoy ha cobrado un nuevo sentido y se explica de un nuevo modo. Un nuevo mundo con una nueva coalición política sería casi la única bala para parar la ultraderechización que recorre el planeta y que bebe del poderío de las redes sociales y el adormilamiento de una izquierda (y una derecha) que sigue intentando parar el golpe. Como dice un amigo que se dedica a la política, cuando el partido va mal, queda un minuto y no hay delanteros, si la única opción es que el portero coja el balón para recorrerse el campo e intentar marcar el gol, quizás haya que hacerlo. No es ortodoxo, es arriesgado, no estaba en el guion, es imprevisible, tiene un coste, puede ser un desastre. Pero una coalición poderosa que hable a las personas refrescaría la tierra quemada del desencanto para una ciudadanía progresista huérfana de soluciones y necesitada de esperanza.

Las razones (económicas) de la sanidad pública

Las razones (económicas) de la sanidad pública

Porque si algo define al siglo XXI no es la expansión del mercado, sino la expansión de lo común. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez más aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con pólizas privadas La Comunidad de Madrid ha perdonado 71 millones a Quirón y Ribera Salud tras asumir y tratar a sus pacientes Arrecia la tormenta en torno a la sanidad. En Twitter hace meses que hay fuerte marejada y cada poco se vuelven a reabrir los debates sobre si debería ser pública o privada. Lo que hasta hace muy poco parecía un consenso universal del Estado del Bienestar hoy está en cuestión, se tambalea. Viéndolas venir, ayer la ministra de Sanidad, Mónica García, reveló que llevará al parlamento una ley para impedir el modelo de privatización de los hospitales de la Comunidad de Madrid. Ayuso, que nunca pierde comba, no tardó en convertir el tema en arma arrojadiza y anunció que llevará el asunto a los tribunales. La bronca está servida. Pero más allá de la enésima batallita –que solo durará hasta que llegue la siguiente– este de la sanidad no es un debate cualquiera. Al contrario, bajo una aparente disputa política se esconde la cuestión económica más importante del siglo (una que no es la productividad): ¿cómo financiamos las cosas que no se pueden comprar y vender en los mercados?. Para desentrañarlo tenemos que empezar por explicar que cuando hablamos de “sanidad” estamos mezclando –al menos– tres bienes económicos distintos: El primero es la salud pública, que es el bienestar colectivo del que cualquier persona disfruta cuando el conjunto de la población está sana. La salud pública minimiza los riesgos sanitarios y es un bien económico de primer orden. Sin ella, nos contagiaríamos de cualquier cosa, los sistemas asistenciales no darían abasto, no podría haber actividad productiva, ni mercados funcionales, ni siquiera vida social organizada. Por esa razón una de las funciones más básicas de los estados es desplegar una batería inmensa de medidas que van desde la vacunación al control de plagas, del saneamiento al mantenimiento de la calidad del agua y del control de fronteras a la educación sanitaria o la vigilancia epidemiológica para reducir al mínimo posible las enfermedades que circulan entre la población. ¿Por qué los estados, y no los mercados? Porque la salud pública es lo que en economía se denomina un “bien público”, esto es, un recurso que está a disposición de cualquiera desde el momento en que está disponible para una persona. Si un agente (sea el que sea) erradica la viruela en un territorio, lo está haciendo igual para una persona que para toda la población. El resultado es un bien que representa un problema insalvable para los mercados porque es imposible cobrar por él: erradicar la viruela es demasiado caro para que un individuo lo pague por su cuenta, pero una vez erradicada, todos se benefician por igual sin que nadie pueda cobrarles individualmente por ello. En economía se dice que son bienes cuyo consumo “no es rival” y que no son “excluibles”. Adam Smith, que era muy consciente de este problema, fue el primero en plantear que “[el deber] de la comunidad es el de erigir y mantener aquellas instituciones públicas y aquellas obras públicas que, aunque pueden ser del más alto grado ventajosas para una gran sociedad, son, sin embargo, de tal naturaleza que el beneficio nunca podría compensar el gasto a ningún individuo o a un pequeño número de individuos, y por lo tanto, no se puede esperar que ningún individuo las erija o mantenga.” O, en otras palabras, que el rol principal de los Estados es proveer aquellos bienes que el mercado no puede proveer. Por eso no hay ningún país del mundo, ni lo ha habido en la historia, donde la salud pública se provea desde el ámbito privado. El segundo de los bienes que conforman eso que llamamos genéricamente “sanidad” es un seguro colectivo. Es la garantía de que, si caemos enfermos, podremos acudir a un hospital y recibir el mejor tratamiento disponible, tengamos o no dinero para pagarlo, sepamos o no dónde acudir y con independencia de lo que nos haya ocurrido. Para que esta garantía sea real, hace falta mantener permanentemente una red de hospitales, servicios de urgencias y centros de salud que funcionen todos los días del año, tanto si hay pacientes en ese momento, como si no. O lo que es lo mismo: es necesario mantener un sistema que está disponible para todo el mundo desde el momento en el que existe para una persona: otro bien público que los mercados no pueden proveer. Aunque pueda resultar confuso hay que entender que este bien económico —al que llamaremos “seguro sanitario”— no es lo mismo que el servicio médico que nos atiende cuando efectivamente enfermamos y vamos al hospital. Son dos cosas distintas. Igual que cuando contratamos un seguro del hogar entendemos que una cosa es pagar la póliza que te cubre todo el año (aunque no te pase nada) y otra muy distinta es el servicio del técnico que viene cuando realmente se te rompe el fregadero, el seguro sanitario es la garantía; el pediatra, igual que el fontanero, es el servicio concreto. Este último escalón —el de los “servicios médicos”— es el tercero de los bienes económicos de los que hablamos cuando hablamos de sanidad. Y es el único de los tres que sí podría funcionar como una prestación de servicios privados, como un bien excluible y cuyo consumo es rival; que se presta a una persona concreta, en un momento puntual y podría cobrarse directamente a quien lo recibe. La prueba fehaciente es que existen de hecho multitud de servicios médicos que operan al margen de los seguros sanitarios e incluso sectores enteros (como la salud dental) donde el Estado casi no existe. Es decir, mientras que la salud pública beneficia a todos por igual (nadie puede ser “excluido” de respirar aire limpio) y los seguros sanitarios necesitan estar disponibles para todos constantemente, el servicio médico individual —la consulta, la operación, el tratamiento— sí es excluible: puedo dártelo a ti y no a otro, y puedo cobrártelo directamente cuando lo usas. De manera que cuando hablamos de sanidad, estamos colocando tres bienes sobre la mesa: dos que no se pueden prestar desde el ámbito privado y otro que sí. ¿Cómo que no? ¿No existen acaso los seguros privados del hogar? ¿No existen seguros privados de salud? Existen, sí. Pero se sostienen sobre una trampa: solo cubren el último eslabón de la cadena hecha de una serie de bienes públicos. Tomemos el caso del hogar. Un seguro privado te indemniza si tu casa arde o si una tubería revienta. Pero solo puede hacerlo porque antes existe todo un entramado colectivo (de bienes públicos) que reduce drásticamente la probabilidad de que eso ocurra. Ese sistema se compone de facultades de arquitectura que forman profesionales y los colegios que los supervisan, normativas que dictan qué materiales pueden utilizarse en la edificación y cuáles no, sistemas de responsabilidad civil para las constructoras, Inspecciones técnicas, cuerpos de bomberos, de policía y juzgados. Y también existe una suerte de “salud pública” de los edificios. Para proteger tu vivienda hace falta que sean seguras todas las del barrio. Porque si el edificio contiguo se derrumba o arde, tu póliza individual no basta para aislarte del daño. Sin esa infraestructura preventiva, sin esa red colectiva que distribuye riesgos y responsabilidades antes de que el desastre suceda, ningún seguro privado podría comprometerse a pagarte nada. De la misma manera, la iniciativa privada no puede hacerse cargo de prestar un seguro sanitario universal, como pretende el modelo de la Comunidad de Madrid. Porque su mecánica interna dicta que necesita vender y sacar un beneficio de cada paciente. Y esa lógica es incompatible con la prestación de un bien público. Por eso suele ocurrir que cuando una administración obliga a una empresa privada a proveer un bien público, lo que está haciendo es poner a la empresa de turno entre la espada de la prestación del servicio y la pared de los beneficios que esperan sus inversores. Esto, y no otra cosa, es lo que hemos visto en el caso del Hospital de Torrejón y lo que observamos en muchas otras concesiones: los intereses privados, que son incapaces de proveer un bien público, dan un mal servicio a los ciudadanos. De manera que, más allá de la disputa ideológica, lo que propone el Ministerio de Sanidad es de absoluto sentido común económico: el Estado debe dedicarse a proveer los bienes públicos porque está mucho más capacitado para ello que el mercado; porque precisamente para eso existen los Estados. Con todo, sería también de sentido común no oponerse ideológicamente a cualquier participación de la iniciativa privada. Como hemos visto, en la prestación de servicios médicos (el tercero de los bienes que hemos desglosado) las empresas tienen mucho que aportar. De hecho, cada vez es más habitual que los hospitales privados funcionen como plataformas donde distintos médicos pueden tener su consulta privada. Para dar el mejor servicio público se puede y se debe hacer mucho con las empresas y con los profesionales de la medicina. La tarea central de los Estados modernos no debería ser cerrarse en banda en una batalla entre lo privado y lo público, sino aprender a gestionar mejor, a medir mejor, a financiar mejor y a innovar en la provisión de bienes públicos con la misma ambición con la que en el siglo XX se innovó en la producción industrial. Porque si algo define al siglo XXI no es la expansión del mercado, sino la expansión de lo común. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez más aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con pólizas privadas: la información, la calidad del aire, la ciberseguridad, las infraestructuras digitales, la investigación científica, la prevención de pandemias o la autonomía energética son bienes que solo existen si existen para todos. Y la pregunta que debería ordenar la política y la economía ya no será cuánto Estado o cuánto mercado, sino algo más exigente y más práctico: ¿cómo diseñamos, financiamos y mejoramos los bienes públicos de los que depende nuestra vida colectiva?

Santaolalla y por qué los trenes ya no cuelgan carteles de "prohibido escupir"

Santaolalla y por qué los trenes ya no cuelgan carteles de "prohibido escupir"

Cualquier figura pública está sometida a la crítica, pero cuando para rebatir a una mujer joven se recurre a comentarios sobre su físico, eso tiene un nombre: machismo. Igual que es racismo protestar contra Vinicius aludiendo al color de su piel. Habíamos asumido que era necesario avisar en los estadios, lo que es más raro es tener que hacerlo en platós de televisión Ataque machista de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla desde 'El Hormiguero': “¿La mitad tonta y la mitad tetas?” Pablo Motos: Pero he estado viendo la tele y he puesto Cuatro y he oído a una tertuliana después de estas declaraciones decir que Felipe Gónzález era un traidor. Juan Del Val: Sí, lo dice bastante gente, Felipe Gónzález... Rosa Belmonte: ¿Esa que es mitad tonta, mitad tetas? Pablo Motos: No me acuerdo. Rosa Belmonte: Es una frase de la serie La maravillosa señora Maisel. Silencio, risas incómodas, en el plató de El Hormiguero. (De toda la mesa, también de las hormigas). Nadie la corrigió. Hubo más risas nerviosas y lo más que acertó a decir otro de los tertulianos, Rubén Amón, fue: “Rosa, sabes que se va a viralizar, ¿no?”. Todo en prime time, en la mesa de ¿debate? de El Hormiguero este martes. La buena noticia es que no eructó nadie. Al menos no literalmente. La mala es que el comentario, con semejante aroma a brandy, carajillo, manchas de grasa y palillos de sobremesa, tratase de disfrazarse con un supuesto halo cultural. “Que es una frase de la serie 'La Maravillosa señora Maisel'”. Así que lo de la tonta de las tetas, para referirse a otra compañera de tertulias, no sería tanto un exabrupto, sino casi información de servicio para consumidores de series minoritarias. ( Está en Amazon Prime , por cierto, y va de una mujer de mediana edad que tras separarse se descubre, ella y el mundo que la rodea, su talento para la comedia y se hace monologuista). Dejemos a la señora Maisel tranquila y volvamos a lo de El Hormiguero. Podría ser una anécdota más si no fuera porque Sarah Santaolalla, analista y tertuliana en varios programas de televisión, de la 1 y también de Cuatro, lleva semanas recibiendo amenazas, persecuciones de ultras por la calle y ataques organizados en redes. Que nadie crea que es casualidad. Forma parte de una estrategia muy estudiada que busca interacciones en redes para elevar el ruido. Nada nuevo, bajo el sol de X y Tik Tok. Vamos ahora con las obviedades: Santaolalla, que ha multiplicado su presencia en los platós durante los últimos meses y suele defender posiciones de izquierdas y proferir algunas sentencias polémicas (como todos los tertulianos que acumulan horas y más horas de platós), debe estar, como todas las figuras públicas, sometida a la crítica. Solo faltaría. En todo este tiempo en distintas televisiones ha realizado afirmaciones dudosas, algunas fáciles de rebatir, junto a otras que son irrefutables. Lo sepan o no en El Hormiguero, que Felipe González ha traicionado a su partido lo piensa un porcentaje bastante alto de la militancia socialista. Pero no viene de ahora, viene, como casi todo en el PSOE, de 2016 y de aquella ruptura traumática, cuando el oficialismo del partido decidió abstenerse y permitir la investidura de Mariano Rajoy. La organización se partió en dos y el final de la historia es conocido: venció con un porcentaje amplio Pedro Sánchez, que había encabezado el no a Rajoy, y que volvió a convertirse en secretario general contra las maniobras de todo el aparato y después en presidente del Gobierno. Es desde aquella época, hace ya diez años, cuando Felipe González pasó a convertirse en un traidor para muchos compañeros de partido. Sus apariciones de los última etapa junto a su otrora archienemigo José María Aznar, y los ataques continuos a la dirección del PSOE, que contrastan con sus tibias alusiones a la extrema derecha, no han contribuido a apaciguar a esas bases que se desencantaron con él hace una década, o incluso antes, con los gravísimos casos de corrupción que sacudieron a sus gobiernos. Terrorismo de Estado, incluido. Pero nada de lo anterior impide que se pueda confrontar sobre eso o sobre cualquier otra cosa con Santaolalla e incluso atacar sus argumentos con la misma beligerancia con que ella los defiende. Sucede que si para rebatir a Santaolalla, o a cualquier otra mujer (si es joven, mejor), alguien tiene que aludir a su cuerpo, eso es machismo. Pasó lo mismo con Vinicius, el delantero del Real Madrid. Cabe opinar que es individualista, que se tira demasiado, que provoca a las aficiones y jugadores rivales o pensar que es todo lo contrario y merece el balón de oro. Cuando desde el fondo de un estadio hordas enteras de ultras deciden llamarle negro o simular el ruido del mono, eso es racismo. Hasta ahora entraba dentro de lo previsible que hubiera que hacérselo ver a los fondos de los campos de fútbol: para eso se colocaban advertencias en los videomarcadores y se lanzaban alertas por megafonía. En los casos más graves se han suspendido partidos. (Pocos). Lo que resulta más llamativo es que haya que recordárselo a figuras públicas que gozan de formidables audiencias en privilegiados espacios de radio, televisión y prensa. Comunicadores a a quienes se suponía una mínima responsabilidad. O al menos educación. En este sentido, es ilustrativo que nadie en la mesa de El Hormiguero se atreviera a advertir que la frase de las tetas y la tonta no es el camino. Ilustrativo, pero nada casual. Muchos analistas, algún tratado de comunicación y el anuncio navideño de Campofrío llaman a esto “polarización”. Definen así el espacio de debate donde agitadores ultras de derechas se permiten amenazar incluso físicamente a periodistas y políticos sin ninguna consecuencia más que multiplicar su número de seguidores, mientras humoristas de izquierdas que hacen parodia de un programa de televisión tienen que abandonar las redes y sus espacios . Si es polarización, el campo está clamorosamente inclinado hacia la derecha: no se ve a agitadores de izquierdas persiguiendo por la calle entre empujones y bronca continua a políticos conservadores o ultras ni a comunicadores de su cuerda. La extrema derecha, sí. Con acreditación en el Congreso de los Diputados. Y fuera. A ministros, diputados, políticos rasos e incluso a periodistas. Todo para generar contenido, gasolina para prender las redes. Analistas que intentaron pronosticar que los nuevos canales de comunicación acabarían civilizándose con el paso del tiempo se han dado de bruces con estudios que concluyen lo contrario: el odio es una mercancía muy rentable como para dejarla sin explotar. Los dueños de las plataformas lo saben y quienes diseñan los algoritmos lo potencian mientras silencian opiniones más moderadas. Y el contagio está ya en los medios de comunicación, aunque algunos ya traían lo suyo de casa mucho antes de que se soñase la primera red social. Decía Iñaki Gabilondo hace años al hilo de la deriva de alguna prensa que hubo un momento en que los trenes dejaron de llevar carteles de “prohibido escupir en el suelo” no porque ya se pudiera escupir, sino porque todo el mundo había aprendido a no hacerlo. No descartemos que llegue un día en que haya que recuperar aquellos carteles. En los trenes. Y también en algunos platós. Post Data: 20 horas después de finalizar el programa y tras centenares de reproches sobre su comentario en las redes, Rosa Belmonte emitió una especie de disculpa en su cuenta de X bajo la socorrida fórmula: “a quien haya molestado”. Calificó de “inconveniente” su comentario y subrayó que su intención -cuando llamó “mitad tonta, mitad tetas” a Santaolalla- no era ofender ni molestar a nadie. Este es su mensaje completo: “Pido sinceras disculpas por mi inconveniente comentario en ‘El Hormiguero’. Fue espontáneo, nadie sabía lo que iba a decir, ni yo misma cinco segundos antes. Pido perdón a quien haya ofendido, a quien haya molestado y a quien haya afectado, sobre todo porque no era mi intención”. En el inicio del programa del miércoles, también Pablo Motos pidió perdón por “un comentario desafortunado que hizo ayer Rosa Belmonte en la tertulia”. “A veces, pasa”, dijo el presentador, “que con la velocidad del directo a la vez que estás diciendo algo estás pensando no deberías haberlo dicho. Pero eso no quita que metimos la pata y como no es el estilo de Rosa ni del programa, queremos pedir nuestras más sinceras disculpas, gracias por entendernos y nos esforzaremos para que no vuelva a suceder”. Aplausos de fondo.

Irán, entre la corona y el turbante: el momento en que fui revolucionaria y mis 47 años de lucha contra la teocracia

Irán, entre la corona y el turbante: el momento en que fui revolucionaria y mis 47 años de lucha contra la teocracia

La escritoria iraní Mahsa Mohebali rememora su experiencia infantil en la revolución islámica de 1979 y los ecos que proyecta en las protestas actuales, con el fondo de la dualidad histórica persa entre el poder monárquico y el religioso Entrevista - Hoda Afshar, artista: “La lucha de las mujeres iraníes va mucho más allá del hiyab” El 1 de abril de 1979 (12 de Farvardín de 1358, según el calendario iraní), exactamente un mes y 20 días después de la Revolución de Irán, fue el día en que me di cuenta de que mi parte de la revolución se había terminado, se había agotado. Tenía siete años y la sensación de la victoria de la revolución se entrelazaba con el cierre de las escuelas y el aroma de la primavera y los brotes; con mi falda plisada azul marino, sentía una sensación de liberación y bienestar. Insistía en que fuéramos a votar como los demás; me gustaba el “juego de la revolución”. —¿Te gustaría usar el chador (hijab)? —preguntó mi padre. — No... Bueno, entonces votaremos 'no' a la República Islámica —contesté. —¿Por qué solo República Islámica, sí o no? ¿Qué pasa con el resto de las ideologías? ¿Qué hay de aquellos que quieren una república secular o de las demás personas y sus creencias? —Mi padre dijo que este mismo tipo de referéndum demostraba que el funeral de la revolución ya se había oficiado— Nos robaron la revolución. Para mi mente de siete años era difícil entender cómo el ayatolá Jomeini, que hasta hacía solo dos meses era el líder de la revolución, se había convertido ahora en un “ladrón” y en objeto de odio para una parte de los revolucionarios. Desde aquel día, nuestra parte de la revolución terminó y se transformó en los insultos que mi padre y sus amigos lanzaban al televisor. Una vez, mi padre le arrojó una zapatilla y mi madre le dejó de hablar durante una semana. Yo intentaba comprender la relación entre la rabia de mi padre y lo que ocurría en la televisión, pero era difícil de entender. Cuando las personas se sentaban frente a la cámara y confesaban sus errores y su condición de espías, ¿qué era exactamente lo que enfurecía a mi padre? Finalmente, la voluntad de mi madre prevaleció y el televisor se apagó por completo. Estos días en que la gente mira al cielo esperando que los cazas estadounidenses o israelíes vengan en su ayuda, me pregunto: ¿cuál será el papel del pueblo en esta guerra y revolución sangrienta? ¿Otra vez Pahlavi, sí o no? Cuando mi padre regresaba del trabajo por las tardes, extendía el periódico en el suelo, se cortaba las uñas de las manos y los pies y leía todo el diario. Incluso las esquelas. Luego lo arrugaba y lo tiraba al cubo de la basura. Después se tomaba su pastilla para dormir y se refugiaba en el dormitorio; algunos días no salía de la cama para nada. Sus alumnos venían a casa y resolvían sus problemas en el dormitorio. En la década negra de los 80 (los años 60 en el calendario iraní), la nube negra del sueño y la muerte se apoderó de la casa. Comenzó la guerra entre Irán e Irak: la ansiedad de la muerte, hacer los deberes a la luz de las velas. Mi tío fue al frente y regresó sin las manos; mi tía fue encarcelada. Todo se volvió negro. Negro, negro, negro. Estos días en que veo a la gente gritar el nombre de Reza Pahlavi; estos días en que veo que todos dicen que la República Islámica debe irse y que cualquiera que venga será mejor; estos días en que la gente mira al cielo esperando que los cazas estadounidenses o israelíes vengan en su ayuda, me pregunto: ¿cuál será el papel del pueblo en esta guerra y revolución sangrienta? ¿Otra vez Pahlavi, sí o no? ¿Un mes y 20 días de nuestra parte de libertad? ¿Se repite la historia? ¿Reza Shah II, sí o no? Cuando la elección se reduce entre uno mismo y la nada, de la urna solo saldrá uno mismo. Cualquier cosa es más que cero. ¿Es el destino de mi pueblo fluctuar constantemente entre el Shah y el Mulá, oscilando como un péndulo del abrazo de uno al refugio en el otro? Jomeini bajando del avión chárter de Air France a su llegada a Teherán. Miro a mis países vecinos: Afganistán con sus talibanes, Pakistán con su bomba atómica, India con su corrupción, Irak con sus golpes de Estado y dictadores, la Siria del ISIS y las matanzas de kurdos y armenios en Turquía. ¿Realmente tiene Irán el potencial y la capacidad de escapar de su destino geopolítico? En los equilibrios de poder, ¿qué tipo de Irán toleran los países vecinos? A veces vestimos al Shah con la Farrah-e Izadi (gloria divina). Luego nos revolucionamos y bajamos esa gloria divina sobre el turbante del clérigo. Y ahora, vuelvo a empezar... Tengo 54 años; viví siete años bajo el sistema monárquico y 47 largos años bajo el sistema de los clérigos. Sin duda, odio el sistema teocrático de la República Islámica. Como adolescente, fui detenida muchas veces por no llevar el hiyab, lloré y firmé compromisos. Mis amigos fueron detenidos y azotados por beber alcohol. Fui detenida por caminar por la calle con un novio. Nuestra generación ha luchado por los mínimos de una vida normal. 47 años de lucha del pueblo contra la teocracia, contra un gobierno que ha sentado la mano de Dios en el trono del poder y que avanza sin frenos. Quiere la bomba atómica. Alimenta a fuerzas afines en la región. Incluso parte de la izquierda europea ya está confundida... Si Israel es malo, Irán es bueno. Entonces, ¿los iraníes que quieren a Israel son malos? ¿El amigo de mi enemigo es mi amigo? ¿O el enemigo de mi amigo es mi enemigo? Tenía nueve años cuando la directora de la escuela vino a la clase y ordenó que todas usaran hiyab porque un fotógrafo quería tomarnos una foto. Yo no tenía pañuelo; me senté e intenté hacerme pequeña, pequeña e invisible, para que nadie se diera cuenta de que yo era la única sin hiyab entre esas 40 personas. De milagro, me volví invisible. Mi padre enmarcó aquella foto como señal de que su hija era una “luchadora” y la puso sobre su escritorio. Ojalá esta generación, que hace cualquier cosa por sobrevivir, recuerde que debe ser exigente. Debe reclamar su parte del poder. Ojalá estos 47 años sean una luz en su camino y no la hayan vuelto tan estúpida y abyecta como para poner el pájaro de la fortuna sobre los hombros del Shah y del Mulá. El poder está sobre los hombros de los hombres y mujeres que reclaman el derecho a una vida normal Un mes después, fui reprendida por llevar el libro La pequeña estrella roja en mi mochila. Mi padre se rio a carcajadas y dijo: “Es culpa tuya, te dije que era peligroso”. Tenía razón. Era mi culpa. Había visto a mi padre y a mis tíos llevar sacos y sacos de libros a las afueras de Teherán para quemarlos. Las bibliotecas de todos adelgazaban y adelgazaban. Papá dijo que no vendría a la escuela a interceder por mí. Lloré. Mi padre dijo que si ese libro era tan bueno que quería compartirlo con mis amigos, debería ser capaz de defenderlo. La historia del libro —que más tarde supe que era el relato de Mazdak [histórico sacerdote reformista del siglo VI]— trataba de un niño que nacía con una pequeña estrella roja en la frente. Para su mala suerte, en ese mismo momento, el intérprete de sueños del Rey decía que el niño que naciese con una estrella roja en la frente llevaría al Rey a la destrucción. Los soldados buscan, encuentran al niño y lo matan, pero cada vez que matan a un niño, nacen otros 10 con una pequeña estrella roja en la frente. Intenté explicar a la maestra, al prefecto y a la directora por qué ese era un buen libro. No recuerdo qué dije; en cualquier caso, dijera lo que dijese o por mucho que llorara, no sirvió de nada. No quería ser expulsada. Yo no era una luchadora; los luchadores no lloran. Finalmente, mi madre vino a mi rescate. Mi madre tenía un aspecto taghouti [estilo de vida, moda y cultura asociados con la clase alta y la élite occidentalizada durante el reinado del Shah] y alegó que la niña no tenía juicio y que había cometido un error, y el asunto se zanjó. El aspecto taghouti de mi madre me salvó; no encajaba con la Pequeña estrella roja . Si una madre con zapatillas chinas y un abrigo azul marino hubiera venido a interceder por mí, o un padre con bigotes estalinistas, habría estado perdida. Ya ven, aquí también el clérigo y el Shah eran más inofensivos juntos. Sinceramente, una se pregunta: ¿cómo es posible? Si mi parte de esta revolución fue también solo aquel mes y 20 días, más adelante podré afirmar que en mis 54 años de vida he probado el sabor de la libertad dos veces. Tres meses y 10 días de libertad en 54 años de vida; he sido libre menos de una centésima parte de mi vida. Pero se puede tener esperanza. Tres meses y 10 días es el tiempo en que el embrión se convierte en feto. Quizás este feto de tres meses pueda crecer y algún día ser un niño pequeño. Quizás esta vez la gente sea más inteligente que la anterior. La gente que ahora hace la revolución está instruida. Todos en Irán tienen una licenciatura. Créanme. Manifestación por las víctimas de las protestas en Irán, el 20 de enero de 2026 en Florencia, Italia. Una vez, hace 10 años, pedí a una empresa que enviara a una señora para ayudarme con las tareas del hogar. Vino una chica llamada Mahtab; miró los libros y preguntó: “¿Eres escritora o traductora?”. Me quedé atónita. ¿Por qué no podría ser otra cosa?. Dijo: “Solo los escritores y traductores tienen tantos libros”. Cuando quise ayudarla a limpiar la casa, me lanzó una mirada condescendiente y dijo: “Mira, tengo una licenciatura en Comercio, pero como mi madre está postrada y tengo que pagarle a mi hermano para que la cuide, he venido a trabajar de obrera. Llevo 10 años en esto y conozco mi oficio. Tú ve a sentarte en tu habitación y trabaja; nosotros no pagamos impuestos para que vosotros andéis de vagos”. Desde aquel día, Mahtab tomó el control de la casa. La limpieza era su especialidad y nosotros, con una visión tecnocrática, le entregamos la casa. Mahtab leía mis relatos y a veces me reñía: “Escribe sobre la vida real”. A veces la obligaba a contarme sus historias. Con una risa decía: “A mi hermano lo despidieron de la empresa; no se lleva bien con mi otro hermano que cuida a mi madre. La semana pasada se pelearon. Mi hermano amenazó con que cuando yo salga de casa, entregará a mi madre a un asilo estatal, a la casa de beneficencia. Lo hace para fastidiarme, para que yo no pueda trabajar”. ¿Pero qué dijo su madre? “No temas, Mahtab. Si quiere entregarme a la beneficencia, tendrá que cargar conmigo; mis manos agarrarán su cuello cuando me saque. Allí mismo, en lo alto de las escaleras, soltaré las manos para caer y morir. Descuida, no puede entregarme a la beneficencia; me lanzaré desde sus hombros y moriré”. Y ella se había reído, y Mahtab se había reído, y yo también me había reído. Me imagino a mí misma como una anciana postrada y, cuando mi hijo quiera llevarme a la beneficencia, reírme a carcajadas y decir: “Lleven mi cadáver a la beneficencia; no pueden enterrarme viva. No lo permitiré”. Y vuelvo a reír a carcajadas. Tenía nueve años cuando la directora de la escuela vino a la clase y ordenó que todas usaran hiyab porque un fotógrafo quería tomarnos una foto. Yo no tenía pañuelo; me senté e intenté hacerme invisible para que nadie se diera cuenta de que era la única sin hiyab entre esas 40 personas. Mi padre enmarcó aquella foto como señal de que su hija era una "luchadora" y la puso sobre su escritorio Crecí en los años del terror y el espanto, los años de la inquisición. No deseo en absoluto que mi país caiga de nuevo en manos de personas así. Supongamos que han cambiado el turbante por la corona. Tenía 10 años cuando aprobé el examen académico para la escuela de niños superdotados. También debíamos hacer un examen ideológico y luego una entrevista oral. La noche antes de la entrevista, intenté memorizar el nombre de dos o tres mulás y algunos libros islámicos; mi padre me pilló y dijo: “Sé tú misma”. Al día siguiente, en la entrevista, no dejaba de repetir las palabras de mi padre. En respuesta a la pregunta “¿Qué libros leen tus padres?”, atribuí la palabra Towzih al-Masa'el [título de una obra teológica de Jomeini], que acababa de aprender, a los nombres de todos los clérigos cuyos nombres oía a diario en la televisión e inventé un montón de libros de ficción. Pero cuando me preguntaron: “Si supieras que tus padres son opositores contra el gobierno, ¿los delatarías o no?”, realmente me bloqueé. Es una pregunta pavorosa para una niña de 10 años: tus padres frente a una escuela mejor. Creo que el impacto de esta pregunta fue tan grande que ni siquiera recuerdo qué respuesta di. Desde aquel día, la semilla de un traidor se plantó en mi ser. Incluso pensar en la posibilidad de acceder a una mejor educación a cambio de delatar a tu familia y pensar en la posibilidad de tu propia traición a tus padres... No. Bueno, nunca fui admitida en aquella escuela. Quizás de mi rechazo pueda concluir que miré a los ojos de los interrogadores y dije: “No... nunca”. O incluso: “No tienen derecho a hacerle esta pregunta a una niña de 10 años; esto es una violación del alma infantil”. No sé qué dije. Ciertamente, a mi mente no se le habrían ocurrido tales cosas. En aquel momento, ¿recordaba las palabras de mi padre? ¿Era “yo misma”? ¿Quién era “yo misma”? Yo, que no puedo recordar qué respuesta di. Quizá por la intensa vergüenza mi memoria ha decidido borrar esa parte oscura de mi alma para que nunca recuerde si “yo misma” era delatora y ambiciosa o compasiva y perdedora. Después de aquel momento, mi alma se dividió en dos: la niña que por amor a sus padres renunció a la escuela de superdotados y dijo “nunca”, y la otra niña que vendió su alma y dijo “por supuesto”. Sea cual sea de estas dos personas, al menos he considerado estas dos posibilidades. ¿Una educación extraordinaria con un alma diabólica, o una escuela común con un alma luchadora? ¿Qué más da? No sé qué tipo de enfermedades diagnosticaría en mí un psiquiatra infantil. Quizás hallaría en mí todas las enfermedades mentales posibles en un sistema fascista. Bueno, mi parte de esta revolución —además de aquel feto de tres meses y diez días que espero que crezca— es quizás los años negros de la inquisición. Que no se nos olvide, que se grabe en nuestra frente. Ojalá esta generación, que hace cualquier cosa por sobrevivir, recuerde que debe ser exigente. Debe reclamar su parte del poder. Ojalá estos 47 años sean una luz en su camino, y no la hayan vuelto tan estúpida y abyecta como para poner el homay-e Sa'adat [pájaro de la fortuna, un símbolo mitológico de prosperidad] sobre los hombros del Shah y del Mulá. El pájaro de la fortuna está sobre los hombros de los hombres y mujeres que reclaman el derecho a una vida normal. Escritora, crítica literaria y guionista iraní, considerada una de las voces más destacadas de la tercera generación de la ficción de su país. Sus obras se caracterizan por una mezcla entre ficción y crítica social, con un enfoque específico sobre las cuestiones de género, las crisis sociales, y los retos de la comunidad queer y de las nuevas generaciones en la sociedad iraní contemporánea. Entre sus obras destacan Don’t Worry (The Feminist Press at CUNY, 2021, también titulada In Case of Emergency). También es autora del relato Lovemaking in the Footness (Hanging Loose Press, 2020), galardonado con el premio literario Houshang Golshiri, y las novelas Tehran Girl (Bompiani, 2020) y Téhéran Trip (La Croisée, 2023). A causa del carácter crítico de sus obras, Mohebali ha estado sometida a presión y vigilancia por parte de las fuerzas de seguridad iranís, que han prohibido la publicación o reedición de sus textos. Desde 2025 reside en Cataluña con el apoyo de la red Artists at Risk.

Santaolalla y por qué los trenes ya no cuelgan carteles de "prohibido escupir"

Santaolalla y por qué los trenes ya no cuelgan carteles de "prohibido escupir"

Cualquier figura pública está sometida a la crítica, pero cuando para rebatir a una mujer joven se recurre a comentarios sobre su físico, eso tiene un nombre: machismo. Igual que es racismo protestar contra Vinicius aludiendo al color de su piel. Habíamos asumido que era necesario avisar en los estadios, lo que es más raro es tener que hacerlo en platós de televisión Ataque machista de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla desde 'El Hormiguero': “¿La mitad tonta y la mitad tetas?” Pablo Motos: Pero he estado viendo la tele y he puesto Cuatro y he oído a una tertuliana después de estas declaraciones decir que Felipe Gónzález era un traidor. Juan Del Val: Sí, lo dice bastante gente, Felipe Gónzález... Rosa Belmonte: ¿Esa que es mitad tonta, mitad tetas? Pablo Motos: No me acuerdo. Rosa Belmonte: Es una frase de la serie La maravillosa señora Maisel. Silencio, risas incómodas, en el plató de El Hormiguero. (De toda la mesa, también de las hormigas). Nadie la corrigió. Hubo más risas nerviosas y lo más que acertó a decir otro de los tertulianos, Rubén Amón, fue: “Rosa, sabes que se va a viralizar, ¿no?”. Todo en prime time, en la mesa de ¿debate? de El Hormiguero este martes. La buena noticia es que no eructó nadie. Al menos no literalmente. La mala es que el comentario, con semejante aroma a brandy, carajillo, manchas de grasa y palillos de sobremesa, tratase de disfrazarse con un supuesto halo cultural. “Que es una frase de la serie 'La Maravillosa señora Maisel'”. Así que lo de la tonta de las tetas, para referirse a otra compañera de tertulias, no sería tanto un exabrupto, sino casi información de servicio para consumidores de series minoritarias. ( Está en Amazon Prime , por cierto, y va de una mujer de mediana edad que tras separarse se descubre, ella y el mundo que la rodea, su talento para la comedia y se hace monologuista). Dejemos a la señora Maisel tranquila y volvamos a lo de El Hormiguero. Podría ser una anécdota más si no fuera porque Sarah Santaolalla, analista y tertuliana en varios programas de televisión, de la 1 y también de Cuatro, lleva semanas recibiendo amenazas, persecuciones de ultras por la calle y ataques organizados en redes. Que nadie crea que es casualidad. Forma parte de una estrategia muy estudiada que busca interacciones en redes para elevar el ruido. Nada nuevo, bajo el sol de X y Tik Tok. Vamos ahora con las obviedades: Santaolalla, que ha multiplicado su presencia en los platós durante los últimos meses y suele defender posiciones de izquierdas y proferir algunas sentencias polémicas (como todos los tertulianos que acumulan horas y más horas de platós), debe estar, como todas las figuras públicas, sometida a la crítica. Solo faltaría. En todo este tiempo en distintas televisiones ha realizado afirmaciones dudosas, algunas fáciles de rebatir, junto a otras que son irrefutables. Lo sepan o no en El Hormiguero, que Felipe González ha traicionado a su partido lo piensa un porcentaje bastante alto de la militancia socialista. Pero no viene de ahora, viene, como casi todo en el PSOE, de 2016 y de aquella ruptura traumática, cuando el oficialismo del partido decidió abstenerse y permitir la investidura de Mariano Rajoy. La organización se partió en dos y el final de la historia es conocido: venció con un porcentaje amplio Pedro Sánchez, que había encabezado el no a Rajoy, y que volvió a convertirse en secretario general contra las maniobras de todo el aparato y después en presidente del Gobierno. Es desde aquella época, hace ya diez años, cuando Felipe González pasó a convertirse en un traidor para muchos compañeros de partido. Sus apariciones de los última etapa junto a su otrora archienemigo José María Aznar, y los ataques continuos a la dirección del PSOE, que contrastan con sus tibias alusiones a la extrema derecha, no han contribuido a apaciguar a esas bases que se desencantaron con él hace una década, o incluso antes, con los gravísimos casos de corrupción que sacudieron a sus gobiernos. Terrorismo de Estado, incluido. Pero nada de lo anterior impide que se pueda confrontar sobre eso o sobre cualquier otra cosa con Santaolalla e incluso atacar sus argumentos con la misma beligerancia con que ella los defiende. Sucede que si para rebatir a Santaolalla, o a cualquier otra mujer (si es joven, mejor), alguien tiene que aludir a su cuerpo, eso es machismo. Pasó lo mismo con Vinicius, el delantero del Real Madrid. Cabe opinar que es individualista, que se tira demasiado, que provoca a las aficiones y jugadores rivales o pensar que es todo lo contrario y merece el balón de oro. Cuando desde el fondo de un estadio hordas enteras de ultras deciden llamarle negro o simular el ruido del mono, eso es racismo. Hasta ahora entraba dentro de lo previsible que hubiera que hacérselo ver a los fondos de los campos de fútbol: para eso se colocaban advertencias en los videomarcadores y se lanzaban alertas por megafonía. En los casos más graves se han suspendido partidos. (Pocos). Lo que resulta más llamativo es que haya que recordárselo a figuras públicas que gozan de formidables audiencias en privilegiados espacios de radio, televisión y prensa. Comunicadores a a quienes se suponía una mínima responsabilidad. O al menos educación. En este sentido, es ilustrativo que nadie en la mesa de El Hormiguero se atreviera a advertir que la frase de las tetas y la tonta no es el camino. Ilustrativo, pero nada casual. Muchos analistas, algún tratado de comunicación y el anuncio navideño de Campofrío llaman a esto “polarización”. Definen así el espacio de debate donde agitadores ultras de derechas se permiten amenazar incluso físicamente a periodistas y políticos sin ninguna consecuencia más que multiplicar su número de seguidores, mientras humoristas de izquierdas que hacen parodia de un programa de televisión tienen que abandonar las redes y sus espacios . Si es polarización, el campo está clamorosamente inclinado hacia la derecha: no se ve a agitadores de izquierdas persiguiendo por la calle entre empujones y bronca continua a políticos conservadores o ultras ni a comunicadores de su cuerda. La extrema derecha, sí. Con acreditación en el Congreso de los Diputados. Y fuera. A ministros, diputados, políticos rasos e incluso a periodistas. Todo para generar contenido, gasolina para prender las redes. Analistas que intentaron pronosticar que los nuevos canales de comunicación acabarían civilizándose con el paso del tiempo se han dado de bruces con estudios que concluyen lo contrario: el odio es una mercancía muy rentable como para dejarla sin explotar. Los dueños de las plataformas lo saben y quienes diseñan los algoritmos lo potencian mientras silencian opiniones más moderadas. Y el contagio está ya en los medios de comunicación, aunque algunos ya traían lo suyo de casa mucho antes de que se soñase la primera red social. Decía Iñaki Gabilondo hace años al hilo de la deriva de alguna prensa que hubo un momento en que los trenes dejaron de llevar carteles de “prohibido escupir en el suelo” no porque ya se pudiera escupir, sino porque todo el mundo había aprendido a no hacerlo. No descartemos que llegue un día en que haya que recuperar aquellos carteles. En los trenes. Y también en algunos platós. Post Data: 20 horas después de finalizar el programa y tras centenares de reproches sobre su comentario en las redes, Rosa Belmonte emitió una especie de disculpa en su cuenta de X bajo la socorrida fórmula: “a quien haya molestado”. Calificó de “inconveniente” su comentario y subrayó que su intención -cuando llamó “mitad tonta, mitad tetas” a Santaolalla- no era ofender ni molestar a nadie. Este es su mensaje completo: “Pido sinceras disculpas por mi inconveniente comentario en ‘El Hormiguero’. Fue espontáneo, nadie sabía lo que iba a decir, ni yo misma cinco segundos antes. Pido perdón a quien haya ofendido, a quien haya molestado y a quien haya afectado, sobre todo porque no era mi intención”. En el inicio del programa del miércoles, también Pablo Motos pidió perdón por “un comentario desafortunado que hizo ayer Rosa Belmonte en la tertulia”. “A veces, pasa”, dijo el presentador, “que con la velocidad del directo a la vez que estás diciendo algo estás pensando no deberías haberlo dicho. Pero eso no quita que metimos la pata y como no es el estilo de Rosa ni del programa, queremos pedir nuestras más sinceras disculpas, gracias por entendernos y nos esforzaremos para que no vuelva a suceder”. Aplausos de fondo.

José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto”

José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto”

El director de obras maestras como 'Innisfree' o 'En construcción' regresa para captar con humanismo y complejidad una comunidad en los márgenes en 'Historias del buen valle' Alice Rohrwacher, cineasta: “Hacer una película con dinero público es un orgullo y una responsabilidad” José Luis Guerín habla con calma. Despacio. Piensa sus respuestas. Hay algo en su forma de hablar que parece que se vincula con su cine. Un cine que se toma su tiempo. Que en un momento donde corren las prisas, donde todo es fórmula y algoritmo, se toma la molestia de mirar sin prejuicios. De pararse y reposar cada plano, cada frase. Que deja espacio para que el espectador se emocione y piense. No es una novedad. Su cine siempre ha sido así. Y por eso, mientras que casi todas las películas que llegan cada fin de semana se olvidan en un santiamén, las suyas permanecen en el recuerdo, crecen y se reivindican. Solo hay que volver a ver algunas de sus obras maestras como Innisfree y En construcción , que habló de la gentrificación en los barrios hace 25 años, cuando la palabra casi ni existía. Dos películas que parecen las precuelas espirituales de su nuevo filme, Historias del buen valle —por la que ganó el Premio Especial del Jurado en San Sebastián —, donde pone su mirada en otra comunidad en los márgenes, el barrio de Vallbona, para sacar la dignidad de una comunidad amenazada por los procesos urbanísticos que destrozan las ciudades. ¿Cuándo es la primera vez que descubrió Vallbona?, ¿hay algo instintivo cuando ve a una persona o un sitio que le hace sentir que quiere captarles con su cámara? En todas partes hay algo. Yo no establezco ninguna diferencia entre aquellas películas que han partido de una fantasía inicial mía o si me han propuesto hacer algo. Porque lo único importante es si te implicas o no te implicas. Cuando me hacen una propuesta para hacer algo, deben garantizarme que puedo hacer lo que me dé la gana en cuanto a libertad de mirada. No hay temas buenos y temas malos, sino que todo es una cuestión de perspectiva, de mirada, para encontrar dónde está lo revelador. Incluso cuando visito lugares que diría que me desagradan, tiendo a pensar que el problema no es del lugar, sino que es mío, porque no le he dedicado el tiempo para mirarlo. En ese sentido, las primeras visitas a Vallbona fueron un poco desalentadoras, pues es un espacio que a primeras yo creo que resulta muy inhóspito, sin espacio, sin vida en el espacio público. Era lo más opuesto al barrio En construcción , donde todas las historias y personajes estaban muy a la vista, a pie de calle. Aquí había que hacer otro tipo de trabajo mucho más introspectivo para ir encontrando las formas de mirar a través de los personajes que querían colaborar con nosotros. Suele decir que el cine suele estar demasiado vinculado a la importancia del tema del que habla la película. En eso a veces discuto mucho con cineastas jóvenes, con estudiantes, cuando tengo mis pinitos en la docencia. Porque casi que lo proyectan todo en la importancia de un tema. Hay muchas películas que hablan de lo que conocen, de la proximidad. Ahora está muy de moda esa introspección hacia lo propio y hacia el entorno más inmediato, que no me parece nada mal, pero corre el riesgo de hacer del cine algo muy endogámico. Eso es algo también que está en la sociedad en general. El problema del ombliguismo, del narcisismo. A veces incluso te acusan de si quieres ponerte en relación con otras realidades que no son la tuya. Curiosamente eso lo menciona Lucrecia Martel en una de las charlas que se han recogido en su último libro : que no hay que tener miedo a que te digan que es apropiación cultural, porque si uno se acerca de una forma honesta, eso no pasa. Claro, es que entiendo sobre todo el cine como una forma de tender puentes. Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata. Es un fenómeno también reciente el de indagar en el entorno más próximo y ha dado cosas extraordinarias. También el cine en primera persona, por ejemplo, que es algo que conoce su eclosión con la cultura digital, sobre todo con la proliferación de cámaras y equipos muy ligeros. Antes era muy difícil. Jonas Mekas fue uno de los pioneros en eso, Chantal Akerman también. Y ahora constato cuando estoy en algunos talleres de cine documental que es lo que mayoritariamente atrae a los jóvenes. ¿Puede que sea también por la precariedad del cine, que sea más fácil rodar con poco dinero algo pequeño y que esté cerca? Sí. Es interesante lo que planteas. Seguro que sí. Y hay algo muy bueno en la democratización de la tecnología. En principio es algo muy bueno, pero comporta inevitablemente una vulgarización también. Pasa en cualquier medio. Pero, en la medida en que se democratizan más los medios, hemos de imponer un plus de disciplina formal, de tensar la escritura para devolver una cierta gravedad, una cierta fuerza a nuestras imágenes, porque si no, todo acaba en el vertedero de YouTube. Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata José Luis Guerín — Cineasta La importancia de las formas es algo que siempre dice Jonás Trueba —productor de Historias del buen valle —, que es tan político lo que dice la película como la forma en la que se hace. Absolutamente. Es así. No solo ahora, sino que yo siempre lo he pensado así. Es la manera de mirar y de tratar al espectador. Y cómo te relacionas con él. Pensar la película bien creo que es también una consideración de respeto hacia el espectador al que te diriges. Todo lo contrario a las redes sociales, donde hay gente que pone emoticonos de vómitos según se levanta por la mañana o insultos. Mensajes sin ninguna elaboración. En la medida en que piensas en las formas, en la forma entendida no como ornamento sino como el vehículo para comunicar los sentimientos y las ideas, eso es lo que visibiliza tu relación con el mundo. Yo veo películas a veces con un carácter o una voluntad muy social, pero que firman al otro como si fuera… No sé. A mí me importa que la calidad de sonido con la que habla un personaje de mi barrio tenga la misma calidad que si fuera Marlon Brando. También el cómo relacionas a esa persona que filmas con el espectador. Y vuelvo a las redes, porque cuando tengo algunas dudas pienso, ¿qué harían las redes? Y yo hago lo opuesto. Digamos que en las redes se alimentan de un esquematismo atroz donde un ser humano queda reducido a una única categoría: maricón, 'indepe', machista… Frente a eso, el cine debe restablecer la complejidad de lo real. ¿Qué le parece la etiqueta de cine social? Es una etiqueta que me preocupa porque tantas veces lo que denominamos cine social es un cine donde la realidad queda completamente limada para ilustrar un discurso, donde lo discursivo prevalece sobre lo real y la realidad se simplifica hasta tal punto que no la reconoces. La realidad tiene complejidades, contradicciones, zonas de ambigüedad. Entonces, cuando se instrumentaliza eso como simple ilustración obvia para un discurso, me parece que estamos faltando al respeto al espectador y lo estamos tratando de bobo. Eso es política también. Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue. Fotograma de 'Historias del buen valle' Ha mencionado que no piensa en el tema previamente, pero pienso en Historias del buen valle e imagino que el tema en algún momento se revela. Sí. Tengo claro que el tema es el barrio. Al elegir a mis personajes no solo estoy valorando la cualidad individual de cada uno de ellos, sino la significación que tienen en la morfología humana de ese barrio. Que esté presente desde la payesía catalana, la emigración andaluza, la nueva emigración global de Latinoamérica, la que llega por motivos como la contienda rusa ucraniana… Que esté presente también el desahucio. A ese barrio llegan desahuciados, jóvenes que no pueden pagar el alquiler. Es decir, que todos estos distintos estratos representen y den una mirada justa del barrio. Caben muchísimos temas, pero siempre delimitados o cohesionados por esa geografía que es un valle que en algún momento fue percibido como bueno. Muchos ven un hilo entre En construcción e Historias del buen valle por cómo las políticas urbanísticas afectan a las relaciones. ¿Entiende que la gente establezca ese vínculo? Lo entiendo muy bien. Me sorprendió advertir una relación casi causa-efecto entre las dos películas, porque en En construcción asistíamos a la construcción de un edificio y eso implicaba la destrucción de los viejos edificios de vecinos que fueron desalojados. ¿Y adónde fueron a parar esos vecinos desalojados? Pues a la periferia, y hay algún personaje en Vallbona que había conocido filmando En construcción. Como en casi todas las ciudades europeas, la vida popular se va desplazando hacia los barrios periféricos. El centro queda ocupado por las franquicias comerciales, los turistas, y es muy difícil encontrar el gusto por la vida cotidiana popular. Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue José Luis Guerín — Cineasta En construcción podría haberse rodado ayer… ¿Se mantiene bien? Muy bien… Yo me preguntaba, por ejemplo… en En construcción una cosa que pasaba mucho es que la gente se encuentra en la calle y habla con los vecinos. Yo me pregunto si eso sería posible hoy en día en ese barrio. Esa idea de vecinos que se reúnen y charlan en el espacio público, que es algo tan natural, pues es más raro de encontrar en los bares donde ponen las palabras lunch , brunch, café, mojitos o en los Starbucks Coffee. Ha mencionado antes que no hay temas malos, sino que depende de la mirada, y me da curiosidad. Si llega una plataforma como Netflix y le da libertad absoluta para mantener esa mirada y en el tema que quiera, ¿qué haría?, ¿tiene alguna línea roja? No me lo creería. Sería una línea roja de confianza. Me he encontrado con ese problema. Quizás es feo decirlo, me propusieron un documental sobre una casa de cuidados paliativos donde me daban toda la libertad, pero patrocinado por ellos, por una investigación para cuidados paliativos y por un banco. Sé que mienten, que no tendré la libertad que necesito para hacerlo, así que mejor decir que no y te evitas problemas. También me propusieron un documental sobre el PSUC, por el que tengo todas las simpatías. Pero por mucho afecto y respeto que le tengo, yo no estoy hecho para hacer vidas de santos. Sería triste decepcionarles. Entonces esas cosas las evitas.

José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto”

José Luis Guerín: “Cuando tengo alguna duda como director pienso qué harían las redes sociales y hago lo opuesto”

El director de obras maestras como 'Innisfree' o 'En construcción' regresa para captar con humanismo y complejidad una comunidad en los márgenes en 'Historias del buen valle' Alice Rohrwacher, cineasta: “Hacer una película con dinero público es un orgullo y una responsabilidad” José Luis Guerín habla con calma. Despacio. Piensa sus respuestas. Hay algo en su forma de hablar que parece que se vincula con su cine. Un cine que se toma su tiempo. Que en un momento donde corren las prisas, donde todo es fórmula y algoritmo, se toma la molestia de mirar sin prejuicios. De pararse y reposar cada plano, cada frase. Que deja espacio para que el espectador se emocione y piense. No es una novedad. Su cine siempre ha sido así. Y por eso, mientras que casi todas las películas que llegan cada fin de semana se olvidan en un santiamén, las suyas permanecen en el recuerdo, crecen y se reivindican. Solo hay que volver a ver algunas de sus obras maestras como Innisfree y En construcción , que habló de la gentrificación en los barrios hace 25 años, cuando la palabra casi ni existía. Dos películas que parecen las precuelas espirituales de su nuevo filme, Historias del buen valle —por la que ganó el Premio Especial del Jurado en San Sebastián —, donde pone su mirada en otra comunidad en los márgenes, el barrio de Vallbona, para sacar la dignidad de una comunidad amenazada por los procesos urbanísticos que destrozan las ciudades. ¿Cuándo es la primera vez que descubrió Vallbona?, ¿hay algo instintivo cuando ve a una persona o un sitio que le hace sentir que quiere captarles con su cámara? En todas partes hay algo. Yo no establezco ninguna diferencia entre aquellas películas que han partido de una fantasía inicial mía o si me han propuesto hacer algo. Porque lo único importante es si te implicas o no te implicas. Cuando me hacen una propuesta para hacer algo, deben garantizarme que puedo hacer lo que me dé la gana en cuanto a libertad de mirada. No hay temas buenos y temas malos, sino que todo es una cuestión de perspectiva, de mirada, para encontrar dónde está lo revelador. Incluso cuando visito lugares que diría que me desagradan, tiendo a pensar que el problema no es del lugar, sino que es mío, porque no le he dedicado el tiempo para mirarlo. En ese sentido, las primeras visitas a Vallbona fueron un poco desalentadoras, pues es un espacio que a primeras yo creo que resulta muy inhóspito, sin espacio, sin vida en el espacio público. Era lo más opuesto al barrio En construcción , donde todas las historias y personajes estaban muy a la vista, a pie de calle. Aquí había que hacer otro tipo de trabajo mucho más introspectivo para ir encontrando las formas de mirar a través de los personajes que querían colaborar con nosotros. Suele decir que el cine suele estar demasiado vinculado a la importancia del tema del que habla la película. En eso a veces discuto mucho con cineastas jóvenes, con estudiantes, cuando tengo mis pinitos en la docencia. Porque casi que lo proyectan todo en la importancia de un tema. Hay muchas películas que hablan de lo que conocen, de la proximidad. Ahora está muy de moda esa introspección hacia lo propio y hacia el entorno más inmediato, que no me parece nada mal, pero corre el riesgo de hacer del cine algo muy endogámico. Eso es algo también que está en la sociedad en general. El problema del ombliguismo, del narcisismo. A veces incluso te acusan de si quieres ponerte en relación con otras realidades que no son la tuya. Curiosamente eso lo menciona Lucrecia Martel en una de las charlas que se han recogido en su último libro : que no hay que tener miedo a que te digan que es apropiación cultural, porque si uno se acerca de una forma honesta, eso no pasa. Claro, es que entiendo sobre todo el cine como una forma de tender puentes. Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata. Es un fenómeno también reciente el de indagar en el entorno más próximo y ha dado cosas extraordinarias. También el cine en primera persona, por ejemplo, que es algo que conoce su eclosión con la cultura digital, sobre todo con la proliferación de cámaras y equipos muy ligeros. Antes era muy difícil. Jonas Mekas fue uno de los pioneros en eso, Chantal Akerman también. Y ahora constato cuando estoy en algunos talleres de cine documental que es lo que mayoritariamente atrae a los jóvenes. ¿Puede que sea también por la precariedad del cine, que sea más fácil rodar con poco dinero algo pequeño y que esté cerca? Sí. Es interesante lo que planteas. Seguro que sí. Y hay algo muy bueno en la democratización de la tecnología. En principio es algo muy bueno, pero comporta inevitablemente una vulgarización también. Pasa en cualquier medio. Pero, en la medida en que se democratizan más los medios, hemos de imponer un plus de disciplina formal, de tensar la escritura para devolver una cierta gravedad, una cierta fuerza a nuestras imágenes, porque si no, todo acaba en el vertedero de YouTube. Imagínate lo triste que sería la historia del cine si cada cineasta se limitara a filmar su entorno inmediato y su realidad inmediata José Luis Guerín — Cineasta La importancia de las formas es algo que siempre dice Jonás Trueba —productor de Historias del buen valle —, que es tan político lo que dice la película como la forma en la que se hace. Absolutamente. Es así. No solo ahora, sino que yo siempre lo he pensado así. Es la manera de mirar y de tratar al espectador. Y cómo te relacionas con él. Pensar la película bien creo que es también una consideración de respeto hacia el espectador al que te diriges. Todo lo contrario a las redes sociales, donde hay gente que pone emoticonos de vómitos según se levanta por la mañana o insultos. Mensajes sin ninguna elaboración. En la medida en que piensas en las formas, en la forma entendida no como ornamento sino como el vehículo para comunicar los sentimientos y las ideas, eso es lo que visibiliza tu relación con el mundo. Yo veo películas a veces con un carácter o una voluntad muy social, pero que firman al otro como si fuera… No sé. A mí me importa que la calidad de sonido con la que habla un personaje de mi barrio tenga la misma calidad que si fuera Marlon Brando. También el cómo relacionas a esa persona que filmas con el espectador. Y vuelvo a las redes, porque cuando tengo algunas dudas pienso, ¿qué harían las redes? Y yo hago lo opuesto. Digamos que en las redes se alimentan de un esquematismo atroz donde un ser humano queda reducido a una única categoría: maricón, 'indepe', machista… Frente a eso, el cine debe restablecer la complejidad de lo real. ¿Qué le parece la etiqueta de cine social? Es una etiqueta que me preocupa porque tantas veces lo que denominamos cine social es un cine donde la realidad queda completamente limada para ilustrar un discurso, donde lo discursivo prevalece sobre lo real y la realidad se simplifica hasta tal punto que no la reconoces. La realidad tiene complejidades, contradicciones, zonas de ambigüedad. Entonces, cuando se instrumentaliza eso como simple ilustración obvia para un discurso, me parece que estamos faltando al respeto al espectador y lo estamos tratando de bobo. Eso es política también. Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue. Fotograma de 'Historias del buen valle' Ha mencionado que no piensa en el tema previamente, pero pienso en Historias del buen valle e imagino que el tema en algún momento se revela. Sí. Tengo claro que el tema es el barrio. Al elegir a mis personajes no solo estoy valorando la cualidad individual de cada uno de ellos, sino la significación que tienen en la morfología humana de ese barrio. Que esté presente desde la payesía catalana, la emigración andaluza, la nueva emigración global de Latinoamérica, la que llega por motivos como la contienda rusa ucraniana… Que esté presente también el desahucio. A ese barrio llegan desahuciados, jóvenes que no pueden pagar el alquiler. Es decir, que todos estos distintos estratos representen y den una mirada justa del barrio. Caben muchísimos temas, pero siempre delimitados o cohesionados por esa geografía que es un valle que en algún momento fue percibido como bueno. Muchos ven un hilo entre En construcción e Historias del buen valle por cómo las políticas urbanísticas afectan a las relaciones. ¿Entiende que la gente establezca ese vínculo? Lo entiendo muy bien. Me sorprendió advertir una relación casi causa-efecto entre las dos películas, porque en En construcción asistíamos a la construcción de un edificio y eso implicaba la destrucción de los viejos edificios de vecinos que fueron desalojados. ¿Y adónde fueron a parar esos vecinos desalojados? Pues a la periferia, y hay algún personaje en Vallbona que había conocido filmando En construcción. Como en casi todas las ciudades europeas, la vida popular se va desplazando hacia los barrios periféricos. El centro queda ocupado por las franquicias comerciales, los turistas, y es muy difícil encontrar el gusto por la vida cotidiana popular. Tratar al espectador de idiota, eso es política. Hay que tratar al espectador con una cierta madurez, dejarle que juzgue José Luis Guerín — Cineasta En construcción podría haberse rodado ayer… ¿Se mantiene bien? Muy bien… Yo me preguntaba, por ejemplo… en En construcción una cosa que pasaba mucho es que la gente se encuentra en la calle y habla con los vecinos. Yo me pregunto si eso sería posible hoy en día en ese barrio. Esa idea de vecinos que se reúnen y charlan en el espacio público, que es algo tan natural, pues es más raro de encontrar en los bares donde ponen las palabras lunch , brunch, café, mojitos o en los Starbucks Coffee. Ha mencionado antes que no hay temas malos, sino que depende de la mirada, y me da curiosidad. Si llega una plataforma como Netflix y le da libertad absoluta para mantener esa mirada y en el tema que quiera, ¿qué haría?, ¿tiene alguna línea roja? No me lo creería. Sería una línea roja de confianza. Me he encontrado con ese problema. Quizás es feo decirlo, me propusieron un documental sobre una casa de cuidados paliativos donde me daban toda la libertad, pero patrocinado por ellos, por una investigación para cuidados paliativos y por un banco. Sé que mienten, que no tendré la libertad que necesito para hacerlo, así que mejor decir que no y te evitas problemas. También me propusieron un documental sobre el PSUC, por el que tengo todas las simpatías. Pero por mucho afecto y respeto que le tengo, yo no estoy hecho para hacer vidas de santos. Sería triste decepcionarles. Entonces esas cosas las evitas.

Irán, entre la corona y el turbante: el momento en que fui revolucionaria y mis 47 años de lucha contra la teocracia

Irán, entre la corona y el turbante: el momento en que fui revolucionaria y mis 47 años de lucha contra la teocracia

La escritoria iraní Mahsa Mohebali rememora su experiencia infantil en la revolución islámica de 1979 y los ecos que proyecta en las protestas actuales, con el fondo de la dualidad histórica persa entre el poder monárquico y el religioso Entrevista - Hoda Afshar, artista: “La lucha de las mujeres iraníes va mucho más allá del hiyab” El 1 de abril de 1979 (12 de Farvardín de 1358, según el calendario iraní), exactamente un mes y 20 días después de la Revolución de Irán, fue el día en que me di cuenta de que mi parte de la revolución se había terminado, se había agotado. Tenía siete años y la sensación de la victoria de la revolución se entrelazaba con el cierre de las escuelas y el aroma de la primavera y los brotes; con mi falda plisada azul marino, sentía una sensación de liberación y bienestar. Insistía en que fuéramos a votar como los demás; me gustaba el “juego de la revolución”. —¿Te gustaría usar el chador (hijab)? —preguntó mi padre. — No... Bueno, entonces votaremos 'no' a la República Islámica —contesté. —¿Por qué solo República Islámica, sí o no? ¿Qué pasa con el resto de las ideologías? ¿Qué hay de aquellos que quieren una república secular o de las demás personas y sus creencias? —Mi padre dijo que este mismo tipo de referéndum demostraba que el funeral de la revolución ya se había oficiado— Nos robaron la revolución. Para mi mente de siete años era difícil entender cómo el ayatolá Jomeini, que hasta hacía solo dos meses era el líder de la revolución, se había convertido ahora en un “ladrón” y en objeto de odio para una parte de los revolucionarios. Desde aquel día, nuestra parte de la revolución terminó y se transformó en los insultos que mi padre y sus amigos lanzaban al televisor. Una vez, mi padre le arrojó una zapatilla y mi madre le dejó de hablar durante una semana. Yo intentaba comprender la relación entre la rabia de mi padre y lo que ocurría en la televisión, pero era difícil de entender. Cuando las personas se sentaban frente a la cámara y confesaban sus errores y su condición de espías, ¿qué era exactamente lo que enfurecía a mi padre? Finalmente, la voluntad de mi madre prevaleció y el televisor se apagó por completo. Estos días en que la gente mira al cielo esperando que los cazas estadounidenses o israelíes vengan en su ayuda, me pregunto: ¿cuál será el papel del pueblo en esta guerra y revolución sangrienta? ¿Otra vez Pahlavi, sí o no? Cuando mi padre regresaba del trabajo por las tardes, extendía el periódico en el suelo, se cortaba las uñas de las manos y los pies y leía todo el diario. Incluso las esquelas. Luego lo arrugaba y lo tiraba al cubo de la basura. Después se tomaba su pastilla para dormir y se refugiaba en el dormitorio; algunos días no salía de la cama para nada. Sus alumnos venían a casa y resolvían sus problemas en el dormitorio. En la década negra de los 80 (los años 60 en el calendario iraní), la nube negra del sueño y la muerte se apoderó de la casa. Comenzó la guerra entre Irán e Irak: la ansiedad de la muerte, hacer los deberes a la luz de las velas. Mi tío fue al frente y regresó sin las manos; mi tía fue encarcelada. Todo se volvió negro. Negro, negro, negro. Estos días en que veo a la gente gritar el nombre de Reza Pahlavi; estos días en que veo que todos dicen que la República Islámica debe irse y que cualquiera que venga será mejor; estos días en que la gente mira al cielo esperando que los cazas estadounidenses o israelíes vengan en su ayuda, me pregunto: ¿cuál será el papel del pueblo en esta guerra y revolución sangrienta? ¿Otra vez Pahlavi, sí o no? ¿Un mes y 20 días de nuestra parte de libertad? ¿Se repite la historia? ¿Reza Shah II, sí o no? Cuando la elección se reduce entre uno mismo y la nada, de la urna solo saldrá uno mismo. Cualquier cosa es más que cero. ¿Es el destino de mi pueblo fluctuar constantemente entre el Shah y el Mulá, oscilando como un péndulo del abrazo de uno al refugio en el otro? Jomeini bajando del avión chárter de Air France a su llegada a Teherán. Miro a mis países vecinos: Afganistán con sus talibanes, Pakistán con su bomba atómica, India con su corrupción, Irak con sus golpes de Estado y dictadores, la Siria del ISIS y las matanzas de kurdos y armenios en Turquía. ¿Realmente tiene Irán el potencial y la capacidad de escapar de su destino geopolítico? En los equilibrios de poder, ¿qué tipo de Irán toleran los países vecinos? A veces vestimos al Shah con la Farrah-e Izadi (gloria divina). Luego nos revolucionamos y bajamos esa gloria divina sobre el turbante del clérigo. Y ahora, vuelvo a empezar... Tengo 54 años; viví siete años bajo el sistema monárquico y 47 largos años bajo el sistema de los clérigos. Sin duda, odio el sistema teocrático de la República Islámica. Como adolescente, fui detenida muchas veces por no llevar el hiyab, lloré y firmé compromisos. Mis amigos fueron detenidos y azotados por beber alcohol. Fui detenida por caminar por la calle con un novio. Nuestra generación ha luchado por los mínimos de una vida normal. 47 años de lucha del pueblo contra la teocracia, contra un gobierno que ha sentado la mano de Dios en el trono del poder y que avanza sin frenos. Quiere la bomba atómica. Alimenta a fuerzas afines en la región. Incluso parte de la izquierda europea ya está confundida... Si Israel es malo, Irán es bueno. Entonces, ¿los iraníes que quieren a Israel son malos? ¿El amigo de mi enemigo es mi amigo? ¿O el enemigo de mi amigo es mi enemigo? Tenía nueve años cuando la directora de la escuela vino a la clase y ordenó que todas usaran hiyab porque un fotógrafo quería tomarnos una foto. Yo no tenía pañuelo; me senté e intenté hacerme pequeña, pequeña e invisible, para que nadie se diera cuenta de que yo era la única sin hiyab entre esas 40 personas. De milagro, me volví invisible. Mi padre enmarcó aquella foto como señal de que su hija era una “luchadora” y la puso sobre su escritorio. Ojalá esta generación, que hace cualquier cosa por sobrevivir, recuerde que debe ser exigente. Debe reclamar su parte del poder. Ojalá estos 47 años sean una luz en su camino y no la hayan vuelto tan estúpida y abyecta como para poner el pájaro de la fortuna sobre los hombros del Shah y del Mulá. El poder está sobre los hombros de los hombres y mujeres que reclaman el derecho a una vida normal Un mes después, fui reprendida por llevar el libro La pequeña estrella roja en mi mochila. Mi padre se rio a carcajadas y dijo: “Es culpa tuya, te dije que era peligroso”. Tenía razón. Era mi culpa. Había visto a mi padre y a mis tíos llevar sacos y sacos de libros a las afueras de Teherán para quemarlos. Las bibliotecas de todos adelgazaban y adelgazaban. Papá dijo que no vendría a la escuela a interceder por mí. Lloré. Mi padre dijo que si ese libro era tan bueno que quería compartirlo con mis amigos, debería ser capaz de defenderlo. La historia del libro —que más tarde supe que era el relato de Mazdak [histórico sacerdote reformista del siglo VI]— trataba de un niño que nacía con una pequeña estrella roja en la frente. Para su mala suerte, en ese mismo momento, el intérprete de sueños del Rey decía que el niño que naciese con una estrella roja en la frente llevaría al Rey a la destrucción. Los soldados buscan, encuentran al niño y lo matan, pero cada vez que matan a un niño, nacen otros 10 con una pequeña estrella roja en la frente. Intenté explicar a la maestra, al prefecto y a la directora por qué ese era un buen libro. No recuerdo qué dije; en cualquier caso, dijera lo que dijese o por mucho que llorara, no sirvió de nada. No quería ser expulsada. Yo no era una luchadora; los luchadores no lloran. Finalmente, mi madre vino a mi rescate. Mi madre tenía un aspecto taghouti [estilo de vida, moda y cultura asociados con la clase alta y la élite occidentalizada durante el reinado del Shah] y alegó que la niña no tenía juicio y que había cometido un error, y el asunto se zanjó. El aspecto taghouti de mi madre me salvó; no encajaba con la Pequeña estrella roja . Si una madre con zapatillas chinas y un abrigo azul marino hubiera venido a interceder por mí, o un padre con bigotes estalinistas, habría estado perdida. Ya ven, aquí también el clérigo y el Shah eran más inofensivos juntos. Sinceramente, una se pregunta: ¿cómo es posible? Si mi parte de esta revolución fue también solo aquel mes y 20 días, más adelante podré afirmar que en mis 54 años de vida he probado el sabor de la libertad dos veces. Tres meses y 10 días de libertad en 54 años de vida; he sido libre menos de una centésima parte de mi vida. Pero se puede tener esperanza. Tres meses y 10 días es el tiempo en que el embrión se convierte en feto. Quizás este feto de tres meses pueda crecer y algún día ser un niño pequeño. Quizás esta vez la gente sea más inteligente que la anterior. La gente que ahora hace la revolución está instruida. Todos en Irán tienen una licenciatura. Créanme. Manifestación por las víctimas de las protestas en Irán, el 20 de enero de 2026 en Florencia, Italia. Una vez, hace 10 años, pedí a una empresa que enviara a una señora para ayudarme con las tareas del hogar. Vino una chica llamada Mahtab; miró los libros y preguntó: “¿Eres escritora o traductora?”. Me quedé atónita. ¿Por qué no podría ser otra cosa?. Dijo: “Solo los escritores y traductores tienen tantos libros”. Cuando quise ayudarla a limpiar la casa, me lanzó una mirada condescendiente y dijo: “Mira, tengo una licenciatura en Comercio, pero como mi madre está postrada y tengo que pagarle a mi hermano para que la cuide, he venido a trabajar de obrera. Llevo 10 años en esto y conozco mi oficio. Tú ve a sentarte en tu habitación y trabaja; nosotros no pagamos impuestos para que vosotros andéis de vagos”. Desde aquel día, Mahtab tomó el control de la casa. La limpieza era su especialidad y nosotros, con una visión tecnocrática, le entregamos la casa. Mahtab leía mis relatos y a veces me reñía: “Escribe sobre la vida real”. A veces la obligaba a contarme sus historias. Con una risa decía: “A mi hermano lo despidieron de la empresa; no se lleva bien con mi otro hermano que cuida a mi madre. La semana pasada se pelearon. Mi hermano amenazó con que cuando yo salga de casa, entregará a mi madre a un asilo estatal, a la casa de beneficencia. Lo hace para fastidiarme, para que yo no pueda trabajar”. ¿Pero qué dijo su madre? “No temas, Mahtab. Si quiere entregarme a la beneficencia, tendrá que cargar conmigo; mis manos agarrarán su cuello cuando me saque. Allí mismo, en lo alto de las escaleras, soltaré las manos para caer y morir. Descuida, no puede entregarme a la beneficencia; me lanzaré desde sus hombros y moriré”. Y ella se había reído, y Mahtab se había reído, y yo también me había reído. Me imagino a mí misma como una anciana postrada y, cuando mi hijo quiera llevarme a la beneficencia, reírme a carcajadas y decir: “Lleven mi cadáver a la beneficencia; no pueden enterrarme viva. No lo permitiré”. Y vuelvo a reír a carcajadas. Tenía nueve años cuando la directora de la escuela vino a la clase y ordenó que todas usaran hiyab porque un fotógrafo quería tomarnos una foto. Yo no tenía pañuelo; me senté e intenté hacerme invisible para que nadie se diera cuenta de que era la única sin hiyab entre esas 40 personas. Mi padre enmarcó aquella foto como señal de que su hija era una "luchadora" y la puso sobre su escritorio Crecí en los años del terror y el espanto, los años de la inquisición. No deseo en absoluto que mi país caiga de nuevo en manos de personas así. Supongamos que han cambiado el turbante por la corona. Tenía 10 años cuando aprobé el examen académico para la escuela de niños superdotados. También debíamos hacer un examen ideológico y luego una entrevista oral. La noche antes de la entrevista, intenté memorizar el nombre de dos o tres mulás y algunos libros islámicos; mi padre me pilló y dijo: “Sé tú misma”. Al día siguiente, en la entrevista, no dejaba de repetir las palabras de mi padre. En respuesta a la pregunta “¿Qué libros leen tus padres?”, atribuí la palabra Towzih al-Masa'el [título de una obra teológica de Jomeini], que acababa de aprender, a los nombres de todos los clérigos cuyos nombres oía a diario en la televisión e inventé un montón de libros de ficción. Pero cuando me preguntaron: “Si supieras que tus padres son opositores contra el gobierno, ¿los delatarías o no?”, realmente me bloqueé. Es una pregunta pavorosa para una niña de 10 años: tus padres frente a una escuela mejor. Creo que el impacto de esta pregunta fue tan grande que ni siquiera recuerdo qué respuesta di. Desde aquel día, la semilla de un traidor se plantó en mi ser. Incluso pensar en la posibilidad de acceder a una mejor educación a cambio de delatar a tu familia y pensar en la posibilidad de tu propia traición a tus padres... No. Bueno, nunca fui admitida en aquella escuela. Quizás de mi rechazo pueda concluir que miré a los ojos de los interrogadores y dije: “No... nunca”. O incluso: “No tienen derecho a hacerle esta pregunta a una niña de 10 años; esto es una violación del alma infantil”. No sé qué dije. Ciertamente, a mi mente no se le habrían ocurrido tales cosas. En aquel momento, ¿recordaba las palabras de mi padre? ¿Era “yo misma”? ¿Quién era “yo misma”? Yo, que no puedo recordar qué respuesta di. Quizá por la intensa vergüenza mi memoria ha decidido borrar esa parte oscura de mi alma para que nunca recuerde si “yo misma” era delatora y ambiciosa o compasiva y perdedora. Después de aquel momento, mi alma se dividió en dos: la niña que por amor a sus padres renunció a la escuela de superdotados y dijo “nunca”, y la otra niña que vendió su alma y dijo “por supuesto”. Sea cual sea de estas dos personas, al menos he considerado estas dos posibilidades. ¿Una educación extraordinaria con un alma diabólica, o una escuela común con un alma luchadora? ¿Qué más da? No sé qué tipo de enfermedades diagnosticaría en mí un psiquiatra infantil. Quizás hallaría en mí todas las enfermedades mentales posibles en un sistema fascista. Bueno, mi parte de esta revolución —además de aquel feto de tres meses y diez días que espero que crezca— es quizás los años negros de la inquisición. Que no se nos olvide, que se grabe en nuestra frente. Ojalá esta generación, que hace cualquier cosa por sobrevivir, recuerde que debe ser exigente. Debe reclamar su parte del poder. Ojalá estos 47 años sean una luz en su camino, y no la hayan vuelto tan estúpida y abyecta como para poner el homay-e Sa'adat [pájaro de la fortuna, un símbolo mitológico de prosperidad] sobre los hombros del Shah y del Mulá. El pájaro de la fortuna está sobre los hombros de los hombres y mujeres que reclaman el derecho a una vida normal. Escritora, crítica literaria y guionista iraní, considerada una de las voces más destacadas de la tercera generación de la ficción de su país. Sus obras se caracterizan por una mezcla entre ficción y crítica social, con un enfoque específico sobre las cuestiones de género, las crisis sociales, y los retos de la comunidad queer y de las nuevas generaciones en la sociedad iraní contemporánea. Entre sus obras destacan Don’t Worry (The Feminist Press at CUNY, 2021, también titulada In Case of Emergency). También es autora del relato Lovemaking in the Footness (Hanging Loose Press, 2020), galardonado con el premio literario Houshang Golshiri, y las novelas Tehran Girl (Bompiani, 2020) y Téhéran Trip (La Croisée, 2023). A causa del carácter crítico de sus obras, Mohebali ha estado sometida a presión y vigilancia por parte de las fuerzas de seguridad iranís, que han prohibido la publicación o reedición de sus textos. Desde 2025 reside en Cataluña con el apoyo de la red Artists at Risk.

La matriz de Ribera Salud ganó 3,5 millones en 2024 tras perder un hospital y reducir la plantilla en 745 empleados

La matriz de Ribera Salud ganó 3,5 millones en 2024 tras perder un hospital y reducir la plantilla en 745 empleados

Primerosalud SLU, sociedad dominante en España del grupo sanitario privado, se embolsó liquidaciones por parte de Generalitat Valenciana y de la Comunidad de Madrid por un importe de 219 millones El 'modelo Ribera Salud': beneficio de 11 millones en Elche, pérdidas en Torrejón y negocio para sus empresas satélite Con una cifra de negocio de 833 millones de euros en 2024 (casi 25 millones más que el ejercicio anterior), la matriz del grupo Ribera Salud declara un resultado consolidado de 3,5 millones, según indican las últimas cuentas anuales depositadas ante el Registro Mercantil. Se trata de Primerosalud SLU, que engloba como matriz a Ribera Salud SA, de la que ostenta el 100% de su capital, y a todas sus sociedades en España, además de Torrejón Salud SA. Pertenece al grupo francés Vivalto Santé. Las cuentas consolidadas anotan una reducción de 745 trabajadores (de 9.459 en 2023 baja a 8.714 al año siguiente). La firma matriz registra una rebaja de los gastos de personal de 412,3 millones de euros a 376,5 millones. La caída del número de trabajadores, según fuentes de la empresa consultadas por este diario, se corresponde con la reversión de la gestión del Hospital de Dénia, avalada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJ-CV). Las mismas fuentes aseguran que en el siguiente ejercicio —2025— la empresa ha empleado a unos 500 nuevos trabajadores. La mayor parte de los ingresos de la firma proceden de la Generalitat Valenciana y de las consejerías de salud de la Comunidad de Madrid, Galicia y Murcia. La firma también controla sociedades en República Checa y Eslovaquia, mientras que Ribera Salud gestiona un hospital en Cascais (Portugal) y posee participaciones en dos sociedades en Perú, que gestionan sendos centros hospitalarios impulsados por Sergio Blasco , exgerente del Hospital General de Valencia y sobrino de un exconseller del PP. Las cuentas anuales indican que la empresa se embolsó liquidaciones por parte de Generalitat Valenciana y de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid por un monto de 219 millones (incluyendo el importe reconocido en el ejercicio 2025 por las UTE de Ribera Salud II y de Torrevieja). Por otro lado, la empresa asegura que tiene pendiente de cobro 153,8 millones de euros de la Comunidad de Madrid. Liquidaciones de la Generalitat de 129,8 millones La Generalitat, tras la resolución de los numerosos procedimientos contenciosos con el grupo sanitario, asumió liquidaciones por los hospitales valencianos por un valor total de 104,6 millones de euros, según indica la memoria de cuentas anuales consolidada. Se trata del pago parcial de liquidaciones correspondientes a 2023 (53,9 millones) y el resto del importe abonado en el ejercicio siguiente (50,7 millones). Las liquidaciones corresponden a los hospitales de Elche-Crevillent (de 2010 a 2012); de Marina Salud (de 2014 a 2016), y de las UTE de Ribera Salud II (2016 y 2017) y de Torrevieja (2013 a 2015). Por otro lado, en febrero de 2025, la empresa recibió las resoluciones que aprobaron las liquidaciones abiertas hasta el ejercicio 2022, que incluyen los importes a liquidar vinculadas a las dos UTE: 25,2 millones de euros. 89,2 millones de Madrid y 153,8 millones pendientes de cobro Respecto a los saldos de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, durante el ejercicio 2023, la empresa cobró la liquidación de 2020, además de otros conceptos reclamados, por un importe total de 20,7 millones de euros. En 2024, cobró las liquidaciones de los ejercicios 2021, 2022 y 2023 por un importe de 59,6 millones de euros, además de intereses de demora de 8,9 millones. En el apartado de saldo de clientes no vinculados, el balance incluye un importe total de 153,8 millones de euros pendiente de cobro, generado con la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y correspondientes a la cápita del mes de diciembre de 2024, a la provisión de liquidación del mismo ejercicio y a una compensación por Covid-19.

La matriz de Ribera Salud ganó 3,5 millones en 2024 tras perder un hospital y reducir la plantilla en 745 empleados

La matriz de Ribera Salud ganó 3,5 millones en 2024 tras perder un hospital y reducir la plantilla en 745 empleados

Primerosalud SLU, sociedad dominante en España del grupo sanitario privado, se embolsó liquidaciones por parte de Generalitat Valenciana y de la Comunidad de Madrid por un importe de 219 millones El 'modelo Ribera Salud': beneficio de 11 millones en Elche, pérdidas en Torrejón y negocio para sus empresas satélite Con una cifra de negocio de 833 millones de euros en 2024 (casi 25 millones más que el ejercicio anterior), la matriz del grupo Ribera Salud declara un resultado consolidado de 3,5 millones, según indican las últimas cuentas anuales depositadas ante el Registro Mercantil. Se trata de Primerosalud SLU, que engloba como matriz a Ribera Salud SA, de la que ostenta el 100% de su capital, y a todas sus sociedades en España, además de Torrejón Salud SA. Pertenece al grupo francés Vivalto Santé. Las cuentas consolidadas anotan una reducción de 745 trabajadores (de 9.459 en 2023 baja a 8.714 al año siguiente). La firma matriz registra una rebaja de los gastos de personal de 412,3 millones de euros a 376,5 millones. La caída del número de trabajadores, según fuentes de la empresa consultadas por este diario, se corresponde con la reversión de la gestión del Hospital de Dénia, avalada por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJ-CV). Las mismas fuentes aseguran que en el siguiente ejercicio —2025— la empresa ha empleado a unos 500 nuevos trabajadores. La mayor parte de los ingresos de la firma proceden de la Generalitat Valenciana y de las consejerías de salud de la Comunidad de Madrid, Galicia y Murcia. La firma también controla sociedades en República Checa y Eslovaquia, mientras que Ribera Salud gestiona un hospital en Cascais (Portugal) y posee participaciones en dos sociedades en Perú, que gestionan sendos centros hospitalarios impulsados por Sergio Blasco , exgerente del Hospital General de Valencia y sobrino de un exconseller del PP. Las cuentas anuales indican que la empresa se embolsó liquidaciones por parte de Generalitat Valenciana y de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid por un monto de 219 millones (incluyendo el importe reconocido en el ejercicio 2025 por las UTE de Ribera Salud II y de Torrevieja). Por otro lado, la empresa asegura que tiene pendiente de cobro 153,8 millones de euros de la Comunidad de Madrid. Liquidaciones de la Generalitat de 129,8 millones La Generalitat, tras la resolución de los numerosos procedimientos contenciosos con el grupo sanitario, asumió liquidaciones por los hospitales valencianos por un valor total de 104,6 millones de euros, según indica la memoria de cuentas anuales consolidada. Se trata del pago parcial de liquidaciones correspondientes a 2023 (53,9 millones) y el resto del importe abonado en el ejercicio siguiente (50,7 millones). Las liquidaciones corresponden a los hospitales de Elche-Crevillent (de 2010 a 2012); de Marina Salud (de 2014 a 2016), y de las UTE de Ribera Salud II (2016 y 2017) y de Torrevieja (2013 a 2015). Por otro lado, en febrero de 2025, la empresa recibió las resoluciones que aprobaron las liquidaciones abiertas hasta el ejercicio 2022, que incluyen los importes a liquidar vinculadas a las dos UTE: 25,2 millones de euros. 89,2 millones de Madrid y 153,8 millones pendientes de cobro Respecto a los saldos de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, durante el ejercicio 2023, la empresa cobró la liquidación de 2020, además de otros conceptos reclamados, por un importe total de 20,7 millones de euros. En 2024, cobró las liquidaciones de los ejercicios 2021, 2022 y 2023 por un importe de 59,6 millones de euros, además de intereses de demora de 8,9 millones. En el apartado de saldo de clientes no vinculados, el balance incluye un importe total de 153,8 millones de euros pendiente de cobro, generado con la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y correspondientes a la cápita del mes de diciembre de 2024, a la provisión de liquidación del mismo ejercicio y a una compensación por Covid-19.

La Seguridad Social penaliza de nuevo a autónomos de baja, paternidad y maternidad en la regularización de cuotas

La Seguridad Social penaliza de nuevo a autónomos de baja, paternidad y maternidad en la regularización de cuotas

Aunque dijo que buscaría una solución, el Ministerio no ha cambiado el procedimiento, ahora en marcha respecto a 2024 y que sanciona económicamente a los trabajadores que se acogieron a estos derechos En mayo - La regularización de cuotas de la Seguridad Social penaliza a autónomos de baja, por paternidad y maternidad La Seguridad Social está realizando la segunda regularización anual de las cuotas de los autónomos, para revisar lo que cotizaron según sus ganancias fiscales de 2024, y de nuevo está penalizando económicamente a los trabajadores que se acogieron a permisos de paternidad, maternidad y bajas médicas , como desveló el año pasado elDiario.es. Pese a que el Ministerio de Elma Saiz afirmó que iba a buscar soluciones a este problema , aún no ha modificado el procedimiento, bloqueado junto al resto de medidas pendientes de la mesa de negociación de autónomos. “El Ministerio realizó una propuesta para este tema dentro de todo el paquete de medidas de mejora de la protección y del proceso de regularización, cuya negociación sigue abierta”, responden fuentes del departamento de Saiz. Una negociación que ha estado parada durante meses por la polémica a raíz del aumento de las cuotas de los autónomos a partir de 2026 , con una patronal que se salió del consenso alcanzado en 2022, y tras lo que el Ministerio de la Seguridad Social suspendió las reuniones y las discusiones en esa mesa de diálogo social, que también pretende mejorar la protección social del colectivo. Los autónomos afectados por la penalización en los permisos por nacimiento de la regularización de cuotas de 2024 no dan crédito a que, pese a conocer los efectos de la primera revisión, la Seguridad Social no haya modificado el cálculo para la segunda. “Cuando algo se implementa por primera vez, puede haber fallos. Pero con un año vista, parece que no interesa cambiarlo”, denuncia Juan. Una penalización económica por ejercer un derecho La regularización de cuotas es una revisión anual que realiza la Seguridad Social, a posteriori, para cotejar que las cotizaciones pagadas por los trabajadores autónomos se adecuaron realmente a sus ganancias que declararon a la Agencia Tributaria. Si cotizaron de más, pueden optar a la devolución de este dinero. Si cotizaron de menos, la Seguridad Social les exige el pago de la cantidad adeudada. El año pasado se ejecutó la primera, correspondiente a 2023 , y ahora está en marcha la segunda, del ejercicio 2024. El año pasado varios trabajadores advirtieron de los efectos negativos de la regularización en situaciones en las que los autónomos habían recibido alguna prestación, como bajas médicas prolongadas y los permisos por nacimiento de hijos –antes conocido como maternidad y paternidad–. Este año, ha vuelto a suceder. Pedro, autónomo y padre a finales de 2024, trabajó prácticamente todo el año. “357 días”, dice el autónomo, que fue padre de mellizos a finales de diciembre. Hasta entonces, trabajó y cotizó con normalidad. Por ello, se sorprendió notablemente cuando la Seguridad Social le reclamó hace unos días “unos 800 euros” en la regularización de cuotas. Me han dividido los ingresos de todo el año en dos meses y medio. Me molestó mucho cuando vi que ponían que gané más de 6.000 euros al mes. Es que me están insultando en la cara Juan — Autónomo “Me han dividido las ganancias de todo el año, unos 18.000 euros, solo en cuatro meses”, explica el trabajador. Así, la Seguridad Social le adjudica unas ganancias mensuales de unos 4.500 euros al mes, y le exige la cuota correspondiente a estos rendimientos. Cuando, en realidad, de media ganó unos 1.500 euros al mes. Lo mismo le ocurrió a Juan (nombre ficticio). Trabajó hasta octubre, cuando nació su hija, tras lo que se acogió al permiso de paternidad. En su caso, la Seguridad Social le ha dividido los rendimientos que ganó de todo el año “entre dos meses y medio” y le exige unos 500 euros. “Me molestó mucho cuando vi que ponían que mis ingresos eran más de 6.000 euros al mes. Es que me están insultando en la cara”, denuncia el autónomo. Un cálculo “ficticio” que perjudica a los trabajadores Los ejemplos de Pedro y Juan son el resultado de la fórmula de regularización que aplica el Ministerio de la Seguridad Social para situaciones en las que los trabajadores han percibido alguna prestación, como por incapacidad temporal (bajas médicas), por riesgo de embarazo y los permisos por nacimiento de hijos, entre otros. La Seguridad Social excluye de la revisión los meses en los que se percibieron estas prestaciones, así como los que se utilizan para el cálculo de estas, que alcanzan a seis meses en el caso de los permisos por nacimiento de hijo. El objetivo, como explicó el año pasado el Ministerio de Elma Saiz, es que no haya revisiones a posteriori que puedan desembocar en cambios en las prestaciones ya recibidas. “Si en el proceso se alterasen las bases de cotización, la entidad gestora tendría que calcular de nuevo la cuantía de la prestación. Con la posibilidad de que el autónomo sufriese un efecto negativo cuando le recalculasen el importe de la prestación”, justificaron el año pasado en el Ministerio. “Es una fórmula que hace el proceso más sencillo para el ciudadano con el que no sale perjudicado en su prestación”, añadieron en la Seguridad Social. Es un cálculo ficticio, nos están imputando unos rendimientos que son irreales. Lo tienen que arreglar Pedro — Autónomo La cuestión es que la Seguridad Social no solo está excluyendo esos meses de la regularización de cuotas (las cuotas de esos meses no se tocan, son definitivas), sino que también los está excluyendo del cómputo de periodos de alta, trabajados y cotizados por los autónomos. En cambio, sí tiene en cuenta los rendimientos obtenidos durante todo el año por los trabajadores, por lo que el resultado final es una fórmula que les perjudica económicamente por haberse acogido a un derecho, como coincidieron el año pasado todos los colectivos de autónomos y los agentes sociales, que pidieron una rectificación al Ministerio . “Es un cálculo ficticio, nos están imputando unos rendimientos que son irreales. Lo tienen que arreglar. Esto me ha afectado a mí, pero también a otras muchas personas que estén en la misma situación”, alerta Pedro, que afirma además que pagar los 800 euros que le exige la Seguridad Social le supone una dificultad. “Este cálculo es totalmente irracional e injusto”, comparte Juan. Denuncian la injusticia respecto a asalariados y otros autónomos Los colectivos progresistas de autónomos, UATAE y UPTA, reiteran su demandan de que se corrija esta situación. “Está sin resolver, esta y otras cosas que advertimos de la primera regularización”, sostiene Eduardo Abad. En UATAE insisten en “la necesidad de retomar la negociación para poder avanzar en todas las cuestiones que siguen pendientes para los autónomos”. Juan llama la atención también sobre la “injusticia” que supone este cálculo para autónomos como él y el resto de afectados por esta fórmula, frente a los asalariados u otros autónomos que han sido padres a principios de año. “Si hubiera sido padre en enero”, advierte, no le afectaría tanto el proceso de regularización porque los seis meses para el cómputo de su prestación serían los del año anterior, ya cerrado. “No tiene ningún sentido”, critica el trabajador. Por ello, Juan reclama que no solo se solvente el problema a futuro, sino también de manera retroactiva a todas las personas afectadas en la primera y segunda regularización. En la Seguridad Social no han respondido a elDiario.es sobre si la solución que plantean alcanzará a los procedimientos de 2023 y 2024.

La Justicia confirma la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven en el Orgullo

La Justicia confirma la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven en el Orgullo

La Fiscalía anuncia que recurrirá ante el Supremo al considerar irracional el razonamiento de que el acusado insultó a la víctima por su forma de vestir y no por su orientación sexual La Fiscalía recurre la absolución “arbitraria” del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) ha confirmado la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” , entre otras vejaciones homófobas, a un joven durante la celebración del Orgullo LGTBI en Barcelona en 2019. Los magistrados rechazan el recurso de la Fiscalía, que ya ha anunciado que quiere recurrir al Tribunal Supremo para intentar lograr la condena del acusado. En una sentencia, a la que ha tenido acceso elDiario.es, la sección de apelaciones de la Sala Civil y Penal del TSJC confirma el razonamiento de la Audiencia de Barcelona que llevó a la absolución de los acusados (el hombre que profirió los insultos y el vigilante de seguridad del restaurante donde se produjeron, por no impedirlos) y descarta que fuera “arbitrario”, tal y como mantenía el Ministerio Público. Los hechos se remontan al 2019 . El joven estaba en el establecimiento que McDonalds tiene en la plaza Universitat, muy cerca de donde el Pride Barcelona celebraba del Orgullo LGTBI, cuando fue increpado por otro cliente. “Te voy a hacer heterosexual a hostias”, le llegó a amenazar el agresor. El vídeo de la agresión se viralizó rápidamente en las redes sociales. “A mí que seas marica me da igual”, dijo el acusado, a lo que siguieron varias expresiones homófobas que la Justicia considera censurables en el plano moral, pero no delictivas: “Tápate que das vergüenza ajena y hay niños”; “luego nos escandalizamos a las mujeres que son violadas y matadas por vestir provocativas y tú eres un ejemplo que te puede pasar”; “mejor que lleves un guardaespaldas, porque ahora cuando salgas, te voy a dar tal hostia que la mariconería se te va a quitar (sic)”; “vamos fuera del local que voy a hacerte hetero a hostias, hoy es el día de las hostias, ¿quieres ver cómo te las suelto?”. Según argumenta el TSJC, la Fiscalía “no ha justificado debidamente la falta de racionalidad” de la sentencia de la Audiencia de Barcelona, que fundamentó la absolución en que el acusado había amenazado e insultado a la víctima por su forma de vestir y no por su orientación sexual. Además, el tribunal recordó que la Fiscalía no había acusado por delito leve de amenazas, por lo que no podía condenar al acusado por este tipo penal. De esa conclusión discrepaba con contundencia el Ministerio Público, que la consideró “absolutamente arbitraria”, ya que la forma de vestir de la víctima era una forma de expresar su orientación sexual. La distinción entre ambas que hizo la sentencia, ahondó el recurso de la fiscal, resultaba “ajena a las máximas de la experiencia y las reglas de la lógica”. La forma de vestir de la víctima era, precisamente, el reflejo del “móvil discriminatorio” y del delito de odio, según la fiscal. Para el TSJC, sin embargo, la discrepancia fiscal con la sentencia inicial no es motivo para corregirla, ya que la Audiencia de Barcelona sí razonó su absolución, al valorar que el acusado dijo en varias ocasiones que le “daba igual” la condición sexual del denunciante y que solo le reprendía “su forma de ir vestido”. Lo que pretende la Fiscalía, concluye la sección del TSJC que revisa las sentencias, es que los magistrados “reevalúen” las pruebas del juicio, algo que “no resulta posible” en los recursos de apelación, que se deben centrar en si los razonamientos de la Audiencia fueron irracionales o si olvidaron alguna de las pruebas, algo que no se da en este caso. El Ministerio Público pidió en el juicio 18 meses de cárcel por un delito de odio en concurso con otro contra la integridad moral para el hombre acusado de amenazar al joven así como nueve meses de prisión para el vigilante del McDonalds por no impedirla. Salvo giro de guion en el Supremo, el caso se quedará en la absolución.

La Justicia confirma la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven en el Orgullo

La Justicia confirma la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven en el Orgullo

La Fiscalía anuncia que recurrirá ante el Supremo al considerar irracional el razonamiento de que el acusado insultó a la víctima por su forma de vestir y no por su orientación sexual La Fiscalía recurre la absolución “arbitraria” del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” a un joven El Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) ha confirmado la absolución del hombre que amenazó con “hacer heterosexual a hostias” , entre otras vejaciones homófobas, a un joven durante la celebración del Orgullo LGTBI en Barcelona en 2019. Los magistrados rechazan el recurso de la Fiscalía, que ya ha anunciado que quiere recurrir al Tribunal Supremo para intentar lograr la condena del acusado. En una sentencia, a la que ha tenido acceso elDiario.es, la sección de apelaciones de la Sala Civil y Penal del TSJC confirma el razonamiento de la Audiencia de Barcelona que llevó a la absolución de los acusados (el hombre que profirió los insultos y el vigilante de seguridad del restaurante donde se produjeron, por no impedirlos) y descarta que fuera “arbitrario”, tal y como mantenía el Ministerio Público. Los hechos se remontan al 2019 . El joven estaba en el establecimiento que McDonalds tiene en la plaza Universitat, muy cerca de donde el Pride Barcelona celebraba del Orgullo LGTBI, cuando fue increpado por otro cliente. “Te voy a hacer heterosexual a hostias”, le llegó a amenazar el agresor. El vídeo de la agresión se viralizó rápidamente en las redes sociales. “A mí que seas marica me da igual”, dijo el acusado, a lo que siguieron varias expresiones homófobas que la Justicia considera censurables en el plano moral, pero no delictivas: “Tápate que das vergüenza ajena y hay niños”; “luego nos escandalizamos a las mujeres que son violadas y matadas por vestir provocativas y tú eres un ejemplo que te puede pasar”; “mejor que lleves un guardaespaldas, porque ahora cuando salgas, te voy a dar tal hostia que la mariconería se te va a quitar (sic)”; “vamos fuera del local que voy a hacerte hetero a hostias, hoy es el día de las hostias, ¿quieres ver cómo te las suelto?”. Según argumenta el TSJC, la Fiscalía “no ha justificado debidamente la falta de racionalidad” de la sentencia de la Audiencia de Barcelona, que fundamentó la absolución en que el acusado había amenazado e insultado a la víctima por su forma de vestir y no por su orientación sexual. Además, el tribunal recordó que la Fiscalía no había acusado por delito leve de amenazas, por lo que no podía condenar al acusado por este tipo penal. De esa conclusión discrepaba con contundencia el Ministerio Público, que la consideró “absolutamente arbitraria”, ya que la forma de vestir de la víctima era una forma de expresar su orientación sexual. La distinción entre ambas que hizo la sentencia, ahondó el recurso de la fiscal, resultaba “ajena a las máximas de la experiencia y las reglas de la lógica”. La forma de vestir de la víctima era, precisamente, el reflejo del “móvil discriminatorio” y del delito de odio, según la fiscal. Para el TSJC, sin embargo, la discrepancia fiscal con la sentencia inicial no es motivo para corregirla, ya que la Audiencia de Barcelona sí razonó su absolución, al valorar que el acusado dijo en varias ocasiones que le “daba igual” la condición sexual del denunciante y que solo le reprendía “su forma de ir vestido”. Lo que pretende la Fiscalía, concluye la sección del TSJC que revisa las sentencias, es que los magistrados “reevalúen” las pruebas del juicio, algo que “no resulta posible” en los recursos de apelación, que se deben centrar en si los razonamientos de la Audiencia fueron irracionales o si olvidaron alguna de las pruebas, algo que no se da en este caso. El Ministerio Público pidió en el juicio 18 meses de cárcel por un delito de odio en concurso con otro contra la integridad moral para el hombre acusado de amenazar al joven así como nueve meses de prisión para el vigilante del McDonalds por no impedirla. Salvo giro de guion en el Supremo, el caso se quedará en la absolución.

La Seguridad Social penaliza de nuevo a autónomos de baja, paternidad y maternidad en la regularización de cuotas

La Seguridad Social penaliza de nuevo a autónomos de baja, paternidad y maternidad en la regularización de cuotas

Aunque dijo que buscaría una solución, el Ministerio no ha cambiado el procedimiento, ahora en marcha respecto a 2024 y que sanciona económicamente a los trabajadores que se acogieron a estos derechos En mayo - La regularización de cuotas de la Seguridad Social penaliza a autónomos de baja, por paternidad y maternidad La Seguridad Social está realizando la segunda regularización anual de las cuotas de los autónomos, para revisar lo que cotizaron según sus ganancias fiscales de 2024, y de nuevo está penalizando económicamente a los trabajadores que se acogieron a permisos de paternidad, maternidad y bajas médicas , como desveló el año pasado elDiario.es. Pese a que el Ministerio de Elma Saiz afirmó que iba a buscar soluciones a este problema , aún no ha modificado el procedimiento, bloqueado junto al resto de medidas pendientes de la mesa de negociación de autónomos. “El Ministerio realizó una propuesta para este tema dentro de todo el paquete de medidas de mejora de la protección y del proceso de regularización, cuya negociación sigue abierta”, responden fuentes del departamento de Saiz. Una negociación que ha estado parada durante meses por la polémica a raíz del aumento de las cuotas de los autónomos a partir de 2026 , con una patronal que se salió del consenso alcanzado en 2022, y tras lo que el Ministerio de la Seguridad Social suspendió las reuniones y las discusiones en esa mesa de diálogo social, que también pretende mejorar la protección social del colectivo. Los autónomos afectados por la penalización en los permisos por nacimiento de la regularización de cuotas de 2024 no dan crédito a que, pese a conocer los efectos de la primera revisión, la Seguridad Social no haya modificado el cálculo para la segunda. “Cuando algo se implementa por primera vez, puede haber fallos. Pero con un año vista, parece que no interesa cambiarlo”, denuncia Juan. Una penalización económica por ejercer un derecho La regularización de cuotas es una revisión anual que realiza la Seguridad Social, a posteriori, para cotejar que las cotizaciones pagadas por los trabajadores autónomos se adecuaron realmente a sus ganancias que declararon a la Agencia Tributaria. Si cotizaron de más, pueden optar a la devolución de este dinero. Si cotizaron de menos, la Seguridad Social les exige el pago de la cantidad adeudada. El año pasado se ejecutó la primera, correspondiente a 2023 , y ahora está en marcha la segunda, del ejercicio 2024. El año pasado varios trabajadores advirtieron de los efectos negativos de la regularización en situaciones en las que los autónomos habían recibido alguna prestación, como bajas médicas prolongadas y los permisos por nacimiento de hijos –antes conocido como maternidad y paternidad–. Este año, ha vuelto a suceder. Pedro, autónomo y padre a finales de 2024, trabajó prácticamente todo el año. “357 días”, dice el autónomo, que fue padre de mellizos a finales de diciembre. Hasta entonces, trabajó y cotizó con normalidad. Por ello, se sorprendió notablemente cuando la Seguridad Social le reclamó hace unos días “unos 800 euros” en la regularización de cuotas. Me han dividido los ingresos de todo el año en dos meses y medio. Me molestó mucho cuando vi que ponían que gané más de 6.000 euros al mes. Es que me están insultando en la cara Juan — Autónomo “Me han dividido las ganancias de todo el año, unos 18.000 euros, solo en cuatro meses”, explica el trabajador. Así, la Seguridad Social le adjudica unas ganancias mensuales de unos 4.500 euros al mes, y le exige la cuota correspondiente a estos rendimientos. Cuando, en realidad, de media ganó unos 1.500 euros al mes. Lo mismo le ocurrió a Juan (nombre ficticio). Trabajó hasta octubre, cuando nació su hija, tras lo que se acogió al permiso de paternidad. En su caso, la Seguridad Social le ha dividido los rendimientos que ganó de todo el año “entre dos meses y medio” y le exige unos 500 euros. “Me molestó mucho cuando vi que ponían que mis ingresos eran más de 6.000 euros al mes. Es que me están insultando en la cara”, denuncia el autónomo. Un cálculo “ficticio” que perjudica a los trabajadores Los ejemplos de Pedro y Juan son el resultado de la fórmula de regularización que aplica el Ministerio de la Seguridad Social para situaciones en las que los trabajadores han percibido alguna prestación, como por incapacidad temporal (bajas médicas), por riesgo de embarazo y los permisos por nacimiento de hijos, entre otros. La Seguridad Social excluye de la revisión los meses en los que se percibieron estas prestaciones, así como los que se utilizan para el cálculo de estas, que alcanzan a seis meses en el caso de los permisos por nacimiento de hijo. El objetivo, como explicó el año pasado el Ministerio de Elma Saiz, es que no haya revisiones a posteriori que puedan desembocar en cambios en las prestaciones ya recibidas. “Si en el proceso se alterasen las bases de cotización, la entidad gestora tendría que calcular de nuevo la cuantía de la prestación. Con la posibilidad de que el autónomo sufriese un efecto negativo cuando le recalculasen el importe de la prestación”, justificaron el año pasado en el Ministerio. “Es una fórmula que hace el proceso más sencillo para el ciudadano con el que no sale perjudicado en su prestación”, añadieron en la Seguridad Social. Es un cálculo ficticio, nos están imputando unos rendimientos que son irreales. Lo tienen que arreglar Pedro — Autónomo La cuestión es que la Seguridad Social no solo está excluyendo esos meses de la regularización de cuotas (las cuotas de esos meses no se tocan, son definitivas), sino que también los está excluyendo del cómputo de periodos de alta, trabajados y cotizados por los autónomos. En cambio, sí tiene en cuenta los rendimientos obtenidos durante todo el año por los trabajadores, por lo que el resultado final es una fórmula que les perjudica económicamente por haberse acogido a un derecho, como coincidieron el año pasado todos los colectivos de autónomos y los agentes sociales, que pidieron una rectificación al Ministerio . “Es un cálculo ficticio, nos están imputando unos rendimientos que son irreales. Lo tienen que arreglar. Esto me ha afectado a mí, pero también a otras muchas personas que estén en la misma situación”, alerta Pedro, que afirma además que pagar los 800 euros que le exige la Seguridad Social le supone una dificultad. “Este cálculo es totalmente irracional e injusto”, comparte Juan. Denuncian la injusticia respecto a asalariados y otros autónomos Los colectivos progresistas de autónomos, UATAE y UPTA, reiteran su demandan de que se corrija esta situación. “Está sin resolver, esta y otras cosas que advertimos de la primera regularización”, sostiene Eduardo Abad. En UATAE insisten en “la necesidad de retomar la negociación para poder avanzar en todas las cuestiones que siguen pendientes para los autónomos”. Juan llama la atención también sobre la “injusticia” que supone este cálculo para autónomos como él y el resto de afectados por esta fórmula, frente a los asalariados u otros autónomos que han sido padres a principios de año. “Si hubiera sido padre en enero”, advierte, no le afectaría tanto el proceso de regularización porque los seis meses para el cómputo de su prestación serían los del año anterior, ya cerrado. “No tiene ningún sentido”, critica el trabajador. Por ello, Juan reclama que no solo se solvente el problema a futuro, sino también de manera retroactiva a todas las personas afectadas en la primera y segunda regularización. En la Seguridad Social no han respondido a elDiario.es sobre si la solución que plantean alcanzará a los procedimientos de 2023 y 2024.

¿Un mundo sin leyes? El experto en derecho internacional Phillippe Sands no es tan pesimista: "Las comunidades necesitan convivir"

¿Un mundo sin leyes? El experto en derecho internacional Phillippe Sands no es tan pesimista: "Las comunidades necesitan convivir"

El abogado y escritor debate en Barcelona con un centenar de juristas y estudiantes sobre la utilidad de los tratados y de los tribunales en un periodo convulso de la humanidad Entrevista - Philippe Sands, jurista y escritor: “La reacción de Israel me recuerda a la de EEUU tras el 11-S” Ni los tambores de guerra en Europa ni el genocidio en Gaza ni el expansionismo indisimulado de Donald Trump son suficientes para que Philippe Sands , aclamado escritor y prestigioso jurista experto en derecho humanitario, pierda la fe en las leyes. “Existe la conversación sobre que estamos o nos dirigimos hacia un mundo sin leyes”, señala ante un centenar de juristas y estudiantes de derecho en la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. “Me parece un completo disparate”. Sands es uno de los grandes abogados expertos en derecho internacional de las últimas décadas. Ha participado en docenas de casos relevantes ante la Corte Penal Internacional, asesora a Gobiernos y organizaciones humanitarias y, además, es un reputado autor cuyos libros, siempre basados en historias jurídicas , han sido traducidos a 32 idiomas. “Empecé a escribir para el público general porque me di cuenta de que si solo hablamos entre académicos no tenemos impacto”, explica a los presentes (todos son académicos). “Tenemos que encontrar la manera de conectar con los ciudadanos que realmente están preocupados por estos temas”. El abogado participó el martes en un seminario en la UPF, un día antes de ser investido doctor honoris causa por esta universidad. En el encuentro, diversos juristas se interesaron por su visión sobre la utilidad de un derecho internacional que a veces parece no imponer ningún límite a los Estados más poderosos. Sands, uno de esos pocos autores reverenciados tanto en el mundo académico como entre los lectores de a pie, no quiere perder la esperanza. No es que sea el único ingenuo de la sala; conoce mejor que nadie las disfunciones que ha habido y habrá en el orden mundial. Incluso admite que el escenario surgido tras la aprobación del Tratado Atlántico y el fin de la Segunda Guerra Mundial está en riesgo de saltar por los aires, pero esto tampoco supondría el fin. “Estamos en un momento de enormes desafíos, se están produciendo flagrantes violaciones del derecho internacional y se seguirán produciendo”, sostiene. “Pero el patrón siempre ha sido este: hay un momento de creación y elaboración —1648, 1815, 1918, 1945— después llega el desastre y mucha gente muere de forma horrible. Luego viene la reconstrucción. Y casi siempre parte de lo que existía antes y se apoya, invariablemente, en un sistema de derecho internacional”. El optimismo de Sands se apuntala en casos concretos. Cita los tratados “silenciosos” que le han permitido volar esa mañana a Barcelona, tener cobertura en su teléfono, comprar cosas de otra parte del mundo o que se investiguen redes criminales que operan en distintos países. “No escucho a nadie quejarse de todos estos tratados”, ironiza. “El 98% de los tratados internacionales funcionan, pero solo nos fijamos en el otro 2%”. La defensa de Sands del derecho internacional planea incluso sobre personajes y escenarios en los que el respeto por las normas brilla por su ausencia. Recuerda cómo Trump, en su intento de crear el Consejo de Paz para Gaza, lo vehicula a través de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Destaca cómo, por miedo a las sanciones, las grandes compañías petroleras americanas no se han atrevido, por ahora, a mancharse las manos de crudo venezolano. Subraya cómo incluso Vladímir Putin esgrimió el derecho internacional para justificar su invasión de Ucrania y cómo una posible salida del conflicto se basará también en esas leyes. “Es el único lenguaje común que tenemos”, apunta. “Si os fijáis, todo el mundo acaba intentando justificarse o defenderse haciendo referencia al derecho internacional”. El autor explica que viene de pasar un mes entero en La Haya, escuchando testimonios durísimos sobre el genocido contra los rohingyas en Myanmar. “¿Por qué íbamos a pasarnos cuatro semanas ahí, ante 15 jueces, si no existiera el derecho internacional?”. Sands, el martes durante su seminario en la UPF de Barcelona. En juego está la primera condena a un Estado por genocidio y Sands lo esgrime como ejemplo de la evolución, lenta y desigual, del acervo internacional. Explica que cuando él era un estudiante, no había ni un solo caso juzgándose en la Corte Penal Internacional. “¡Ahora vas ahí y hay cientos!”, exclama. “Estamos en un período de construcción”, abunda el jurista. “Y habrá un paso adelante, un paso de lado, un paso atrás y otro paso adelante”. El escritor precisa que harán falta décadas o más para que el derecho internacional se equipare a las normas internas de cada país, pero acabará ocurriendo. “Está en la naturaleza misma de la existencia humana”, concluye. “Las comunidades necesitan convivir”. La preocupación por el cambio climático La confianza de Sands se empaña cuando un estudiante de doctorado le pregunta por la posibilidad de incluir el ecocidio como quinto crimen internacional —actualmente hay cuatro: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión. “Ni Ucrania ni Sudán ni Gaza”, responde el académico. “Lo que más me preocupa a día de hoy es el cambio climático”. Según Sands, es el factor que tiene mayor capacidad de transformar el mundo, el que afectará a más gente y el único que es difícil de regular. Sands ha participado en todos los casos de justicia penal internacional que han tratado el medio ambiente y admite que existe un preocupante vacío legal al respecto. Reconoce que, aunque al principio mostró escepticismo sobre las posibilidades de articular algún tipo de regulación sobe el tema a nivel internacional, desde 2020 coordina un grupo de trabajo para incluir el crimen de ecocidio en la justicia. “Percibí que algo estaba cambiando”, señala. “Hasta la fecha todos los crímenes que se han tipificado se encargan de proteger al ser humano, pero ahora veo a los jueces capaces de abordarlo y mirar más allá”. Aunque el momento sea complicado, Sands cree —vuelve el optimismo— que el proceso formal que ha arrancado para regular el crimen de ecocidio acabará cristalizando debido al cambio generacional que se impondrá en los tribunales y centros de poder. “No sé cuándo será, pero acabará ocurriendo”.

Las 'hagmar', la temida unidad del Ejército de Israel compuesta solo por colonos: "Tienen carta blanca"

Las 'hagmar', la temida unidad del Ejército de Israel compuesta solo por colonos: "Tienen carta blanca"

Las “unidades de defensa regional" han incrementado el ritmo de los desplazamientos forzosos de palestinos, según denuncia la ONU y soldados israelíes en la reserva Qué opina la gente en Gaza de la polémica “Junta de paz” de Trump: “Lo peor en la vida es cuando alguien decide por ti” El Ejército de Israel se ha convertido en un instrumento al servicio de los colonos violentos en su campaña contra los palestinos por toda la Cisjordania ocupada. De acuerdo con Naciones Unidas, y según el testimonio de activistas y miembros del Ejército israelí, las unidades de voluntarios integradas por colonos actúan como milicias justicieras. Las unidades de defensa regional, llamadas hagmar, se comenzaron a crear por toda Cisjordania a partir de octubre de 2023 para suplir a los miembros del ejército regular que se iban a la guerra de Gaza. Miles de colonos recibieron del Ejército armas y autoridad para formar unidades militares dentro de sus comunidades, que ejercen ese poder con escaso control. El Estado israelí paga los salarios de las hagmar , que en la práctica operan en paralelo a los batallones regulares. Yaakov (nombre ficticio) sirvió dentro del Ejército regular en la Cisjordania ocupada durante 2024. “[Son] milicias armadas que hacen lo que quieren”, dice de las hagmar. “Formalmente, están bajo las órdenes del comandante del batallón y de su segundo, pero en el terreno les dan carta blanca”, añade. “El alto mando mira para otro lado cuando hay incidentes, no responden ante ningún oficial”, denuncia. A la unidad regular de Yaakov solían llamarla por teléfono activistas israelíes que precisaban su intervención para defender a los palestinos en algún incidente. Por lo general, cuando llegaba la unidad, los voluntarios colonos de los hagmar ya estaban en el lugar. En ocasiones, participando de los ataques contra los palestinos. El alto mando mira para otro lado cuando hay incidentes, no responden ante ningún oficial Yaakov (nombre impostado) — Soldado israelí destinado en Cisjordania en 2024 “La mayoría de las veces, cuando ocurría algo, los hagmar llegaban antes que nosotros... A veces llegábamos junto con ellos, era muy inusual que llegásemos nosotros antes”, dice Yaakov. “En el mejor de los casos, los hagmar no participan cuando llegan; en el peor, se ponen del lado de los colonos”. Yaakov señala que ha presenciado episodios diarios de violencia, desde actos de vandalismo contra las casas, los árboles, o los frutales y productos agrícolas, hasta robos de ganado, intimidaciones y manejo descuidado de armas. En otras zonas de Cisjordania, los hagmar se han visto implicados en actos de violencia más extremos, como el asesinato en 2025 de un anciano palestino o el atropello de otro palestino por un vehículo todoterreno. Según Nadav Weiman, director de la ONG para veteranos del Ejército israelí Breaking the Silence, el sistema de los hagmar ha creado, en la práctica, “milicias de colonos dentro de las propias filas de las IDF [siglas en inglés de las Fuerzas de Defensa de Israel, la denominación que recibe el ejército]”. “Estos soldados-colonos se guían por una violenta ideología de todo o nada y cuentan con toda la autoridad de los soldados regulares de las IDF para ponerla en práctica”. El Ejército israelí admite “incidentes en los que los voluntarios de las unidades de defensa regional actuaron de forma contraria a las normas”, pero añade que esos incidentes “no representan a la mayoría de los voluntarios en las unidades de defensa regional”. Varios voluntarios han sido destituidos y se han abierto investigaciones penales contra otros, según un portavoz. De acuerdo con la ONG por los Derechos Humanos Yesh Din, solo ha habido seis acusaciones contra soldados israelíes en la Cisjordania ocupada desde que se crearon los hagmar en octubre de 2023: tres por delitos violentos y tres por delitos contra la propiedad. Un período durante el que los israelíes mataron a más de 1.000 palestinos. La última ocasión en que un homicidio dio lugar a una acusación formal fue en 2019 por un tiroteo. Un colono israelí (derecha) se encara con un agricultor palestino que recogía aceitunas cerca de Ramala en octubre de 2025. La colaboración estrecha entre colonos y Ejército israelí viene de hace tiempo. Las unidades militares desplegadas en Cisjordania han herido y matado a civiles, también a niños , sin hacer cumplir las leyes que protegen a los palestinos de la violencia de los colonos. Pero el despliegue de estas unidades formadas por colonos ha supuesto un profundo cambio estructural. Como dice Yehuda Shaul, cofundador de Breaking the Silence y codirector de Ofek (un grupo de expertos contra la ocupación israelí), “el Ejército y los colonos están unificados desde el 7 de octubre [de 2023]”. “Los colonos son las IDF y las IDF son colonos, no hay ninguna separación”. “Ya no es que las IDF se queden de brazos cruzados mientras los colonos agreden, ni siquiera de que uno o dos soldados se sumen a las agresiones de los colonos; el nivel de complicidad va más allá de todo lo que hemos visto antes”, añade Shaul. “Para entender su impacto solo hay que ver cuántas comunidades palestinas habían sido trasladadas forzosamente por la violencia de los colonos antes del 7 de octubre y cuántas se han tenido que trasladar desde entonces”. Según datos de la ONU, desde octubre de 2023 las agresiones de colonos han forzado el desplazamiento de 29 comunidades palestinas . Más de una al mes, de media. Durante todo 2022 y los primeros nueve meses de 2023, cuatro comunidades fueron desplazadas forzosamente. En promedio, una cada cinco meses. Estos soldados-colonos se guían por una violenta ideología de todo o nada, y cuentan con toda la autoridad de los soldados regulares de las IDF para ponerla en práctica Nadav Weiman — Director de la ONG de exsoldados israelíes Breaking the silence “El fenómeno creciente de los ‘colonos-soldados’ [...] está difuminando todavía más la línea de separación entre la violencia estatal y la violencia de los colonos”, advirtió en enero la ONU. Según un informe de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, los colonos han expulsado a los palestinos de sus hogares y destrozan comunidades a base de matar, destruir propiedades y terminar con sus medios de vida. El informe concluye que la creación de las unidades hagmar ha facilitado estos ataques , lo que “ha consolidado aún más” la impunidad de los responsables. Como se cambian constantemente de ropa, pasando del atuendo civil al uniforme militar, “no queda claro si los agresores israelíes actúan como parte del Ejército o a título personal”. Gracias a la intermediación de Breaking the Silence, The Guardian ha podido hablar con Moshe (nombre ficticio). Se trata de un soldado que en 2025 sirvió en la Cisjordania ocupada con el Ejército regular. En su opinión, la irregularidad en el código de vestimenta de los miembros de las unidades hagmar amplifica la “sensación de justicieros”. “Los hagmar con uniforme son bastante fáciles de identificar porque son los únicos [que lo llevan] aparte de nosotros”, dijo Moshe. El problema es que no siempre visten uniforme, añade, aunque estén en misiones militares. “En Cisjordania hay una mezcla muy confusa de personas, algunas con uniforme completo, otras con uniforme parcial, pero que portan armas largas o llevan puestos pantalones de estilo militar sin ser necesariamente un uniforme”. Elyashiv Nahum se identificó en Masafer Yatta como miembro de una unidad hagmar para pedir a unas activistas internacionales que le mostraran sus pasaportes en septiembre de 2025. Como conducía un vehículo civil y vestía de civil, las activistas le preguntaron con qué autoridad exigía sus documentos. Nahum se cambió y llamó por teléfono a un comandante. “No importa su aspecto, es un soldado y tiene la autoridad”, dijo la voz al otro lado de la línea. Las irregularidades con el uniforme y la proliferación de armas en Cisjordania desde octubre de 2023 hacen que hasta los miembros del ejército regular israelí tengan problemas para identificar la jerarquía de mando entre los colonos armados. En los asentamientos de colonos se entregan rifles de asalto a los miembros de los hagmar y a los de los grupos de seguridad “de primera defensa”. El Gobierno israelí también ha flexibilizado las leyes sobre la concesión de licencias de armas. Según una publicación en la red social X del ministro de Seguridad Itamar Ben-Gvir (de extrema derecha), durante el primer año de guerra se repartieron unas 120.000 armas a “ciudadanos israelíes”. Límites difusos entre civiles y militares Yaakov recuerda un día en que los llamaron para intervenir en un incidente donde un conocido colono, ataviado con pantalones militares, blandía un arma militar de manera descuidada y agresiva. Yaakov no sabía si el hombre era de una unidad hagmar , miembro de un grupo de primera defensa con un rifle de asalto o un civil al que le habían prestado un arma. Según el Ejército israelí, los voluntarios hagmar “están obligados a operar con uniforme y a seguir procedimientos claros bajo la supervisión de las unidades regionales”. También están obligados a seguir todas las órdenes y normas de combate de las Fuerzas de Defensa de Israel. “Cualquier desviación de estas normas es objeto de investigación”, dice un portavoz del ejército. Los dos exsoldados regulares que han hablado con The Guardian dicen que mientras estuvieron destinados en Cisjordania no se les dio información sobre los miembros de los hagmar ni sobre la división de funciones militares entre las unidades de la zona. “[Algo] muy inusual cuando hay otras fuerzas en la misma zona en la que tú estás”, dijo Moshe. Un grupo de palestinos beduinos toman té mientras concluye el desalojo de sus vivienda en la localidad cisjordana de Ras Ein Al Auja, en una imagen tomada ayer 25 de enero. Ya no queda nada de lo que fue la aldea palestina de pastores beduinos de Ras Ein al Auja, la más grande del 'Área C' de Cisjordania ocupada y la última que aún existía en el sur del Valle del Jordán. Anoche, la última familia de sus 700 habitantes recogió sus pertenencias y huyó, tras años de acoso a manos de colonos israelíes. EFE/ Magda Gibelli Pero tras meses de despliegue, los soldados regulares terminaban conociendo a muchos de los colonos de servicio. Los dos grupos establecían relaciones que, según Yaakov, “iban más allá de lo operativo”. En todos los asentamientos hay un lugar acogedor con galletas y café para los soldados. Además de eso, los miembros de los hagmar acostumbraban a invitar a los soldados, que estaban aburridos y solos, a ver un partido de fútbol o a cenar los viernes, lo que estrechaba los vínculos. Las unidades hagmar no son una idea nueva. Su estructura fue creada hace décadas, pensada como una línea de defensa en apoyo de los kibutz y de las comunidades fronterizas que se activaría en caso de guerra o situaciones de especial amenaza. Pero tras los ataques liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023, mientras Israel se preparaba para enviar a los reclutas y oficiales de carrera del ejército permanente a combatir en Gaza, se movilizó a los voluntarios hagmar a una escala y duración sin precedentes en la historia de Israel. Miles de voluntarios hagmar fueron incorporados a unidades en comunidades de frontera, según un portavoz militar israelí. Aunque desde ese momento el número se ha reducido en un 85%, cientos siguen desplegados. En su mayor parte, en la Cisjordania ocupada. El ejército de Israel se ha negado a dar cifras exactas, pero según los medios israelíes 7.000 colonos fueron movilizados inicialmente en estas unidades. En diciembre de 2025, al menos 500 seguirían destinados en asentamientos agrícolas ilegales. Los soldados que han hablado con The Guardian señalan que la presencia de los colonos sobre el terreno es mucho más notable que la del Ejército regular, aunque la de este fuera más numerosa. Su mejor conocimiento del terreno hace que muchos soldados regulares busquen su consejo o acaten sus decisiones. “Ni siquiera los oficiales superiores saben realmente lo que está pasando, por lo que tratan a los hagmar como gente que conoce la zona y sabe cómo manejar las cosas”, dice Moshe. En ocasiones, los hagmar llegan a tener autoridad efectiva sobre los reservistas del ejército regular. Nahum, el colono grabado mientras se cambiaba de uniforme, llevó en agosto en su camioneta a varios reservistas a una pequeña comunidad beduina, aunque viajar en un vehículo civil estando de servicio suela contravenir las normas militares israelíes. Según un activista israelí presente en la zona y un soldado que prestaba servicio allí, Nahum iba vestido de civil. Cuando llegó con los reservistas del Ejército regular a la comunidad comenzó a darles órdenes para que registraran las propiedades palestinas y buscaran activistas internacionales. “No diría que daba órdenes como un comandante del Ejército, pero estaba al mando”, dice el activista, que habla bajo condición de anonimato por temor a que defender a los palestinos le repercuta negativamente en el trabajo. “Se veía que hablaba con los soldados y con los oficiales y, al final, pasaba lo que él quería”, describe. Siguió siendo así cuando llegó al lugar un teniente coronel como oficial de rango superior. “[Era] obvio que este tipo decía a los soldados qué hacer y qué decir, incluso al teniente coronel”. Israel ha tomado a algunos de los colonos más extremistas, en algunos casos personas condenadas por agresiones contra palestinos, y los ha integrado en el ejército israelí. Les ha dado el poder para llevar la voz cantante en la zona donde viven, de cumplir sus planes, sueños y fantasías Yehuda Shaul — Codirector del grupo de expertos contra la ocupación israelí Ofek Según Yaakov, que también sirvió en Cisjordania antes de los hagmar , la presencia de estas unidades ha recrudecido los ataques contra los palestinos, contra sus hogares y contra sus propiedades. “Era muy evidente que la tensión era mayor, y que era mucho más intensa la tensión entre los palestinos y las unidades hagmar , que son algo nuevo desde el 7 de octubre”, dice. En su opinión, está claro que el recrudecimiento había sido provocado por los israelíes. “No es que los palestinos fueran al asentamiento, sino que el asentamiento fue a ellos”, indica. “Los colonos llevaban las ovejas a pastar a la zona de la aldea [palestina]; era muy evidente que los palestinos eran los que no podían defenderse”, añade. En ese momento, Yaakov no sabía que los soldados israelíes tenían autoridad para arrestar a ciudadanos israelíes. Solo había sido testigo de la detención de palestinos. “La conducta violenta solo provenía de un lado; arrestarlos [a los israelíes] habría detenido los pogromos, los palestinos ni estaban armados ni eran violentos, el riesgo para la vida provenía de los colonos”, afirma. Entre los reclutas de los hagmar hay hombres con antecedentes penales por violencia respaldados ahora por la autoridad del Estado israelí, según Shaul. “Israel ha tomado a algunos de los colonos más extremistas, en algunos casos personas condenadas por agresiones contra palestinos, y los ha integrado en el Ejército israelí. Les ha dado el poder para llevar la voz cantante en la zona donde viven, de cumplir sus planes, sueños y fantasías a través del servicio formal en el ejército israelí”, denuncia. Traducción de Francisco de Zárate