La ciencia olvida estudiar el impacto del espacio en la salud de las mujeres astronautas
En 1983, cuando Sally Ride se preparaba para convertirse en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio, los ingenieros de la NASA le preguntaron si 100 tampones serían suficientes para su misión de una semana. Esa simple pregunta, formulada por un batallón de técnicos expertos en espacio pero sin mucha idea sobre cómo funciona el cuerpo de una mujer, dejó claro que la exploración espacial no había tenido en cuenta las necesidades de las astronautas. Más de cuatro décadas después, la situación ha mejorado pero sigue lejos de ser igualitaria.